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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-01-2013

"Y ahora qu hacemos?"

Oscar Lloreda
Rebelin


"Y ahora qu hacemos?" se ha convertido en la pregunta ms repetida por los compaeros y camaradas de la Revolucin ante el delicado escenario que se dibuja en torno a la salud del presidente Chvez. En algunas de nuestras caras se nota una expresin de preocupacin y desasosiego, incluso de orfandad, cuando imaginamos un futuro sin el Comandante en la presidencia. Este gesto puede llegar a ser mucho ms acentuado entre quienes, por razones de edad, hemos sufrido, disfrutado y luchado por nuestra Revolucin Bolivariana durante ms de la mitad de nuestras vidas.

Para nosotros, cercanos ya a los treinta aos, no slo es difcil imaginar un Gobierno sin Chvez, sino tambin y quizs mucho ms peligroso y perverso- se nos hace en extremo complicado deshacer los nudos tejidos entre la Revolucin Bolivariana y el Estado venezolano. Esa histricamente extraa y casi contranatura comodidad de hacer Revolucin desde las oficinas gubernamentales se ha hecho una costumbre entre nosotros. El Estado y su estructura gubernamental se han convertido en el espacio natural para avalar nuestro compromiso revolucionario; o dicho de otra forma, la Revolucin parece constatarse, ejercitarse y concretarse nicamente en el desempeo y ocupacin de un cargo pblico.

Usted me dir, y con toda razn, que para lograr las transformaciones alcanzadas durante los ltimos 14 aos era necesario obtener el control sobre el Estado venezolano; sin embargo, ello es tan cierto como que la Revolucin se ha hecho camino a pesar del Estado burgus que aun nos acompaa. Esto significa que el control sobre el Estado ha operado ms como un movimiento de contencin que como un movimiento de transformacin, es decir, el mayor xito de la Revolucin Bolivariana ha sido impedir la reproduccin y fortalecimiento de aquel Estado represor, mientras paralelamente diagrama y construye la nueva geometra del poder a la que apostbamos con la Reforma Constitucional. Si revisamos un poco, encontraremos que los mayores xitos de la gestin gubernamental han sido ejecutados y dirigidos al margen de la estructura formal del Estado burgus, amparados, claro est, en la poltica de Independencia y Soberana que garantiza los recursos para estos programas. Pero ms importante an, el movimiento de contencin ha permitido la emergencia y anclaje, simblico y real, del otrora abstracto concepto de Poder Popular, a partir de una multiplicidad de experiencias que se traducen en la construccin, organizacin y articulacin de un pueblo en torno a un proyecto de vida comn, esencialmente diferente al proyecto inmunitario/fragmentario de la modernidad.

De modo que, para la Revolucin Bolivariana, ha resultado estratgico el control del Estado: en primer lugar, como limitacin de la reproduccin del modelo burgus de Estado, esto es, como acto de resistencia; y en segundo lugar, mucho ms importante, como condicin de posibilidad para la emergencia de experiencias liberadoras. Estas ltimas, es necesario aclarar, no se corresponden con las actividades del Estado sino con un dispositivo de empoderamiento y re-politizacin que la Revolucin ha desplegado con un horizonte de sentido muy claro: participacin protagnica y autogobierno del pueblo. Ello significa que, tarde o temprano, las lgicas instaladas por la Revolucin deben entrar en conflicto antagnico con la organizacin del poder burgus.

Se hace evidente, as, que la tarea esencialmente revolucionaria esto es, de transformacin de las formas de relacin social y superacin del capitalismo- no se encuentran en la gestin de gobierno ni mucho menos en la captura de todos los espacios de poder institucional. Cometeramos un costoso error estratgico si confundimos los medios con nuestros fines, o los actos de resistencia con los actos de revolucin/transformacin. Por paradjico que parezca, la Revolucin asume estos espacios de poder institucionalizados/legitimados con la irrevocable tarea de tensionarlos y forzarlos a transformarse o desaparecer, por la simple razn de que sus lgicas son contrarias al horizonte de sentido construido por la Revolucin.

De esta forma, la hegemona que la Revolucin Bolivariana reclama y aspira no tiene el sentido de control/dominacin sobre todos los espacios de poder institucionales, por el contrario, se expresa en la subordinacin de todas estas instancias al poder popular, esto es, como programticamente instruy Chvez: el poder obedencial; empero, ms all, significa la constitucin de nuevas sensibilidades, la produccin de nuevos sentidos para la vida, lo cual se traduce en una hegemona de carcter cultural. El ejercicio del Poder Popular solo es posible ah donde la delegacin del poder, es decir, el modelo representativo de sociedad, es socavado culturalmente a travs de la emergencia de nuevas prcticas constitutivas. Dicho en trminos cotidianos, ah donde el dispositivo representacional hace aparecer los problemas comunes (recoleccin y manejo de la basura, delincuencia, huecos de la calle, etc.) como propiedad exclusiva de la accin gubernamental, la Revolucin est obligada a desplegar dispositivos de empoderamiento y repolitizacin que hagan aparecer tales problemas como mbitos de accin/resolucin colectiva y popular (un ejemplo de ello han sido las mesas tcnicas de agua). Todo ello tiene como resultado la emergencia de un sujeto de transformacin social, crtico, consciente, activo, movilizado y organizado.

Pero, y qu hacemos ahora?, nos insisten. El Comandante Chvez ha logrado dibujar con finos trazos una cierta genealoga de la Revolucin Bolivariana, de forma tal que hoy reconocemos que este proceso no comenz el 2 de febrero de 1999, y ni siquiera el 27 de febrero de 1989. Si se trata de la continuacin de la gesta independista, tenemos que remitirnos a 1810, pero resulta que ella es producto de una serie de circunstancias que le anteceden. De forma tal que la Revolucin Bolivariana es heredera de una historia de luchas de resistencia y revolucin que ha tenido triunfos y derrotas, pero que nos han trado aqu, a 2013, con la gran tarea de continuar abriendo las alamedas. El sacrificio, esfuerzo y dedicacin incalculables que el Comandante Chvez ha puesto al servicio de la Revolucin Bolivariana que valga decir, es una Revolucin Internacionalista- han logrado modificar las correlaciones de fuerza nacionales e internacionales, y nos tiene hoy, sin duda, en el momento histrico ms importante para la concrecin de transformaciones esenciales al sistema-mundo dominante.

Sea como sea, la utopa que hoy nos mueve, se mantendr, parafraseando a Galeano, siempre a la misma distancia, pues ella tambin tendr que actualizarse y moverse con nosotros. No es un secreto que el Comandante Chvez, ya sea hoy (2013), maana (2019) o pasado (2050), no podr seguir acompaando el proceso que tan valientemente ha liderado; empero, si algo ha tenido claridad en el discurso y la prctica de nuestra Revolucin, es la cualidad imperativamente colectiva de la direccin y la nocin de proceso histrico transgeneracional. Ambos elementos acuden a recordarnos que actualmente el sustantivo Chvez se ha diseminado y que, desde hace mucho, ha dejado de hacer referencia a un cuerpo, a una persona, para convertirse en millones, en millones articulados en torno a un proyecto de vida, un proyecto de mundo que, me atrevo a decir, desborda incluso su propio obrar.

Sin duda alguna, ese desbordamiento del sentido Chvez, debe servir como contencin para cualquier intento reaccionario de la derecha servil. Pero ello no garantiza, de forma alguna, que la Revolucin siga ocupando los espacios de poder del Estado venezolano. A la pregunta Y qu hacemos ahora?, debe responderse con mayor compromiso, unidad y lealtad revolucionaria, pero manteniendo claros los objetivos histricos del proceso. Si el escenario electoral vislumbrado por el Presidente llega a consolidarse, ser necesario reconocer lo que est en juego, pues la derecha jams perdonar ni olvidar, de ello hay muchas muestras. No son tiempos de duda, pues es un proyecto histrico, y no una gestin de gobierno, lo que est sobre la mesa. Sin embargo, la situacin actual nos obliga a olvidarnos de aquella comodidad revolucionaria que nos ha aturdido y que ha ralentizado el proceso, para dar paso a nuevas formas y mtodos de lucha. Con el Estado o sin l, nosotros, los millones de Chvez, estamos llamados a seguir activos, movilizados, desplegados y en batalla permanente contra todas las formas de dominacin. El Comandante, gracias a su ingenio, nos ha puesto en una inmejorable posicin tctica y estratgica. No la podemos desaprovechar. Mientras tanto, camarada, compaero, Comandante, Presidente, recupere su salud, regrese pronto y descanse: No le fallaremos ni a usted, ni a los millones de Chvez de esta Tierra!

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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