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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-12-2012

Lo imposible rehabilitado: el sentido de una huelga general indefinida

Arturo Borra
Rebelin


-I-

No es un anacronismo reivindicar la huelga general indefinida a nivel europeo en el siglo XXI, sabiendo que slo unos grupos reducidos de activistas estaran dispuestos a hacerla propia? No es pedirle demasiado a la gente, algo que no est en condiciones de cumplir, dadas sus urgencias econmicas? No estamos propiciando una nueva derrota en la pulseada contra el capital empresarial y financiero concentrado, arrojando al comn de la gente al vaco con una medida que a la larga habr que abandonar para no morirse de hambre? En suma, al pedir lo imposible, no reforzamos nuestra frustracin colectiva?

En efecto, la huelga general indefinida es un anacronismo. Viene de otro tiempo: un tiempo en el que la revuelta -como cuestionamiento poltico de lo heredado- vuelve a ser posible. En una poca en la que la resignacin constituye el vnculo hegemnico con la realidad histrica, el anacronismo como acto extemporneo se hace pertinente: es reivindicacin de otra temporalidad, en la que lo decisivo es la rearticulacin en las condiciones del presente de un proyecto poltico emancipatorio.

Si la huelga general indefinida oper especialmente, a principios del siglo XX- como mito para unificar a las clases obreras en sus luchas contra las patronales e incluso como una forma activa de sabotaje a la produccin capitalista, su riesgo ms actual no es otro que el de recaer en la mistificacin de la clase obrera industrial europea (como si la cultura proletaria llevara inscripta alguna insignia revolucionaria). Para mayor escarnio, su poder de interpelacin es dudoso, ms todava cuando el sujeto de dicha huelga parece desdibujado en la actualidad, habida cuenta de que muchos grupos ni siquiera se sienten parte, condenados como estn al desempleo, el subempleo o la marginacin sistmica.

Ante esos sealamientos, habra que enfatizar que elaborar una salida poltica del presente exige salirse de un esquema sustancialista que asigna a ciertos sujetos histricos algn valor privilegiado en los procesos de transformacin social. La heterogeneidad es irreductible y debe ser tenida en cuenta como tal. En este sentido, constituye un error poltico fundamental suponer que el sujeto del cambio preexiste al proceso de lucha. Por el contrario, en cualquier acto de rebelin colectiva lo que se juega es la produccin de un sujeto poltico emancipatorio que no preexiste ni est garantizado por ninguna pertenencia de clase, gnero, edad o etnia.

La persistencia de ese error est en la base de la accin sindical de los gremios mayoritarios: su falta de inters por articular sus luchas a movimientos sociales contestatarios es notoria. Apenas si han tomado nota de que las clases trabajadoras no son los nicos grupos sociales que cuentan. De forma inversa, la (auto)exclusin de muchos trabajadores y parados por parte de esos movimientos contestatarios no es menos sintomtica: sigue recelando de la heterogeneidad social como condicin de partida. La consecuencia de este error de base es, a mi entender, la multiplicacin de luchas sociales sin una articulacin contrahegemnica que permita ir ms all de unas protestas sociales de carcter defensivo.

En este contexto, se hace necesario elucidar el sentido de una huelga general indefinida y en qu podra contribuir a modificar la situacin precedente. Al respecto, quisiera sugerir al menos tres dimensiones que entran en juego. En una primera dimensin, uno de los objetivos de una intervencin de este tipo es el boicot del proceso de acumulacin: cortocircuita la reproduccin del capital y, con ello, mediante la generacin de prdidas millonarias, obliga a producir cambios reales en el sistema econmico. En una segunda dimensin, establece una presin sistemtica sobre los gobiernos para buscar soluciones alternativas a las irresoluciones colectivas del presente. Las condiciones de negociacin, en ese contexto, se modifican de forma sustantiva, equilibrando las relaciones de fuerza. En una tercera dimensin, omitida muchas veces del anlisis, este tipo de huelga crea instancias de reconocimiento mutuo entre los participantes, esto es, genera una accin colectiva en la que distintos grupos pueden representarse como miembros de una misma comunidad de lucha. La centralidad de ese punto es clara: no hay proceso de cambio histrico sin la formacin de una voluntad colectiva transformadora.

Ahora bien, a pesar de la tan mentada heterogeneidad, no es una huelga general indefinida, por definicin, una accin protagonizada por las clases trabajadoras? A mi entender, es precisamente este punto el que hay que poner en cuestin. Si esa medida de fuerza slo fuera adoptable como movilizacin de los trabajadores, en efecto, carecera de fuerza articulatoria. La cuestin cambia radicalmente si la planteamos como punto nodal en una cadena de demandas sociales ms amplias, imposibles de satisfacer dentro del orden hegemnico. Dicho de otra manera: una huelga general indefinida puede funcionar como punto de condensacin de una pluralidad de reivindicaciones: no slo de los trabajadores, sino tambin de parados, desahuciados, jvenes, mujeres, indignados, jubilados, inmigrantes, minoras sexuales, etc.

La condicin de esta articulacin es la produccin de un discurso poltico (de carcter extra-partidario) que signifique la huelga general indefinida como medida unificadora de un frente popular en su antagonismo radical con las oligarquas econmico-financieras y polticas. Puesto que esas oligarquas afectan de forma directa a todos esos grupos, la huelga general indefinida puede ser representada no slo como eslabn particular de una cadena, sino tambin como punto de articulacin general: representar la interrupcin de la normalidad del funcionamiento capitalista. Ello nos desplaza, desde luego, a otras medidas complementarias: huelgas de consumo, manifestaciones, acampadas, jornadas de reflexin, piquetes informativos, etc. Sin embargo, que esa pluralidad de medidas complementarias puedan estar contenidas en la representacin unificada de la huelga general indefinida es crucial. Permite consolidar el reconocimiento mutuo de los participantes en un mismo horizonte de lucha poltica y, con ello, preparar las condiciones para una intervencin poltica que subvierta las bases sistmicas del capitalismo.

Desde luego, nada garantiza que una huelga general indefinida pueda llevar ms all de un pacto de mejoras salariales y laborales o de un acuerdo tripartito entre sindicatos, gobiernos y empresas. Pero desde hace tiempo sabemos que no hay garantas metafsicas para nuestra voluntad de cambio. De hecho, el fantasma de una nueva derrota histrica es la contrapartida necesaria de la intensificacin de las luchas colectivas, sea cuales sean los caminos que elijamos. La apuesta imposible por una sociedad que transforme de forma radical sus relaciones polticas y econmicas siempre tiene final abierto: abre a un acontecer necesariamente imprevisible. Su posibilidad radical, sin embargo, es inocultable.

El caos irrepresentable que la derecha vaticina ante este imposible rehabilitado no es otra cosa que la irrupcin de una prctica revolucionaria. La bancarrota del capitalismo es la oportunidad de una reestructuracin de los espacios de trabajo siguiendo otras lgicas de organizacin y gestin (como es el caso del cooperativismo autogestionario y de una produccin coordinada de trabajadores autnomos) y la oportunidad de un proceso poltico y cultural de transformacin de las instituciones pblicas y privadas, incluyendo desde luego los espacios educativos. Del mismo modo en que no hay proyecto comunitario deseable sin una distribucin econmica justa, tampoco podra darse tal proyecto sin unas estructuras polticas democrticas o una cultura en comn que posibilite una existencia social igualitaria.

-II-

Retomemos las preguntas iniciales. Con el anacronismo de la huelga general indefinida no estamos pidiendo nada a la gente, entre otras cuestiones, porque no hay nada parecido a un colectivo sustrado de las divisiones sociales. Un llamado semejante opera en primer trmino en tanto interpelacin a distintos grupos como sujeto poltico transformador. Si lo que tienen en comn esos grupos no es su pertenencia al mundo del trabajo o a una clase obrera tradicional, sino su antagonismo con las oligarquas, entonces, la eficacia de este mutuo reconocimiento depende del grado en que cada parte integre sus reivindicaciones en un horizonte de luchas en comn. La huelga general indefinida slo puede ser agenciada por estos grupos heterogneos en tanto sea significada como eslabn de unas demandas de justicia ms amplias frente a unos poderes dominantes cada vez ms opresivos. En sntesis, lo que cuenta en este contexto es la posibilidad de significar una determinada prctica como punto de condensacin de unas reivindicaciones colectivas. De ah la centralidad de una articulacin discursiva que signifique las diferentes identidades grupales como solidarias ante el saqueo sistemtico perpetrado por las elites hegemnicas.

Es evidente que ese proceso de articulacin es complejo y slo puede llevarse a cabo en condiciones adversas. Pero lo que para la gente es imposible no lo es por necesidad para este sujeto popular. La urgencia econmica, por otra parte, no puede constituirse legtimamente en un pretexto para ser conservadores: la mejor manera de no poder satisfacer esa urgencia es aceptar la ofensiva actual del capitalismo, comenzando por las reducciones salariales en curso o los despidos masivos que dejan un saldo desastroso de desocupados y trabajadores precarios. As pues, no es, precisamente, la realidad actual el paisaje ms evidente de lo que nuestras urgencias provocan?

Puesto que vivimos en el paisaje de la derrota nuestro horizonte es hacer de sta un punto de partida. Una huelga general indefinida no arroja al vaco a nadie, entre otras cosas, porque ya estamos en el vaco (de oportunidades vitales, de autonoma, de justicia). Millones de humanos estn murindose de hambre e indiferencia. Optar por la certidumbre de la servidumbre no deja de ser un consuelo penoso.

Afortunadamente, no estamos condenados a esa decisin. Pedir lo imposible es abrirnos a otras posibilidades histricas. La posibilidad de la frustracin no es exclusiva al deseo revolucionario; de hecho, nuestras aoranzas ms profundas estn siendo frustradas cada da. Si la normalidad no es nada distinto al crimen institucionalizado, la rehabilitacin de lo imposible es, precisamente, esa promesa de libertad que necesitamos para que nuestra vida sea algo ms que mera supervivencia en las ruinas del presente.

Blog del autor: http://arturoborra.blogspot.com

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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