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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-01-2013

El pasado (republicano) que vuelve, el futuro posible

ngel Duarte Montserrat
Mientras Tanto


El republicanismo, en Espaa, vuelve a escena. Desaparecido en tiempos de la Transicin ha renacido con energa. Se debate a propsito de l, y con cierta intensidad, tanto en los ambientes acadmicos como en la arena pblica. No es, a pesar de que recurran usualmente a esas descalificaciones los analistas cortesanos, ni una simple monomana juvenil ni antimonarquismo primario. No es, en definitiva, una moda pasajera.

Sirve, sin ir ms lejos, para entender algo mejor las recientes modalidades de accin colectiva, las formas y los contenidos de los novsimos movimientos sociales que ocupan las calles y las plazas, que se renen en asamblea. En muchos de estos casos la perspectiva republicana orienta las movilizaciones. Es ste ltimo dato el resultado de su capacidad, la del republicanismo, de convertirse, una vez ms, en un horizonte de expectativa para aquellas gentes que, a contracorriente de las lgicas de dominacin, apuestan por la centralidad de un debate colectivo, ajustado a unas normas claras, orientado hacia la bsqueda del bien comn y afirman, como corolario de lo anterior, la preeminencia de la poltica democrtica y participativa sobre las lgicas inevitables del capitalismo financiarizado.

Desde finales de los aos treinta del siglo XIX hasta 1939 oper como un repertorio de materiales, complejos, plurales e incluso contradictorios, con los que amplios segmentos de las clases medias y de los sectores sociales subalternos construan, ordenaban y dotaban de sentido y de horizontes de expectativa a sus acciones colectivas cuando no, ms modestamente, a sus circunstancias cotidianas: desde las experiencias laborales a las de vecindario, de relacin social, de articulacin familiar. A grandes rasgos, y si omitimos aquellos referentes ilustrados previos que implicaron una lectura aristocratizante del legado conceptual de la Antigedad clsica greco-romana y de la experiencia de las repblicas italianas, el republicanismo se ajusta en los combates polticos contra las lgicas de exclusin que implementa el liberalismo doctrinario. Frente al concepto de sufragio como funcin social, para el que, en consecuencia, haba que estar preparado cualificacin acadmica, avecindamiento, posesiones, sentido de moderacin, el republicanismo, todo l hasta 1874, contempla el voto como un derecho inalienable mediante el cual la poblacin adulta, y masculina hasta 1932, participa en la eleccin de representantes parlamentarios y en la expresin del criterio soberano del pueblo y la nacin de ciudadanos. El republicanismo cuaja, tambin, en los procesos de contestacin a los efectos sociales distorsionadores inherentes al trnsito a la economa capitalista sostenida sobre el concepto burgus de propiedad. En la ciudad, entre los artesanos y trabajadores cualificados sometidos a procesos de depreciacin de sus saberes, o en el campo, entre los jornaleros, arrendatarios y pequeos propietarios afectados por los procesos desamortizadores, el horizonte republicano, particularmente en su variante federal, acompaa y dota de un sentido poltico adicional a las resistencias, a las rebeliones, a las revueltas. Gritar, en medio de un motn contra la fiscalidad que gravaba el consumo popular o contra una leva compulsiva, Viva la Repblica! era una apuesta segura para concitar la hostilidad de las fuerzas del orden y la complicidad sobreentendida de los partcipes en la agitacin. Es la caligrafa y la gramtica de las clases populares en un sentido lato.

Repitamos el salto en el tiempo con el que comenzaban estas lneas: todo ello, si atendemos por ejemplo a los debates del proceso constituyente en 1977 y 1978, habra (casi) desaparecido. Del por qu del eclipse republicano en la Espaa en esos aos 1970 hay, a estas alturas, explicaciones satisfactorias. Lo son aquellas que tienen en cuenta, como mnimo, tres factores. El primero, la fosilizacin del republicanismo histrico en el exilio. Una atrofia provocada por la desconexin con las luchas polticas y sociales en el interior y agravada por el uso y abuso de un anticomunismo frentico en los ambientes de estricta obediencia republicana durante los aos 1950 y 1960. A ello se aadi no ya la represin de la primera posguerra sino una sistemtica labor denigratoria del franquismo en relacin a la Segunda Repblica y a las races culturales de cuyo calado daba cuenta la secuencia explicativa que una Repblica y Guerra Civil de la misma. Y last, but not least, un oscurecimiento al que no fueron ajenos, de ninguna de las maneras, unas fuerzas de izquierda, el PSOE y el PCE, que se desprendieron con una agilidad digna de mejor causa de la reivindicacin republicana, tanto en trminos de propuesta institucional como de complejo de ideas emancipadoras que le eran inherentes, durante el proceso de negociacin poltica con los sectores reformistas procedentes del rgimen franquista.

En rigor, si ese desprenderse tuvo tan pocos costes para aquellos que lo llevaron a cabo (otra cosa sera para el contenido real de la democracia surgida de la transicin) fue porque se haba producido, previamente, la inhabilitacin de un mecanismo bsico en toda cultura emancipadora: el de una transmisin intergeneracional que haba asegurado, durante un siglo, desde los aos cuarenta del siglo XIX a la derrota de 1939, la continuidad de un conjunto de materiales con los que pensar las experiencias de exclusin poltica y de dominacin social, as como las respuestas que podan y deban darse a las mismas.

En el mbito acadmico, seguramente, las cosas fueron algo distintas. Hubo momentos difciles. Aquellos en los que en la universidad no caba la posibilidad de pensar una tesis doctoral sobre republicanismo dado que no estaba el ambiente, segn el recuerdo de Jos Mara Jover, para bollos federales. Pero lo seguro es que en la dcada de 1970 y de 1980 se produca un primer momento de reactivacin de estudios sobre el republicanismo. ste, se asuma, era una cultura poltica determinante para poder entender la contemporaneidad espaola. No es menos cierto que en los dos decenios interseculares ha tenido lugar una autntica eclosin de estudios que, a su vez, ha originado, entre otros, un debate especfico, profundo, sobre las races liberales y la deriva conservadora de cierto republicanismo o la consideracin del mismo rtulo como identificador de un proyecto democrtico popular que reclam, desde los tiempos de la revolucin industrial, un lugar determinante del mundo del trabajo en el diseo de las polticas generales. Espacio de encuentro entre la intelectualidad que emerga en tiempos de la revolucin burguesa, al tiempo que heredera del empeo ilustrado, y los trabajadores rebeldes e insumisos, la repblica obrera (acertadsima frmula debida a Romn Miguel Gonzlez) jug un papel determinante en el despliegue de los combates por la emancipacin poltica y social, cultural y econmica.

A la altura del ao 2000, esos mismos acadmicos que se preocupaban por la historia republicana aseveraban que el republicanismo, en tanto que movimiento social, cultura poltica e incluso como estilo de vida se hallaba recluido en el reino de la melancola. Un ao ms tarde, en 2001, las evocaciones del setenta aniversario de la proclamacin del 14 de abril confirmaban ese diagnstico. Unos pocos artculos en los peridicos de tirada nacional, algn acto aislado, fue todo lo que sali a la luz. Todava ms: la democracia pareca firme y limpia en monarqua. A lo sumo se insinuaba que no estara de ms incorporar el ethos y la moral republicana a la vida cotidiana de esa democracia coronada.

Las circunstancias iban a cambiar pronto. La relacin de factores que propongo como elementos explicativos del reverdecimiento que tena lugar un lustro ms tarde, en 2006 ahora era el 75 aniversario de la repblica y el 70 del inicio de la guerra y la revolucin, y que es perfectamente verificable acudiendo a las mismas fuentes (reflexiones en el espacio pblico), son fciles de reconocer. La labor callada pero perseverante de las asociaciones memorialistas; el hacer del Centro de Investigacin y Estudios Republicanos, a finales de los aos ochenta, o de las ctedras de la memoria del siglo XX; el relevo generacional registrado en las direcciones de los partidos de la izquierda; la prdida de consistencia de los horizontes de emancipacin socialdemcratas o comunistas a la sovitica; la accin institucional y legislativa y no es esa una paradoja menor de los gobiernos y de las mayoras plurales de izquierda me refiero a las tan denostadas, de Rodrguez Zapatero o del tripartit cataln en lo relativo a la (re)conexin entre la democracia actual y los combates seculares plasmados en los logros de la Segunda Repblica, e incluso de la Primera Todo ello se halla detrs, en proporciones diversas, del renacer republicano especficamente espaol. Habr otras dimensiones de las que da cuenta el reverdecer del republicanismo en el terreno de la filosofa poltica pero en trminos de experiencia histrica espaola los enumerados en las lneas anteriores me parecen determinantes. 

El vivir republicano volvi vuelve a contemplarse, por todo ello, como una posibilidad liberadora. Aunque no sean necesariamente conscientes de ello quienes lo reverdecen, a poco que se reflexione reaparecen algunos de los componentes del concepto de repblica que qued fijado en otros momentos histricos, los de las sociedades liberales. Para sus enemigos sigue siendo sinnimo de caos y anarqua, cuando no, entre los elementos ms reaccionarios, de impiedad y extranjerismo. Para sus partisanos vuelve a ser un marco de construccin alternativa del Estado-nacin o de lo que pueda venir a sustituirlo, desde abajo, desde la periferia; incluso, en ciertos casos, con soberanas mltiples. La repblica es la posibilidad de un proceso constituyente siempre municipalista. Sigue siendo un proyecto, el republicano, que aspira no ya a dar respuesta a las inquietudes del actual cuarto estado en dramtico proceso de ampliacin como resultado de la crisis/estafa sino a que sea ste quien protagonice, junto a otros, el proceso de toma de decisiones de la poltica general. Es respetuosa, por ello mismo, con lo que E. P. Thompson, entre otros, defini como economa moral de la multitud. Para un republicano plebeyo del siglo XIX resultaba obscena la desconsideracin para con el trabajo y deshonesta la extrema distancia de las fortunas. Para el de hoy vuelve a ser una manera razonable de enfocar las circunstancias.

El republicanismo tiene, como relato emancipador, una gran ventaja: es una cultura que resiste con eficacia a los fracasos institucionales. Al fin y al cabo, el grueso de la militancia se mueve entre la lgica del advenimiento y la del proceso.

Ante qu nos encontramos, pues? En primer lugar, ante un repensarse de la izquierda. Una izquierda que lamenta las cesiones hechas en tiempos de transicin en ocasiones, castigndose con un no menor torturado olvido de las circunstancias histricas que se dieron en ese momento y que sostiene que la organizacin republicana de la sociedad, implica una poltica econmica, cultural y social fundamentada en los derechos, deberes e intereses de la ciudadana. Una izquierda que entiende que recuperar los valores fundacionales de Libertad, Igualdad y Fraternidad, permite llevar a cabo cambios estructurales de envergadura. Una izquierda que ve en el horizonte republicano la posibilidad de consecucin de una renta bsica. O que piensa que el acceso a la cultura, mediante instruccin pblica, laica, obligatoria, democrtica y cientfica, que el derecho a una sanidad pblica de calidad, que la superacin de toda forma de discriminacin, que el acceso a la gestin participada de los medios de comunicacin, que la propia complejidad de culturas e identidades existentes en Espaa y en cada una de sus naciones slo pueden darse en repblica.

Nos hallamos, ms all de las filas concretas de los partidos, en los movimientos sociales, en segmentos cada vez ms amplios de opinin, un apogeo del republicanismo como idea moral y horizonte de compromiso cvico con el bien comn. Germina entre los nietos que se preguntaron hace una dcada por sus abuelos. Se propaga, y combate con energa el desdn posmoderno para con los smbolos y rituales del pasado. No nos encontramos, simplemente y como deca al principio de estas lneas, ante una moda generacional, aunque sean los ms jvenes quienes, desprendidos del recuerdo de la guerra y la dictadura, muestren una mayor inclinacin por ese modelo de organizacin institucional. No nos encontramos, aunque tambin contenga ese ingrediente, con un argumento de mera oposicin a la monarqua. Es, eso s, como he insistido varias veces una propuesta que contiene elevadas dosis de impugnacin tanto a la monarqua como a la Transicin. La forma en que se habra producido habra dado lugar a una democracia en la que no estara asegurada la gestacin de un vnculo estable entre instituciones, normas y mnima justicia. Esta supuesta debilidad de origen constituira la explicacin, evidente, a la falta de adhesin de los ciudadanos. Expresada como desencanto primerizo, como abstencionismo estructural ms tarde.

Quizs nos encontremos ante la posibilidad de renovar los horizontes y las prcticas de liberacin, ante un recobrado espacio de aprendizaje de la poltica frente al terreno de confluencia en una condicin, la de la ciudadana virtuosa, atenta al bien comn, interesada en lo colectivo. Ahora no en las juntas y en las milicias nacionales, en la lectura del peridico y en la barricada. Pero s en la calle y en la red, y en todos los terrenos de concrecin de las prcticas de relacin social en el siglo XXI.

ngel Duarte es catedrtico de Historia Contempornea de la Universidad de Girona y autor de numerosos e importantes estudios sobre la historia del republicanismo en Espaa

Fuente: http://www.mientrastanto.org/boletin-109/notas/el-pasado-republicano-que-vuelve-el-futuro-posible


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