Portada :: Palestina y Oriente Prximo :: Nueva masacre en Gaza
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-11-2012

El ghetto de Gaza

Emilio Cafassi
Rebelin


El colgajo de Gaza, ese pequeo girn desgajado y aislado de tierra rida y sobrepoblada, ocupada y sometida, volvi a sufrir en los ltimos das un diluvio de bombas, misiles y metralla. Previsiblemente se cobr decenas de vidas y bald muchas ms an, bajo el eufemismo ideolgico de daos colaterales de pretendidamente quirrgicas operaciones militares hacia blancos estratgicos terroristas. Algunos israeles tambin murieron a causa de absurdos y desesperados cohetes lanzados al voleo desde esa tierra desgraciada. La tregua que anunciaba la paz se vio desmentida el viernes por el asesinato de otro gazat y las heridas de bala a 25 ms, tan indefensos e inocentes como el primero, que participaban de una manifestacin prxima a la verja fronteriza para reclamar por tierra que haba sido declarada zona prohibida por Israel. La bestialidad y la barbarie, evidentemente no abandonan la zona.

Pero an en condiciones de paz, o en otros trminos, cuando la ratonera de Gaza no es bombardeada, la poblacin palestina es maltratada en los puestos de control, encarcelada de forma arbitraria y caprichosa sin derecho a defensa alguna, sometida a estado de sitio permanente con intercepcin de comunicaciones, patrullajes y libre requisa de sus casas, privada de agua potable, saneamiento, medicamentos y compelida a desnutricin crnica. Buena parte de sus tierras cultivables se encuentran interdictas al igual que otro tanto de las aguas martimas para la actividad pesquera. En esas condiciones, el quebranto econmico y el deterioro social resultan inevitables. Un martirio relativamente similar se aplica en Cisjordania, otro pedazo de una nacin fsicamente separada y diplomticamente negada, donde el viernes se arrest a 28 palestinos, dos de los cuales eran parlamentarios del grupo Hamas, precisamente el que ejerce el gobierno en Gaza, electo desde el 2006.

Israel no carece de coherencia al bloquear Gaza si recordamos que es el nico pas que vota junto a EEUU contra el levantamiento del bloqueo a Cuba y que participa y promueve- del bloqueo a Irn y a cuanto pas medioriental ose solidarizarse con los palestinos. Es algo as como un bloqueador serial. Entretanto, la limpieza tnica contina su marcha paulatina combinando diversas metodologas de humillacin y sojuzgamiento. Las Naciones (des)Unidas, ya ni se molestan en emitir resoluciones que, de todos modos, seran ignoradas por los genocidas. Israel dibuja sus propias fronteras a voluntad, primero a travs de la invasin de pacficos colonos, luego de ejrcitos que velan por la seguridad de los primeros y por ltimo integrando a los territorios ocupados a fuerza de prepotencia blica. Israel cumple a la perfeccin los 4 requerimientos necesarios para acreditar la poco honrosa caracterizacin de Estado terrorista imperial que expuse en una contratapa del 15 de febrero de 2009 (Terrorismo global), aunque lo haga como extensin satelital y vasalla de otro mayor.

Pero la mostruosidad sionista no debera eclipsar otras manifestaciones brbaras que emergen del conflicto. Si como sostiene Galeano, el terrorismo de Estado fabrica terroristas y esta carnicera de Gaza, que segn sus autores quiere acabar con los terroristas, lograr multiplicarlos, ser necesario tambin poner en cuestin la eficacia defensiva de esta posible multiplicacin para la efectiva resistencia. No se trata de reeditar la teora de los dos demonios, ni desconocer el derecho a la legtima defensa que asiste a los palestinos, frente a los atropellos y el terror a los que son sometidos. Tampoco cuestionar la legitimidad del gobierno del grupo poltico-miliciano Hamas en Gaza. Pero hacer uso de la fuerza o la violencia, inclusive contra civiles e indefensos, adems de cruel e inhumano (por ms que se padezca idntico tipo de ataque) es suicida frente a la inmensa desigualdad de fuerzas. No prever que cualquier agresin multiplicar ensimamente las permanentemente recibidas, es un modo que espero involuntario- de poner en riesgo casi obligado a la propia poblacin y someterla a mayores penurias an. El terrorismo individual es el alimento preferido de los terrorismos de estado e imperial.

Es probable que una apoyatura posible resida en el mito izquierdista de la lucha (y por extensin extrema, la violencia) como creadora de conciencia. Lo encontramos ejemplificado de tanto en tanto en situaciones ms cotidianas cuando manifestantes se enfrentan con palos o piedras a la brutalidad represiva policial, hasta que sus tecnologas desmitifican con apeleos, encarcelamientos, heridas y hasta con vidas. La fuerza es slo fuerza, pura magnitud insustancial, que no dota de razn ni la quita a quien la disponga o desposea. Su exhibicin y uso slo denigra, nunca enaltece, y menos an si se usa en condiciones desiguales, como, sin ir ms lejos, en la violencia domstica, afortunadamente visibilizada en estos das.

A diferencia de buena parte de la izquierda, no encuentro un solo rasgo progresista en el grupo islmico Hamas. Al contrario, salvo sus denuncias sobre el terrorismo israel, las pocas expresiones polticas me resultan profundamente conservadoras y hasta reaccionarias, adems de tener la guerra (incluyendo el ejercicio de terrorismo individual) como nico horizonte. Recordemos que junto con las imgenes del horror de la agresin genocida, tambin nos llegaron esta semana las del fusilamiento de 6 palestinos acusados de colaborar con Israel cuyos cadveres (que llevaban mensajes de este grupo prendidos con alfileres reivindicando el hecho) fueron arrastrados desde vehculos en una exhibicin vecinal humillante, macabra y aterrorizante. Pero adems, sus caracterizaciones de la situacin se parecen mucho ms a un mesinico desvaro que realimenta el guerrerismo que a una evaluacin realista de las relaciones de fuerza.

En un artculo en la publicacin Rebelin.org, Said Alami fundamenta este delirio en que l os palestinos ya no tienen el ms mnimo atisbo de respeto al podero militar de Israel en lo que supone una nueva faceta de la llamada Primavera rabe () Hamas y las dems organizaciones de la Resistencia han puesto al descubierto definitivamente la enorme fragilidad interna de Israel, lo que Hizbul ya haba demostrado en la guerra de los 33 das de julio del 2006 cuando lanz cientos de cohetes sobre poblaciones del norte de Israel. Su tesis se centra en el enorme xito de los cohetes palestinos lo que hace que en un futuro no ser necesario que ningn ejrcito rabe se enfrente al ejrcito israel en una guerra regular. Por lo tanto, de nada le servira a Israel la supremaca militar que Estados Unidos le viene garantizando ciegamente ya que desarticularn la aviacin destruyendo con cohetes las pistas de aterrizaje. La bravata culmina sosteniendo que si en el diminuto territorio de Gaza, de 360 Km cuadrados de superficie carentes de defensas antiareas, la aviacin israel fracas rotundamente en impedir el lanzamiento de cohetes por milicias palestinas muy pobremente armadas, cmo sera el panorama para Israel si los cohetes son lanzados desde distintas regiones muy distantes entre s y lanzados por milicias o tropas mucho mejor armadas y en posesin de eficaces defensas antiareas? Slo pensar en ello le hace temblar las piernas a Benjamin Netanyahu y a su ministro de Defensa Ehud Barak que saben a ciencia cierta que este estado de cosas se va convirtiendo en realidad paulatinamente. Cuando eso ocurra y ocurrir ni todo el armamento de Occidente ni todo su apoyo incondicional seran capaces de salvar a Israel.

Este tipo de apologas de la guerra tienden ms a estimular la neutralidad, aunque no creo que condenar la carnicera tenga que implicar apoyo a Hamas, si es que eso justifica la tibia declaracin diplomtica del Mercosur, que lo deja en una posicin de muy poca utilidad para la paz que pretende. Si no se denuncia el genocidio, concreta y puntualmente, ser imposible intentar siquiera llevar a alguno de los criminales, por ejemplo a la Corte Penal Internacional o a alguna otra instancia. Por qu habran de dejar de asesinar si no tienen condena alguna por ello? Pero tambin, por qu Hamas dejara de fusilar y pasear cadveres si goza de idntica impunidad?

La brutalidad de este conflicto, que mansilla la historia y tradicin de una parte del sojuzgado pueblo judo, mutndolo de vctima histrica en victimario, tiene tambin fundamentos en la devocin religiosa de la casi totalidad de sus protagonistas. No el conflicto en s, que como toda disputa blica y civil, se deriva de intereses materiales y de poder. Pero no casualmente, por ejemplo, la nocin de pueblo elegido guarda algunas similitudes con la hitleriana de raza superior, similitud que reaparece en las prcticas de sojuzgamiento y exterminio de ambos. Como tambin me pregunt cuando recib una denuncia del Comit Internacional de Derechos Humanos Islmicos, si puede el sustantivo derechos humanos ser acompaado por un adjetivo confesional. En el extremo, la propia ciudad de Jerusaln, cuyos muros y piedras portan la historia de masacres e inmolaciones en su sacrificio, es reclamada por tres religiones. An los que se manifiestan contrarios al sionismo y hasta a la existencia misma del Estado de Israel, como el rabino ortodoxo David Yisroel Weiss, no se basan en argumentos de la modernidad poltica sino que lo fundamentan desde la Tor. El uso de la razn cedi paso a toda clase de exgesis de textos como el Corn o la Biblia. El principio moderno de laicidad, que no cuestiona la ms plena libertad de culto y conciencia, se diluy en un infierno de pasado medieval alimentado por hornos tecnolgicos de avanzada.

Si actualizamos a la luz de los hechos histricos la famosa sentencia de Marx tendremos que la religin es hoy la pasta base de los pueblos: no slo alucina sino que carcome neuronas y enloquece. Entretanto, los palestinos padecen el ominoso apartheid contemporneo, por la gracia de algn dios.

Emilio Cafassi es Profesor titular e investigador de la Universidad de Buenos Aires, escritor, ex decano. [email protected]

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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