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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-12-2012

Un balance de 2012
Las FARC-EP: Reingeniera militar y poltica

Carlos Medina Gallego
camega.org


Una nueva dinmica que tom el conflicto armado en el pas durante el 2012 en los aspectos militar y poltico, ha generado un punto de inflexin, que hoy en medio de un optimismo moderado y un escepticismo extremo, adquiere forma en la dinmica con que se vienen desarrollando la mesa de conversaciones de la Habana, entre el gobierno Nacional y las FARC-EP. Un balance sobre lo ocurrido durante el ao ayuda a entender las razones por las cuales, gobierno y guerrilla deciden contra todo pronstico iniciar de manera tan temprana, en la administracin Santos, acercamientos discretos y conversaciones.

Quisiera desarrollar en este artculo tres ideas centrales:

1. La ofensiva militar desarrollada por la fuerza pblica a travs de la poltica de la seguridad democrtica, inicialmente, y luego, con los ajustes que sta tuvo en el modelo de la seguridad para la prosperidad del presidente Santos, le proporcionaron al Estado Colombiano una victoria tctica sobre la insurgencia de las FARC, pero no lograron, a pesar de la importancia de la misma, consolidar una victoria estratgica que hicieran efectivo el anunciado fin del fin de la confrontacin, por la va militar, destruyendo la capacidad operativa y organizativa de la insurgencia.

2. Las FARC vieron transformarse la modalidad tctica y operativa de la fuerza pblica y sintieron estremecer sus estructuras organizativas y de mando en una ofensiva que modifico sustancialmente la correlacin de fuerzas en el campo militar y transform en lo esencial las lgicas organizativas y de autoridad interna, as como su modelo de operatividad.

3. El inicio de las conversaciones representa para las FARC una victoria tctica en el campo poltico frente al gobierno y, para este, una apuesta a la consolidacin de la victoria militar estratgica en el escenario poltico. La guerra vuelve a asumir su forma poltica.

 

  1. Victoria tctica sin consolidacin estratgica

Comencemos por formularnos unas preguntas orientadoras: cul es el estado actual de la guerra que obliga a las partes a pensarse en trminos de un proceso de solucin poltica al conflicto armado?; Por qu el gobierno del presidente Santos, desiste de la idea de la victoria militar sobre la insurgencia y decide establecer relaciones y conversaciones con la FARC-EP colocando todo su capital poltico y su posible reeleccin, en ese proceso?; En qu estado se encuentran las FARC-EP que resuelven atender el llamado del gobierno nacional de explorar una camino de solucin poltica para el conflicto?

Existen distintas explicaciones a estas preguntas; las que ac se dan son el resultado de los trabajos de investigacin y seguimiento que hacemos al conflicto armado desde el Grupo de Investigacin en Seguridad y Defensa de la Universidad Nacional de Colombia, que se ha dedicado en los ltimos aos a estudiar cada uno de los actores armados y las dinmicas propias del conflicto colombiano.

Lo que nos est mostrando la investigacin y los anlisis es que el conflicto se encuentra en un punto de inflexin importante en el cual los actores deben tomar decisiones transcendentes, relacionadas con sus proyectos polticos estratgicos y los mecanismos y medios para alcanzarlos: la guerra ha llegado a un lugar en donde las partes han entendido que no se van a derrotar mutuamente, que ninguno va a alcanzar la victoria definitiva sobre su adversario y que, intentarlo, significa conducir al pas a un siglo ms de guerra, con un agravante: ni social, ni poltica, ni econmica, ni militarmente el pas aguanta un periodo ms largo de confrontacin, con un alto costo en vidas, desarrollo, inversin social y democracia.

La idea de la victoria definitiva sobre la insurgencia ha cedido terreno durante la administracin Santos, porque este ha visto llegar a su agotamiento los logros de la poltica de seguridad democrtica y de la prosperidad. Sus estadsticas han comenzado a mostrar un creciente reactivamiento de la capacidad operativa de la insurgencia, como resultado de los aprendizajes que han adquirido para confrontar las nuevas modalidades operativas en los campos de la inteligencia militar y tcnica y, el combate areo.

Con el comparativo de hechos, vemos que entre enero y octubre del 2012 no hubo un solo mes en donde los actos de guerra de la insurgencia no hubiesen superado los realizados en el ao anterior; comienzan a disminuir cuando se hacen pblicas las conversaciones y seguramente llegaran a su punto ms bajo de parangn por la decisin unilateral de las FARC-EP, de hacer un cese al fuego a partir del 20 de noviembre y hasta el 20 de enero de 2013.

Entre enero y octubre, en las estadsticas de logros del Ministerio de Defensa se reporta un incremento de las acciones de la insurgencia en un 53%, en relacin con el ao inmediatamente anterior. Esto significa que se paso de 472 acciones de guerra, para el este periodo en el 2011 a 716 acciones en el 2012. Las estadsticas oficiales igualmente muestran un incremento de las acciones de la insurgencia contra la infraestructura y en particular contra la industria petrolera, la que vio afectar sus oleoductos con 142 acciones en el 2012, en relacin con los 52 atentados del ao anterior, lo que representa un crecimiento de 173%.

Los partes de guerra de las FARC-EP informan de las acciones de hostigamiento, sabotaje, ataques a patrullas del ejrcito y la polica, voladura de oleoductos, detonacin de minados, prcticas de francotiradores, maniobras antiareas, entre otras acciones de guerra, desarrolladas por las estructuras de los Bloques Sur, Alfonso Cano, Jorge Briceo, Magdalena Medio, Martin Caballero y sus correspondientes columnas mviles, en los departamentos de Arauca, Meta, Vichada, Guaviare, Putumayo, Caquet, Nario, Cauca, Valle del Cauca, Huila, Tolima, Cundinamarca, Antioquia, Santander, Norte de Santander, Guajira y Bolvar, con distintos grados de intensidad e incidencia. Los reportes muestras que la mayor intensidad del conflicto se localiza en el sur-occidente del pas, en Nario y Cauca, que se han convertido en el laboratorio de guerra de las FARC-EP.

Las estadsticas oficiales muestran una variacin significativa en los resultados de las acciones de la fuerza pblica en los indicadores de la confrontacin; disminuyeron las desmovilizaciones en un 28%, pasando de 1.314 entre enero-octubre de 2011 a 943 en el mismo periodo en el 2012; las capturas y los muertos en combate apenas crecieron ligeramente durante el presente ao en un 18% y 11%, respectivamente. La situacin de las Fuerza Pblica en trminos de bajas, si bien mejoro, no deja de ser preocupante, durante el 2012, entre soldados, policas, oficiales, suboficiales arrojo como resultado 336 muertes en cumplimiento del servicio y, dejo 1.983 bajas vivas (heridos), de los cuales 211 producto de minas antipersonales y explosivos abandonados que afectaron igualmente a 151 civiles. En general, el incremento de bajas vivas fue del 9% en comparacin con el ao anterior.

La fuerza pblica tambin ha tenido que enfrentar una creciente presin jurdica como consecuencia de las formas anmalas de las operaciones militares que afectan profundamente la situacin de derechos humanos y el derecho internacional humanitario, lesionando gravemente los derechos de la poblacin civil; los falsos positivos, son solo una de las muchas formas anmalas que han colocado a oficiales, suboficiales, soldados y policas frente a los tribunales y en las distintas crceles militares y administrativas del pas. Se dice, por parte de los organismos de derechos humanos, que se adelantan ms de 1850 procesos contra miembros de la fuerza pblica que involucran a ms de cuatro millares de militares. Es tal vez de esta situacin crtica que surge la idea de la ampliacin del fuero militar.

En sntesis, lo que se nota es que hay un claro reactivamiento de la capacidad operativa de la insurgencia, que hace evidente los aprendizajes en la confrontacin militar y la puesta en prctica de nuevos laboratorios de guerra en el suroccidente, centro y oriente del pas.

Sin embargo, la mayor preocupacin que existe en el desarrollo de la confrontacin por parte del gobierno, no solo son los resultados obtenidos que comienzan a precarizarse en la relacin costo-beneficio, sino los limites de crecimiento y modernizacin que enfrenta el sector de la defensa en materia presupuestal para el manejo de la economa de la seguridad. De continuarse la guerra, esta aumentara, sin mayores resultados definitivos, los costos y el mantenimiento del conflicto a un sacrificio cada vez mayor del presupuesto destinado a inversin social.

Existe una nueva percepcin de los altos mandos de la fuerza pblica en relacin con el conflicto armado; sectores importantes de la institucin militar han contemplado la idea de la necesidad de encontrar una salida negociada. Hay una tcita aceptacin de la imposibilidad de la victoria militar estratgica. Esto no significa que su discurso y prctica de guerra contra la insurgencia no mantenga el vigor que adquiri en los ltimos aos. Resulta saludable para el pas, la actitud asumida por la fuerza pblica en relacin con el proceso en curso del gobierno con las FARC-EP, as el Ministro de Defensa Juan Carlos Pinzn Bueno, mantenga su radicalidad verbal frente a los medios cada vez que la fuerza pblica recibe un golpe.

Ningn analista se atrevera a decir hoy que los esfuerzos realizados por el gobierno nacional y la fuerza pblica contra la insurgencia no han sido exitosos y cambiaron significativamente la correlacin de fuerzas en la confrontacin armada; pero, son muy pocos los que se arriesgan a decir que se puede alcanzar la victoria militar definitiva contra las FARC-EP y persisten obstinadamente, en llevar el pas a una nueva guerra augurndole un estruendoso fracaso al proceso de la Habana. El gobierno nacional parece haber entendido que el desarrollo superior de la guerra est en el escenario poltico y es all donde se alcanza la victoria estratgica de una paz duradera y estable para el pas y le ha apostado a ello.

 

  1. Las FARC-EP : de mandos verticales a direcciones colectivas

Uno de los mayores avances que tiene un ejrcito en el desarrollo de la guerra es saber exactamente cul es su situacin en relacin con la dinmica de la misma y tomar las decisiones pertinentes para superar las adversidades y garantizar el logro de sus propsitos en la justa proporcin que le posibilita la confrontacin.

Las FARC-EP han reconocido la capacidad de su adversario, han aceptado la dureza de los golpes recibidos, han ajustado sus estructuras de mando y organizacin a las nuevas modalidades de combate que estn enfrentando y han hecho los aprendizajes de guerra a un costo altsimo en vidas y experiencias de conduccin.

Diez aos de confrontacin, con grandes prdidas en hombres en una modalidad de guerra en donde la mayor parte de los muertos nunca entra en combate y donde dirigentes histricos desaparecieron bajo el accionar de la fuerza pblica, obliga a la organizacin a desarrollar una reingeniera organizativa, militar, poltica y social para poder sobrevivir a la ofensiva y colocarse en un lugar de no aniquilamiento y re-oxigenacin. Ese aprendizaje, las FARC-EP, lo hace en un ambiente de deslegitimacin nacional e internacional agenciado por el gobierno anterior y actual, con ayuda de los medios de comunicacin y, en parte, por su propio comportamiento errneo.

Pero la ofensiva institucional no solo obliga a la organizacin a hacer las transformaciones y ajustes organizativos y tcticos para enfrentarla, sino que origina un nuevo orden de legitimidades en la conduccin de la misma, que se comienza a notar durante la comandancia de Alfonso Cano y se evidencia en la actual comandancia de Timolen Jimnez. El rgimen de autoridad se transforma; la estructura de mando vertical que prevaleci durante la hegemona de Manuel Marulanda y haban podido sostener enfoques tradicionales como los de Reyes y Briceo, llega a su fin con la desaparicin de stos; la nueva generacin de mando se coloca frente a la organizacin con un orden de legitimidades mas horizontal, donde si bien, se respeta la estructura de mando jerrquico, la direccin de las FARC-EP se hace ms colectiva, porque las cabezas visibles se hacen equivalentes y no resulta sencillo, dar rdenes a un similar sin correr el riesgo de que se fracture la relacin mando-obediencia y se produzca una federalizacin de la organizacin. Para decirlo de manera directa, todas las cabezas visibles del Secretariado se encuentran en la misma lnea de legitimidad y se consideran en una relacin de iguales. En esta guerrilla se ha producido el paso de mandos verticales a mandos colectivos por el fenmeno de horizontalizacin de legitimidades...

Esta situacin de direccin colectiva genera una nueva dinmica en la organizacin en la cual empiezan a expresarse matices, diferencias de enfoque e incluso contradicciones sin que por ello se produzcan rupturas, pues en su conjunto la dirigencia entiende la fortaleza de la organizacin en su cohesin interna, pero debe ensayar nuevos modelos de relacionamiento democrtico, de acuerdos y consensos. En estas condiciones, un valor agregado del proceso, es que la dinmica poltica se viene imponiendo sobre la militar.

Las FARC-EP se estn transformando realmente, a su interior se estn produciendo innovaciones organizativas, convergencias unitarias, nuevos imaginarios polticos, direccionamiento y disciplinamiento social y poltico de sus bases, unidos a una relativa ortodoxia poltica y a un profundo pragmatismo poltico y operativo en el marco de un nuevo enfoque tctico que sita al centro la accin poltica.

En los ltimos meses del 2011 y durante el primer semestre del 2012, la organizacin logra ubicarse en un lugar lo suficientemente seguro como para tomar la decisin de involucrarse en un proceso de paz, que guardando todas las reservas que se quiera, les pude permitir argumentar que el conflicto se encuentra en un empate positivo en el cual las partes se pueden dar cita para conversar sobre un acuerdo general para la terminacin del conflicto y la construccin de una paz estable y duradera.

 

  1. El Acuerdo General, un reflejo de la correlacin de fuerzas en la guerra

La etapa de acercamiento discreto, la elaboracin de una agenda y el inicio de un proceso de conversaciones resulta para ambas partes una victoria poltica y la expresin de ese empate positivo, el que hay que entender, no como la equivalencia en la correlacin de fuerzas en el campo militar, sino como la confluencia de circunstancias, propsitos e iniciativas en el escenario poltico en torno a un inters comn: la PAZ.

Entre el 23 de Febrero y el 26 de Agosto de 2012, comisiones del gobierno nacional y de las FARC-EP, se renen en la Habana con la participacin de los gobiernos de la Repblica de Cuba y Noruega como garantes y, el apoyo del Gobierno de la Repblica Bolivariana de Venezuela, como facilitador de logstica y acompaante. De esa fase exploratoria sale el Acuerdo General para la terminacin del conflicto y la construccin de una paz estable y duradera que dota al proceso de un manifiesto de voluntades, agenda de conversaciones y reglas de funcionamiento bsicas, que el gobierno y FARC-EP, dan a conocer ampliamente al pas.

El18 de Octubre del 2012 se da la instalacin formal de la Mesa de Conversaciones en Oslo, Noruega, con la intervencin del representante de la delegacin del Gobierno de Colombia, Humberto de la Calle Lombana y, el jefe de la delegacin de las FARC-EP, Ivn Mrquez. Los discursos plantean lo que tenan que decir y van dirigidos a distintos auditorios para llenar de confianza el proceso y de seguridad a la nacin. No obstante, las posturas extremas de inmovilidad absoluta de los modelos y de cambios absolutos de las estructuras, los discursos y las ruedas de prensa lo que reflejan son las razones del conflicto y las urgencias de su superacin.

En el caso de las FARC-EP, el discurso de Ivn Mrquez, se dirige a la comunidad internacional para posesionar el carcter poltico y revolucionario de la organizacin, al pas para sealar las razones y los retos del conflicto y a sus propias militancias para disipar inquietudes y fortalecer la cohesin organizativa interna. La intervencin del Gobierno, no es por diplomtica menos radical, en particular su defensa irrestricta de los modelos econmico y de seguridad. Pero ms all de esos discursos que fueron lo que tenan que ser, esta la agenda de conversaciones que constituye un acuerdo poltico sin precedente, con un alto grado de racionalidad y pragmatismo poltico que refleja en profundidad, la correlacin de fuerzas de la confrontacin militar.

Siete meses de conversaciones preliminares en ms de medio centenar de reuniones van depurando el Acuerdo General, no solo en su contenido y alcances, sino en el sentido de cada uno de sus trminos, de tal forma que el mismo adquiere la justa dimensin de los intereses de las partes como reflejo de las posibilidades reales de lo que el estado del conflicto les permite. El acuerdo es el trmino medio necesario en el cual Gobierno y FARC-EP, ceden hasta quedar tranquilos, sin haber quedado satisfechos, pero con la certeza de no haber renunciado a los principios esenciales y haber puesto por encima el inters supremo de la paz.

El Acuerdo General recoge las experiencias y aprendizajes de los procesos anteriores dados entre Agendas Abiertas y Cerradas y conversaciones en medio del conflicto. Tiene un punto de agenda abierta que busca englobar la solucin de los problemas estructurales del conflicto articulado al desarrollo agrario y cinco puntos de agenda cerrada relacionada con la terminacin del conflicto y la normalizacin institucional y poltica del mismo.

El acuerdo contiene la totalidad de la agenda social y reivindicativa de las FARC-EP, desde el programa agrario del 1964, acompaado por una propuesta de ampliacin y profundizacin de la democracia poltica, unido al plan desarrollo del gobierno Santos y la responsabilidad del estado de atender los derechos de las vctimas. Es un acuerdo pragmtico, que surge en marco de una realidad nacional e internacional que favorecen la finalizacin del conflicto armado.

La sociedad colombiana tiene que hacerse a la idea de las posibilidades reales de este proceso y no llenarse de expectativas que posteriormente conduzcan a desilusiones colectivas. La mesa de conversaciones de la Habana no es una mesa de negociaciones. All de lo que se trata es de establecer acuerdos polticos lo suficientemente claros y asumidos como compromisos para que tengan curso en la definicin de una poltica pblica reformista, adquieran la forma de leyes y decretos, planes y programas de desarrollo y, proyectos productivos y de bienestar. Un acuerdo que contribuya a la profundizacin de la democracia y a la convivencia poltica y social, sin las incertidumbres y zozobras que actualmente vive la poblacin.

Todos los procesos se mueven entre la esperanza y el escepticismo, la primera tiene que sobreponerse al segundo, los amigos de la paz a sus enemigos, el inters pblico general al particular.

La fortaleza del gobierno se mide en su conviccin para sacar adelante el proceso, sin sentir que est renunciando a nada y sin atender la retorica opositora que sindica al gobierno de estar entregando lo logrado y claudicando ante la subversin. La de las FARC-Ep en entender el momento histrico y adoptar las decisiones correctas para mantener en alto sus banderas sin renunciar a su conquista en el camino de las revoluciones democrticas.

Un proceso de paz exitoso es aquel que se da en el marco de un cortejo de seduccin poltica en el cual las partes terminan enamorados del propsito comn de la paz trabajando juntos; es un acuerdo para la reconciliacin y la convivencia pacfica en un universo de transformaciones democrticas.

Lo peor que le podra pasar al pas es que cada una de las partes tuviese un PLAN B.


(*) Carlos Medina Gallego es docente e investigador de la Universidad Nacional de Colombia. Miembro del Grupo de Investigacin en Seguridad y Defensa

 

Fuente: http://www.camega.org/inicio/index.php/perfil/inicio/388-las-farc-ep-reingenieria-militar-y-politica-un-balance-del-2012




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