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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-12-2012

La Constitucin egipcia, la oposicin y el dilogo de sordos
Perdedores y grandes perdedores

Esam Al-Amin
CounterPunch

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez


El 8 de diciembre fue el da elegido por el Presidente Muhammad Mursi dos noches antes durante su discurso a la nacin. En dicho discurso, llam a un dilogo abierto con la oposicin y el resto de partidos polticos a fin de enfrentar y superar la crisis poltica en la que est sumido el pas desde que el 22 de noviembre dio a conocer su controvertida declaracin constitucional.

Con excepcin del Partido Al-Ghad, todos los dirigentes del Frente Nacional de Salvacin (FNS), la principal coalicin de la oposicin que incluye a una mayora de los partidos laicos, rechazaron asistir a la reunin convocada por el Presidente, insistiendo en que primero tena que anular la declaracin constitucional y cancelar el referndum fijado para el 15 de diciembre. Los principales lderes del FNS, incluidos los ex candidatos presidenciales Amr Musa, Hamdein Sabahi y el Dr. Muhammad ElBaradei, no slo boicotearon la reunin sino que tambin publicaron serias advertencias de que si el Presidente no acceda a sus demandas intensificaran sus protestas convocando huelgas generales y llamando a la desobediencia civil.

Otros grupos de jvenes revolucionarios, como el Movimiento del 6 de Abril, se negaron asimismo a asistir a la reunin, declarando que se trataba de una estratagema del asediado Presidente en un intento de aplacar a la oposicin. El ex candidato presidencial e islamista moderado, el Dr. Abdelmoneim Abul Futuh del Partido por un Egipto Fuerte, tambin boicote la reunin alegando que el Presidente no haba mostrado seriedad a la hora de resolver la disputa poltica.

Una oportunidad perdida: Un dilogo con uno mismo

En la tarde del 8 de diciembre, 54 destacadas personalidades se reunieron con el Presidente y sus principales lugartenientes. La mayora de los participantes eran altos representantes de los partidos islamistas, como el Partido por la Justicia y la Libertad, afiliado a los Hermanos Musulmanes, que Mursi encabezaba antes de convertirse en Presidente, el Partido salaf Al-Nur, Al-Wasat, Al-Asala y otros partidos islamistas ms pequeos. El Dr. Ayman Nur, del Partido Al-Ghad, tambin particip pero fue el nico partido laico que acudi. Adems, muchos expertos constitucionales, como el Dr. Ahmad Kamal Abul Magd, el Dr. Zarwat Badawi, el Dr. Gamal Yibril y el Dr. Muhammad Salim Al-Awqa tomaron parte tambin en la reunin, que incluy asimismo a reconocidos intelectuales, como el escritor y columnista Fahmy Howaidy y el politlogo Dr. Manar El-Shorbayi.

Despus de una reunin maratoniana de veinte horas, los participantes celebraron una conferencia de prensa para anunciar un nuevo decreto constitucional del Presidente que anulaba la infame declaracin del 22 de noviembre. A primera vista, se trataba de una importante concesin a la oposicin ya que sta era su principal demanda desde que se public el anterior decreto. Aunque la nueva declaracin anulaba la anterior, mantena no obstante algunas de sus consecuencias directas, fundamentalmente el cese del fiscal general.

La motivacin principal que tuvo Mursi al publicar el primer decreto era tratar de poner sus decisiones fuera del alcance de cualquier control judicial con el fin de impedir que el Tribunal Constitucional Supremo (TCS) disolviera la Asamblea Constitucional Constituyente (ACC), encargada de redactar la nueva constitucin, y la Majlis Al-Shura (la cmara alta del Parlamento, dominada por el Partido por la Justicia y la Libertad PJL- y el Partido Al-Nur). Pero cuando la ACC concluy sus trabajos el 30 de noviembre y el Presidente anunci de inmediato la celebracin de un referndum general el 15 de diciembre, no haba peligro de que el TCS disolviera la ACC. El PJL haba calculado que en caso de que el Tribunal llegara finalmente a disolver la Majlis Al-Shura, haba muchas probabilidades de ganar las elecciones para una nueva Shura frente a sus divididos rivales.

Por tanto, a juicio de Mursi, sustituir la declaracin constitucional era algo a desear, ya que as pareca hacer una concesin a la oposicin sin poner en peligro el producto de los trabajos de la ACC. Pero quiz la razn ms importante de que se echara atrs fue la firme reaccin negativa de los jueces egipcios, que se haban puesto mayoritariamente en huelga a causa de su anterior decreto. La mayora de los jueces haba amenazado con no supervisar el referndum, segn estipula la ley, a menos que Mursi rescindiera su decreto, lo que a su vez lo habra condenado y retrasado la aprobacin de la constitucin. En resumen, Mursi, al emitir un nuevo decreto, en apariencia conciliatorio, hizo un hbil movimiento poltico al conseguir colocar el referndum en la agenda y recuperar el apoyo de la mayora de los jueces.

Segn los participantes en la reunin, la mayor parte del tiempo estuvieron discutiendo vas para cancelar o aplazar el referndum constitucional, la segunda demanda principal de la oposicin. Al final, los expertos constitucionales que estaban presentes llegaron a la conclusin de que el Presidente no poda retrasar el referndum por motivos legales tcnicos. En el referndum popular de marzo de 2011, aprobado con el 77% de los votos, se afirmaba que una vez que la ACC concluyera sus trabajos, el pueblo deba votar la constitucin en un plazo de quince das. De ah que los expertos jurdicos razonaran que cualquier cancelacin o aplazamiento exigira que se estableciera la fecha de otro referndum popular. Pero lo que nadie argument fue el hecho de que el Presidente haba violado antes, y de forma unilateral, ese mismo referndum popular en su primer decreto al ampliar el plazo de la ACC de seis a ocho meses. Esos mismos expertos omitieron sealar que esa prrroga no poda fijarse mediante un decreto presidencial sino que habra necesitado de un referndum popular.

Sin embargo, esa fue la inexplicable postura mostrada por la oposicin. Siempre van un paso por detrs y pierden impulso al intentar forzar demasiado su baza. Cuando en su primer decreto el Presidente prorrog el mandato de la ACC dos meses ms tras cumplirse la fecha lmite del 12 de diciembre, el FNS rechaz esa decisin y pidi que se disolviera la ACC. La consecuencia directa fue que la ACC aceler sus trabajos y acab el proyecto dos semanas antes de la fecha fijada en diciembre. Cuando el Presidente llam a un dilogo convocando una reunin con la oposicin incluyendo en el orden del da todos los temas, el FNS boicote la reunin y perdi as la oportunidad de forzar el aplazamiento del referndum porque, en su ausencia, la otra parte pudo desestimar esa peticin por razones tcnicas. Y cuando se hizo inevitable que el referndum iba a tener lugar al estar de acuerdo miles de jueces en supervisarlo una vez anulado el primer decreto, el FNS pidi entonces dialogar con el Presidente para resolver la disputa. Siempre tarde y siempre sin poder mostrar logro alguno a favor de las obstinadas posiciones de la oposicin.

El decreto del 8 de diciembre puso tambin en marcha el proceso para elegir una nueva ACC en caso de que se rechazara la nueva constitucin. Se estipul que el electorado egipcio seleccionara, en un plazo de tres meses, un nuevo comit de cien miembros para redactar la constitucin. Es evidente, si es que el pasado reciente consigue ensear algo, que la oposicin laica resultara vencida de nuevo en las urnas por los partidos islamistas. Si la oposicin tena ya el 45 o 50% de los miembros de esta ACC, probablemente le ira mucho peor en caso de que su nueva composicin se determinara mediante elecciones. Otro error de clculo de la oposicin.

Uno de los resultados de la reunin para el dilogo fue que el Presidente tuvo que arrojar una zanahoria a la oposicin para aplacarla y rebajar su hostilidad hacia el borrador. Prometi enviar al nuevo parlamento, una vez elegido, cualquier enmienda de cualquier partido de la oposicin ante cualquier artculo de la constitucin. No fue ms que otro ardid ya que, segn la nueva constitucin, el 20% de los miembros del parlamento (o el presidente) puede presentar una enmienda. No obstante, para que la enmienda pueda incluso discutirse, es necesario que cuente con el apoyo de una mayora en las dos cmaras y, para su aprobacin, se requiere una mayora absoluta de dos tercios en ambas cmaras, una hazaa en cualquier parlamento dominado por los islamistas.

La oposicin se divide

Ante la nueva declaracin, la inmediata reaccin entre los seguidores del Presidente fue de euforia y de desesperacin entre la oposicin. Los principales dirigentes de la oposicin, Musa, Sabahi y ElBaradei siguieron desafiantes y exigieron la cancelacin del referndum. Pero Ayman Nur y Esayed Badawi, de los Partidos Al-Ghad y Wafd, aceptaron respectivamente el llamamiento al dilogo y anunciaron que participaran en el referndum y que recomendaran a sus electorados que votaran a favor del NO. De forma parecida, el Partido por un Egipto Fuerte y el Movimiento 6 de Abril anunciaron su participacin con un firme llamamiento a votar que NO, citando algunos artculos problemticos, especialmente los relacionados con el papel del ejrcito, las clusulas vinculadas con las protecciones y libertades civiles, as como las cuestiones relativas a la justicia social.

Cuando todo qued claro a partir de las encuestas de opinin pblica y se asegur la participacin de un nmero suficiente de jueces para supervisar el referndum, incluso se desinfl el llamamiento del FNS a cancelarlo, a la vez que el principal grupo de la oposicin peda a sus seguidores que acudieran a las urnas y emitieran un voto negativo. Mientras tanto, miles de partidarios de los HM continuaron asediando el edifico del TCS por segunda semana consecutiva, por temor a que pudiera dictaminar que la composicin de la ACC era inconstitucional en el perodo que transcurriera entre el nuevo decreto y el referndum. Al mismo tiempo, miles de partidarios de la oposicin acamparon alrededor del palacio presidencial pidiendo la destitucin del Presidente y el fin del gobierno de los HM.

Unos pierden pero nadie gana

Durante las tres ltimas semanas, Egipto se ha convertido en un torbellino. Su estructura poltica se ha fracturado casi mortalmente. El orden poltico ha devenido un juego de suma cero. Durante el comienzo de la crisis, la oposicin pensaba que haba puesto contra las cuerdas a Mursi y a los partidarios de los HM. Explotaron exageradamente el decreto del presidente a fin de derribarle. Se negaron a alcanzar compromisos, a negociar e incluso a reunirse. Su oposicin no era al decreto o a la constitucin. Uno de sus dirigentes, el Dr. Osama Al-Ghazali Harb, afirm incluso, en un momento de sinceridad el 10 de diciembre durante una conferencia de prensa, que las manifestaciones estaban a punto de derribar el gobierno de Mursi y los HM. Sabahi y ElBaradei dijeron tambin algo parecido durante sus discursos a lo largo de la crisis cuando declararon que el Presidente haba perdido su legitimidad. En un ltimo esfuerzo desesperado para detener el impulso del referndum, la oposicin convoc una manifestacin masiva frente al palacio presidencial el 11 de diciembre. Aunque acudieron miles de indignados manifestantes, las cifras fueron ms reducidas que las de anteriores manifestaciones. Pero esta protesta situ el problema como la oposicin contra una dictadura, lo que era una interpretacin errnea enorme de la realidad. Mursi, que lleva en el poder menos de seis meses, apenas ha conseguido controlar las palancas del poder en el pas, incluidos el ejrcito, las fuerzas de seguridad, la economa, los medios o la burocracia estatal.

Al otro lado del conflicto, los HM y sus aliados islamistas siguieron adelante con sus planes unilaterales para movilizar a la calle, sin pararse a pensar siquiera en las implicaciones estratgicas de llevar al pas a la parlisis total o de sumirlo en un enfrentamiento civil. Los HM y sus aliados islamistas estaban convencidos de que la oposicin nunca se sentira satisfecha hasta que los islamistas fueran derrocados o vencidos. Y los islamistas cayeron sencillamente en la trampa. Pidieron a sus seguidores que se echaran a la calle con toda su fuerza el 11 de diciembre. Decenas de miles participaron en la contramanifestacin de ese da mientras muchos oradores llamaban al establecimiento de un Estado islmico y la aplicacin de la ley de la Sharia, aumentando fcilmente la tensin en el pas. Este llamamiento ofreca un agudo contraste con la constitucin que supuestamente pretendan apoyar y que abogaba por un Estado democrtico y civil. Los islamistas situaron el conflicto en esa contramanifestacin como una batalla decisiva para proteger la identidad de Egipto y defender el Islam de los ataques liberales. Fue una grave deformacin de la realidad por parte de los grupos islamistas ya que la oposicin, an sintiendo profundas sospechas del Islam poltico, no se hubiera atrevido a cuestionar la identidad o herencia islmica de Egipto.

Es la economa, estpido!

En su afn por desacreditarse los unos a los otros, las dos grandes coaliciones hicieron caso omiso de los gritos y sufrimientos del hombre/mujer de la calle. La situacin econmica en Egipto se ha deteriorado tanto que la pobreza, el desempleo y la delincuencia han aumentado hasta niveles sin precedentes. Cuando la ciudad vieja perdi belleza y esplendor, miles de vendedores ambulantes conquistaron y ocuparon el centro de El Cairo en detrimento de los comercios existentes y negocios establecidos. Debido al alto desempleo y al caos poltico, el gobierno no ha sido capaz de restaurar el orden pblico en muchas barriadas, lo que afecta a la seguridad pblica y al turismo, una importante fuente de ingresos y divisas.

No se entiende bien por qu los detractores de los HM consiguieron tan fcilmente que estos se enzarzaran en batallas menores como la de preservar la identidad islmica de Egipto. Al pueblo egipcio, a todo lo largo y ancho del pas, le preocupa ms cmo poder ganarse el pan de cada da. En ltima instancia, los egipcios juzgarn a Mursi y a los Hermanos Musulmanes por su actuacin y sus logros, especialmente en lo que se refiere a restaurar la seguridad, mejorar el nivel de vida y estimular el crecimiento econmico.

El pasado octubre, el Presidente Mursi afirm que el presupuesto egipcio es de unos 94.000 millones de dlares y que presenta un insostenible dficit de 25.000 millones, es decir, el 11% de sus 230.000 millones del PIB (en contraste con el dficit presupuestario del 8% del PIB del presupuesto de EEUU, que llega a los 1.200 billones). Los gastos de Egipto se dedican casi por igual a cuatro partidas: intereses de la deuda nacional, subsidios a los alimentos y al gas, salarios de los empleados pblicos y el ltimo cuarto es lo que queda para los restantes programas del gobierno. En resumen, Egipto carece gravemente de capacidad para reparar su deteriorada infraestructura, estimular su economa, mejorar sus servicios o subir los salarios de sus seis millones de funcionarios, que se hallan econmicamente machacados.

Aunque el PJL critic al anterior gobierno de transicin bajo el dominio militar por negociar un crdito del FMI de 4.800 millones de dlares, el gobierno de Mursi ha dado marcha atrs y ha anunciado que no podra funcionar sin ese prstamo a pesar de que slo va a cubrir una parte pequea de su dficit anual. Como suele ser el caso, el prstamo del FMI lleg con condiciones, como la exigencia de eliminar los subsidios a cincuenta productos y aumentar los impuestos sobre la renta. Cuando se anunciaron esas medidas el 10 de diciembre, el Presidente anul su propia orden en un plazo de seis horas, tras darse cuenta que estaba dando una oportunidad de oro a sus opositores, que podan aprovechar para reavivar las agonizantes protestas o influir potencialmente en las prximas elecciones parlamentarias.

Sin embargo, un enfoque revolucionario de los problemas econmicos crnicos de Egipto no hubiera jugado la carta del FMI siguiendo el modelo de Mubarak a fin de tapar el agujero presupuestario. En cambio, habra pedido una prrroga a largo plazo en el pago de los intereses de los miles de millones de dlares de la deuda acumulada por Mubarak durante treinta aos, deuda que se lleva una cuarta parte del presupuesto anual de Egipto. Tambin sera necesario que el Presidente le hablara con franqueza a su pueblo pidiendo su comprensin, paciencia y compartir sacrificios. Tambin supondra la puesta en marcha de un programa agresivo que le devolviera a Egipto su riqueza y recursos robados, por valor de miles de millones de dlares, por los compinches y los corruptos empresarios de Mubarak, de dentro y fuera del pas.

Qu hay en la constitucin?

Muchos crticos de la nueva constitucin sostienen que fue redactada por los islamistas, quienes se la hicieron tragar a laicos y liberales. Afirman adems que se escribi a puertas cerradas con poca participacin o contribucin del pueblo en general. Pero ambas afirmaciones son falsas.

Es verdad que la ACC estaba compuesta por una estrecha mayora representada por los partidos islamistas junto con los independientes que simpatizaban con sus puntos de vista. Pero desde su creacin, la ACC ha estado presidida por el imparcial juez Husam Al-Ghariani (durante mucho tiempo crtico de Mubarak y un jurista de renombre que encabez el rgano judicial ms importante de Egipto hasta su ltimo nombramiento a mediados de junio). Al-Ghariani, que tambin est al frente de la Comisin de los Derechos Humanos de Egipto asegur que todos los puntos de vista, ya fueran islamistas, liberales o izquierdistas, estaban representados en los cinco subcomits que redactaron los distintos artculos o decidieron su redaccin final. Incluso los partidos laicos no niegan haber hecho una aportacin sustancial al borrador final de la constitucin y que las diferencias se concentran en menos de 20 de sus 236 artculos.

Segn el juez Ghariani, la ACC se reuni en 49 ocasiones durante 240 horas, aunque sus cinco subcomits se reunieron 408 veces durante un total de 1.622 horas. De todas estas reuniones se inform por los canales de televisin. Adems, los miembros de la ACC celebraron 80 vistas pblicas en El Cairo y ochenta ms en las otras 26 provincias por todo Egipto para explicar los trabajos de la ACC y recibir las aportaciones de la gente. Adems , la pgina web de la ACC recibi alrededor de 300 borradores constitucionales completos, alrededor de 35.000 enmiendas y cerca de un milln de comentarios. Ghariani asegur adems a la nacin que todas esas aportaciones se trasladaron y se examinaron por los correspondientes comits.

Si uno creyera a la oposicin laica, la nueva constitucin iba a crear una teocracia del estilo de la Repblica Islmica de Irn (sin considerar si Irn es realmente una teocracia) o una dictadura peor an que la de Mubarak. Del mismo modo, si uno fuera a creer a los islamistas y a sus seguidores, el nuevo documento es la mejor constitucin que se ha redactado nunca.

La verdad es que la constitucin ni siquiera hace un llamamiento a favor de un estado islmico y menos an a una teocracia. Al igual que todas las constituciones egipcias del ltimo medio siglo, el Artculo 2 pide que los principios de la Sharia islmica sean la principal fuente de legislacin. Pero este proyecto hizo que se aadiera el artculo 219, que adoptaba una interpretacin del Artculo 2 redactada por Al-Azhar, la institucin islmica ms prestigiosa en Egipto desde hace ms de un milenio. El nuevo artculo se acord a principios de octubre por todos los partidos, tanto islmicos como laicos, incluidos los representantes de la Iglesia Copta, antes de que los laicos se retiraran un mes despus. En realidad, el nuevo artculo ofrece realmente garantas contra las interpretaciones conservadoras, a diferencia de lo afirmado por la oposicin laica.

Por ejemplo, deja sin definir cualquier opinin histrica menor u ocasional de la ley islmica, que en caso de ser adoptada por el parlamento se convertira entonces en ley, a no ser que el TCS la declarase inconstitucional. Pero la nica va por la que podra declararse inconstitucional es acudiendo al artculo 219, que estipula estrictamente la definicin de ley islmica como nicamente aquellas leyes que se apoyan en pruebas completas o consensos histricos, lo que de hecho forma parte de un conjunto limitado de precedentes. As pues, los precedentes y opiniones ms controvertidos que tanto molestan a muchos grupos laicos o liberales seran declarados inconstitucionales. De nuevo los partidos laicos no lograron comprender el alcance del Artculo 219, que en realidad est ah para protegerles de cualquier extralimitacin de los salafes o de cualquier interpretacin errtica de grupos extremistas.

El Artculo 3 de la nueva constitucin es realmente nico en la historia de las constituciones de Egipto ya que consagra los derechos religiosos de cristianos y judos. Fue un artculo que escribieron las iglesias cristianas, pero que adoptaron de buena gana los partidos islamistas para equilibrar el artculo 2 de la constitucin.

El Artculo 4 fue exigido inicialmente por los grupos laicos temiendo la posible interpretacin que los salafes conservadores podran hacer de ciertas leyes islmicas. Requiere que el parlamento traslade a Al-Azhar, para su revisin, cualquier legislacin relacionada directamente con las leyes islmicas. Debe sealarse que durante el debate sobre este artculo, la oposicin laica exigi que la opinin de Al-Azhar fuera vinculante para el parlamento. Esto habra convertido de hecho a Egipto en un estado teocrtico, ya que habra obligado a los funcionarios elegidos a vincularse a los dictmenes de eruditos religiosos no elegidos. Es decir, los partidos islamistas rechazaron el dominio de una institucin religiosa no elegida por encima de una entidad civil y poltica elegida, mientras que los laicos exigan lo contrario.

Por otra parte, la nueva constitucin consagra muchos derechos y protecciones sin igual en muchas democracias avanzadas. Por ejemplo, exige que el Estado presente una acusacin contra un sospechoso en las doce horas siguientes a su arresto, le ofrezca un abogado en 24 horas y le ponga ante un juez para hacer frente a las acusaciones oficiales en el plazo de una semana. Si no lo hace as, tendr que dejarle libre. Tambin permite el establecimiento de cualquier partido poltico o cadena de los medios mediante un sencillo formulario de inscripcin, sin necesitarse proceso de aprobacin alguno por parte del Estado. Adems, prohbe cualquier forma de tortura rechazando cualquier limitacin, y permite que las vctimas lleven directamente a los torturadores ante un juez si el Estado se niega a procesarles. Incluso exige que el juez aplique sanciones penales si los acusados son hallados culpables.

Adems, los redactores de la constitucin incluyeron muchos artculos que consagraban una gran cantidad de derechos polticos y aadan protecciones econmicas. Es difcil saber cmo van a pagarse las nuevas promesas econmicas si se aprueba el referndum. Por ejemplo, la constitucin garantiza un salario y pensin mnimos. Si se aplicara de inmediato lo que estipula la constitucin, muchos empleados pblicos, trabajadores y pensionistas veran duplicados o incluso cuadruplicados sus salarios. Cmo impactara eso en la dbil economa egipcia al borde del colapso? De dnde sacara el Estado egipcio el dinero extra para cubrir los nuevos aumentos salariales cuando ya est luchando con un dficit presupuestario del 27% (o 11% de dficit del PIB)? Cmo afectaran esos incrementos repentinos a la tasa de inflacin que supera ya anualmente el 10%? Quin hara cumplir la norma del salario mnimo con las dbiles instituciones gubernamentales existentes?

De forma loable, la nueva constitucin garantiza a todos los egipcios el acceso a una sanidad gratuita y de calidad, as como a educacin gratuita, incluso a nivel universitario. Si esto se cumpliera de inmediato, el presupuesto egipcio para educacin y atencin sanitaria tendra que aumentarse entre cuatro y cinco veces para poder satisfacer esas grandes promesas. Adems, la nueva constitucin garantiza un estipendio mensual a los desempleados (ms de 4 millones), a las personas mayores (ms de 3,5 millones), a las viudas, a las madres divorciadas, a las amas de casa (innumerables millones) y a los pobres (ms de 20 millones de personas estn consideradas pobres porque la pobreza se define en Egipto cuando no se superan los 512 dlares por ao y por persona). Estas idealizadas pero poco realistas promesas de Estado del bienestar no se han implementado ni siquiera en un pas escandinavo. Si se cumpliera la cuarta parte de esas promesas, por ejemplo en cuanto al salario mnimo establecido por los tribunales (200 dlares al mes), Egipto necesitara entonces aumentar su presupuesto en 24.000 millones de dlares (un dficit de otro 10% en su PIB). Absolutamente imposible.

Es sorprendente que nadie en la arena poltica est debatiendo el devastador impacto que tendra lo anterior en el presupuesto si el referndum llegara a aprobarse. Si, como afirman los redactores de la constitucin, el gobierno estuviera constitucionalmente obligado a cumplir estas nobles promesas, de dnde va a salir ese dinero? Y si no pueden permitrselo, por qu dar estas garantas al pueblo slo para hacer que se frustren sus esperanzas? Por parte de Mursi fue completamente irresponsable aceptar ese documento sin pensar en sus implicaciones econmicas globales. Despus de todo, es el presidente quien tiene que encargarse de proteger y cumplir la constitucin.

Aunque hay muchos artculos que podran mejorarse en la nueva redaccin, hay varios defectos en la constitucin que sorprendentemente han ignorado tanto sus defensores como sus opositores. Con excepcin del Dr. Abul Futuh, del Partido por un Egipto Fuerte, y algunos jvenes activistas, muy pocos se han atrevido a desafiar el papel del ejrcito en la nueva constitucin. Por vez primera, al ejrcito se le concedera un estatus especial sancionado constitucionalmente en un Estado supuestamente democrtico dirigido por civiles. Est claro que el liderazgo civil poltico del pas, dirigido por el PJL pero con la concurrencia tambin de la mayora del resto de partidos, incluidos los laicos, ha llegado a un acuerdo con los militares y accedido a sus demandas. Parece que a cambio de su no interferencia en el proceso poltico, el ejrcito va a mantener en gran medida su autonoma y privilegios, con muy escaso control civil. Por vez primera, la constitucin egipcia ordena ahora que el Ministro de Defensa se nombre entre sus filas, una condicin que ni siquiera exista durante las seis ltimas dcadas cuando en realidad eran los oficiales del ejrcito quienes gobernaban Egipto. El ejrcito dominara tambin los rganos encargados de las polticas de defensa y seguridad nacional.

Asombrosamente, otra debilidad importante de la constitucin es el mismo sistema adoptado de gobierno. Los islamistas alardean de que la constitucin reduce el poder de la presidencia mientras que los partidos laicos se quejan de que le otorga poderes dictatoriales aunque tenga su capacidad disminuida. La nueva redaccin no adopta ni un sistema parlamentario donde el partido mayoritario domina, ni uno presidencial. Acoge una especie de sistema mixto o hbrido o lo que en ocasiones se denomina sistema pseudo presidencial. Sus defensores afirman que este sistema es similar al de Francia, sin embargo no tienen en cuenta la evolucin histrica del sistema francs ni los defectos inherentes a su nuevo diseo.

A nivel histrico, el sistema de gobierno en la quinta Repblica Francesa supuso una mejora frente a los de la tercera y cuarta Repblica, que eran bsicamente sistemas parlamentarios dirigidos por un primer ministro. Por lo general, los sistemas parlamentarios sufren de inestabilidad a causa de las inestables alianzas formadas para establecer un gobierno mayoritario. Adems, cuando el partido de la mayora o una coalicin forman gobierno, el papel de supervisin o control del parlamento sobre el gobierno disminuye y se debilita mucho, a la vez que el partido mayoritario tiene pocos incentivos para responsabilizarse de sus actuaciones.

Por otra parte, el presidente francs que nombra al primer ministro, por lo general entre el partido mayoritario en el parlamento, ha conservado histricamente la capacidad para elegir libremente a su primer ministro y despedirle a voluntad. A pesar de estas protecciones, el gobierno francs estuvo histricamente en sus niveles ms bajos de desempeo, tanto poltico como econmico, cuando el presidente y el primer ministro eran de partidos diferentes. A esos perodos se les denomina cohabitacin. Para reducir la posibilidad de tal escenario, los franceses votaron en 2002 para recortar el mandato de su presidente de siete a cinco aos para que pudieran celebrarse elecciones parlamentarias dentro del mismo ao. Razonaban que celebrar elecciones durante el mismo lapso de tiempo disminuira la posibilidad de cohabitacin.

En efecto, esta leccin se aprendi duramente en Irn. En vsperas de la Revolucin Islmica de 1979, el pas adopt tambin el sistema hbrido francs de compartir los poderes ejecutivos entre el presidente y su primer ministro, que haba sido designado entre el partido mayoritario en el parlamento. Con el correr de los aos, el sistema demostr ser disfuncional incluso cuando el presidente y el primer ministro pertenecan al mismo partido. En 1989, los iranes enmendaron su constitucin y abolieron el puesto de primer ministro.

En la nueva constitucin egipcia, el presidente cede esencialmente todas las polticas internas y econmicas a su primer ministro, que est facultado para nombrar al gabinete con la excepcin de unas pocas carteras, como exteriores y defensa. La principal responsabilidad del presidente en esta constitucin es supervisar las reas de la seguridad nacional, asuntos exteriores y defensa. Ya que el ejrcito se encarga de la mayora de las polticas de defensa, la principal responsabilidad del presidente egipcio en la nueva constitucin es esencialmente dirigir los asuntos exteriores con aportaciones indirectas sobre otros asuntos nacionales.

Adems, el mandato del presidente es de cuatro aos mientras que el del parlamento es de cinco. Por tanto, las elecciones presidenciales y parlamentarias coincidirn slo cada dos dcadas. As pues, no es inverosmil que una vez que la democracia egipcia eche races y se haga ms dinmica y competitiva, el presidente pueda a menudo proceder de un partido diferente del que representa la mayora del parlamento, lo que podra llevar a una malsana rivalidad o incluso a la parlisis.

Lo ms seguro es que el electorado egipcio tenga un duro despertar al darse cuenta de que cuando eligieron a su presidente, este no tena el poder suficiente para cumplir cualquiera de los contenidos de la agenda interna o plataforma que defendi y para cuyo cumplimiento recibi un mandato popular, sobre todo si el partido mayoritario representa una ideologa diferente o defiende una plataforma opuesta.

Adems, la constitucin ofrece una forma enrevesada para elegir al primer ministro. En principio, al presidente se le permite proponer a un primer ministro. Pero si el parlamento le rechaza, el presidente est entonces obligado a proponer un candidato del partido mayoritario. Si tambin se le rechaza, entonces el partido mayoritario puede imponer su propio candidato al presidente. En resumen, la nueva constitucin crea una presidencia muy debilitada y frustrada donde un presidente elegido popularmente resulta desbancado en los asuntos internos por un primer ministro que con toda probabilidad ha sido elegido por los jefes del partido mayoritario.

Es lamentable que los funcionarios del Partido por la Justicia y la Libertad, que creen poder conservar su estatus como partido mayoritario en el previsible futuro, hayan optado por su beneficio poltico a corto plazo por encima del funcionamiento eficiente de la gobernabilidad. La forma adecuada de lidiar con el modelo anterior de presidencia imperial no era despojarlo de su poder ejecutivo eficaz a la hora de dirigir el gobierno, sino fortalecer los otros poderes de gobierno, es decir, el legislativo y el judicial, y disear un sistema de controles y contrapesos eficaces.

Otro defecto del borrador es que permite que el presidente disuelva el parlamento a pesar de que ambos hayan sido elegidos popularmente. Este innecesario poder concedido al presidente viola el concepto de separacin de poderes consagrado en la constitucin. El presidente tiene, por otra parte, poderes limitados para nombrar a muchos funcionarios de alto rango y ninguna autoridad en la seleccin de un juez o fiscal. En la mayora de los casos, existen instituciones autnomas del gobierno que proponen y eligen a esos funcionarios y se los imponen al presidente. Su papel se reduce bsicamente a firmar las cartas de nombramiento como cualquier otro burcrata del gobierno. As pues, parece que la naciente democracia egipcia puede necesitar de un tiempo considerable antes de ajustar y calibrar su sistema de gobierno.

Egipto no se convirti en el pasado siglo en el centro del Mundo rabe a causa de su considerable poblacin, su situacin central o sus grandes riquezas. La razn fundamental de la preeminencia de Egipto en el Mundo rabe, y de hecho en todo el hemisferio sur durante muchas dcadas, se debi a su coraje intelectual, a su diversa y vibrante cultura y a su dinmica sociedad en todos los campos de la civilizacin humana y el desarrollo, incluyendo el acadmico, la innovacin, la educacin, las ciencias, las artes, la literatura, el cine y el teatro.

Durante el perodo de la descolonizacin, e incluso a lo largo de las pocas dictatoriales de Nasser y Sadat, Egipto produjo gigantes en todos los mbitos de la actividad intelectual. Pero, sorprendentemente, el Egipto de hoy es extremadamente pobre no slo en recursos materiales sino en la produccin de pilares y lderes intelectuales capaces de remover el espritu del pas y guiarlo hacia su glorioso destino final en el altar de la historia. Egipto se merece una clase poltica mucho mejor que los insignificantes actores de hoy en da pelendose para conseguir pequeos y momentneos triunfos polticos. La nacin necesita deshacerse de unas elites siempre perdidas en disputas y crear nuevas generaciones que sean capaces de comprender su gran potencial a la hora de levantar no slo a su pueblo, no slo a los rabes, sino de constituirse asimismo en un brillante ejemplo para el mundo entero de cmo, tras dcadas de represin, corrupcin y desesperacin, puede surgir una sociedad autntica, justa y armoniosa.

Esam Al-Amin es un escritor y periodista independiente que colabora con diversas pginas de Internet. Puede contactarse con l en: [email protected]

Fuente: http://www.counterpunch.org/2012/12/14/egypts-constitution-the-opposition-and-the-dialogue-of-the-deaf/

 

 




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