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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-11-2012

La defensa del cristinismo

Fernando Rosso
Rebelin


Luego del cacerolazo del 8N y con la convocatoria al paro del prximo 20 en puerta, el cristinismo se puso a la defensiva. El ltimo discurso de la presidenta advirtiendo a tirios y troyanos que no la van a correr ni por izquierda, ni por derecha y que no va a ceder ante los que quieren volver a un orden ultraconservador, lo demuestran. Adoptar la defensa como posicin de combate es una confesin de debilidad o la demostracin de un gran conocimiento en el arte de la estrategia, opcin, esta ltima, completamente descartada para esta ocasin. Segn las reglas elementales, la defensa es la forma ms fuerte en la guerra, pero eso en general es adoptada por el ms dbil.

Un fantasma acecha al cristinismo y es el producto de una ausencia. Y amenaza con convertirse en pesadilla para el ala progre del proyecto, cuando las posibilidades de llenar ese vaco se reducen a un nico camino: el que lleva a Daniel Scioli como posibilidad de continuidad de un kirchnerismo con rostro humano.

La sucesin imposible marca el ritmo de la poltica argentina, a tan solo un ao del 54%. Y hace reaparecer las tendencias al fin de ciclo, suspendidas con la excepcional recuperacin econmica de los aos 2010 y 2011 y la fortuita desaparicin Nstor Kirchner; pero jams anuladas totalmente.

Pero el factor de la sucesin no resuelta, no es el nico que encierra al cristinismo en su laberinto.

La desaceleracin, la crisis energtica, la nula inversin cualitativa en industrias o servicios esenciales, el sostenimiento y aumento de la extranjerizacin de la economa; y todo esto con todava cierto viento de cola a favor de la Argentina, constituyen el otro componente del agotamiento del proyecto. En la economa y en la poltica re-emerge el fin de ciclo que comenz a mostrar como puede renguear el pato. La emergencia de la oposicin social en las calles, con el protagonismo de las clases medias y medias altas es la manifestacin de los lmites de la hegemona kirchnerista que, como se ha repetido muchas veces, se bas ms en la fortuna que en la virtud.

La defensa busca esencialmente preservar, no conquistar. El hndicap del que todava goza el cristinismo a la defensiva se lo brinda el hecho de que quienes debieran atacar no tienen un estado mayor a la altura de las circunstancias. Entre los grandes partidos de la oposicin, la capacidad de conduccin no es justamente lo que abunda; y lo han demostrado con creces durante todos estos aos. Y en las direcciones sindicales, como Moyano o Micheli, no existe la voluntad poltica. Los dos millones de trabajadores que se ven afectados por el impuesto al salario, ms todos aquellos a los que nunca le lleg la inclusin kirchnerista, son motivos suficientes para copar la calle con una contundencia superior al 8N. Hay mayores razones vitales para el odio y la protesta en estos sectores, que las que tienen las lujosas clases medias rabiosamente individualistas, escondidas bajo la entelequia de la repblica.

Pero la guerra de Moyano est dirigida por su poltica (como toda guerra, por cierto) y su poltica no est motorizada por los intereses de la clase trabajadora, sino por la posibilidad de ser parte de una nueva coalicin poltica del peronismo con fuertes guios, para variar, hacia Scioli. Son intereses de clase, pero de la otra. Esto le impone una estrategia de desgaste, parte de la cual son las limitaciones del 20 N y las marchas y contramarchas, dimes y diretes con Pablo Micheli, que moderan las consecuencias del paro.

Daniel Scioli pas a ser la prenda de unidad de las clases dominantes argentinas y sus partidos. Desde los kirchneristas que comienzan a verlo como mal menor, pasando por Moyano y unos cuntos dirigentes sindicales ms, hasta llegar al vocero de la derecha y su Tribuna de Doctrina, Bartolom Mitre, del diario La Nacin que no vera con malos ojos un peronista moderado (Revista Veja, Brasil, 6/11).

Los servicios prestados por el kirchnerismo en su restauracin normalizadora, sern ms o menos agradecidos por la argentina burguesa, pero parte del pasado. Quedar el tendal de traicionados con aviso, que se negaron a aceptar el sentido restaurador del proyecto y prefirieron seguir en la isla de la fantasa de la revolucin nacional y popular, cuyo mayor xito habr sido que vuelvan todos.

Blog del autor: http://elviolentooficio.blogspot.com.ar/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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