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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-09-2012

Entrevista a Juan Valds Prez, miembro del Consejo Editorial de SinPermiso
Cuba: la revolucin

Juan Valds Prez
Sin Permiso


1-Qu implicaciones ha tenido para el imaginario nacional el trmino Revolucin?

Como sabemos, la revolucin es un fenmeno histrico objeto de estudio de las ciencias sociales. El trmino que lo designa es a la vez un concepto y un elemento del discurso poltico. Y este imaginario nacional, como todo imaginario, es en parte el resultado de las ideologas espontneas de los sujetos, derivadas de su prctica y vida cotidiana; y en parte conformado por las ideologas promovidas desde o contra, el poder establecido.

El lugar de la revolucin en el imaginario nacional cubano es el efecto de las ideologas originada en las luchas polticas y sociales de nuestra historia, tal como se ilustra en los perodos de nuestras guerras de independencia, en las contiendas del perodo republicano de la primera mitad del siglo XX y en los acontecimientos que acompaaron la constitucin de un poder revolucionario en 1959. La lucha armada, la subversin del poder y el establecimiento de un nuevo poder poltico como condicin necesaria para la transformacin social, as como para la preservacin de ese poder, quedaron como rasgos distintivos del imaginario nacional cubano en una historia de 200 aos.

Un lugar principalsimo en ese imaginario ha sido ocupado por el vnculo entre la idea de revolucin y las aspiraciones de independencia, soberana y autodeterminacin, sustentos de la identidad nacional.

En el perodo iniciado en 1959, ese imaginario se vio reforzado por la obra de transformacin de la sociedad cubana pre revolucionaria -particularmente en los primeros 15 aos de gobierno- y por la promocin desde el nuevo orden surgido de la Revolucin de una ideologa revolucionaria que ha sido el fundamento de su hegemona. La Revolucin como imaginario ha sido el efecto de esa hegemona y de la aculturacin activa de la poblacin en los valores, metas y programas promovidos desde el poder constituido

A su vez, este imaginario revolucionario de la poblacin ha sido fuente de legitimidad del gobierno revolucionario y sus personalidades, as como base del consenso mayoritario acerca del poder revolucionario instaurado en 1959. Dado lo anterior-la obra desarrollada por la revolucin y la legitimidad de sus gobernantes- se implica que el deterioro de ambas pueden introducir cambios en el imaginario nacional respecto de la revolucin como proceso programado o como el marco de solucin de sus expectativas. Este es el caso en que surge la necesidad de una revolucin en la revolucin y ms exactamente del paso del momento conservador de las conquistas de la revolucin a su etapa reformista.

2-Qu diversos quehaceres polticos han tratado de concretar, durante nuestra historia, la realizacin de la aspiracin revolucionaria?

Las aspiraciones revolucionarias de la poblacin cubana se han relacionado con la gran corriente del nacionalismo radical cubanos surgida en nuestras guerras anticoloniales - independencia y abolicin- que tendra en el discurso martiano su mxima expresin. Este discurso puede resumirse en la aspiracin a una nacin fundada en: la plena independencia y soberana; una Repblica con todos y para el bien de todos; la unin indisoluble entre tica y poltica; la justicia social, conquistar toda la justicia; la igualdad racial, cubano es ms que blanco y ms que negro; la integracin de Cuba al concierto de la Madre Amrica.

Tras la frustracin de la intervencin norteamericana a fines del siglo XIX, la ocupacin de la Isla, el surgimiento de la repblica dependiente al comienzos del siglo XX y su evolucin oligrquica posterior, el nacionalismo radical qued marginado del poder poltico y pas a constituirse como una ideologa anti hegemnica. El discurso martiano se vio entonces ampliado con las aspiraciones anti imperialistas, anticapitalistas e igualitarias que los nuevos movimientos sociales y polticos incorporaron al nacionalismo radical cubano.

Los quehaceres que han tratado de concretar las aspiraciones revolucionarias de los cubanos se han referido en mayor o menor medida a este legado y sus prcticas polticas han sido evaluadas por la realizacin de ese programa. En esta perspectiva es que suele trazarse una lnea de continuidad entre los movimientos independentistas, los movimientos insurreccionales de la Repblica y la Revolucin de 1959.

3-Cunto de continuidad y cunto de ruptura pudo existir entre todo este quehacer revolucionario y el proceso que comienza en Cuba el 1ro de enero de 1959, el cual se apropia de esta nocin?

La continuidad de este quehacer se vio confirmada en los programas comprometidos, en general, con las metas nacionales de plena soberana, una democracia popular, el desarrollo socio econmico y la mayor equidad social posible; y en particular, con las aspiraciones programticas del nacionalismo radical.

El proceso histrico real dio a esta continuidad una mayor o ms estrecha representacin acorde a los escenarios de cada momento, a los desafos enfrentados y a la voluntad de cambio sostenida por las respectivas vanguardias polticas. Lo especfico del perodo abierto en 1959 fue el predominio de las fuerzas comprometidas con una transformacin revolucionaria, la indita unidad poltica alcanzada por las mismas, y el surgimiento de un liderazgo comn.

Desde entonces hay que distinguir la presencia del imaginario revolucionario en la poblacin -y su correspondiente evolucin- de la presencia, legtimamente duradera, de la nocin de revolucin en el discurso dominante. En el imaginario popular revolucin se relacionaba tanto con la voluntad transformadora del nuevo poder poltico como con la percepcin de que los cambios en curso, opcin socialista incluida, se adecuaban a las aspiraciones histricas de la nacin cubana, as como a los propios intereses sectoriales del momento. Pero no se trataba tan solo de una percepcin sino tambin, de la transformacin real de sus condiciones y orientacin de vida y de su propia subjetividad individual y colectiva. En cuanto al discurso dominante, revolucin expresaba el compromiso, orientacin y alcance de sus polticas y tambin, la ideologa en que se pretenda fundar la hegemona del proceso.

Lo problemtico de la atapa iniciada en 1959 para el nacionalismo radical cubano no ha sido tanto producir un nuevo orden institucional o cumplimentar las transformaciones inscritas en el llamado Programa del Moncada, sino la opcin anticapitalista asumida desde finales de 1960, es decir, su comprometimiento con una transicin socialista o de construccin del socialismo en Cuba. Tanto a nivel del imaginario popular como del discurso del poder poltico, el nacionalismo radical qued revestido de un ropaje socialista que si bien preservaba su ncleo duro nacionalista radical y lo enriqueca con sus metas de socializacin, autogestin y autogobierno, se comprometa con un imaginario socialista afectado de diversas influencias internas y sobre todo, externas.

La crisis de los noventa revel que la estrategia socialista - ya se entendiese como transicin al o construccin del- y no solo su proyecto, tena que hacer patente su ncleo nacionalista radical y abrirse a todas las corrientes dispuestas a contribuir a la realizacin de su programa histrico.

4-En este ltimo medio siglo, qu criterios se han impuesto para determinar qu es lo revolucionario y qu es lo contrarrevolucionario?

Es evidente que para quienes comparten el imaginario revolucionario lo opuesto ser contrarrevolucionario. Pero ms exactamente, contrarrevolucionario sera subvertir el orden surgido de la revolucin o sus conquistas en favor de las grandes mayoras. Para las instituciones del poder revolucionario ser contrarrevolucionaria toda pretensin de disputarle ese poder.

Ahora bien, los criterios para clasificar conductas y actores concretos son instrumentaciones mediante las cuales los agentes del poder poltico tratan discrecionalmente a sus disidentes u opositores y a veces, hasta a sus crticos. Debe quedar claro que entre una conducta o ideas revolucionarias y otras contrarrevolucionarias caben una gama de posiciones mediante las que se expresan alternativas legtimas a las decisiones polticas, as como que la disyuntiva de revolucionario versus contrarrevolucionario no agota ni por asomo, las alternativas que pueden plantearse libremente, es decir, en derecho.

Esto nos lleva a la cuestin de un desarrollo democrtico desde el cual se definan y consensuen los criterios para distinguir estas posiciones y propuestas.

5-Si tenemos en cuenta que para muchos el concepto de Revolucin significa construir la nacin, cmo pudiramos hacer para que el mismo incluya, cada vez ms, a toda la diversidad nacional?

El concepto revolucin alude a una de las vas para construir la nacin; es la historia real la que puede mostrar si hubo o no otra alternativa. La nocin construir supone una accin consciente, es decir, una construccin consciente de la nacin, as como la existencia de actores orientados a ese fin.

La construccin de la nacin cubana estuvo asociada en cada poca a la crisis de la sociedad cubana realmente existente. Aquella fue acelerada en el siglo XIX, lenta y desigual en la primera mitad del siglo XX y nuevamente acelerada en su segunda mitad. La revolucin de 1959 logr el poder poltico y social suficiente, para acelerar la construccin de la nacin cubana y proponerse alcanzar sus metas histrica, ya mencionadas. Pero la desde la crisis de los aos noventa hasta nuestros das, esta construccin se ha vuelto despaciosa frente a nuevos obstculos internos y externos.

La construccin de la nacin y su expresin en la cultura nacional, es un proceso inacabado que los propios nacionales redefinirn e impulsarn permanentemente.

Pero la nacin no es solamente una definicin o una identidad sino, sobre todo, una sociedad real que la sustenta. Esta sociedad real ha evolucionado de cierta manera y se ha estructurado en grupos y sectores con sus respectivos rasgos diferenciales e intereses. La primera dcada de la Revolucin de 1959 se caracteriz por la simplificacin de esa estructura social y desde los aos setenta por una lenta diversificacin, en general asociada a la expansin educacional y profesional. La crisis de los noventa y dos mil, as como las estrategias de recuperacin implementadas, aceleraron la reestratificacin socioeconmica de la sociedad cubana, hacindola ms diversa y diferenciada en sus intereses; de hecho, invirtiendo la tendencia de las tres primeras dcadas, la sociedad cubana ha transitado hacia un mayor patrn de desigualdad. Igualmente, el nmero de generaciones sociopolticas se elev hasta seis. Es claro que esta diversidad queda incluida en la nacin aunque no necesariamente toda ella participe en su construccin o en la orientacin de sta.

Cabe observar que en condiciones dadas subdesarrollo, pobreza, hostilidad imperialista, etc.- se har inevitable establecer prioridades y garantizar los intereses presentes y futuros de las grandes mayoras. Y cabe agregar que sin una solucin de la participacin efectiva de las nuevas generaciones en posiciones de direccin poltica la hegemona revolucionaria estar en creciente riesgo.

6-A su juicio, qu lugar ocupar la idea de Revolucin en el futuro imaginario nacional?

Considero que la idea de revolucin seguir unida al imaginario nacional mientras las metas histricas de la nacin cubana no se hayan alcanzado, a saber: plena independencia nacional, desarrollo socio econmico y democracia radical, es decir, plena libertad, equidad y participacin social. A ese vnculo ayudar una historia en la cual revolucin y nacin han sido parte del mismo proceso.

Para el imaginario popular la revolucin ser el orden bajo el cual se realicen sus intereses mayoritarios; para los estudiosos la revolucin ha sido un proceso de transformaciones estructurales realizadas bajo un Estado de excepcin que ahora deber garantizar el cambio mediante reformas consensuadas; para la clase dirigente, particularmente del sistema poltico, la revolucin es el orden constituido bajo su gida solamente el cual puede asegurar la continuidad del poder comprometido con el proyecto de nacin.

Creo que el problema no est en el lugar de la Revolucin en ese imaginario sino el lugar que tendr el proyecto socialista en el futuro de la nacin. La historia dice que la experiencia socialista cubana, con todas sus insuficiencias, fue la alternativa que permiti rescatar la soberana nacional frente a EEUU, avanzar en el desarrollo del pas, propiciar una democracia participativa e instaurar el ms bajo patrn de desigualdad. Ello fue posible por el poder hegemnico instaurado por la revolucin de 1959. Pero otro mundo ms adverso e incierto, las deficiencias acumuladas en la esfera de la economa, la insuficiente socializacin del poder, las menos que imprescindibles restricciones democrticas, la burocratizacin de las instituciones, las diferencias generacionales y el envejecimiento del estamento poltico, han erosionado el proyecto socialista cubano al punto de reclamar su refundacin.

Esa refundacin nacional entendida como cambiar todo lo que deba ser cambiado- tendr como ncleo duro el nacionalismo radical cubano; este garantizar la continuidad. Este ncleo tendr que ser revestido de una propuesta de socialismo ms autctono y creativo; esta ser la expresin del cambio. Esta ser una nueva oportunidad para sumar a todas las fuerzas nuevas y tradicionales- a la construccin de la nacin sobre la base del programa del nacionalismo radical cubano.

En esta perspectiva, todas las fuerzas y corrientes de pensamiento podran coincidir en la meta de una plena independencia con excepcin de las corrientes anexionistas y neocolonialistas; todas podran coincidir en una repblica democrtica radical, con excepcin de las corrientes autoritarias, de izquierda o de derecha; todas coincidiran en el tema del desarrollo socioeconmico sustentable y eventualmente se dividiran acerca de la opcin capitalista (socialdemcrata, social liberal) o no capitalista (comunistas, libertarios, anarcosindicalistas, cristianos de base, etc.) para lograrlo; todas coincidiran en el tema de la equidad y discreparan sobre el patrn de desigualdad permisible. Y por supuesto, todas tendran que debatir las opciones polticas, tcticas y estratgicas, ms adecuadas a dichos fines, en un espacio pblico suficientemente representativo y participativo.

La Habana. 25 de junio del 2012

Juan Valds Paz es miembro del Consejo Editorial de SinPermiso.

Fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=5253



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