En estas
situaciones, hasta los grandes medios occidentales se dan el lujo de
mencionar otros objetivos ocultos en las intenciones imperialistas: la
avidez por petróleo, o minerales estratégicos, u objetivos geopolíticos,
etc. O sea, intenciones no tan “cándidas” o “inocentes” como las
difundidas por el Departamento de Estado y los medios estadounidenses,
para consumo interno.
Creo que,
aunque estos objetivos económicos puedan tener mayor o menor peso, falta
en el análisis la motivación esencial del imperialismo. En esta etapa
de agotamiento de las perspectivas de desarrollo del sistema
capitalista, éste apuesta como mecanismo central de sobrevivencia a la
auto-reproducción destructiva. En las últimas dos décadas el complejo
industrial-militar se instaló como motor de “desarrollo y globalización”
y las industrias y servicios centrados en la destrucción y la muerte,
como propulsores de la “economía de mercado”.
En el capitalismo del siglo XX, la expansión del consumo, en escala incomparable con los sistemas productivos anteriores, prometía la superación de la escasez en una primera etapa capitalista. Pero, esa antigua formulación socialista del siglo XIX de la superación de la penuria durante la producción capitalista, ya fue abandonada definitivamente. La irrupción del complejo militar-industrial, entra en escena con énfasis dramático en el siglo XX y particularmente en las últimas cuatro o cinco décadas. La creciente producción de armamentos y todo tipo de instrumentos, industrias y servicios basadas en la guerra, niega cualquier posibilidad de cubrir necesidades básicas existenciales de la humanidad dentro del sistema del Capital. El complejo militar-industrial absorbe hoy más de un tercio de la economía mundial. Y en 2007, EEUU ya absorbía el 46% del total mundial de gastos militares.
Existen
en la actualidad más de cien mil contratistas del Pentágono en Irak,
Afganistán, y otros países donde EEUU interviene en guerras abiertas o
encubiertas haciendo fortunas con la guerra. Esta es la fracción
capitalista más dinámica de EEUU, lo que es un indicador de los valores
éticos de esa economía. Es un sector dirigido por el armamentismo, pero
que no incluye sólo armamento, municiones y transportes de guerra
específicamente. Veamos un listado de los contratistas del Pentágono por
categorías de productos y servicios: /1
Componentes estructurales, y armado del avión; naves, pontones y muelles; vehículos del espacio; carros, acoplados, carros de asalto y otros vehículos de motor; armas; munición y explosivos; mísiles dirigidos; combustibles, aceites y lubricantes; motores, turbinas y componentes; servicios de transporte, recorrido y relocalización; comunicaciones y equipos de detección; servicios de informática y telecomunicación; equipos de procesos de datos, software y fuentes; investigación y desarrollo; mantenimiento de equipo, reparación y reconstrucción; construcción de estructuras e instalaciones; operación de instalaciones gubernamentales; servicios profesionales, administrativos y de ayuda; alimento y bebidas; y servicios médicos.
Como
vemos se incluyen todo tipo de industrias y servicios. La diferencia es
que cada una de ellas tiene una orientación, logística y utilidad
específica para la guerra. Servicios médicos, por ejemplo, no está
dedicado a salud infantil, gestantes, geriátrica o salud preventiva sino
más específicamente a heridas y mutilaciones por munición o explosivos,
y a prevención y atención de enfermedades producidas por las
condiciones que impone la guerra.
A la cabeza de ese convoy de contratistas de guerra está la locomotora de los poderosos fabricantes de armamento y las industrias y servicios dedicados exclusivamente a la guerra. Y esos grandes contratistas del Pentágono han sido los principales beneficiarios del esquema. Nos referimos a Lockheed Martin, Boeing, Raytheon, Northrop Grumman, General Dynamics entre otros. En un informe de 2004 los 50 contratistas más grandes consiguieron más de la mitad de todo el dinero de los contratos del Pentágono; los diez primeros obtuvieron el 38 por ciento. /2
Volvemos a insistir que ese carrusel de contratos del Pentágono no sólo se centra en armas, municiones o transportes de guerra, sino que los “servicios militares” –en donde se incluyen los mercenarios y los interrogadores (eufemismo del viejo oficio de torturador)- han crecido y se siguen desarrollando de forma significativa. También es importante remarcar que las grandes empresas de armamento se han transformado para intervenir en todas las categorías que mencionamos antes. De manera que el complejo militar-industrial se ha diversificado con todo tipo de industrias y servicios.
¿Cuál es el
atractivo fundamental de ser contratista del Pentágono? Y aquí nos
remitimos a István Mészaros que ha desentrañado el rol que este complejo
en crecimiento cumple en la producción capitalista: “La gran innovación
del complejo militar-industrial para el desenvolvimiento capitalista es
eliminar efectivamente en la práctica la distinción entre consumo y
destrucción”. ... “El problema en cuestión es doble. En primer lugar se
refiere a los recursos limitados de la sociedad y, por tanto, a la
necesidad de legitimar su destino entre alternativas, no apenas
realizables, sino que efectivamente compiten entre sí.”... Por ejemplo,
disminuir los beneficios sociales de la población para, con esos
recursos, financiar la intervención militar en otros países. ...“Y
segundo, tiene que ver con la constitución del propio consumidor, o sea,
con todas las limitaciones naturales, socioeconómicas y hasta
culturales de sus apetitos” “El complejo militar-industrial resuelve con
suceso esas dos restricciones fundamentales. Con relación a la primera”
(...) “consigue legitimar como deber patriótico absolutamente
incuestionable el verdadero desperdicio ilimitado de devorar recursos
equivalentes a billones”/3. Mientras, en 2012, más de
46 millones de estadounidenses viven en la pobreza. Entre ellos 22% son
niños y el salario mínimo es la mitad de la cantidad considerada
necesaria para cubrir los gastos de sobrevivencia. En la campaña
electoral de este año el problema de la pobreza no fue mencionado y en
la discusión actual sobre el “abismo fiscal” jamás se maneja la
reducción del gasto militar. Son temas tabú.
La actual etapa de la expansión capitalista ha encontrado en la producción de instrumentos y servicios bélicos una forma de expansión que supera las limitaciones del consumo o la escasez de recursos cada vez mayores para la producción. El complejo industrial-militar ha logrado combinar al Estado, la clase política y la manipulación de los medios de comunicación de masas en una gran operación que sobrepasa varias barreras de la producción de mercancías. Por un lado iguala la oferta con la demanda. “Así, ambas, oferta y demanda, se tornan cínicamente relativas de modo de posibilitar la legitimación de la oferta real por la demanda ficticia” /4. Todo lo que este complejo produce es absorbido por el Estado. No importa si se utiliza o no. Si surgen modelos más sofisticados de provocar la muerte, aquello que pierde actualidad se destruye o se vende en el mercado globalizado. Siempre hay algún conflicto de baja intensidad a donde se pueden utilizar.
No interesa si las obras
que realizan los chapuceros contratistas en los países ocupados se
derrumban al poco tiempo de finalizadas o nunca son terminadas. De esta
forma se consigue igualar consumo y destrucción.
Para
el complejo armamentista tampoco existen los impedimentos económicos
que lo frenen. Al Estado no lo constriñen los límites naturales,
socioeconómicos o culturales de los apetitos del consumidor. Los
recursos del Estado de la mayor economía del mundo y en menor medida de
sus aliados de la OTAN están a su disposición. No importa que haya que
restringir o eliminar del presupuesto social para expandir los gastos de
defensa. En ese sentido en EEUU han contado con el consenso de los
mayores periódicos, radios y cadenas de TV comprometidos con el complejo
industrial-militar y sus industrias y servicios complementarios como
gran motor de la acumulación. Tanto demócratas como republicanos
precisan de los aportes del complejo para encarar sus multimillonarias
campañas electorales. Y el lobby armamentista es una potencia que domina
el Congreso, el Departamento de Defensa y otros centros claves de
poder. Junto a Wall Street son el verdadero gobierno del imperio. Por
tanto es imprescindible legitimar ese destino nefasto de los recursos.
La “salvaguardia de la nación indispensable” “la guerra contra el
terrorismo”, y la “defensa de la democracia” y otras frases vacías se
colocan como imperativos ineludibles dependientes de un armamento en
expansión insensata. El “deber patriótico”, justifica cualquier
sacrificio humano o social y los medios de comunicación se encargan de
envenenar las conciencias para justificar el armamentismo.
El complejo militar-industrial sortea entonces, con suceso, las limitaciones tradicionales del consumo en el mercado restringido del apetito de los consumidores (o de sus posibilidades económicas). Elude olímpicamente la necesidad del consumo real. En otras palabras, destina una parte mayúscula y siempre creciente de los recursos materiales y humanos de la sociedad a una forma de producción parasitaria y que se auto-consume, tan radicalmente divorciada y opuesta a la real necesidad humana y su consumo imprescindible, que puede percibir como su propia racionalidad y finalidad última hasta mismo la total destrucción de la humanidad” /5
Entonces, las mencionadas motivaciones para la guerra son, aunque más o menos importantes, motivos subsidiarios. Hoy, para el imperialismo la guerra pasó a ser el principal objetivo de la guerra. No se trata de una redundancia: el objetivo de la guerra no es derrotar un enemigo (los talibanes, por ejemplo en Afganistán) ni ninguno de los objetivos que nos vende la propaganda de guerra, el objetivo medular es mantener la continuidad de la guerra. Si queremos ubicar una razón económica que subordine a la guerra, sólo encontraremos la necesidad imprescindible de la continuidad y expansión de la guerra como forma privilegiada de la acumulación de capital en esta época histórica.
En
el Congo, Somalia, Yemen, Mali, Sudán, Libia, Siria, Afganistán, en el
propio Irak, y en las otras decenas de países donde EEUU y la OTAN
mantienen conflictos armados abiertos o encubiertos lo central es la
persistencia de la guerra. Porque allí se consume y se venden las
mercancías que produce el complejo industrial-militar imperialista que
es el motor del sistema capitalista en la actualidad.
Por
eso la consigna de la Paz, no es una ingenuidad pacifista. Es una
demanda que ataca el mecanismo central del funcionamiento del
imperialismo en esta época. Cuando los pueblos se movilizan por la Paz
están tratando de detener la violencia y la muerte que la guerra supone.
Cosa absolutamente necesaria. Pero al mismo tiempo en esta época
histórica, la Paz es la peor amenaza al funcionamiento normal del actual
sistema capitalista por qué traba su acumulación. Debe ser entonces,
una demanda privilegiada de todos aquellos que batallamos por otra
sociedad.
Es también
imprescindible la oposición a cualquier tipo de intervención militar así
sea adornada de las mejores intenciones “democráticas”. La defensa de
la soberanía y de la autodeterminación de las naciones sigue siendo
indispensable en un programa anti-imperialista. Porque las
intervenciones en esta época tienen las características de lo que pasó
en Kosovo o en Libia: una intervención imperialista con bombardeos sobre
civiles y destruyendo todo lo más posible en el país y abriendo un
nuevo mercado para los contratistas militares del Pentágono. Así como
las mercancías se realizan en el mercado, las armas se consuman en la
destrucción y la muerte.
El mismo rol de desenvolvimiento del complejo industrial-militar de las intervenciones militares en varios continentes, cumple en Latino América, la injerencia de EEUU por medio de la supuesta guerra contra la droga. México es un ejemplo luctuoso de cómo alimentar la producción y el tráfico de armas. Ese país al ingresar al NAFTA (la versión ALCA de América del Norte) no sólo profundizó su desigualdad económica y social en función de las necesidades de EEUU, sino que pasó a ser campo de las manipulaciones de las “agencias”: la Drug Enforcement Administration (DEA), el Departamento de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (o la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos, en inglés: Bureau of Alcohol, Tobacco, Firearms and Explosives - ATF) la Central Intelligence Agency (CIA) y el Departamento de Estado, que puso y sacó presidentes y transformó al país en un corredor de suministro de las drogas que consumen los ciudadanos estadounidenses y una base de intervención abierta y encubierta para toda Centroamérica /6.
La “guerra contra la droga” abrió, al comercio de armas de EEUU, un amplio mercado en México. En México no existen tiendas de armas, poseerlas es ilegal a menos que se consiga un permiso para probar que de ellas depende la vida o el empleo de quien las porta. A pesar de eso el país es el séptimo con más armas en manos de civiles en el mundo: 15 millones, una por cada tres adultos, de acuerdo con Naciones Unidas. Las fuentes de información sobre homicidios en México no son confiables. El último conteo oficial hasta setiembre de 2011 arroja la cifra de 47.000 muertes. Luego de eso dejaron de contarse y no hay datos sobre 2012. Lo cierto es que como mínimo 70% de las armas ilegales en México vienen de Estados Unidos, dato admitido públicamente por la ATF durante las comparecencias de la agencia ante el Congreso estadounidense. El número podría ser mayor. José Wall, agente de la ATF en Tijuana durante la operación Rápido y Furioso /7 -hoy asignado a Phoenix- dice en entrevista con Univisión que el 70% corresponde artefactos que se han podido rastrear, pero que de acuerdo con su experiencia “puede ser que la cifra sea hasta 95%”/8.
Ese
solo tráfico representa 10% del negocio mundial de venta de armas
ilícitas, según la ONU. En 2008, dice el reporte, 20 mil armas
estadounidenses llegaron a México. Eso significaría que cruzaron la
frontera al menos dos armas por cada uno de los 8.500 comerciantes de
armamento con licencia federal en California, Texas, Arizona y New
México. “Aunque en realidad es más probable que las ventas se hayan
concentrado en pocos concesionarios cómplices”, de las agencias
estadounidenses, dice Naciones Unidas. El informe de la ONU retoma
cifras de 2008. Entre ese año y 2011 el número de armas decomisadas por
el gobierno mexicano se duplicó, de 21 mil a 40 mil. Entre 2006 y 2011
la cantidad total de armas incautadas en el país se multiplicó por ocho.
En nuestra región, la industria armamentista de Estados Unidos es beneficiaria de doble vía de esta supuesta “guerra”: Estados Unidos es el principal abastecedor de armas a los cárteles que operan en el continente (en México quedó fehacientemente comprobado) y a los ejércitos y las policías que los combaten duplicando así exportaciones y beneficios.
México era el corredor de la droga que partía de Colombia. En combinación con esa operación es sabido y comprobado que los narcotraficantes colombianos impulsados por la DEA financiaron a los distintos cuerpos de para-militares para exterminar a líderes campesinos y a militantes sociales agrarios, mientras realizaban un reclutamiento forzado de campesinos pobres. Es lo que en Colombia se conoce como narco-paramilitarismo. Una de las consecuencias de estas operaciones es que Colombia tiene el mayor número de desplazados forzados del mundo. La Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento (CODHES) considera que la cifra real de desplazados por el conflicto armado interno desde mediados de los años 80 supera los 5 millones de personas que abandonaron o fueron despojados de entre 5 y 6 millones de hectáreas. Estos desplazados forzados colaboraron para transformar a Sur/Ciudad Bolívar de Bogotá, en el tercer barrio marginal más grande del mundo y ensancharon los tugurios de otras ciudades.
Con el cuento de la “guerra contra la droga” las “Agencias” estadounidenses desarrollan tanto el tráfico de drogas como el de armas. A la vez que todo tipo de actividades desestabilizadoras en el continente. Por eso el camino a seguir por nuestros países es expulsar a la DEA y demás “Agencias” como hizo Bolivia en noviembre de 2008.
Es revelador que hoy las negociaciones de Paz entre las FARC y el gobierno Colombiano se realicen en La Habana y no en Washington. La capital de EEUU es un ámbito adecuado para proyectar intervenciones militares o matanzas con drones. Cuba en cambio ofrece solidaridad internacional en salud y educación. Es un territorio propicio a negociaciones de Paz. Es el contraste entre apostar al ser humano y a la vida o a las armas, la destrucción y la muerte.
Isla de Santa Catarina
Brasil
Desacato.info
Notas
1/ The Center for Public Integrity, Report Finds $362 Billion in No-Bid Contracts at the Pentagon 29 de septiembre de 2004.
2/ The Center for Public Integrity, Ibíd.
3/ Mészáros, István, Para Além do Capital, Editorial Boitempo, São Paulo, 2002, p. 687.
4/ Ibíd. p. 693.
5/ Ibíd. p. 687-688.
6/ Bajo el gobierno de Ronald Reagan, en 1985, desde México, la CIA, la DEA y el Departamento de Estado organizaron el apoyo a los “Contras” que luchaban para derrocar al gobierno sandinista de Nicaragua. Los narcotraficantes mexicanos hicieron de intermediarios entre los cárteles de la droga de Medellín que enviaban por avión cargamentos de cocaína a México, que eran cambiados por armas que venían de EEUU y luego enviadas en el mismo avión a la “Contra” nicaragüense. Los narcos mexicanos que quedaban con la droga la introducían en EEUU, bajo protección de la DEA, la CIA y el FBI para abastecer el consumo estadounidense. Toda la operación fue dirigida directamente por el vicepresidente de Ronald Reagan, George Bush (padre) que creó el grupo de trabajo que condujo toda la artimaña. Las relaciones entre la CIA la DEA y el cartel de Medellín quedaron de manifiesto en las declaraciones de Ernest Jacobsen, agente de la DEA en la investigación que abrió la Cámara de Representantes de Estados Unidos sobre el escándalo Irán-Contras.
7/ El
secretario de Justicia de Estados Unidos, Eric Holder, fue cuestionado
en el Congreso por su manejo del polémico programa 'Rápido y Furioso',
por el que armas de EE.UU. terminaron en manos del narcos mexicano. La
Agencia de Control de Armas y Tabaco (ATF por sus siglas en inglés) del
gobierno de Estados Unidos creó la 'Operación Rápido y Furioso', donde
de manera arbitraria, liberó armamento de alto calibre hacia el sur de
la frontera, dotó de armas a narcotraficantes mexicanos “para rastrear
su uso y detener a sus poseedores”. El operativo estadounidense 'Rápido y
Furioso' realizado en 2009 “supuestamente” para detectar armas en manos
de los capos de la droga en México, terminó siendo un negocio de venta
de armas al narcotráfico. De acuerdo a una investigación especial de la
cadena Univision, esas armas provistas por EEUU, fueron utilizadas en
diversas matanzas del narco en México. Noticias.terra.com 20 06 2012.
Vea una cronología de toda la operación “Rápido y Furioso” en Univision http://noticias.univision.com/
8/ Más detalles en Univision.com: http://noticias.univision.com/
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.