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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-11-2012

"En las FARC combatimos el machismo y por la igualdad de derechos entre gneros"
Sandra Ramrez, compaera de Marulanda, recuerda la lucha y su vida al lado del guerrillero

Hernando Calvo Ospina
La Jornada


La noto nerviosa. Es la primera vez que concede una entrevista. La encuentro en La Habana. Es una de las 13 mujeres que conforman el grupo de 30 personas que por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, (FARC) negocian con el gobierno colombiano un posible y anhelado proceso de paz. Con su gran sencillez, aunque de una elegancia natural, hace parte de ese 40 por ciento de mujeres combatientes. Acompaa sus palabras con el movimiento de las manos y el brillo de sus negros ojos. Se llama Sandra Ramrez, es la viuda del lder histrico de la organizacin guerrillera, Manuel Marulanda Vlez.


Foto: H.CALVO. Sandra Ramrez, en las negociaciones de paz entre las FARC y el gobierno de Colombia

Ante mis dos primeras preguntas, responde como si fuera un discurso. Detengo la grabadora para recordarle que no le hago una entrevista: quiero charlar con ella. Entonces sonre y pone los ojos en algn lejano lugar, empieza con sus recuerdos y presentes.

Hacia 1981, por la regin campesina donde viva con mi familia, empezaron a pasar guerrilleros. Mi padre les serva de gua para que conocieran la regin. A m me llam mucho la atencin que fuera una mujer el mando. Debido a las condiciones econmicas no pude continuar mis estudios secundarios, y como esa mujer se me haba convertido en un referente, decid ingresar a las FARC.

Encontr que no haba diferencia entre hombres y mujeres para ir al combate. Tambin me llam la atencin que se estuviera en lucha contra el machismo y por la igualdad de derechos y deberes entre hombres y mujeres. Lo que no era fcil, teniendo en cuenta que la mayora de combatientes son del campo, donde el machismo es ms acentuado, adems de proceder de una sociedad capitalista altamente machista. En las FARC hemos creado mecanismos para ir cortando con ello, y es una de nuestras diarias luchas al lado de los compaeros. Porque nuestra lucha es por la igualdad de los gneros y su bienestar.

Es ese respeto por la mujer y la posibilidad de que avancemos como personas, combatientes y profesionales lo que ha hecho que tantas mujeres ingresen a sus filas. Aqu ofrecemos lo que las condiciones sociales y econmicas del pas no brindan a la inmensa mayora, mucho menos a las mujeres.

Una mujer en las FARC cumple misiones y ejerce el mando, porque desde que ingresa se le educa para que tome conciencia de su condicin de persona y combatiente. Aqu una mujer puede prepararse en computacin, medios de comunicacin, para ser mdica, enfermera o en cualquiera de las especialidades que tenemos. Aqu la mujer opina y propone, pues las decisiones en las FARC se colectivizan.

Claro, no nos gusta perder la feminidad. Por eso la organizacin nos facilita mensualmente, cuando las condiciones de la guerra y las economas lo permiten, crema para el cuerpo, esmalte para uas, para maquillarnos, adems de toallas higinicas y los anticonceptivos. No es raro ir a la lnea de combate perfumadas y con el cabello bien peinado.

Las relaciones de parejas son tan normales como en Bogot o Madrid. La propaganda meditica del enemigo dice que las guerrilleras somos obligadas sexualmente a estar con los compaeros. Eso es mentira. Nosotras decidimos libremente estar con un compaero si nos gusta. Aqu uno se enamora, se desamora y tiene decepciones, como en todas partes del mundo.

Para nosotras el control natal es obligatorio. No se puede ser guerrillera y madre. Cuando ingresamos aceptamos esta condicin. No se olvide que nosotras somos parte de un ejrcito. Cuando se dan los embarazos, la guerrillera puede escoger entre abortar o salir a tener su hijo.El enemigo nos menosprecia por mujeres, pero tambin nos teme. Por lo general, cuando capturan a compaeras las violan, la torturan y han llegado hasta cortarle los senos, a mutilarlas. Hemos tenido casos atroces. Nos tratan como a botines de guerra. Nos temen porque los enfrentamos de igual a igual, demostrando que podemos ser muy aguerridas en el combate. Por eso descargan sobre nosotras su miedo, rabia e impotencia al capturar una camarada.

Y lleg el momento de hacerle la ltima pregunta. Cuando la escuch la voz le cambi, se le anud la garganta y mir al piso mientras juntaba las manos. Tom aire y contest, sin que le faltaran pcaras sonrisas en varios momentos de su relato.

En 1983 yo tena 20 aos cuando en el campamento vi a un seor con sombrero, revolver al cinto, una carabina y sin uniforme. Entonces pregunt quin era. Qued impactada. El camarada Marulanda era la persona ms sencilla que usted se puede imaginar. El no dejaba sentir que era el jefe, ramos nosotros quienes veamos en l la autoridad.

Yo no haca parte de su grupo de seguridad, aunque estaba en el campamento del Secretariado, mxima instancia de direccin de las FARC. Para mayo de 1984, me toc ser parte del grupo de apoyo que reciba a las comisiones, polticos, periodistas y dems personas que venan al campamento de La Uribe para discutir sobre los acuerdos de paz que se estaban llevando con el gobierno. Un da el camarada tuvo un accidente y se fisur una costilla. Como enfermera me tocaba aplicarle las medicinas y hacerle la terapia. Y hacindole el tratamiento empez nuestra relacin afectiva.

Con l viv una relacin absolutamente normal. Yo no tena privilegios por ser su compaera, pero l s era muy especial conmigo. Claro que tenamos discusiones y dificultades como toda pareja, pero fueron muchas ms las alegras. Yo contribua en sus responsabilidades. Por ejemplo, me encargaba de las comunicaciones, haciendo de secretaria en ocasiones, o preparndole comidas como a l le gustaban.

A veces tenamos situaciones muy difciles de seguridad propias de la guerra, y porque l era el hombre ms buscado del pas. Muchas veces tuvimos al ejrcito bien cerquita, pero l con su calma y experiencia siempre supo resguardar a su tropa. Era muy precavido y todo lo planificaba. Nos reamos cuando escuchbamos que lo haban matado y nosotros tomando caf. Porque lo mataron muchas veces.

Mis ltimas horas con l? An tengo dificultad para hablar de esta parte de nuestra vida en pareja. Pero bueno Por los sntomas creamos que tena un problema de gastritis. Y ese da (26 de marzo de 2008, NdA) haba estado escribiendo un documento, mientras escuchaba cumbias colombianas. Luego lo acompa para que se duchara, tom chocolate y cremos que estaba superado el problema. A las cinco de la tarde cen el poquito que acostumbraba. Una hora despus recibi los partes de la guardia y dio orientaciones. Luego me pidi que lo acompaara al sanitario. Yo le tuve el machete y el cinto con la pistola, pertenencias que nunca abandonaba. Entonces me dijo que se senta mareado. Y vi que se iba a caer. Entonces lo contuve, empezando a llamar a los que estaban de guardia. El camarada se desplom. Es terrible ver as a quien ha sido tan fuerte. Lo llevamos a la cama y le dimos masajes cardiacos y respiracin, pero no volvi. Todo fue tan inesperado. No sufri: hasta en eso perdi el enemigo. Ni en eso le dio gusto.

Yo me sent triste, sola y desamparada, aunque toda la organizacin estaba conmigo".

(*) Hernando Calvo Ospina es periodista colombiano residente en Francia. Colaborador de Le Monde Diplomatique


Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2012/11/10/mundo/025n1mun



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