Hay algo profundamente perverso, transparentemente perverso, en este escándalo de chicas de “sorority” tirándose de los pelos por su machote preferido. Todo esto sería esperpéntico y risible, sino fuera por la podredumbre moral que expresa: que para la clase dirigente de este país es más reprobable una infidelidad que ordenar bombardeos con aviones no tripulados, levantar prisiones clandestinas, detener indefinidamente a prisioneros en Guantánamo, desestabilizar países y tantas otras formas de violencia sancionada y no sancionada. ¡Viva el heterosexismo fundamentalista! Es peor perseguir tu deseo, aunque sea ilegal, aunque sea pecado, aunque sea un adulterio, que dirigir la maquinaria de muerte más poderosa del mundo.
En conclusión: la única que tendría que decir algo de todo este asunto es la mujer de Petraeus si es que no sabía de las indiscreciones de su marido; para los demás todo esto es absolutamente irrelevante, ¿qué es eyacular fuera de lugar comparado con dirigir una guerra? Nada, menos que nada, un instante perdido en la eternidad del deseo. Perdonen que no tenga nada más complicado o interesante que decir, a veces la brutalidad requiere de respuestas brutalmente simples.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.