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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-12-2012

Por qu temen una asamblea constituyente?

Felipe Portales
El Clarn de Chile


El temor del liderazgo concertacionista a la convocatoria de una Asamblea Constituyente se entiende tambin porque el debate nacional que suscitara, dejara al desnudo otra crucial medida inconfesable adoptada por dicho liderazgo: el regalo de la mayora parlamentaria simple a la futura oposicin de derecha, regalo que efectu mediante el acuerdo de Reforma Constitucional de 1989.

La Constitucin original impuesta en 1980 pensando obviamente en que Pinochet sera ratificado por el plebiscito de 1988 y tomando en cuenta la minora electoral histrica de la derecha- estableca, a travs de su Artculo 65, que el futuro presidente contara con mayora parlamentaria para aprobar o modificar la legislacin ordinaria teniendo solamente mayora absoluta en una cmara y un tercio en la otra: El proyecto que fuere desechado en general en la Cmara de su origen no podr renovarse sino despus de un ao. Sin embargo, el Presidente de la Repblica, en caso de un proyecto de su iniciativa podr solicitar que el mensaje pase a la otra Cmara y, si esta lo aprueba en general, volver a la de su origen y solo se considerar desechado si esta Cmara lo rechaza con el voto de los dos tercios de sus miembros presentes. Es claro, Pinochet habra tenido con seguridad mayora absoluta en el Senado (con los senadores designados) y ms de un tercio de la Cmara de Diputados, dado el sistema electoral binominal.

El problema es que Pinochet perdi el plebiscito de 1988; y era evidente que las elecciones presidenciales de 1989 las ganara el candidato de la oposicin (Aylwin). Pero adems, la Concertacin tena asegurada la mayora parlamentaria en virtud de aquel artculo de la Constitucin. En efecto, ella tendra de todos modos la mayora absoluta en la Cmara de Diputados y alcanzara con seguridad el tercio del Senado. Recordemos que la cmara alta original estaba compuesta de 26 senadores electos (dos por cada regin) y 9 designados; es decir, un total de 35. Como el tercio de 35 es 12 y dado que la Concertacin elegira con total certeza uno por regin, en el peor de los casos habra elegido 13

Sin embargo, sucedi algo indito. En el acuerdo de 54 reformas concordadas entre Pinochet y la Concertacin durante la primera mitad de 1989, se incluy una que modificaba el Artculo 65, estableciendo que la legislacin simple tendra que aprobarse con la mayora absoluta en ambas cmaras. Este era un acuerdo tericamente democrtico, pero que dentro del marco de las antidemocrticas disposiciones establecidas por la Constitucin de 1980 ( con senadores designados y sistema binominal) significaba lisa y llanamente que la mayora electoral que obtendra la Concertacin no se reflejara de ninguna manera en el Congreso. Para ello dicho conglomerado hubiese tenido que doblar en 5 de las 13 circunscripciones senatoriales, lo que era virtualmente imposible.

El punto es que aquellas reformas se concordaron y ratificaron en paquete en el plebiscito que se efectu el 30 de julio de 1989; sin ser debidamente explicadas a la opinin pblica, ni especificadas en la boleta de votacin. De tal manera, que la cesin de la mayora parlamentaria efectuada por el liderazgo de la Concertacin, a travs de aquella modificacin del Artculo 65, no fue conocida por los millones de votantes que participaron como electores (7.066.626; de los que 85,7% las aprobaron), ni es conocida por la generalidad de los chilenos hasta el da de hoy! As, ni el Gobierno de la poca ni los dirigentes de la Concertacin mencionaron siquiera dicha reforma en el perodo de ms de un mes entre la convocatoria y la realizacin del plebiscito. Es ms, en el detallado libro (de 339 pginas) que sobre la materia public el dirigente del PR y miembro de la comisin negociadora con la dictadura, Carlos Andrade Geywitz (Reforma de la Constitucin Poltica de la Repblica de Chile de 1980; Edit. Jurdica de Chile, 1991) no se hizo ningn alcance al significado de la reforma de dicho artculo. El nico poltico que se ha referido al tema ha sido Andrs Allamand, quien por cierto hace una mencin favorable sobre l en su libro La travesa del desierto: Ahora tocara estar al otro lado del mesn y era evidente la conveniencia de disminuir algunas de las exorbitantes facultades del Ejecutivo, como la de disolver la Cmara de Diputados o aquella inaudita que le habra permitido aprobar leyes solo con mayora en una cmara y apenas un tercio de la otra (Edit. Aguilar, 1999, p. 180). Es claro, Allamand en su escrito pas por alto la significacin antidemocrtica que en concreto tuvo esa reforma, porque la derecha fue la beneficiada con ella, y qu beneficiada!

El alcance de aquella indita capitulacin poltica se acrecienta al tener en cuenta que la dictadura haba dejado con excepcin de la LOCE y la Ley de Concesiones Mineras- el conjunto de instituciones econmicas, sociales y culturales impuestas a travs de leyes simples y no de leyes orgnicas constitucionales; las que requeran originalmente un qurum de 3/5 para su modificacin, y que finalmente (con las reformas de 1989) quedaron en 4/7. Es decir, que si el liderazgo concertacionista no hubiese hecho ese vergonzoso regalo, habra podido desde marzo de 1990- sustituir el Plan Laboral, las AFP, las ISAPRES, la ley de universidades, el sistema tributario y financiero, etc. Y adems, habra podido derogar leyes de impunidad o represivas como la de amnista y la antiterrorista.

Lo que hace ms inconfesable todo lo anterior es que la nica explicacin razonable es la que se puede deducir de los escritos de Edgardo Boeninger de 1997 (Democracia en Chile. Lecciones para la gobernabilidad; Edit. Andrs Bello), en el sentido de que aquello fue un subproducto de la convergencia con el pensamiento econmico de la derecha experimentada por el liderazgo de la Concertacin a fines de los 80. Y convergencia que polticamente el conglomerado opositor (la Concertacin) no estaba en condiciones de reconocer (p. 369). Es decir, que el no tener mayor parlamentaria se convirti en un plausible argumento para que dicho liderazgo no intentara siquiera cumplir con las profundas reformas

prometidas en el Programa de Aylwin. Podra entonces responder a las demandas de sus bases (como de hecho pas) argumentando que no poda cumplirlas y no que no quera.

Por otro lado, aducir el temor como razn para regalar la mayora parlamentaria no tiene sentido; pues uno no le concede al adversario que teme las armas que posee. Habra sido razonable hacer un uso ms cauteloso del propio poder, pero en ningn caso drselo a aquel. Adems, tampoco se puede argir un eventual temor irracional que hubiese paralizado al liderazgo concertacionista, puesto que ya cuando era evidente que no se estaba bajo temor (Lagos, entre 2000 y 2002; y Bachelet, entre 2006 y 2007), dicho liderazgo no quiso aprovechar su mayora parlamentaria para cumplir con las transformaciones prometidas.

Pero adems las presiones de Pinochet durante la fase ms compleja de los 90 estuvieron acotadas a la defensa del ex dictador de las irregularidades econmicas de su hijo mayor con el Ejrcito (pinocheques), las que se tradujeron en los ejercicios de enlace (1990) y el boinazo (1993). No hubo diferencias entre Pinochet y el gobierno de Aylwin respecto de las polticas econmicas, sociales y culturales desarrolladas por este. Incluso en el mbito de derechos humanos, con excepcin del Informe Rettig, tampoco hubo discrepancias. Esto llev a Aylwin a valorar positivamente el rol desempeado por Pinochet bajo su Gobierno: La permanencia del general Augusto Pinochet en la Comandancia en Jefe del Ejrcito ha sido un factor de estabilidad durante la transicin y ha hecho que el restablecimiento del sistema democrtico en el pas sea menos traumtico y que la historia reconocer al general Pinochet su esfuerzo por adaptarse a un rol subordinado del Presidente de la Repblica, en circunstancias que ejerci el poder total durante casi 17 aos; concluyendo que la presencia del general Pinochet en la comandancia en jefe debe ser evaluada positivamente (El Mercurio; 28-9-1993). Esto fue confirmado recientemente por Aylwin este ao, cuando declar que Pinochet no fue un hombre que obstaculizara las polticas del Gobierno que yo encabec (El Pas, Espaa; 27-5-2012).

En definitiva, un profundo debate nacional propio de las convocatorias a asambleas constituyentes desnudara aquella inaudita capitulacin del liderazgo concertacionista y el engao subsiguiente a sus bases y al pas que ya dura por ms de 20 aos.

http://www.elclarin.cl



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