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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-01-2013

Saqueos: Esbozos de una hoja de ruta del caos

Indymedia Argentina


En Rosario, ciudad argentina que crece en tamao y desigualdades, el consumismo del mes de diciembre fue la ltima gota para el principio de una ola de saqueos que evidencia los problemas sociales hasta ahora ocultados: falta de infraestructura, marginacin, prevaricacin laboral, para citar algunos.

Durante jueves 20 y viernes 21 de diciembre, diversas zonas del pas se sumieron en un clima de tensin y violencia que tuvo como rasgo distintivo una complejidad que dificult anlisis que osaran explicar qu era lo que estaba pasando. Y lo que estaba pasando no puede pensarse en singular. Lo que se puede hacer es juntar verdades fragmentarias, visiones y pareceres que se sumarn a un relato un tanto desordenado, pero concatenado entre sus partes.

En Rosario y alrededores, la tormenta funcion como detonante del malestar, mostrando nuevamente la precariedad en la que viven amplios sectores, la furia, la violencia y los mltiples intereses que se disputan en el marco del caos. A nivel provincial y local, la amenaza de saqueos arranc antes del temporal. En la tarde del 14 de diciembre se desat una psicosis entre los comerciantes de la cntrica calle San Luis tras el ingreso de diez pibes a un negocio, que arrebataron mercadera en percheros y la cargaron en un colectivo de lnea. Minutos despus, una recorrida policial dio aviso de que se venan robos masivos. Nada cost sembrar el pnico de los dueos de los negocios que, con colaboracin meditica, no tardaron en vincular los hechos sucedidos con el acampe que desarrollaba la Corriente Clasista y Combativa (CCC) en Rioja y Sarmiento. Usuarios de las redes sociales se sumaron al fogoneo de un clima enrarecido.

Y lleg el mircoles 19 de diciembre. Un temporal indito que mostr la cara ms cruda de la incoherencia entre los discursos progresistas de todos los niveles de gobierno y las polticas de Estado efectivamente llevadas adelante. Ms all de la severidad de la tormenta y los milmetros cados, la lluvia dej al desnudo la falta de infraestructura de una ciudad que crece vertiginosamente, tendiendo a acentuar desigualdades entre zonas favorecidas y los barrios marginados, las deudas que el modelo de la posconvertibilidad no resolvi. Ante los temporales de este tipo, se visualizan socialmente realidades de precariedad y abandono del Estado: las de aquellos sectores que se enteraron por la tele de la virtuosa curva econmica de la ltima dcada. Los pedidos de asistencia social se sumaron al malestar expresado en diversas movilizaciones de noviembre a esta parte, las reivindicaciones de sectores obreros relativas al impuesto a las ganancias y la precarizacin laboral, trifulcas mediticas y protestas sectoriales de todos los colores, los cortes de luz que llevan das en algunas zonas de Rosario generando por derivacin la falta de agua.

A los sectores con menos ingresos o desocupados, adems, la cercana de las fiestas les marca la imposibilidad de acudir al llamado al consumo y el disfrute de cosas a las que no tienen acceso y, en los sectores ocupados con ingresos medios se sufre el ajuste reflejado en el salario que no sube, la inflacin que no baja y el cinturn paritario que no cede. Ahora bien, cabe irse ms atrs en el tiempo. Casi exactamente un ao atrs. El primero de enero de 2012, la ciudad amaneca con el asesinato de los militantes de Villa Moreno. Jere, Mono y Patn, acribillados en una canchita de ftbol de zona sur por narcos del lugar, mostraron con crudeza cmo el terreno abandonado por el Estado no qued vacante.

Pese a la tarea de innumerables organizaciones sociales y polticas que con sus diferencias y matices militan, es innegable que en diversos barrios de la ciudad las bandas delictivas, vinculadas principalmente al narcotrfico, han ocupado esos lugares en los que el Estado figura, slo o principalmente, mediante sus fuerzas de (in) seguridad. Por ms buena voluntad y conciencia que tengan quienes se embarran las patas en las zonas marginadas, la realidad es que los policas que se dedican al narcotrfico y los narcos protegidos por la cana y el poder poltico y judicial, primerearon la cancha. Y eso ha cambiado toda una idiosincrasia, el concepto de pertenencia de personas que no conocen qu es eso del trabajo digno, la forma de interrelacionarse en esas complejas estructuras de poderes territoriales, siendo necesario desentraar el cotidiano desafo que significa sobrevivir en ellas.

Y volvemos al da de hoy, con esa trama cargada de oscuridad. El mencionado malestar social estalla en el siempre conflictivo diciembre, con la desigualdad como la mayor generadora de violencia econmica, poltica, simblica y fsica. Pese al esfuerzo meditico por hablar de robos y no de saqueos para no levantar al fantasma de 2001, lo central es que esa dilectica periodstica que machac 24 horas con las imgenes del caos pero se cuidaba de usar el trmino antes mencionado, descart del relato el malestar de diversos sectores que existe y que al negarlo, se profundiza. Por eso es necesario decirlo claramente. Hay descontento en sectores varios, hubo inundados y evacuados que piden colchones y zapatos para sus hijos, hubo saqueos organizados, agitados, en los que hubo personas que dirigan y tambin advenedizos que se sumaron a la volteada. Mientras las grandes cadenas de supermercados fueron celosamente fortificadas por las fuerzas de seguridad, los locales medianos y pequeos fueron, en la gran mayora de los casos, abandonados a su suerte. As, los supermercados chinos fueron los ms afectados por los saqueos. No sera aventurado considerar que este dato se enmarca en el complejo entramado del manejo del territorio, del comercio, de la caja negra que la polica tiene en concepto de proteccin.

Tambin hay que plantear que se vieron espeluznantes enfrentamientos de pobres contra pobres, vecinos y comerciantes armados hasta los dientes, con palos, rifles y cuchillas. Y al ver eso, uno entiende que el escenario propiciado por la desidia y la negacin del Estado de los problemas de los sectores populares es utilizado para dirimir internas de todo tipo: los narcos entre ellos, la polica con el gobierno provincial, las internas de y entre partidos polticos. Una gran bola de mierda y confusin que como siempre deja muertos del lado de los mismos violentados por el hambre, la desocupacin, el empleo precarizado y la falta de infraestructura para el acceso saludable a recursos naturales bsicos, como el agua.

En Villa Banana, por ejemplo, explotaron los inodoros. Y no es una metfora. Tambin se cort la luz. Luego de una noche entera anegados en agua inmunda, con los nios empapados y en la oscuridad, los vecinos salieron a pedir asistencia, mientras los dueos de los negocios se armaban y la polica custodiaba. En eso apareci un grupo a promover los saqueos. Y esas mismas personas con las casas inundadas, los pibes en patas, la pobreza crnica, no dieron pie a la hecatombe y se desactiv la intentona. En zona oeste un periodista de Radio Dos podra haber muerto. No es joda. Le pegaron un tiro en el parabrisas. Fue un hecho confuso, pero los que protestaban en el piquete que se desarrollaba en avenida Pern y Provincias Unidas afirmaron que llegaron desconocidos en un auto que generaron una especie de clima de ria que tuvo esa culminacin violenta. Eso se puede empalmar con las declaraciones del Ministro de Seguridad Provincial, Ral Lamberto, que en rueda de prensa afirm tener identificados autos y motos que aparecieron en diversos saqueos, manejados por presuntos instigadores. Desde Villa Gobernador Glvez lleg otro relato: algn polica dejando la puerta abierta a la toma de la comisara por parte de familiares de los detenidos en los saqueos? Zonas liberadas o imposibilidad de accin ante el tumulto?

Es necesario ver y ubicar esos pedacitos de verdad como en un rompecabezas, porque despus vienen los que pretenden dibujar con tiza el resto de la imagen. Qu fue si no la bochornosa acusacin del Jefe de Gabinete Nacional, Juan Abal Medina y del impresentable subsecretario de Inseguridad Sergio Berni, acerca de que los saqueos eran instigados por el sindicalismo opositor. Del fantasma del Partido Obrero pasan en vuelo raso a magnificar la capacidad operativa de Hugo Moyano y Pablo Micheli, referentes de la Confederacin General del Trabajo de la Repblica Argentina (CGT) y la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA), respectivamente. El oficialismo pas de negarles su capacidad de movilizacin el 19, a responsabilizarlos de un complot nacional el 21. No puede dejar nada bueno que un funcionario de primera lnea del gobierno nacional acuse directamente a los referentes de las organizaciones que, le pese a quien le pese, de alguna manera le ganaron la calle a un kirchnerismo lleno en sus cpulas y mximos cargos polticos de tecncratas, oportunistas y pocos militantes que conozcan el pao y hayan alguna vez pisado piso de tierra -que los tienen, pero no son los que juegan en primera fila-. Claro que no puede dejar nada positivo intentar vincular a un afiliado de ATE accidentado en Neuqun y a un barrabrava presuntamente vinculado a Camioneros, con una decisin orgnica de la dirigencia de esos sectores sindicales de organizar el caos. No es serio, es inverosmil, no se entiende cmo piensa Abal Medina que capitalizaran Moyano y Michelli con la hecatombe, no se entiende cmo sale tan livianamente a hacer una denuncia de gravedad con tan pocos argumentos.

Porque esto no viene descolgado: sin nimos de caer en el discurso de autoproclamacin heroica de Moyano, hay una ley antiterrorista sancionada por este mismo gobierno que sale a sealar a un sindicalismo que con sus contradicciones, dficits y tramoyas, es crtico y sale con reivindicaciones justas que marcan las contradicciones del modelo por izquierda. Con todo lo expuesto no hace falta decir que esto no es 2001 y toda esa caravana de advertencias intiles que buscan reafirmar la diferencia del hoy con el entonces.

Lo que no hay dudas es que la economa ha crecido desde 2003, pero no ha inflado los bolsillos con equidad. No hay dudas que se han desplegado con limitaciones medidas harto exigidas desde sectores populares, como la asignacin universal por hijo, pero hay que decir que no basta para dar pan y dignidad. No hay dudas que Santa Fe, que Rosario ha crecido de la mano del excedente sojero depositado en el negocio de la construccin, pero hay que decir que no se han hecho los cambios de infraestructura pertinentes para garantizar el acceso a recursos bsicos, ni para sostener la demanda en aumento de los diversos servicios.

As las cosas el mapa est abierto. Es una frase hecha. pero no por eso poco cierta. La complejidad del momento exige mesura, pero no ocultamiento. Si no se ven todos estos pedazos de realidad y la mayora que faltan aqu retratar, si no se discute, si no se resuelve sobre ellos, ser difcil impedir que situaciones como estas no se repitan a mediano plazo. La desigualdad genera violencia. Los daos materiales de la desigualdad generan violencia. La negacin de la desigualdad genera ms violencia. Y una vez que sta se desata, la dirigen otros, la usan para dirimir internas y ya es demasiado tarde: slo resta contar muertos.

Fuente: http://argentina.indymedia.org/news/2012/12/828133.php



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