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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-11-2012

Chris Marker Mosaico 1968-2004
Sit tibi terra levis

Jos Ramn Otero Roko
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Chris Marker, uno de los cineastas contemporneos ms influyentes en el panorama del cine experimental y de creacin, falleca el pasado 29 de julio de 2012 en Pars, dejando como ltima voluntad este Mosaico 1968-2004, que la editorial de Barcelona Intermedio DVD ha publicado en formato digipack apenas un mes antes de su muerte, y que se ha convertido en el ltimo legado en vida de un visionario a quien la perseverancia le permiti descubrir esa lnea de continuidad, invisible para los derrotados de antemano, entre las grandes luchas de alrededor de los 70 y estas del nuevo siglo a las que el cineasta francs apoyaba con un instinto felino, mezcla de observacin, paciencia y natural propensin a los movimientos reflejos.

Marker, semidesconocido en Espaa excepto por el pblico especializado, y del que una de las primeras, y casi la nica, ediciones en libro sobre su obra en este pas fue la realizada por el Festival Internacional de Cine de Las Palmas en 2006, titulada Mystre Marker y coordinada por Mara Luisa Ortega y Antonio Weinrichter, ha sido un director del que ahora no vamos descubrir su biografa, entre otras cosas porque como bien dice el ttulo del volumen de Ortega/Weinrichter es un misterio, un misterio que ha impactado profundamente en dos generaciones del pblico del cine de creacin, precisamente las ms movilizadas desde la segunda guerra mundial, por un lado la que eclosion alrededor del mayo del 68 y esta ahora incipiente que comienza el activismo en la primera y en la segunda dcada del siglo y de la que no se atisba un final de su energa ni a corto ni a medio plazo.

Para los sesentayochistas Marker fue un cineasta de la Rive gauche (la orilla izquierda) un trmino acuado por la revista Positif, digamos la rival de Cahiers du Cinma, y que agrupaba en torno a Alain Resnais a cineastas que escriban cine, como Agns Varda o el propio Marker y a escritores de la nouveau roman como Marguerite Duras y Alain Robbe-Grillet, que hacan cine adems de novelas, un cine el de todos ellos menos ruidoso, ms vanguardista, aparentemente ms terico, ms semitico, y por tanto ms conscientemente ideolgico, que el de la Nouvelle Vague de Cahiers, si exceptuamos a Godard cuyas obras despegaron desde un principio lejos de donde poda alcanzar a contemplarse en esa poca y mucho antes de que los dos movimientos, por otro lado muy ligados y de lmites muy porosos, entraran en la historia del celuloide. La obra clave de Marker en esa poca es La Jetee, publicado tambin por la casa Intermedio en un anterior volumen, un mediometraje de ciencia-ficcin elaborado con una inteligencia, y un riesgo tcnico, formal y en su estructura, sobresalientes y que posiblemente es el nico de su filmografa que ha trascendido al conocimiento del cinfilo medio.

Marker, propulsor de la Confederacin Humanista y Anarquista de Trabajadores (Chat, gato en francs) una organizacin cuyo nombre resuma su visin del mundo y en la que slo aceptaba la militancia ntima de s mismo, hizo pocas incursiones en la ficcin como esta de La Jetee y dedic la mayor parte de su vida flmica a retratar lo colectivo, lo social, lo real, tambin lo pico, en cualquier caso lo trascendente, de los seres humanos, o sea sus ideales y sus luchas comunes. Ya desde que fundara los Estados generales del cine, un grupo de trabajadores entre los que se encontraban el mencionado Godard, Chabrol, Resnais y Rivette, y que aparte de enmendar en sus asambleas la totalidad de la industria audiovisual producan pequeas cpsulas alterinformativas en 16mm, los cintracts, durante el mayo parisino, o sus actividades en los grupos Medvedkine (el primer punto de inflexin a nivel simblico desde el comienzo de la historia del celuloide, donde por fin los obreros se filman a s mismos) la preocupacin de Marker es que el pblico interprete el mundo que le rodea, se vea reflejado, acompaado, interiormente asociado al descubrimiento de su propia subjetividad a travs de la distribucin en paralelo de la conciencia del director, que apuntala todas las imgenes segn van surgiendo sus inquietudes morales y sus intereses sensitivos, en una narracin que crece en horizontal (montaje horizontal lo llam Bazin al ocuparse de Marker, sealando la novedad de la estructura de este discurso) y que para el espectador se consolida ms como un ejercicio de lectura (lectura de las imgenes, lectura de las palabras que sonorizan las imgenes) que de visionado estricto (contemplacin de imgenes y sonidos) dando paso a un cine que mantiene una saludable distancia con la narracin pica, aunque su protagonista suelen ser los movimientos sociales, (a menudo tomados por otros observadores de distinta ralea como una proyeccin de sus aspiraciones y frustraciones), y una distancia, casi podramos decir una oposicin total, con el espectculo, en la que nos vemos impelidos a la interpretacin, a la deduccin, a la crtica, al comentario interno, contrariamente de nuevo a otras latitudes cinematogrficas donde los discursos se pronuncian para activar los centros nerviosos del rebao va pretendidos consensos grupales e intereses ms trascendentes e inconfesables de lo que pueden revelar sus lderes.

Lo que hoy traemos aqu es este memorndum de Marker que se define en uno de sus ejes por esa idea que hemos deslizado en el comienzo y que advierte de la lnea de continuidad entre la eclosin de las luchas sociales alrededor de la dcada de los 70 y las del nuevo siglo. Si aquellas incorporaron a elementos que provenan de todas las clases sociales, en una enmienda clara a la obligatoria filiacin proletaria de sus miembros en el otro gran punto lgido del siglo, los aos 30, hoy asistimos a una depauperizacin de todos los no privilegiados que reubica la confrontacin en trminos libertarios, en la diagonal opresores-oprimidos o explotadores-explotados, y en horizontal; obedientes-desobedientes, descomunicados-comunicadores, conservadores de privilegios vs conservadores de derechos. Esa articulacin social olvidada por los medios de control de masas es la que Marker reivindica, con el vehculo del documental, informando a sus conciudadanos de todo lo que no cabe en el relato jerrquico, el tiempo histrico, las injusticias no excepcionales, las aspiraciones que no tienen que ver con el consumo.

La sexta cara del pentgono (La sixime face du Pentagone, 1968), un mediometraje sobre las protestas en EEUU durante la guerra del Vietnam, da comienzo al primer DVD sugiriendo esa doble sensacin, por un lado la innegable aureola de acontecimiento que ha adquirido esa lucha, abriendo paso durante medio siglo a la movilizacin contra las guerras en las sociedades supuestamente democrticas. Es el momento en el que concluye el estado-nacin del siglo XVII por el cese de todos los valores que lleva aparejados para su pervivencia, el patriotismo, la leva, la recogida de impuestos para sufragar la guerra. Todo ello es cuestionado por la mayora social, impidiendo que se sacrifiquen masivamente las vidas de sus conciudadanos o que se asuman sus costes aumentando las contribuciones al estado por parte del pueblo. En La sexta cara del pentgono los manifestantes son estudiantes y trabajadores de clase media, que rechazan que el bienestar en su sociedad se consiga a costa de la explotacin de los pases perifricos a la metrpoli o que se aplasten las distintas tentativas de socialismo en lugares del mundo que no desean ser tratados como colonias del imperio. El discurso de Marker aprehende de las singularidades de sus protagonistas, no incorpora los prejuicios que ciertos pseudo-ortodoxos mantienen sobre estos movimientos y es consciente de que esos flujos tienen debilidades y fortalezas. Marker habla a un sujeto histrico (las personas an ms que el pueblo) que traspasa las barreras de la experiencia particular de un manifestante, lo ve todo interconectado, en una direccin comn que avanza como una lnea del frente, su formula es la que opera no en el tiempo gramatical (el pasado) sino en el presente perfecto (ha pasado), con lo que poco cabe a la nostalgia y s mucho a la pedagoga.

La embajada (LAmbassade, 1973), rodada en un formato que parece Super-8, como si el propio Marker formara parte del grupo que protagoniza la accin y hubiera llevado una pequea cmara consigo, cuenta la historia de un grupo de manifestantes que se refugian en una delegacin diplomtica tras la represin militar en un pas desconocido, y acoge esta vez el formato de falso documental, de ficcin, en la que se estudian las dinmicas de grupo y la forma de afrontar una derrota por una colectividad a la que le renen objetivos comunes pero tambin diversas filiaciones polticas. Es una excusa para clasificar los anlisis que cada ideologa de izquierdas propone a la irrupcin brutal de una dictadura o a un golpe de estado del ejrcito y tambin para inscribir la parlisis a la que da lugar el terror. Por un lado tenemos a los que les trae hasta aqu un instinto natural de justicia, que se ejerce slo los das sealados, por el otro a los que militan diariamente por unas ideas, y dentro de stos las asunciones que hacen de las estrategias de sus organizaciones. La falta de cauces democrticos conduce a todos al letargo y sealar eso ese es el punto de vista de Marker, para quien los opositores encuentran asilo en una embajada, supuestamente de un gobierno no autoritario, que les cuida y les permite seguir con su vida hasta encontrar una salida, lo que en cierta medida refuerza una mirada institucional, al menos agradeciendo el cobijo, pero adems pone sobre el tapete que por frgil y limitada que sea la cota de libertad que se ha alcanzado en algunos pases, esta tiene un mnimo de confort que permite la existencia de una oposicin, circunstancia que es negada en los lugares donde algunos ciudadanos tienen que huir a las embajadas de un pas que d garantas, lase, por ejemplo y anotando la actualidad, el caso Assange en el Reino Unido.

Casco azul (Casque bleu, 1995) alienta, sin embargo, a cuestionar el discurso institucional por aquellos que le sirven, en esta ocasin un soldado francs que ejerci de casco azul en la antigua Yugoeslavia. Lo que en los titulares de los medios de control de masas se describe como una operacin humanitaria, bendecida por un organismo como la ONU, se descubre como una maniobra de las potencias occidentales que favorecen a su antojo todas las injusticias que deberan impedir y que no cumplen ninguna de sus promesas excepto la de contentar a sus ciudadanos menos informados con la ilusin de un ejrcito que trabaja para la paz. La postura de Marker es la de facilitar que ese discurso llegue ntegro al espectador, con un primer plano que muestra el rostro del soldado mientras explica su proceso de entendimiento de la situacin en ese pas, que l ha procesado en su mayor parte a posteriori, y las coyunturas que atraviesa para llegar a esa comprensin, y al que slo se le ofrece el contrapunto de las imgenes de archivo tomadas de noticiarios. Una pieza que no corre ningn riesgo formal, y que no debiera suponer tampoco ningn riesgo conceptual, y que sin embargo es un documental invisibilizado que no se muestra, ni este mismo ni otros parecidos que han podido hacerse, en las televisiones de ningn pas europeo.

Las circunstancias marcan la mirada y la memoria de Marker, que no tienen por qu ser las de un momento crucial que seala una inflexin en la historia. En Gatos encaramados (Chats perchs, 2004), la ms cercana en el tiempo a nosotros, el protagonista es un grafiti de un gato que aparece en cada rincn de Pars. Marker est enamorado de los gatos por una empata dira que ideolgica con el instinto de ese animal, incapaz de fidelidad, slo de una lealtad autnoma a principios que al mero propritaire se le escapan, sin ms obediencia que a la intuicin y a la corazonada. Les chats son los movimientos sociales, que ocupan la otra mitad del metraje de la pieza y que huyen despavoridos de Lionel Jospin en las elecciones y en la segunda vuelta no tienen ms remedio que apoyar a Chirac para que no gane Le Pen. Se percibe a un Marker envejecido, acomodado, que no se plantea qu ha hecho huir a su gato de la compaa de ese socialista que no tiene un proyecto socialista para Francia, segn las propias palabras de Jospin. Hay distancia, es un Marker que a veces parece que mira refugiado tras una ventana a los que no quieren elegir entre lo malo y lo peor, aunque al final se vean obligados. Es un Marker tambin mucho ms lrico, ms humano, en el sentido de ser dbil, que observa ms que acompaa, que lamenta ms que propone y que, en algn momento, descubre que lo que est empezando a suceder en 2004 puede parecerse algn da, incluso mejorar, lo que vivi alrededor del 68. Ese Marker, ya en la ltima etapa de su vida, que pocos aos despus despertara de nuevo, grabando las huelgas griegas y mostrndose ms abierto que nunca a una nueva radicalidad que pusiera otra vez la historia en marcha. Pese a todo es una de las mejores piezas del doble DVD, si La sexta cara del Pentgono se ha convertido en un documento trascendente de la historia, no cinematogrfica, sino social de un pas como EEUU, y E-clip-se, de la que hablaremos al final, es la gran joya de esta edicin, Chats perchs es el lugar en el que te acurrucas cuando piensas que no va a cambiar nada y que todo es secundario en la vida. Y de esos afectos tambin est hecho el camino a la revolucin.

De los Tres vdeo haikus (Trois vidos hakus, 1994) el ms bello es posiblemente Chaika donde una mujer fuma y en su humo vemos las alas de un pjaro. Las tres son piezas intencionalmente menores, lastradas por su textura y sus efectos ostensiblemente analgicos, aunque eso les confiere cierto encanto. Por otro lado el segundo DVD agrupa dos piezas menores ms. Teora de conjuntos (Thorie des ensembles, 1990), un corto de animacin por ordenador realizado con un Apple II GS y que estticamente es una humorada provista de grficos que hoy vemos casi como prehistricos, aunque para Marker, fascinado con las tecnologas desde la aparicin del ordenador personal (el inmediato predecesor de ese Apple II), debi de representar un proyecto de calado en su tiempo. La msica es una composicin de Alfred Schnittke, compositor ruso del que hemos podido escuchar algunas de sus sinfonas en el sello alemn de msica contempornea ECM. Y Slon tango (Slon tango, 1990), con msica de Igor Stravinski y rodado en el zoo de Liubliana, en Eslovenia, es otra curiosidad formal que quizs ayude ms a conocer el estado anmico de Marker que a descubrir alguna revelacin sobre su cine.

Pero para cerrar lo hacemos con una pieza bellsima, la que finaliza un doble DVD que casi siempre nos ha llevado por las sendas de la multiplicidad de ideas, de sensaciones, de la pluralidad de subjetividades, confrontando a menudo nuestros propios estmulos con los estmulos de los que son filmados por Marker y los del propio director que ejerce como una conciencia de las imgenes, una tras otra, en horizontal. E-clip-se (E-clip-se, 1999) presenta a un grupo de nios que juegan en un parque con las esculturas de unos animales mientras los adultos se ponen unas gafas de polmero y se divierten mirando la evasin de la luz. La clave est en que la diversin consiste ms en ponerse las gafas, y adquirir con ello una identidad parecida a todos los que se ponen unas gafas del mismo estilo, que en observar durante unos segundos un fenmeno que excede lo humano y ante el que hay que traspasar las gafas, y la identidad que confieren, a un acompaante. Las gafas se quitan y ponen, no tanto para observar con ms detenimiento lo que parece que sucede a distancias inalcanzables, como por no estar del todo seguros de la nueva identidad que procuran. Miramos durante unos segundos lo que slo los dioses pueden ver, parecen decirse, olvidando que slo es un efecto ptico. Y del mismo modo ocurre algo cuya existencia viene determinada por el hecho de ponerse las gafas (fuera de ellas el eclipse es solo una sombra, un nubarrn, una oscuridad pasajera) lo que nos obliga a las mismas metonimias de la famosa foto de la proyeccin, durante la dcada de los 50, de una pelcula en 3D en un cine de EEUU, con unos espectadores que parecen haber sido entronizados en el espectculo, como si efectivamente la imitacin a la realidad fuera tan perfecta que pudieran olvidarse todas las diferencias y convertir el sueo de la igualdad en una pesadilla en la que los vasallos son idnticos, apenas identificados por unas pocas trazas en las que difieren y que los hace reconocibles y por tanto revisables.

Chris Marker fue un cineasta cuyos lugares favoritos de Pars podan ubicarse en un pasillo del metro donde una sin techo cuidaba de un gato, o en la trayectoria en la que discurra una protesta. Algunas de sus obras ms esenciales permanecen sin editar en castellano, porque l no las consideraba tan importantes, ni tan necesarias, siempre confiado en que el futuro podra superar cualquier recuerdo del pasado y cualquier anhelo que proyectsemos en el presente. Quin sabe si sufrir la maldicin de los artistas, que suele ser dejar la herencia en manos de contables, pero seguramente lo que no se debe de hacer es venerarle como un ttem, como un genio que ahuyente ser imitado y por tanto expandido y evolucionado en su modelo de hacer cine. Si en el montaje vertical, al que opona Bazin el cine de Marker, las historias son ledas del final al principio, como deca Saussure, en una jerarqua de significantes que se ordena en base a lo que les confiere en ltimo trmino sentido, en Marker todos los semas tienen la misma importancia, todos igualan a una voluntad y a un instante, todos son pensamientos que tienen un valor y un significado propios aunque cortsemos el final y el principio de sus pelculas. Entre congelarle, como atribuye la leyenda urbana al estado del nazi Walt Disney, y ofrecer su ejemplo a todo aquel que cuenta con una cmara en este mundo plagado de cosas que merecen ser filmadas, y de ideas que deben lograr ser escuchadas, elegimos lo segundo. Que la tierra le sea leve, que su espritu este con nosotros. No descanses.

Fuente:
http://www.blogsandocs.com/?p=4347


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