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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-10-2012

Las brutales campaas paramilitares en Hait recibieron poca cobertura en medios que condenaban la violencia poltica
Paramilitarismo y el ataque contra la democracia en Hait

Beln Fernndez
Al Jazeera

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


Despus del terremoto de 2010 que devast Hait, ciertos medios pintaron un cuadro de un pas invadido por saqueadores y a merced de pandilleros y otros criminales, incluidos miles de prisioneros liberados por el sismo.

Se ignoraron detalles relevantes como la afirmacin del destacado abogado haitiano de derechos humanos, Mario Joseph, de que un 80% de los prisioneros mencionados nunca haban sido inculpados. Es posible que el esfuerzo de los medios haya ayudado a rendir menos incongruente ante los ojos del pblico internacional el despliegue de una considerable fuerza militar de EE.UU. para encarar a gente afectada por el terremoto que aparentemente no necesitaba atencin militar.

Un despacho de Reuters una semana despus del desastre que inform de que saqueadores merodeantes se apian en comercios daados, calles cada vez ms descontroladas y pandilleros fuertemente armados present la siguiente rogativa del polica Dorsainvil Robenson:

Hait necesita ayuda los estadounidenses son bienvenidos. Pero dnde estn? Los necesitamos aqu en la calle con nosotros.

Dos prrafos ms adelante nos dan indicios sobre el paradero de los tan elusivos estadounidenses, cuando se nos informa de que la Casa Blanca dijo que ms de 11.000 soldados estn en el terreno, en barcos cerca de la costa o en camino. En otro sitio, se cita al ministro francs de Cooperacin, Alain Joyandet, comentando sobre prioridades aparentemente torcidas de EE.UU.: Se trata de ayudar a Hait, no de ocuparlo. Como los militares extranjeros monopolizaban el aeropuerto de Puerto Prncipe, equipos de paramdicos y socorristas fueron retardados en las horas crticas que siguieron inmediatamente al terremoto.

Los que creen en la fantasa de que EE.UU. est cualificado de alguna manera para contrarrestar la violencia e instalar el orden en la nacin caribea haran bien en estudiar un nuevo libro titulado Paramilitarism and the Assault on Democracy in Haiti [Paramilitarismo y el asalto contra la democracia en Hait], en el cual el autor, Jeb Sprague, documenta magistralmente entre otros tpicos el papel perjudicial de EE.UU. y otros actores internacionales en la historia haitiana.

Ofreciendo nueva evidencia obtenida mediante entrevistas y una cantidad masiva de documentos anteriormente clasificados del gobierno de EE.UU., el libro aclara cmo la reconstruccin posterior al terremoto de Hait, se basa en la total inmunidad lograda por los paramilitares ms brutales del pas y sus financistas.

Legado de violencia

Como seala Sprague, la ocupacin de Hait por EE.UU. de 1915 a 1934 bajo el pretexto de una posible invasin alemana durante la Primera Guerra Mundial caus las muertes de unos 15.000 haitianos y presenci la imposicin del trabajo de esclavos. Tambin impuso un ejrcito moderno, que continuara la ocupacin estadounidense mucho despus de la partida de las tropas de EE.UU., funcionando por cuenta de la elite haitiana y sus equivalentes estadounidenses. Sprague seala que: La ocupacin estadounidense lig el futuro del pas a los intereses empresariales estadounidenses.

Ms adelante, durante el reino de Franois "Papa Doc" Duvalier en los aos sesenta, marines estadounidenses entrenaron a la fuerza paramilitar Tonton Macoutes del dictador, conocida por dejar cuerpos de sus vctimas colgando en pblico, una clara advertencia para cualquiera que se apartara de las reglas, especialmente izquierdistas, socialistas y activistas pro democracia. Vinculados a la elite empresarial y a los propios militares, los Macoutes fueron vitales para sostener un sistema basado en una severa desigualdad y privilegios de clase.

Despus de la transferencia del poder a Jean-Claude "Baby Doc" Duvalier, fue entrenada y equipada una brutal fuerza de contrainsurgencia conocida como los Leopards por exinstructores de los marines de EE.UU. que trabajaban a travs de una compaa (Aerotrade, Inc y Aerotrade International, Inc) bajo contrato de la CIA y aprobada por el Departamento de Estado de EE.UU.

Antes de convertirse en el primer presidente democrticamente elegido de Hait, a principios de 1991, el joven telogo de la liberacin, Jean-Bertrand Aristide, denunci el rol histrico de EE.UU. en el financiamiento, el armamento y el entrenamiento de los militares de Hait, que haban sido responsables de tanta violencia en la historia haitiana.

Sprague cita a Aristide: Ellos [EE.UU.] establecieron el ejrcito haitiano, lo entrenaron para que trabajara contra el pueblo. Por cierto, sera difcil argumentar que el ejrcito trabaja para el pueblo al masacrar a ciudadanos que trataban de votar en 1987, o al derrocar al recin elegido Aristide en septiembre de 1991 y masacrar a sus partidarios.

Los crmenes de Aristide que provocaron el golpe incluan la invitacin de nios de la calle y a personas sin hogar a tomar desayuno en el Palacio Nacional y el intento de aumentar el salario mnimo de 1,76 dlares a 2,94. Como escribi Joanne Landy en el New York Times en 1994, la Agencia de Desarrollo Internacional de EE.UU. [USAID] se opuso vigorosamente a este ltimo esfuerzo por la amenaza que un aumento semejante planteara al clima empresarial, en particular a compaas estadounidenses que pagaban salariosnfimos a los trbajadores deHait.

Aparte de USAID, otro eufemismo relevante del perodo del golpe fue el Frente por el Avance y el Progreso de Hait (FRAPH), una organizacin paramilitar ntimamente vinculada a los militares haitianos que asumi la tarea de aterrorizar a las masas no controladas por la elite bajo la junta militar. Documentos internos del gobierno de EE.UU. revelan que el FRAPH se fund en parte a pedido de la Agencia de Inteligencia de la Defensa de EE.UU., seala Sprague.

Reciclando la brutalidad

Despus de aos de brutalidad y corrupcin, la dictadura militar enfrent creciente resistencia dentro y fuera del pas. Por lo tanto Aristide fue restituido en su puesto legal en 1994 a cambio,entre otras cosas, de su compromiso de prestar ms atencin a las necesidades de la industria agrcola de EE.UU. y de reducir drsticamente los aranceles del arroz importado.

Despus de su restitucin lgicamente actu con abrumador apoyo pblico para disolver las fuerzas armadas y los jefes de seccin (la odiada polica rural). Su gobierno, y los gobiernos elegidos que lo siguieron, tambin reunieron testimonios de miles de vctimas de la violencia paramilitar e iniciaron procedimientos judiciales para enjuiciar a criminales militares y paramilitares.

Sin embargo, como ha sealado crticamente el investigador Eirin Mobekk y ha sido subrayado por Sprague, solo se disolvi al ejrcito como institucin En un pas en el cual el ejrcito ha dirigido la vida poltica durante dcadas era una ilusin pensar que sus redes desapareceran con la eliminacin de uniformes y el uso de sus edificios para otros fines.

Las contribuciones de EE.UU. a la disolucin del ejrcito incluyeron las maniobras para insertar a funcionarios exmilitares haitianos aliados en lo que supuestamente deba ser una fuerza policial civil y eliminar a oficiales considerados demasiado leales a Aristide o menos que entusiastas respecto al golpe. Algunos oficiales de polica haitianos fueron entrenados en EE.UU., donde eran susceptibles a propuestas de la CIA, que tambin financi a varios dirigentes del FRAPH y otros paramilitares.

En vista del alto nivel de impunidad del que gozaban los militares y los miembros de los paramilitares que haban cometido atrocidades aparte de la insistencia de EE.UU. de una amnista total para los perpetradores del golpe es poco menos que sorprendente que la reeleccin de Aristide en el ao 2000 tambin haya culminado en un golpe de Estado. Fundamental en el derrocamiento fue el Frente Revolucionario por la Liberacin de Hait (FLRN), que, como explica Sprague estaba dirigido por funcionarios policiales renegados que provenan de las mismas ex FAd'H [Fuerzas Armadas Haitianas) impuestos a la nueva fuerza de seguridad del pas por EE.UU. a finales de los aos noventa.

Respaldado por algunos haitianos acaudalados, neo-Duvalieristas, dueos de maquiladoras, y funcionarios del gobierno y del ejrcito de la Repblica Dominicana (que no queran que la retrica antimilitar ypro derechos humanas influenciara a su propia ciudadana), el FLRN realiz incursiones en Hait desde territorio dominicano con el objetivo final de imponer el restablecimiento del ejrcito haitiano.

Desde luego, la seal de cualquier buen ejrcito es su capacidad de proteger a la poblacin del pas, y esas incursiones suministraron al FLRN una oportunidad para demostrar sus habilidades, lo que hizo masacrando y atacando a partidarios del partido Fanmi Lavalas de Aristide, a menudo con tcticas repugnantes. Citando cables anteriormente clasificados de la embajada de EE.UU., Sprague revela que una pequea pero poderosa quinta columna dentro del gobierno tambin trabaj para debilitar a Aristide.

Segn Sprague, es probable que los servicios de inteligencia franceses y estadounidenses facilitaran de alguna manera la insurgencia de los militares, mientras el Instituto Internacional Republicano [IRI] (una organizacin financiada por el gobierno de EE.UU. que promueve programas de democratizacin en todo el mundo) suministr un foro mediante el cual la oposicin poltica [haitiana] fortaleci sus vnculos con los paramilitares.

Como ha documentado el periodista Max Blumenthal, se cont con los secretos manejos de la diplomacia de Roger Noriega, un personaje de Irn-Contra reciclado en el gobierno de Bush II junto con sus fantasas maniqueas de la Guerra Fra segn las cuales Aristide y cualquier otro con convicciones polticas menos que de extrema derecha es un demonio comunista.

Sprague comenta acertadamente que el conocimiento [de EE.UU.] de que [sectores de] la comunidad empresarial de Hait respaldaban enrgicamente el terror paramilitar subraya el cinismo de las constantes demandas de Washington de que Aristide buscara un compromiso con sus oponentes pacficos. Finalmente, el compromiso consisti en la expulsin de Aristide en un avin militar de EE.UU. a la Repblica Centroafricana en 2004 y la instalacin de Gerard Latortue como jefe de Estado. El historiador Greg Grandin recuerda la paz resultante:

Durante la breve estada en el poder de Latortue, 2004-2006, Hait sufri unos 4.000 asesinatos polticos, segn The Lancet, mientras cientos de miembros de Fanmi Lavalas, partidarios de Aristide, y dirigentes de movimientos sociales eran encarcelados, usualmente con acusaciones falsas. Los amigos de Latortue en Washington hicieron caso omiso.

Sprague, mientras tanto, observa que la [antigua] poltica de Bill Clinton de introducir a un puado de criminales de las ex FAdH en la fuerza policial de Hait se reforz entonces y que en 2004-2005 EE.UU. y la ONU supervisaron el reciclaje de 400 paramilitares provenientes del ejrcito en una fuerza policial remodelada, allanando el camino para ms repeticiones de la historia.

Golpes mediticos

Por qu ser que las brutales campaas paramilitares de Hait recibieron tan poca atencin de la prensa internacional cuando la violencia poltica cuantitativa y cualitativamente inferior por parte de los partidarios de Fanmi Lavalas (que ocurri en el contexto de choques con la oposicin) fue ampliamente condenada?

Obviamente, la cobertura de los medios est conformada por intereses geopolticos y financieros, y los trminos utilizados en los eventos son definidos por los poderosos. Por eso, por ejemplo, el terrorismo perpetrado por EE.UU. e Israel se convierte en contraterrorismo, autodefensa y promocin de la democracia en los medios dominantes de Occidente.

Sprague documenta que en el caso de Hait la prensa de EE.UU., Francia, Canad y otros sitios se dedic a satanizar a Aristide y a caracterizar el violento e impopular levantamiento contra l como no-violento y popular. Como seal el comandante del FLRN, entrenado en EE.UU., Guy Philippe, a la periodista Isabel McDonald despus del golpe: [Los] medios internacionales, los lderes de los medios, nos ayudaron mucho. Y gracias a ellos pudimos derrocar al dictador. Y sin ellos pienso que no podramos haberlo hecho.

En un ensayo en London Review of Books, Paul Farmer describe cmo convirtieron aAristideen chivo expiatorio de crmenes cometidos por la mismsima gente que lo derroc. Resumiendo la historia anterior al golpe de Philippe, que involucr su reencarnacin como jefe de polica despus de la desmovilizacin de los militares, Farmer escribe:

Durante su perodo,la Misin Civil Internacional de las Naciones Unidos averigu quedocenas de presuntos pandilleros fueron ejecutados sumariamente, en su mayora por policas bajo el comando del adjunto de Philippe. La embajada de EE.UU. tambin ha implicado a Philippe en el contrabando de drogas durante su carrera policial. Frecuentemente se acusa a Aristide de crmenes cometidos en gran parte por policas exmilitares, aunque trat de impedir que abusadores golpistas de los derechos humanas terminaran por lograr esos puestos.

Farmer tambin seal que se ha citado a Philippe diciendo que el hombre al que ms admira es Pinochet. El sangriento legado del dictador chileno ofrece un recuerdo de cun tiles se pueden volver los golpes y la violencia respaldados por EE.UU. cuando se trata de introducir reformas neoliberales.

Despus del segundo derrocamiento de Aristide, escribe Sprague, el rgimen temporario se dedic a asegurar [Hait] como una plataforma a travs de la cual el capital global pueda fluir libremente, de acuerdo con instrucciones del FMI y de otras partes interesadas:

El gobierno interino despidi entre 8.000 y 10.000 trabajadores del sector civil, muchos de los barrios bajos ms pobres de Puerto Prncipe. Otros programas del gobierno de Aristide, como el de arroz subvencionado para los pobres, centros de alfabetizacin y proyectos de suministro de agua, fueron detenidos despus del golpe de Estado.

Sin embargo, pareci que la tan soada privatizacin masiva de los activos estatales de Hait era ms difcil de realizar, es decir, hasta que el pas fue destrozado por el terremoto de 2010 y el control sobre la energa, el agua y otros sectores fue dividido entre actores internacionales como el Banco Mundial y USAID. El debut en 2011 del cantante convertido en jefe de Estado, Michel Martelly, elegido solo con el apoyo de un 16,7% del electorado y descrito por el experiodista del Financial Times, Matt Kennard, como un presidente de choque dispuesto a imponer una terapia econmica de choque, parece haber preparado la escena para la conversin de Hait en un reino de cuento de hadas neoliberal.

Es lgico que Martelly, cuyos objetivos presidenciales incluyen una resurreccin de las fuerzas armadas haitianas, en lugar de dedicarse a proyectos que beneficien a la mayora de los ciudadanos de la nacin, sea desde hace mucho tiempo un cercano asociado de los paramilitares de Duvalier, los Tonton Macoutes.

Beln Fernndez es autora de The Imperial Messenger: Thomas Friedman at Work, publicado por Verso en 2011. Es miembro del consejo editorial de Jacobin Magazine y sus artculos se han publicado en London Review of Books, AlterNet y muchas otras publicaciones.

Fuente: http://www.aljazeera.com/indepth/opinion/2012/09/201293072613719320.html

rCR



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