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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-01-2013

El crimen perfecto

Santiago Alba Rico
Atlntica XXI


Un clich de novela negra pretende que no hay crimen perfecto o que, en todo caso, un crimen slo puede ser perfecto si su perfeccin se mantiene precisamente incognoscible y secreta. Pero no es verdad. Si un crimen perfecto es el que slo deja vctimas -porque el criminal no aparece por ninguna parte- o aquel cuyo ejecutor logra escapar definitivamente, podemos decir que la perfeccin criminal es menos rara de lo que creemos. Se trata de hecho de una frmula banal y atroz, de recurrencia estadstica ya llamativa, que podramos describir de esta manera: el truco consiste en que el asesino se ponga a s mismo en una situacin tal que est condenado a sumarse a sus propias vctimas; en una situacin de la que l mismo ser vctima y de la que escapar definitivamente, cuando parece todo perdido, abriendo una puerta en su propio cuerpo. Este es el caso, por ejemplo, de Adam Lanza y la matanza de la escuela de Newtown; es decir: entro, mato a todo el mundo y luego me vuelvo inalcanzable y borroso camuflndome entre los muertos. Nadie puede distinguirme de los muertos que he matado yo, porque tambin me he matado yo, y nadie puede atraparme y castigarme porque me he ido a un sitio a donde nadie puede seguirme y porque, al marcharme, me he aplicado precisamente el mximo castigo.

Este perfecto crculo cerrado deja una apabullante sensacin de vaco. No hay nadie a quien echar la culpa; nadie sobre quien descargar la ira; nadie a quien juzgar. El crimen perfecto es perfecto porque aparece como un fenmeno natural, como una irregularidad meteorolgica frente a la cual los supervivientes, las familias y los vecinos lo nico que pueden hacer es estremecerse y llorar. En ausencia de un culpable -porque es una de las vctimas-, la tentacin es pedir una explicacin a los profesionales de la conducta. Una vez consumado el acto, es fcil encontrar un rasgo de carcter -demasiado tmido, demasiado simptico- que encaje en algunos de las etiquetas definidas por el DSM-IV y que permita rubricar la perfeccin volcnica del gesto: un brote irresponsable e imprevisible al que slo se puede responder con un aumento de la desconfianza individual y una conculcacin de la presuncin de inocencia. La locura, en realidad, es una invitacin a adquirir ms armas y a pagar ms policas. Los que, frente a esta psiquiatrizacin del crimen de Lanza, insisten con razn en su dimensin social, no deberan olvidar que si hay algo genuinamente estadounidense (genuinamente liberal) en este crimen es su psiquiatrizacin misma.

Se entiende mejor esta atrocidad si se la describe como un truco. O como un deporte sometido a reglas muy precisas. Desde luego no es una batalla. Nunca se asaltan cuarteles o bancos. El criminal, en efecto, declara su desprecio simultneo por la lucha y por el herosmo al escoger siempre sectores de poblacin muy vulnerables, incapaces de ofrecer resistencia. Esta seleccin recurrente es inseparable de la dimensin deportiva del impulso, cuyo objetivo evidente es derribar el mayor nmero de cuerpos en el menor tiempo posible. Pero para alcanzar este objetivo, superando adems la marca anterior (la de la Universidad de Virginia o la de Columbine) es necesario contar con muchas y buenas armas de fuego. En cualquier mundo posible que podamos imaginar habr locos; y los locos siempre encontrarn al alcance de la mano algn objeto con el que hacer dao a un semejante. Pero ningn deporte consiste en daar a los semejantes: eso sera una locura, un crimen! Los deportistas combinan pasin y pericia en una accin reglada cuyo propsito es la auto-afirmacin pblica. Los deportes requieren un equipo: zapatillas, un baln, unos esques. No se puede jugar al golf sin palos de golf. Al contrario de lo que pretenden muchos ingenuos, la prohibicin de las armas en EEUU no impedira los crmenes; pero dificultara mucho, sin duda, la prctica de un deporte en el que las armas de fuego son tan indispensables como lo son las raquetas en Roland Garros. Matar a cuchillo sera otro juego, mucho ms aburrido, con menos practicantes y menos espectadores.

Truco, tradicin, deporte: crimen perfecto. La respuesta? Es la respuesta justamente la que convierte el crimen de Lanza en un juego social. Estn los psiquiatras, que son en realidad crticos deportivos. Estn los consumidores, que se precipitan a comprar el fusil de asalto empleado por el asesino. Estn las empresas, que fabrican mochilas antibalas, naturalizando a los nios como parte del juego. Estn los medios de comunicacin, que se deleitan con listas de records y catlogos de pistolas. Es un truco, un buen truco. EEUU produce crmenes perfectos como los pinos producen resina y los cardos espinas. Todos lo sabemos: volver a ocurrir. Casi todo el mundo est deseando que ocurra de nuevo. Los 28 muertos -incluido el asesino- son nuestras raquetas de tenis.


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