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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-12-2012

El comercio justo entre la cooptacin y las luchas de los pequeos productores

Marco Coscione
Rebelin


El movimiento por un comercio con justicia lleva ya ms de seis dcadas desde sus orgenes. Las opiniones de los pioneros coinciden en que estos tipos de relaciones comerciales solidarias comenzaron hace ms de sesenta aos en los Estados Unidos pero se difundieron ms rpidamente en Europa. Dos dcadas despus, en 1964, se celebr en Ginebra el inicio de los trabajos de la UNCTAD (la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo): en ellos se difundieron las ideas claves de su fundador y primer secretario general, Ral Prebisch, quien consideraba el subdesarrollo un claro legado del colonialismo y la consecuencia de los intercambios desiguales entre el Norte y el Sur.

Se iba perfilando la necesidad de construir un Nuevo Orden Econmico Internacional, para revertir el proceso de empobrecimiento que los pases menos adelantados seguan sufriendo a causa de la dependencia econmica, tecnolgica, financiera y cultural del Norte. Sin embargo, los acuerdos especficos entre los gobiernos (o sea desde arriba) no siempre tuvieron xito, y la idea de un nuevo orden econmico internacional fracas rpidamente por la oposicin de los pases desarrollados (incluyendo naturalmente los europeos) y la poca cooperacin Sur-Sur, con frica y Amrica Latina por un lado y Asia por el otro. A partir de ese momento, las organizaciones sociales, redes de ciudadanos, asociaciones u ONG, sobre todo en Europa y Estados Unidos, hicieron propio el lema de la UNCTAD (Trade not Aid!), empezando la importacin de productos artesanales directamente de los productores del Sur, sin pasar por intermediarios. Comenzaron, por tanto, a construir desde abajo redes comerciales justas, basadas en los valores de la solidaridad, la transparencia, la responsabilidad ambiental e intergeneracional, y basadas en las relaciones equitativas y de largo plazo, contrarias a todo tipo de asistencialismo o paternalismo.  

Desde la segunda mitad de los aos 60 se multiplican las tiendas y los programas de cooperacin dedicados al comercio justo. Pero fue a partir de la segunda mitad de los aos ochenta, que nacen y se consolidan organizaciones que trabajan casi exclusivamente y profesionalmente en el comercio justo, as como plataformas continentales.

En 1988, cuando nadie hablaba de Responsabilidad Social Empresarial, los indios zapotecas, mixes, mixtecos y chontales del Sur de Mxico, agrupados en la Unin de Comunidades Indgenas de la Regin del Istmo (UCIRI), y la ONG holandesa Solidaridad, lanzan en el mercado holands la primera certificacin de calidad de comercio justo: el sello Max Havelaar. Pronto, las iniciativas nacionales de certificacin de comercio justo se desarrollaron en Europa y Norteamrica y en 1997 confluyeron en la Fairtrade Labelling Organizations International (mejor conocida como FLO)[1], la que maneja el conocido sello Fairtrade, principalmente para alimentos. En poco tiempo, la regin latinoamericana se transforma en el primer suplidor de productos certificados por FLO.

Nacida con el objetivo de unificar los criterios entre las diferentes iniciativas nacionales y para mejorar la gestin de las relaciones entre los productores del Sur y los compradores del Norte, FLO se ha convertido en un enorme aparato burocrtico donde priman intereses poco claros y, sobre todo, de corto plazo. La visin estratgica de esta organizacin, segn los pequeos productores latinoamericanos, se ha alejado profundamente de los principios originarios del comercio justo (la defensa del pequeo productor), diluyendo sus estndares y englobando, en sus circuitos, actores que nada tienen que ver (ni quieren tener que ver) con el movimiento social que busca reequilibrar las relaciones comerciales globales y de esta manera redistribuir las riquezas. Estamos hablando de actores como las multinacionales, los grandes supermercados globalizados o las plantaciones que, detrs de sus programas de Responsabilidad Social Empresarial, esconden muchas veces una clara estrategia de lavado de imagen, para atraer nuevos clientes y maximizar sus ventas. Es noticia del mes de octubre que la Corte Suprema chilena declar Starbucks (que actualmente vende tambin caf con sello de comercio justo) culpable de incurrir en prcticas antisindicales obligndola, adems, a pagar una multa de alrededor de 50 mil dlares.

Los primeros pasos del movimiento por un comercio justo se dieron en un periodo histrico, la segunda posguerra, durante el cual el sector agroindustrial increment enormemente la explotacin de los terrenos y de los recursos naturales, intensific el uso de qumicos, y favoreci la concentracin corporativa, la desregulacin nacional y la produccin masiva de productos estandarizados globalmente [2]. Como subraya Joo Pedro Stedile, la cara ms visible del Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra (MST) brasileo, esta tendencia se agudiz en la fase del capital financiero globalizado (durante las tres ltimas dcadas) que, poco a poco, ha ido controlando el sector agropecuario a travs de varios mecanismos:

1) con los excedentes del capital financiero, los grandes bancos han ido comprando medianas y grandes empresas del agro, acelerando la concentracin en el sector, generando el alza de los precios de los alimentos, que ya no tenan que responder al valor del mercado sino a las pretensiones de ganancias y especulaciones de las empresas;

2) la dolarizacin de la economa mundial y las injustas reglas del mercado mundial permitieron a las grandes transnacionales penetrar fcilmente en las economas nacionales, dominando los mercados de produccin y el comercio de las materias primas;

3) la dependencia del crdito bancario oblig a los pequeos y medianos a producir de manera industrial, lo que los mismos bancos promueven para defender sus intereses y los de sus clientes [3].

El desarrollo del agribusiness se profundiz durante las recientes crisis y provoc algunas de ellas. La expansin del movimiento por un comercio justo dentro de la lgica del mercado tradicional y la ampliacin de las redes de produccin y distribucin a actores externos, que nunca han hecho del comercio justo su razn de ser, es lo que ms preocupa a las organizaciones de pequeos productores. Este cambio est generando, inevitablemente, transformaciones en la idea de comercio justo que el propio consumidor puede desarrollar de manera individual, y alteraciones en el sentido educativo que las organizaciones de comercio justo construyen y transmiten a travs de sus actividades comerciales y de sensibilizacin.

Si una de las caractersticas centrales del comercio justo (a diferencia de otros nichos de mercado como el orgnico o el comercio tnico) ha sido la de relacionar directamente al pequeo productor marginado del Sur con el consumidor consciente del Norte, la despersonalizacin de la tica relacional (Ballet y Carimentrand, 2010), caracterstica de lo que est viviendo actualmente el comercio justo (a travs, por ejemplo, de las ventas en las grandes superficies, la distribucin por parte de multinacionales o la produccin en plantaciones), puede tener el riesgo de diluir rpidamente los valores originarios y el compromiso sociopoltico de este nuevo movimiento social internacional.

Segn los investigadores Daniel Jaffee y Philip H. Howard (2009), el proceso de cooptacin llevado a cabo por los poderes econmicos tradicionales, en este caso las grandes corporaciones, se ha expresado, tanto en el caso del movimiento orgnico como en el del comercio justo, a travs de dos caminos: la captura u ocupacin de la entidad reguladora y el debilitamiento de los estndares, con el fin de ablandar las estructuras organizativas y los estndares de un movimiento econmico que, con sus prcticas, est desafiando la lgica de la acumulacin de capital y el statu quo. Lo irnico, en el caso del comercio justo, es que el proceso de cooptacin y progresiva entrada de las corporaciones en sus circuitos coincidi con una campaa de activismo social promovida por la ONG Global Exchange [4 en contra del gigante del caf Starbucks. En abril del ao 2000, justo antes de que se llevasen a cabo acciones simultneas en 29 ciudades norteamericanas, Starbucks accedi a dejar entrar el caf certificado Fairtrade en sus establecimientos en los Estados Unidos. De ah en adelante, otros actores como Procter & Gamble, Nestl, Dunkin Donuts y McDonalds empezaron a incursionar en el nicho (Jaffee y Howard 2009: 392).

Cmo podran haberse impedido ciertos cambios? De qu manera las iniciativas de certificacin pueden evitar la cooptacin y el debilitamiento de los estndares? Segn Jaffee y Howard (2009: 395-396), el movimiento por un comercio justo debera haber reforzado sus barreras, por lo menos, en cuatro mbitos:

1) La velocidad del proceso: prevenir los efectos negativos de los cambios rpidos a travs de una gestin del crecimiento.

2) El tamao de los actores participantes: la entrada de las plantaciones amenaza seriamente los ingresos y la estabilidad de los pequeos; en este sentido, nuevas iniciativas agroalimentarias, particularmente las que se basan en una certificacin, deberan especificar barreras claras para que los criterios eviten la entrada de los actores ms grandes.

3) La estructura de las organizaciones que administran las iniciativas (sobre todo de certificacin): el diseo de estas estructuras organizativas es fundamental y debe basarse en los principios y valores fundacionales del movimiento. 

4) La naturaleza de las respuestas del movimiento: Cul debera ser el verdadero papel de los ciudadanos-consumidores? Qu efectos tienen las crticas a la cooptacin del movimiento por parte de las grandes corporaciones sobre las percepciones de los consumidores, sobre todo en relacin con los sellos?

En un marco global caracterizado por profundas crisis, donde los pases del Norte estn cada vez ms convulsionados y donde las propuestas ms interesantes de alternativas de y al desarrollo sostenible nos llegan desde el Sur, los pequeos productores latinoamericanos de Comercio Justo sellado, representados por la Coordinadora Latinoamericana y del Caribe de Pequeos Productores de Comercio Justo (CLAC), estn asumiendo un papel cada da ms protagnico en la defensa de los principios originarios del movimiento por un comercio con justicia y proponiendo nuevas perspectivas para su desarrollo: ya no solamente Norte-Sur, sino tambin Sur-Norte y Sur-Sur. Al mismo tiempo, estn liderando un proceso de profundo repensamiento del Comercio Justo certificado Fairtrade, externando inquietudes y lanzando propuestas concretas, tanto para fortalecer este tipo de comercio en sus realidades locales, nacionales y regionales, como para promover un profundo cambio en la gobernanza interna del sistema FLO.

Entre los desafos ms interesantes, tanto para la CLAC como para todo el movimiento, quiero resaltar los siguientes:

1) Un cambio radical en la estructura interna de la Fairtrade Labelling Organizations International y por tanto en su modalidad de toma de decisiones.

En un interesante artculo publicado en 2009, Frans Van der Hoff, uno de los fundadores de la certificacin Max Havelaar (antecedente nacional de la actual FLO) subraya que tanto de las instituciones de comercio justo como las organizaciones de base de los productores deben incrementar sustancialmente sus prcticas democrticas internas.

Gran parte del proceso de innovacin y democratizacin del comercio justo tiene que empezar por aprender de las experiencias de los productores del Sur, quienes de verdad estn en la posicin para entender los problemas reales y no los sntomas (cito Van der Hoff): Los actores del Norte deben aprender a escuchar y respetar el punto de vista de sus socios del Sur. [] Muchos actores del Norte creen que pueden solucionar los problemas rpidamente. No aceptan que se requiere tiempo para corregir las deformaciones socio-econmicas que el sistema capitalista ha producido durante siglos. Los productores del Sur saben muy bien que el problema no es la pobreza, sino la falta de control democrtico sobre el sistema. Trasmitir estos mensajes desde la experiencia de los pobres [] es quizs el ligado ms importante que el Comercio Justo puede dejar a las futuras generaciones (Van der Hoff, 2009: 59).

Cuando hablamos de falta de control democrtico sobre el sistema estamos identificando un problema global, a mi juicio el principal problema de todas las crisis que estn viviendo nuestras sociedades. Sobre todo una crisis civilizacional. 

2) La construccin de mercados internos de comercio justo, tambin en los pases del Sur.

Para eso la coordinadora latinoamericana apuesta a una nueva certificacin, el Smbolo de Pequeos Productores que, adems de diferenciar los productos producidos por pequeos productores organizados de aquellos producidos por plantaciones o productores no organizados (modelos ya certificados por FLO), quiere ser una propuesta atractiva tambin para el mercado local y nacional. Es una certificacin creada en el Sur por los mismos pequeos productores organizados, quienes son sus dueos directos. No es ninguna imposicin del Norte enriquecido, de un Norte que pone las reglas o los criterios a cumplir.

3) La elaboracin e implementacin de estrategias propias de adaptacin y mitigacin ante el cambio climtico.

Hace tiempo que los pequeos productores de comercio justo dan cuenta de cambios sustanciales en sus entornos y en sus tierras; el impacto para ellos puede ser tan drstico que deben ser considerados como la primera lnea de la crisis climtica (Fairtrade Foundation, 2009: 1). A pesar de no ser los principales responsables de esta crisis, son, por sus condiciones econmicas y sociales, los primeros afectados. Corren el riesgo de sufrir niveles de pobreza an ms altos de los que estn viviendo; sin embargo, tambin se les presenta un considerable desafo y la oportunidad de demostrar al mundo entero que lo que podramos llamar el regreso a un nuevo pasado puede representar la clave ms lgica y ms eficiente de adaptacin al cambio climtico y de mitigacin de sus efectos negativos.

Lo explicaba bien Frans Van der Hoff: Si el conocimiento humano y los avances cientficos resultan insuficientes para solucionar este problema, se precisa algo ms que solo innovacin tecnolgica e ingenio. Al final, todo depender de nuestra sabidura. Sabidura no es lo mismo que conocimiento [] La sabidura tiene que ver con la capacidad humana de establecer prioridades, aceptar lmites y hacer elecciones (Van der Hoff y Roozen, 2003: 43-44). Tanto los pequeos productores como las comunidades indgenas pueden mostrarnos el camino que nosotros los occidentales hemos perdido para tomar otro (el del progreso y el crecimiento) que nos ha alejado, cada vez ms, de una relacin integral con la madre tierra.

 

 

Bibliografa

Ballet, J. y Carimentrand, A. 2010 (2010): Fair Trade and the Depersonalization of Ethics, Journal of Business Ethics, vol. 92, suplemento 2, pgs. 317-330.

Coscione, M. (2012), La CLAC y la defensa del pequeo productor, Editorial Funglode, Santo Domingo, RD.

Fairtrade Foundation (2009), Egalit, Fraternit, Sustainabilit. Why the climate revolution must be a Fair Revolution, Fairtrade Foundation, Reino Unido, . 

Jaffee, D. y Howard, P. H. (2009): Corporate cooptation of organic and fair trade standards, Agriculture and Human Values, vol. 27, nm. 4, pgs. 387-399, .

Van der Hoff, F. y Roozen, N. (2003), Comercio Justo. La historia detrs del caf Max Havelaar, los bananos Ok y los tejanos Kuyichi, Uitgeverij Van Gennep, Amsterdam, Holanda.

Van der Hoff, F. (2009), The Urgency and Necessity of a Different Type of Market: The Perspective of Producers Organized Within the Fair Trade Market, Journal of Business Ethics, vol. 86, suplemento 1, pgs. 51-61.




[1] http://www.fairtrade.net

[2] Vase: Raynolds y Wilkinson, Fair Trade in the agriculture and food sector, en Raynolds, Murray y Wilkinson (2007: 34).

[3] Stedile (2010), Las tendencias del capital sobre la agricultura, en alai (2010: 1-2).

[4] http://www.globalexchange.org

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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