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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-12-2012

Entrevista a Ignacio Echevarra
"Una mala crtica es un ajuste de cuentas legtimo"

Diario Kafka
eldiario.es

Ignacio Echevarra ya lleva aos sin disparar su opinin sobre el pelotn de autores que se expona en el mercado cuando l era crtico de El Pas. Puede que ese alejamiento, involuntario y con derivadas polticas segn cuenta en esta entrevista, haya dejado a la crtica literaria de este pas, despus de la desaparicin de Rafael Conte, sin un altavoz beligerante. Comparadas con aquellas piezas, sus actuales artculos en El Cultural caen como hojas de otoo. Pero parece sentirse cmodo sin la urgencia de lo inmediato, observando el panorama desde el sof, como hace en este entrevista.


Diario Kafka: Cmo nos explicas t que nuestro pas con unos ndices de lectura tan bajos, tenga en los ltimos diez aos una explosin tan grande de editoriales independientes?

Ignacio Echevarra: La verdad es que es un asunto difcil de explicar.

DK: Qu les pasa a las nuevas generaciones? Porque adems son chicos jvenes en su mayora.

IE: Est claro que el fenmeno no viene determinado por una demanda del mercado, lgicamente, sino por el prestigio inslito y un poquito crepuscular que tiene el oficio de editor. La iniciativa, en este caso, pertenece enteramente a los empresarios. Y la verdad es que cobra sentido tambin en un mundo editorial cada vez ms contrastado, donde se abren pequeas rendijas en el espacio ocupado por las grandes editoriales. Creo que estn explorando un terreno que no s si es el principio o el final de algo. A veces lo veo como una especie de destello crepuscular, algo as como una moda vintage, como se dice ahora.

DK: Y el futuro tambin es un canto del cisne?

IE: Las pequeas editoriales suelen sostenerse sobre la juventud, la ilusin y las ganas de gente muy joven. Temo que el fenmeno se agote en cierta medida por s mismo, debido al desgaste que supone sostener una pequea editorial con lo mrgenes tan pequeos de beneficios que suele dar, y con la explotacin que suponen de uno mismo. La vanidad y las ganas de marcar tendencia tienen muchas veces fecha de caducidad Pero todo esto son especulaciones. La verdad es que no he meditado mucho sobre esto.

DK: Hablando de especulaciones, t crees que hay un negocio financiero que maneja las editoriales grandes? Un mercado donde el ao pasado, segn la estadstica oficial, se han editado ms de cien mil ttulos, con las ventas que sabemos que hay y lo que sucede con los libros, qu explicacin le das?

IE: No tengo ninguna explicacin satisfactoria. Barrunto que los grandes grupos trabajan con una lgica que se nos escapa y que tiene que ver con la adquisicin ms o menos masiva de derechos, con vistas a su eventual explotacin por diferentes vas. Pero no tengo ni idea. A menudo, da la impresin de que andan todos metidos en una desesperada fuga hacia delante, y que nadie entiende nada de nada, ni las ve venir por ningn lado.

DK: Pero t sabes cul es el volumen de dinero que se maneja en el sector editorial? No debe de ser pequeo

IE: No debe de ser pequeo, pero tambin tenemos que recordar algo que no se tiene lo suficientemente presente, y es que hacer un libro es muy barato.

DK: Justamente esa sera una hiptesis de por qu es un negocio.

IE: Probablemente. Lo cierto es que el beneficio que produce un gran xito de ventas es de tal envergadura que procura un enorme margen de actuacin. El editor, cada vez ms, tiene algo de jugador profesional, que apuesta a diferentes nmeros a la vez, confiado en el beneficio que supone acertar un pleno en la ruleta. A cuenta de eso puede permitirse cultivar ciertas supersticiones, y apostar mecnicamente a unos determinados nmeros, confiado en que le traen suerte.

DK: Bueno, entonces vamos a dejarnos de especulaciones y vamos a cosas ms concretas. Si t echas un vistazo a la generacin actual, la generacin de Muoz Molina, eran cuatro, seis, diez escritores como mucho. Pero luego nos vamos a la siguiente, imagnate, recuerdas el volumen de Lengua de Trapo, Pginas amarillas, no? Qu ha ocurrido ah, es una simple explicacin demogrfica o

IE: No s yo si eran tan pocos

DK: Contemos.

IE: Pero es que la cuenta la hacemos sobre los nombres que han sobrevivido, eh? Y quedaron centenares en la cuneta. Ocurre, por otro lado, que en los aos ochenta el mundo editorial gener unas estructuras que reclamaban un nmero cada vez mayor de ttulos y de autores. De ello ofrece un primer indicio el fenmeno de la joven narrativa de los noventa. Me refiero al fenmeno que desat el xito sucesivo de Ray Loriga y de Jos ngel Maas. Se acudi a los autores ms jvenes en busca de nuevas vetas mediante las que abastecer un mercado que mostraba sntomas de extenuacin en lo que respecta a la provisin de materias primas. Hay que tener en cuenta, adems, que en los ochenta se consolida un mercado nacional en el que adquieren especial relevancia los productos del propio pas. Es a partir de los aos ochenta cuando todo editor que se precia aspira a constituir una escudera propia. Anagrama, por ejemplo, crea por entonces su coleccin de Narrativas Hispnicas, tan emblemtica del periodo. Y as tantos editores Volviendo a tu observacin, cabe pensar que la aspiracin a publicar, y no slo a escribir, viene determinada por las expectativas de que eso sea posible. Y eso es lo que se dilat inmensamente a partir de finales de los ochenta: la expectativa de publicacin por parte de un escritor, tanto ms si joven.

DK: S, en los ochenta la posibilidad de que un chaval de veintitantos aos publicara un libro era remota.

IE: Era remota, quiz, pero ah tienes el caso de Martnez de Pisn, que debuta en 1984 con apenas veinticuatro aos. Y ah sigue.

DK: Martnez de Pisn abri camino y recuerdo que Ferrero fue celebrado porque era el primer chico joven que las editoriales publicaban, en los aos ochenta.

IE: Insisto en que yo creo que emergen ms escritores en la medida que hay plataformas que lo reclaman.

DK: S, una cosa parecida sucedi tambin en el Siglo de Oro. De repente hay una imprenta, un invento que requiere carne; entonces se produce una explosin de gente que escribe.


DE LA GENERACIN LOEWE A LA GENERACIN NOCILLA.

DK: Ya que hemos mencionado a Maas, hay alguna lnea de puntos que una a Historias del Kronen y a un autor como Maas en su da con los autores que Claudio Lpez dice que son promotables?

IE: No, yo creo que no. Creo que el fenmeno de la joven narrativa de los noventa se agot por s mismo, puso en circulacin cinco o seis nombres, acerca de cuya notoriedad queda todo dicho si pensamos que el ms conspicuo es el de Luca Etxebarra. En cuanto a Ray Loriga, se tiende todava a asimilarlo a ese fenmeno, que l contribuy a desencadenar pero del que pienso que se mantuvo siempre al margen, haciendo todo lo posible por sustraerse de l

DK: En tu artculo sobre la Cultura de la Transicin [incluido en CT o la cultura de la Transicin, de Guillem Martnez, Debolsillo, 2012], citas a Jos ngel Valente refirindose en 1994 a la generacin de entonces como la generacin Loewe, ya que segn l no haba nada detrs de ellos, con lo cual tambin hablaba un poco de la vacuidad de la Transicin.

IE: Esa cita de Valente debe ser tomada por lo que es: la tpica pataleta, un exabrupto. En el ao 1994 estaban emergiendo en la narrativa espaola voces que para m se cuentan entre las ms interesantes que ha dado la reciente literatura espaola, voces como las de Francisco Casavella, Luis Magriny o Beln Gopegui, pertenecientes a la misma franja generacional. No es a eso a lo que Valente se refiere, pues l est hablando de poesa. Si su diagnstico estuviera referido a la narrativa espaola, cabra decir que se estaba equivocando de medio a medio.

DK: La generacin Nocilla, es ms de lo mismo?

IE: Y quin sabe decir lo que es la dichosa generacin Nocilla? Da como vergenza emplear tanto el trmino como el concepto que pretende nombrar. Lo caracterstico de los escritores asociados al mismo es que constituyen un grupo ms o menos solidario, son una promocin de escritores de muy variada edad y procedencia, conectados entre s, que han establecido lazos de amistad, y que, como en su da los autores del boom, o ms cercanamente los del crack mexicano, se han dedicado a ayudarse y a promocionarse mutuamente, cosa que me parece perfectamente legtima. Se trata de una forma como cualquier otra de...

DK: de entrar .

IE: S, de entrar (risas).

DK: Es cierto lo que dices porque el poder de una generacin es algo que se haba olvidado un poco. Por ejemplo en la generacin de los noventa cada uno iba a hacer la guerra por su cuenta.

IE: S, nadie tena una perspectiva de conjunto, y mucho menos participaba de un designio colectivo.

DK: Y esta gente, la generacin Nocilla, descubre que eso desde el punto de vista del marketing es muy efectivo.

IE: Lo que viene faltando a los miembros de este grupo o como se quiera llamar (pues no se trata propiamente de una generacin, hay demasiada diferencia de edad entre unos y otros para considerarla como tal) es, desde mi punto de vista, voluntad o capacidad de enfrentamiento. Han mostrado muy poca beligerancia con el establishment literario. Comparten un espritu esencialmente ecumnico.

DK:Existe una cultura de la transicin traducida a la narrativa?

IE: El concepto de CT o Cultura de la Transicin lo ha acuado y patentado con mucho acierto Guillem Martnez. Pero remite a una realidad que empieza a quedar superada. No hay que perder de vista, por otro lado, cunto de lo que identificamos como CT en el plano de la cultura comparte sus rasgos con la cultura global en la que todos participamos, querindolo o no. Lo propio de la CT, en cualquier caso, es postularse como un cultura que elude todo amago de crispacin, de resistencia; se trata de una cultura fundamentalmente ecumnica, algo que, ms all de la cultura espaola, constituye una marca de nuestro tiempo. Muchas de las actitudes de los nuevos escritores espaoles se revelan herederas del espritu de la CT, pero hay otras que se desmarcan netamente de l.


DE LA RAZN A EL PAS Y DE ABC A LA VANGUARDIA, LA MISMA POLTICA: NINGUNA.

DK: Cuntanos un poco qu sucedi en los aos ochenta. T en el libro hablas de la primaca de la poltica sobre la historia, y luego de los mercados sobre la poltica. La pregunta que se me ocurre primero es si hubo tambin en Espaa una primaca de la poltica sobre la calidad literaria, a la hora de publicar, a la hora de hacer reseas, a la hora de encumbrar o a la hora de no hacer caso.

IE: Hacia finales de los sesenta, como ya observara Manuel Vzquez Montalbn, estaban prefiguradas casi todas las tendencias que se pueden reconocer en la narrativa espaola hasta el presente, incluidas las ms recientes, entre ellas las de la dichosa Generacin Nocilla. Tiene lugar entonces un proceso de renovacin y de experimentacin que se sustrae por completo de los esquemticos recuentos que se han hecho de aquel periodo y que se desarroll, por si fuera poco, con un notable espritu de liberacin y de juerga. Pero lleg la santa Transicin, con sus pactos, y enseguida la poltica cultural del PSOE, que tuvo efectos en ciertos aspectos catastrficos, y muy prolongados. Tuvo lugar entonces una especie de adanismo, de borrn y cuenta nueva, tanto en lo poltico como en lo cultural, sobre el que se ha discurrido ya mucho. Se consagr el famoso lema de la cultura es una fiesta, refutado muy tempranamente por Rafael Snchez Ferlosio en un sonado artculo del ao 1984. Un lema vigente todava en buena medida, y conforme al cual la cultura es concebida como un espacio de encuentro y de conciliacin, abstrado de las tensiones y de los conflictos que anidan en la realidad. Y en esas seguimos mayormente.

DK: Meeting point.

IE: Basta con ver la intercambiabilidad de las plataformas culturales, especialmente los suplementos de libros, con independencia de la orientacin poltica del medio en que se alojan. La libre circulacin de colaboradores que no se sienten concernidos por las connotaciones polticas del medio en cuestin ni por lo que representa, dado que la cultura constituye, se pretende, un campo aparte. Sera inconcebible algo semejante con los columnistas de opinin. Si Rafael Snchez Ferlosio puso saltar tan alegremente de las pginas de El Pas a las del Abc, y luego a las de El Pas de nuevo, se debi a que, entretanto, fueron difuminndose las fronteras entre un peridico y otro, y a que eso era especialmente as en lo relativo a la cultura y a las opiniones de un escritor, por atrabiliario que fuera. Lo cultural viene amparado por un escudo neutralizador, que tiende a desactivar sus repercusiones polticas. Y estoy mencionando al intelectual y no slo al escritor ms libre, ms independiente, ms radicalmente disidente del panorama nacional.

DK: Hay vasos comunicantes

IE: Sin duda. Por lo dems, como no he dejado de decir desde hace mucho, lo determinante de lo ocurrido en la cultura espaola a partir del primer gobierno del PSOE fue la alianza de los intelectuales con el poder, indita hasta aquel momento en nuestro pas. El acceso al poder de un gobierno de izquierdas, consolidado durante ms de una dcada, sent las bases de una connivencia tcita y explcita, tambin entre el poder y los artistas e intelectuales que ha tenido importantes consecuencias en la vida cultural espaola, hasta el presente. Por ah asoma otro de los rasgos fundamentales de la antes aludida CT. La casi totalidad de los escritores, artistas e intelectuales espaoles, en su mayora progresistas, se solidarizaron con el proyecto renovador del PSOE, y a partir de ah se establecieron dinmicas colectivas que han arraigado profundamente en la idea que de s mismos tienen los artistas y escritores, y del papel pblico que les cumple desempear.

DK: Es posible que desde las atalayas habituales, en tu caso, por ejemplo, cuando trabajabas en El Pas, no se viera eso precisamente porque haba tambin alguna especie de pacto y de ceguera, a no ver, no valorar toda actitud, toda novela, toda manifestacin cultural que no entrara en el modelo. Era la totalidad realmente?

IE: No, bueno, la totalidad no, es una forma dramtica de hablar. Siempre pongo el ejemplo de Benet. Benet, que teoriz muy agudamente sobre el enfrentamiento secular entre el intelectual espaol y el poder, y sobre sus efectos, no tuvo empacho, tras la llegada al poder de los socialistas, de impulsar una campaa a favor de la adhesin de Espaa a la OTAN...

DK: Bueno, el intelectual orgnico.

IE: No, no. Al menos no en su caso. Benet es un intelectual supercrtico con el poder en sus artculos polticos de los aos ochenta. Y luego est Ferlosio, que si bien comete, por presin de amigos, el desliz de firmar el manifiesto a favor de la OTAN, se desmarca casi enseguida, y que en fecha tan temprana como la de 1984 escribe ese incendiario artculo al que ya me he referido, " La cultura, ese invento del Gobierno". Por esos mismos aos habla ya de la "cara de gatazo castrado y satisfecho" de Felipe Gonzlez. Quin da ms? Eso s que son virtudes profticas.


EL CASO DE EL PAS

DK: T chocaste? Cuntanos qu te pas con El Pas, y si tiene relacin con la CT.

IE: Bueno, creo que es algo ya muy sabido. Hay un detonante, que es la crtica que yo hago, en un momento muy inoportuno para los intereses del diario, de un libro de Bernardo Atxaga. Es una crtica de elevado contenido poltico. Estamos hablando del ao 2004, el escenario poltico estaba marcado, recordmoslo, por la expectativa de un pacto con ETA. Ello entraaba un proyecto ms o menos tcito de reconciliacin nacional. En el ruido y el escndalo que produce mi resea concurren dos factores muy elocuentes de las dinmicas que ocupaban el terreno. Por un lado, mi resea impugna la importante apuesta que la editorial Alfaguara el grupo PRISA, de hecho acababa de hacer por un escritor muy significado, de trayectoria bastante exitosa. La novela de Atxaga era la gran apuesta de la editorial para la rentre de aquel ao, y en consecuencia se haba dispuesto un lanzamiento por todo lo alto. Nadie esperaba que justamente desde El Pas se lanzara un torpedo contra esa novela. Que fuera as obedeci a una serie de circunstancias entre las que se cuenta la posicin bastante slida que por entonces yo ocupaba dentro del suplemento Babelia, y la confianza y complicidad que tena con su directora, Mara Luisa Blanco. El efecto amplificador de mi salida de tono, por as llamarla, fue brutal, aun a pesar de mi reputacin de crtico duro, y ello bast por si solo para poner en tela de juicio mi continuidad en el diario. Pero es que adems concurri, como digo, un factor poltico. El relato que la novela de Atxaga propona sobre el nacimiento de ETA convena muy bien al escenario de conciliacin que por entonces se estaba gestando y allanando, con vistas a un esperable pacto de perdn o de amnista que por entonces aparejaba la expectativa del final de la actividad terrorista. Y mi resea impugnaba ese relato, no slo desde el punto de vista esttico. Entonces, bueno, ah se produce, tanto en lo poltico como en lo cultural y empresarial, un grave choque de discursos. Todo estaba dispuesto para que la novela de Atxaga, en la que significativamente no se menciona nunca a ETA, a pesar de tratar expresamente sobre sus orgenes y desarrollo, fuera considerada por la crtica conforme a las categoras reservadas para ella an hoy, que excluyen toda intromisin por su parte en la esfera poltica. Pero...

DK: Ya, sin embargo, yo como director del peridico si tuviera que echar a alguien hubiera echado a la directora del suplemento, no al reseista.

IE: Bueno, termin siendo defenestrada ms tarde. Echarla en aquel momento hubiera contribuido a dar ms resonancia an al escndalo.

DK: En estos aos se ha vivido un trnsito de la crtica de la cultura a la publicidad de la misma. Hay un pasaje del primer suplemento de libros de El Pas al actual, que ha devenido un folleto con resea de novedades. Cmo ves ese desplazamiento?

IE: Mi experiencia en El Pas creo que es la misma que han tenido muchos articulistas que todava escriben en l. Hay un estrechamiento progresivo, lento, durante bastante tiempo casi imperceptible, del campo de actuacin, que se va saturando de sobreentendidos, de pequeas condiciones tcitas con las que uno acepta pactar, porque yo siempre he pensado que, tanto el periodismo como la crtica, que no deja de ser un gnero subsidiario del periodismo, tiene que aceptar ciertas limitaciones y jugar dentro de los mrgenes de lo posible. El crtico intransigente que se va estrellando cada dos por tres con el medio en el que acta, y saltando de una tribuna a otra, puede ser muy ejemplar y muy admirable, pero termina no resultando til a nadie. De modo que yo soy no slo bastante comprensivo con las estrategias posibilistas que no claudicantes, sino que creo que a menudo son las nicas eficaces. El Pas me parece en la actualidad un peridico detestable (como lo son, aunque de otra manera, todos los dems), pero parece plausible colaborar con l en la medida en que uno vea la forma de actuar dentro de los mrgenes dados, y quiz subvertirlos. La crtica siempre ha solido ejercerse desde la resistencia al medio que la aloja, con el que ella misma emplea sus filos llegado el momento. Hay muchos modos de hacerlo, se trata de discurrirlos, y de hacer elocuentes los propios lmites.


LA LETRA CON SANGRE ENTRA

DK: T has sido clebre por tu agresividad crtica. Ahora bien, qu sentido tiene escribir crticas en algunos casos hirientes o excesivamente burlescas de textos o novelas de un autor que empieza, de una primera novela por ejemplo? No sera ms adecuado guardar silencio? El silencio es el peor castigo que uno puede dar a una novela. Siempre ha sorprendido en tus crticas el exceso de agresividad verbal, que en ocasiones rozaba el sarcasmo hiriente. T percibes igual tu trabajo crtico?

IE: El sentido de esta actitud es claro para m. T mismo has dicho que el peor castigo para un autor novel es el silencio, algo que yo suscribo; de ah que crea que hablar mal de un libro supone para el autor novel un servicio mucho ms til y constructivo que no hablar en absoluto de l. Me repugna la condescendencia que entraa el silencio, no pocas veces. Por otro lado, me parece que precisamente donde se curte un escritor es en sus comienzos. Poco dice de la vocacin real de un escritor que no resista una mala crtica, que no sea capaz de encajar eso, de aprender de eso o de desquitarse. En mi caso, pienso que lo que se interpretaba muchas veces como un acto de arrogancia o de sadismo, obedeca las ms veces a mi concepcin del reseismo como una especie de servicio pblico, dirigido bsicamente a los lectores, pero tambin al propio autor.

DK: Pero lo que se percibe como un exceso de agresividad verbal, eso es un rasgo de estilo, es algo consciente?

IE: Yo no tengo esa percepcin

DK: Es cario (risas).

IE: Yo siempre me refiero a los libros, no al autor. No he hecho casi nunca crticas ad hominem. Y eso vale para la voz que yo mismo impostaba en mis crticas, en las que nunca utilizaba el yo, no empleaba la primera persona. Se trataba siempre del enfrentamiento de un artefacto retrico contra otro artefacto retrico. Hay algo personal que entra en juego, sin duda, pero no en el sentido en que se suele pensar. Vers, yo tiendo instintivamente a vengarme de los malos libros. Soy un lector vido y codicioso, y para m perder tres tardes leyendo un mal libro constituye un dao imperdonable. No hay sarcasmo que me desquite del tiempo perdido, por no hablar ahora de los efectos morales. Se trata de un ajuste de cuentas legtimo; puede parecer desproporcionado, pero es un ajuste de cuentas legtimo. Y tanto que s.


QUEREMOS TANTO A BOLAO

DK: Vamos a cambiar de tema. Bolao debera estudiarse como parte de la literatura espaola?

IE: No. Siempre he dicho que uno de los mritos de Bolao, una de las razones que explica su centralidad en el presente, es que con l fragu un modelo de escritor, digamos, extraterritorial. Si hubiera que adjudicar a Bolao a algn mbito, yo lo adjudicara sin dudar al mbito de la literatura hispanoamericana. En el marco de la misma, Bolao se adelanta a la hora de postular una lengua y un imaginario narrativo que trasciende las fronteras nacionales y que reflexiona desde una perspectiva, digamos, continental.

DK: Cunto hay de montaje en Bolao, honestamente?

IE: Nada. Ya s que parezco la viuda de Bolao, pero no, nada.

DK: La pregunta es: estaramos hablando de Bolao en los trminos en que lo hacemos si Bolao no se hubiera muerto? Cunto hay de revalorizacin de una obra cuando el autor se muere?

IE: Con independencia de su muerte temprana, una novela como 2666 es desde mi punto de vista indiscutible. Es ms, yo especulo que un Bolao aupado sobre la contundencia, sobre la ambicin y la grandeza de una novela como 2666, un Bolao reconocido y consagrado internacionalmente, como lo es ahora, hubiera desempeado un papel muy dinamizador en el contexto de la cultura en lengua espaola. Bolao era muy difcilmente sobornable, y tena un proyecto muy claro como escritor, que comprenda una inequvoca voluntad ordenadora, un impulso de intervencin en el campo literario que, de haber continuado viviendo, habra tenido importantes consecuencias. No tengo ninguna duda acerca del valor de Bolao como escritor, y si bien el romanticismo de su muerte temprana y la leyenda del joven vanguardista han podido contribuir a su fortuna, sobre todo en Estados Unidos, tambin creo que son elementos que distraen del ncleo duro de su literatura, que va mucho ms all, y que nos toca esencialmente.

DK: Javier Maras es un fenmeno que a ti te parece difcil de explicar, tiene alguna explicacin?

IE: Maras me parece un escritor que tiene bien ganado su puesto muy destacado dentro de la literatura espaola e internacional. Siento una gran admiracin por Maras. No se trata de un autor inflado, ni mucho menos. Si me tiraras de la lengua, te dira que, a partir de Negra espalda del tiempo, Maras entra en un terreno pantanoso, y lo hace empujado precisamente por la coherencia de su proyecto narrativo. No me parece especialmente afortunado el camino que ha recorrido desde ah. Pero confo en su capacidad para corregir el rumbo. Temo, eso s, que el xito de Los enamoramientos tenga en este sentido efectos calamitosos, pues se trata de una novela en la que Maras incurre, quizs impremeditadamente, lamento decirlo, en la caricatura de s mismo y en el autoplagio. Pero Maras es un buen escritor, no tengo dudas, y es de esperar que lo siga demostrando.


LA BURBUJA DE LAS LETRAS

DK: Ha existido una burbuja narrativa?

IE: Me parece una buena forma de expresar lo que ocurri con la narrativa espaola en los aos ochenta. No creo que tenga sentido hablar de burbuja narrativa en relacin al presente. Pero s en relacin a lo que supuso al proceso de autoafirmacin de la literatura espaola que se produjo en los aos ochenta, y que deriv muy pronto en una especie de narcisismo colectivo a veces sonrojante. Como ya antes hemos dicho, se descubri entonces el filn de la literatura nacional, que pas a ocupar el centro del negocio editorial. Por ah comenz a hincharse la burbuja, que ofrece, en efecto, caractersticas comparables a las de la famosa burbuja inmobiliaria, en cuanto que dio lugar a toda una serie de especulaciones que se tradujeron en la insensata inflacin de autores y ttulos tasados muy por encima de su valor real. Esto no quiere decir que en la narrativa espaola pues estoy pensando todo el rato en la narrativa no haya escritores de mucho valor. De hecho, cabe sealar un buen nmero de escritores buenos, y un puado de escritores muy buenos. Lo insostenible es pensar que una literatura puede dar lugar, una semana s y otra tambin, a ttulos excelentes, a obras maestras, como cabe deducir del lenguaje empleado comnmente por editores y crticos.

DK: En tu crtica de El vano ayer, de Isaac Rosa, recogida en tu libro [ Trayecto: Un recorrido crtico por la reciente narrativa espaola, Debate, 2005], se dice que Rosa asume contar lo no vivido, aquellos sucesos que no han sido narrados por los escritores que los vivieron. Cmo se relaciona esto con los escritores de la burbuja?

IE: Durante la Transicin se produjo, como hemos visto, un pacto de no agresin, que comportaba el compromiso de no remover la mierda que abon el cultivo de la cultura surgida de aquellos aos. Unos y otros asumieron tcitamente que la literatura no deba meterse en poltica. Y por supuesto, tampoco la crtica. Desde entonces , y hasta hace poco, la literatura espaola ha rehuido la poltica, salvo excepciones muy contadas, entre ellas la narrativa de Beln Gopegui, ejemplar en este aspecto como en otros. Nos las tenemos, pues, con una literatura inslitamente despolitizada, que no contribuye de ninguna manera a comprender el pas en que vivimos, sino todo lo ms a percibir su sentimentalidad.

DK: Eso lo dices a propsito de tu lectura de Cristales, de Alejandro Gndara: los sentimientos particulares son los que confundieron el proyecto colectivo.

IE: Exactamente. Se entendi, sin que nadie lo instruyera de un modo explcito, que la literatura no tocaba la poltica. A este respecto, recuerdo en particular una crtica de Pozuelo Yvancos a la novela de Beln Gopegui El padre de Blancanieves. En ella, Pozuelo empezaba por decir que le encantara poder hablar nicamente de la factura literaria de la novela, de sus valores como trama, de la construccin de sus personajes, etc., pero que, desgraciadamente, ay, debido al peso de su discurso poltico, no poda. Hombre, daban ganas de decirle, si el libro habla de poltica, por qu no hablas t tambin de poltica? Pero actuaba all el reflejo instintivo del crtico que da por supuesto que no cabe hablar de poltica cuando se trata de literatura. Los propios escritores asumieron esta consigna. Y as ha venido siendo hasta hace poco, como te digo. Un escritor como Isaac Rosa ya no comparte, sin embargo, este veto.

DK: En la crtica a Corazn tan blanco, rescatas algo que parece muy interesante: no se depende tanto de lo que uno ha hecho como de lo que se sabe que uno ha hecho. Qu pasa entonces con una literatura que ha conciliado con el Estado?

IE: Tampoco es conciliar con el Estado. As dicho suena excesivo. Sencillamente hay autores, la mayora, que han entendido que su tarea deba sustraerse a todas las tensiones sociales, ideolgicas que poda haber en la sociedad. O sea que entendieron que la literatura era un espacio para la introspeccin, para la vida interior, para la aventura formalista, y no concibieron la posibilidad de hablar de poltica. Eso sigue siendo el patrn, las ms veces. Pero ojo: no pretendo decir que la literatura deba intervenir necesariamente en poltica. Se trata, simplemente, de que se acepte que la poltica es un campo de la realidad como cualquier otro, y no especialmente insignificante.

DK Cul es tu postura en toda esta polmica sobre los derechos de autor, internet? Porque terminas un artculo con una pequea pullita a una declaracin de Elvira Lindo

IE: El concepto de propiedad intelectual me parece un oxmoron, y me repugna instintivamente. En principio no simpatizo con el concepto, y sospecho de toda normativa a este respecto. Entiendo el tipo de perjuicio que entraa la piratera, y no me atrevo a proponer alternativas. Tampoco he reflexionado mucho al respecto, la verdad. Pero albergo una suspicacia instintiva, insisto, respecto al concepto de propiedad intelectual, que me parece cada vez menos sostenible, al menos tal y como est formulado. La pulla a la que te refieres aluda al hecho de que, por una vez que se manifiestan polticamente, muchos escritores y artistas de este pas lo hagan para reclamar sus propiedades. En fin, era una irona

Fuente: http://www.eldiario.es/burbuja_literaria/Ignacio-Echevarria_0_79092193.html



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