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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-12-2012

A propsito de la matanza de Newtown
El furor de la depresin

Alessandro Portelli
Il Manifesto

Traducido por Gorka Larrabeiti


No recuerdo que alguna de las repetidas matanzas estadounidenses haya sido perpetrada por una mujer. Ms all del modo y los instrumentos, la cuestin de gnero nos ayuda a enmarcar esta tragedia en un cuadro un poco menos exclusivamente estadounidense: en el fondo, tambin en Italia se est produciendo desde hace tiempo una masacre ininterrumpida, slo que en lugar de un homicidio masivo perpetrado de golpe con armas convencionales se trata de hombres que matan a sus vctimas una a una, usando armas variadas, convencionales y no convencionales.

Hombres que no soportan no dominar ms a las mujeres, hombres que no soportan ser incapaces de orientarse y encontrar un sentido de s mismos, que no soportan ver cmo se les escapan de las manos el papel y las prerrogativas patriarcales en las que han invertido su presencia en el mundo.

En nuestra tierra, lo que se te hace aicos es la esfera privada, y matas a quien est cerca de ti; en los Estados Unidos, es la sensacin de que el mundo entero te asedia, de modo que, quiz tambin por esto, la violencia se desencadena en espacios pblicos como venganza contra el mundo causando vctimas desconocidas sin nombre en las calles, escuelas o universidades, que son casi las nicas instituciones en las que queda socialidad, y por tanto, el signo ms inmediato de presencia de la esfera pblica.

En la ltima campaa electoral se deca que un candidato que hubiera propuesto algn tipo de lmite a la venta y acceso indiscriminado a las armas, habra firmado su suicidio poltico. Tengo amigos en territorios marginales y en reductos de pobreza estadounidense que ven en la posesin de armas el nico signo de ser ciudadanos, el nico derecho de ciudadana que sienten que ejercen, en un tiempo y espacio en los que la salud, la casa o el trabajo no son mnimamente considerados como derechos, y el resto de derechos democrticos, desde el derecho a la palabra hasta el derecho al voto parecen a menudo puramente virtuales o relativamente insignificantes; donde la poltica no te conoce, los medios te ignoran y el sagrado derecho a la propiedad explot con la crisis de los crditos subprime que te echan de casa, con la polarizacin de la renta entre riqusimos y clase media empobrecida, con la precariedad intrnseca del puesto de trabajo.

"A quin podemos disparar?", pregunta un campesino desalojado de su tierra en Furor de Steinbeck, la novela de la otra Depresin. Cmo vas a disparar a un banco? Hoy el enemigo tiene menos rostro an, es an ms inaprensible. El enemigo es el mundo entero, y si el cinismo mercantil de la industria y la locura ideolgica de la derecha ponen a disposicin tuya armas letales, no tienes ms que alargar las manos y disparar sin ton ni son contra blancos que no son nadie porque representan a todo el mundo.

Fuente: http://www.ilmanifesto.it/attualita/notizie/mricN/9003/


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