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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-12-2012

La derecha despus de la gran crisis

Alvaro Ramis
Punto Final


Han transcurrido ms de cuatro aos desde que se inici la actual crisis financiera internacional, con la quiebra del gigantesco banco de inversiones Lehman Brothers el 15 de septiembre de 2008. Desde ese da, la historia econmica del mundo se ha acelerado, y en ese envin han ido cayendo las certezas acumuladas por medio siglo de relativa estabilidad internacional. Entre las convicciones que se evaporaron est la idea del progreso continuo y constante. Todos los nacidos despus de la segunda guerra mundial habamos bebido de la idea, simple y alegre, que sostiene que viviremos mejor que nuestros padres. Pero ocurre que esa verdad era slo una hiptesis, y las evidencias empiezan a mostrar que podra estar errada, y que en muchos aspectos viviremos peor. Tendremos ms ciencia y tecnologa, pero en otros aspectos no gozaremos de una mejor calidad de vida. Nuestros empleos sern ms precarios y por ello, nuestras jubilaciones sern ms esculidas. Deberemos pagar ms por la salud y la educacin de nuestros hijos. Los derechos sociales y las conquistas democrticas alcanzadas se desvanecen en el aire.

Por eso, hasta en los pases con democracias avanzadas se empieza a hablar de la dictadura de los mercados, no como una metfora o una hiptesis radical, sino como una evidencia cotidiana en la medida en que los gobiernos parecen resignados a obedecer los mandatos de un nuevo poder, ubicuo y difuso, que todo lo sabe y que todo lo controla. El filsofo italiano Mario Perniola ha propuesto una explicacin inteligente a este cambio de ciclo: Mi tesis se centra en un nuevo fenmeno: la ruptura de la alianza entre el capitalismo y la burguesa. La burguesa ya no le sirve al capitalismo, que encuentra en la clase media un obstculo a la expansin del patrn neoliberal. La clase media es demasiado costosa. En el siglo XIX el burgus era un acaudalado que viva de una renta. Hoy el capitalismo ya no est dispuesto a pagar un sueldo poltico independiente del mercado. Eso nos conduce a la formacin de solo dos rangos sociales: una pequea minora de super ricos y una enorme masa de subocupados y miserables(1).

Por esta ruptura el capitalismo neoliberal ya no necesita imponerse ideolgicamente. Ms aun si sus fundamentos tericos, lo que le haca razonable ante las clases medias, han quedado refutados por el curso mismo de los acontecimientos. El rey mercado, autorregulado y autosuficiente, qued desnudo en la medida en que los Estados tuvieron que salir a cubrir sus vergenzas con el dinero de los contribuyentes. El gur del neoliberalismo, Alan Greenspan, lo tuvo que reconocer en 2008 durante una comparecencia ante el Congreso norteamericano que examin sus responsabilidades como presidente de la Reserva Federal(2).

Lo que Greenspan tuvo que reconocer no es balad. Todo su andamiaje conceptual se basaba en un dogma, aparentemente irrefutable, que en esa comparecencia sintetiz al decir: El inters propio de las organizaciones, especficamente los bancos, era tal que los haca capaces de proteger mejor a sus propios accionistas y el patrimonio de las empresas. Esa idea tiene una larga tradicin, que entronca con Adam Smith cuando deca: No es por la benevolencia del carnicero, del cervecero y del panadero que podemos contar con nuestra cena, sino por su propio inters. Pero en la realidad los bancos de inversin, abandonados a buscar su propio lucro, no slo se autodestruyeron, sino que arrastraron los intereses generales de toda la sociedad a un horizonte futuro de pobreza y precariedad insospechado. Por lo tanto, no basta con dejar al carnicero, al cervecero y al panadero buscar desreguladamente sus propios intereses, porque pueden terminar acribillndose y dejndonos a todos sin carne, sin cerveza y sin pan. Por algo Adam Smith complementaba su idea de la mano invisible con una slida teora de los sentimientos morales, que sus seguidores se encargaron de poner en el olvido.

La mayor bancarrota en esta crisis no ha sido la de los bancos. Ha sido la ruina de la ideologa del mercado autorregulado. Pero una cosa es que se haya muerto el fundamento legitimador del actual modo de produccin y otra cosa es que se haya terminado. Dicho de otra manera, la ideologa neoliberal ha sucumbido, aunque el neoliberalismo en s goza de abundante vida y salud poltica. Cmo puede suceder tal cosa? Porque el capitalismo neoliberal no se ha impuesto en el mundo por la lucidez de sus argumentos lgicos, la consistencia de sus ecuaciones o la coherencia de sus principios polticos. Lo ha hecho porque ha tenido la fuerza coercitiva para ejercer su dominio.

La refutacin matemtica del neoliberalismo ya se haba hecho en 1956, con la Teora del segundo ptimo formulada por Richard Lipsey y Kelvin Lancaster, que destruy con nmeros los mitos de la competencia perfecta, el mercado eficiente, las expectativas racionales y el orden espontneo, frutos de la fatal arrogancia de Friederich von Hayek y su escuela. Lo que ahora ha ocurrido es una nueva refutacin, pero en la dura realidad. Por eso hemos entrado en una etapa histrica en la que las fuentes de legitimacin social y cultural del capitalismo neoliberal se han debilitado. Y por lo tanto su capacidad de dominar por la va del consenso, activo o pasivo, se han reducido gravemente. Lo que por una parte abre grandes ventanas de oportunidad a la multitud subalterna y plebeya que antagoniza per se con el poder del capital. Pero a la vez el agotamiento ideolgico del neoliberalismo augura un escenario de mayor violencia y despotismo de parte de la dictadura de los mercados. Cuando el soft power ideolgico se agota se abre la puerta al hard power represivo. Por eso estamos viendo una arremetida impdica que busca criminalizar la protesta social, debilitar las garantas judiciales, minimizar los derechos humanos y rebajar los estndares democrticos. Y esto no ocurre slo en Chile o en otros pases perifricos, sino en pases centrales de larga tradicin institucional y con amplias clases medias en proceso de rpida pauperizacin.

Durante los aos de bonanza nos vendieron una novela rosa que hablaba de las virtudes del autointers racional, de modo que si cada uno buscaba egostamente su propio bien se realizara por arte de magia el bien comn(3). Pero era evidente que este cuento de hadas no cuajaba en el mundo de la vida. Incluso los intelectuales de la derecha intelectualmente ms rigurosa, como James Buchanan, nunca aceptaron estos cantos de sirena y trabajaron sobre la base de las enseanzas del viejo ogro Thomas Hobbes, que advertan que sin un Leviatn poderoso, un Estado que se precie, la condicin humana lleva necesariamente a la guerra perpetua de todos contra todos. Por eso, en esta nueva etapa, la derecha libertaria, que ha abundado desde los aos de gloria de Milton Friedman, ser reemplazada por una nueva derecha ms autoritaria y dirigista de la economa, estatalista a su manera, proteccionista, corporativista, represiva, nacionalista, en definitiva, ms hobbsiana.

Este giro ya se puede ver en Europa. Junto al alza electoral de neonazis y partidos de ultraderecha, la derecha tradicional o moderada est virando muy rpidamente en esa misma orientacin. Ha reconocido que la deslocalizacin de su tejido industrial hacia China y otras economas emergentes fue suicida y ahora desea reindustrializarse, pero a costa de retomar los discursos nacionalistas, xenfobos y racistas. Se tiende a abandonar la idea del dilogo social y se procede por imposicin unilateral de las polticas, sin reconocer a los sindicatos, ONGs y otras instancias que permitieron modular la tensin social en las ltimas dcadas. De celebrar la globalizacin como un tiempo lleno de oportunidades, se ha pasado a un discurso catastrofista, lleno de amenazas, que exige sacrificio y austeridad bajo la excusa de la competitividad internacional. Los grandes grupos empresariales, aterrados, contemplan el mercado global como a un Frankenstein que se les ha escapado de las manos y reclaman a los gobiernos que les brinden mayor proteccin, subsidios, amparo jurdico, y les garanticen un mercado nacional libre de competidores.

Este cambio podra llevar a pensar que basta con recuperar las ideas del desarrollismo y la planificacin estatal. Pero no hay que olvidar que el nuevo Leviatn no es el Estado nacional, sino una trama de poderes financieros, muy restringida, que usa a los Estados como gendarmes de sus conveniencias. Por ello no basta exigir ms y mejor Estado. Es necesario atacar al corazn de la bestia, y oponer a la idea del libre mercado la demanda por un mercado liberado, que permita democratizar la economa sobre la base de destruir los monopolios, las concentraciones de poder y las instituciones que crean escasez artificialmente para garantizar sus utilidades. Se trata de una agenda anticorporativista a la que la Izquierda no ha prestado demasiada atencin, focalizndose en la defensa de la esfera de lo pblico-estatal. Pero ante la magnitud de la crisis, no basta. El futuro pasa por una economa social, de alta productividad, a pequea escala, sobre una base del conocimiento tcnico, la innovacin y la colaboracin entre pares. A la derecha neohobbsiana y su nuevo Leviatn slo cabe oponer un programa radicalmente democratizador.

 


 

(1) Unelibros, otoo 2012, p 25.

(2) Comparecencia ante el Comit de Supervisin y Reforma Gubernamental del Congreso de EE.UU. el 23 de octubre de 2008. http://www.youtube.com/watch?v=R5lZPWNFizQ&feature=related

(3) Por ejemplo, Robert Nozik en Anarqua, Estado y utopa .

 

Publicado en Punto Final, edicin N 772, 7 de diciembre, 2012


www.puntofinal.cl


 



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