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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-11-2012

El 14N o la mutacin de la huelga

Adoracin Guamn
Rebelin


 

Ms all de las cifras de seguimiento, eternamente debatidas, una apreciacin adecuada de lo acontecido en la jornada de huelga general del 14 de noviembre requiere reconocer que, en una situacin de emergencia como la actual, la huelga ha sido aprehendida por la ciudadana como medio global de lucha popular. As, tras los ltimos meses de movilizacin social continuada y de permanente manifestacin del conflicto de clases en el espacio pblico, la huelga se aleja de la tpica definicin jurdico-laboral (paro concertado del trabajo frente al empresario en pos de una reivindicacin concreta) para convertirse en una protesta global con visos de impugnacin constituyente.

La masiva participacin de la ciudadana en las movilizaciones que han acompaado, desde su preparacin a su ejecucin, a la huelga obrera stricto sensu, demuestra que la misma ya es entendida en sentido amplio como instrumento al servicio de la lucha de clases, como una herramienta de la clase que slo dispone de su fuerza de trabajo, dentro o fuera del mercado formal, para sobrevivir frente aquellos que detentan el poder econmico. El 14N, la huelga general, ha sido una ocasin en la que estudiantes, desahuciados, parados, precarizados en general, han actuado junto con el y desde el movimiento obrero, en reivindicacin de la transformacin social con un fin concreto compartido por el imaginario colectivo: la superacin de las desigualdades y la consecucin de la justicia social.

Volvemos as a una figura comn en la historia, porque mucho antes de ser recogida como un derecho fundamental, la huelga general ya haba jugado ya este papel transformador en momentos fundamentales. De hecho, la cesacin concertada del trabajo fue un instrumento de voluntad eminentemente poltica en trminos globales, mientas que l a lucha econmica fue un cambio de frente posterior. As, la batalla de las clases populares contra el absolutismo se realizaba mediante cesaciones de trabajo, evolucionando con naturalidad de la lucha contra la tirana y por el derecho de sufragio a una guerra ya ms organizada contra la explotacin laboral y en reivindicacin de los derechos a la jornada y salario justos, sin perder nunca su papel como instrumento en defensa de la democracia.

Es ms, la historia tambin demuestra que, para que la huelga cumpla este papel de transformacin con xito, requiere desbordar las fbricas, convertirse en un movimiento popular que arrastre a las batalla a las capas ms amplias del proletariado. Y si en estos momentos el trmino proletariado chirra, podemos sustituirlo por trabajadores; ms an, si el trmino trabajador asalariado, con un 25% de desempleados, parece una especie en extincin, podemos sustituirlo por explotadas, o incluso por receptoras de las consecuencias de una crisis del sistema capitalista mediante la cual se estn ampliando las tasas de explotacin y dominacin, tanto en el plano econmico como poltico. De esta manera, desde dentro y desde fuera de las relaciones de laborales, las personas que secundan una huelga general mediante una manifestacin de acuerdo con sus fines, ya sea con una huelga de consumo, con piquetes ciudadanos, rodeando el congreso, manifestndose delante de los bancos, sean o no trabajadores asalariados, ejercen su derecho a la huelga, a la huelga como ejercicio de libertad de protesta que impugna las relaciones capital-trabajo, a la huelga que reivindica un cambio en las mismas.

El 14 de noviembre de 2012 un amplio conjunto de organizaciones llam a otra Huelga General. Podra parecer una ms de entre las ocho ltimas realizadas tras la aprobacin de la Constitucin de 1978, pero esta tena condicionantes especficos. Entre los motivos de las ltimas huelgas generales encontramos los siguientes: el aumento del desempleo; la rebaja de la cuanta de las pensiones; la adopcin de un plan de empleo juvenil que instauraba la llamada contratacin basura; el abaratamiento del despido, con la eliminacin de los salarios de tramitacin y la rebaja de la indemnizacin; la congelacin de los salarios de los funcionarios; los recortes a la prestacin del desempleo. Todas y cada una de estas medidas, adoptadas en diferentes reformas laborales del PP y del PSOE y apoyadas entusiastamente por CIU, se concitan y se agravan en las ltimas reformas laborales y en particular en la de 2012. Desde este punto de vista, centrado en el trabajo productivo, haba motivos de sobra para la Huelga General.

Pero la situacin de crisis actual supera con mucho la esfera de la explotacin laboral privada, habindose publicitado el conflicto intrnseco a las relaciones de trabajo de manera evidente. Por ello, la huelga general del 14N cont con un apoyo masivo tambin fuera del estricto binomio de las relaciones asalariadas, demostrndose claramente que la huelga haba adquirido una importante dimensin como instrumento de transformacin global y reinventndose sus dinmicas y estticas. De hecho, el protagonista del 14N no han sido las cifras de seguimiento, eternamente manipuladas y contradictorias, sino como la masiva participacin ciudadana en los piquetes, en la ocupacin continuada y visible del espacio pblico, en las manifestaciones multitudinarias, en la represin policial medida en imgenes de las agresiones y en nmero de detenidos. Y, como ha pasado en otros momentos histricos, la huelga ha tenido un actor que ha compartido protagonismo con los trabajadores: el movimiento estudiantil. Los estudiantes, a la vanguardia de la protesta en la calle, de los piquetes ms contundentes, de la resistencia ms potente, han demostrado que la unin de obreros y estudiantes sigue siendo una alianza fundamental para la transformacin social.

Y esta incipiente mutacin de la huelga en instrumento de contra-poder popular no poda tardar, porque se agotan las dems vas tradicionales para la canalizacin del conflicto en trminos jurdicamente previstos. Por un lado, el desmontaje de la dimensin democrtica del Estado y de la dimensin del Estado de derecho es cada vez mayor, quedando el mismo reducido a su funcin coercitiva como mero habilitador de las polticas neoliberales dictadas por instancias internacionales en contra de los intereses de las mayoras sociales. El Estado pierde legitimidad social a la carrera y se evidencia, ya de manera clara para amplios sectores de la poblacin, que de no existir una contundente respuesta popular, las prximas dcadas son aos de minimizacin de los derechos para las mayoras populares. En paralelo, por otro lado, los cambios en los modelos y formas de organizacin de los procesos productivos, el desempleo, la precarizacin, la multifragmentacin del trabajo, provocan otra serie de vnculos, alianzas, consensos y movilizaciones que exceden los cauces tradicionales del conflicto laboral.

Por ello, junto con los instrumentos heredados fundamentales, la huelga laboral, surgen otros recuperados de un pasado anterior, la huelga lato sensu como el instrumento de lucha para condenar y rechazar, de manera global, el sistema establecido, como la va para la construccin de solidaridades, de movimientos auto-organizados, de alternativas constituyentes. Una huelga social, una huelga para construir vnculos entre trabajadores, estudiantes, parados, jubilados, desahuciados, en definitiva, entre todos los explotados y aquellos los forzados a autoexplotarse para sobrevivir en este sistema injusto y caminar hacia el proceso constituyente desde la base.

 

Adoracin Guamn es profesora de derecho de la Universitat de Valncia

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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