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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-01-2013

Per
Cuando Venezuela vive una hora decisiva

Gustavo Espinoza M.
Rebelin


La Derecha ms reaccionaria, coludida con la Mafia, berrea en el Per cuando Venezuela vive una hora decisiva.

En medio de tensa expectativa, al medioda del jueves pasado la Comisin Permanente del Congreso de la Repblica debati el pedido del Presidente Humala para ausentarse del pas y visitar Cuba en cumplimiento de funciones de Estado. El debate -agrio y desordenado- culmin con una votacin singularmente indicativa: 12 votos a favor, 3 en contra y 7 abstenciones, sobre un total de 22 concurrentes.

Mientras eso ocurra en nuestra capital, el mismo 10 de enero las grandes avenidas de Caracas lucan abarrotadas por inmensas multitudes. De alguna manera, se repeta la jornada del jueves 4 de octubre del ao pasado, cuando millones de venezolanos se volcaron a la calle para respaldar al proceso bolivariano y a su conductor, el Comandante Hugo Chvez Fras, tres das antes de los comicios que lo consagraran para un nuevo mandato popular por voluntad soberana de la ciudadana.

Esta vez, el lder estuvo fsicamente ausente, aunque todos lo llevaron consigo en sus pancartas, banderolas, consignas, y tambin en sus corazones. Y es que la figura del Jefe del proceso revolucionario en la patria de El Libertador, ha calado muy hondo en todos los estamentos sociales de Venezuela, pero tambin de Amrica Latina.

Hoy Chvez no simboliza solamente un rumbo patritico, liberador, o incluso socialista. Simboliza tambin la estoica fortaleza de un hombre que lucha por su vida, porque es plenamente consciente que ella est indisolublemente ligada al porvenir y a la esperanza de su propio pueblo, pero adems, a los anhelos y expectativas de todos los pueblos de nuestro continente.

Esto lo entienden unos y otros. No slo sus partidarios, sino tambin sus detractores. Si hoy estos ltimos lo atacan con fiereza, si se solazan con la idea de su desaparicin fsica, si le desean una muerte instantnea; no es slo por que le expresan un odio cavernario, primitivo y grosero; sino tambin porque son conscientes que el hombre vive en la conciencia de millones. Gentes de esa calaa no parecen vivir en nuestro tiempo. De ellos, podra decirse lo del personaje de Haruki Murakami; nacieron en una poca equivocada, con unos dos mil aos de error.

La impotencia y el miedo se expresan en las columnas de los panegiristas del capital, en los comentarios de la prensa grande de nuestro pas, y hasta en los decires de los politiqueros que hoy asoman como pjaros de mal agero graznando en busca de carroa. Como sintetizando estos conceptos, Keiko Fujimori ha buscado que aconsejar al Presidente Humala para que tome distancia del Jefe de Estado Venezolano.

Su mensaje resulta aleccionador porque -adems- relaciona dos hechos formalmente distintos: el viaje del mandatario peruano a la Isla del Caribe, y el modelo chavista que urticaria le produce. Vale la pena, entonces, reproducir sus conceptos:

El modelo chavista digitado desde La Habana no puede tener el aval del Per. Su viaje sera visto como un respaldo del Per a tan oscura asuncin de mando en Venezuela. Tome distancia, aljese del cnclave.

As se  puede leer en el Twitter de la candidata derrotada de la Mafia, es decir, la versin peruana de Capriles Radonski.

Para estos -en el fondo, simples sicofantes del Imperio- todo es lo mismo. Juntan en un solo abanico Chvez, Venezuela, Cuba, Fidel, Ral, Evo, Brasil. Cristina, UNASUR, el ideal socialista, la CELAC, y la izquierda; para poder compatibilizarlo con otro que han forjado tambin laboriosamente: senderismo, narcotrfico, terrorismo, muerte; a fin de presentarlo ante los peruanos como aguas de un mismo ro.

En el fondo, lo que buscan con estos malabares expresivos, es mimetizar unos elementos con otros para sorprender incautos e intimidar ingenuos; hacindoles creer que el Per se habr de desbarrancar si Humala saluda a Chvez, o si se desplaza por el malecn de La Habana en busca de acuerdos de cooperacin racional entre Per y Cuba, Estados Soberanos.

No conocen lo que es Soberana. Y si expresan sus reservas respecto al viaje de Humala es porque piensan que la decisin del mandatario peruano inquietar a la Casa Blanca que, en relacin a Cuba, guarda las mismas preocupaciones desde hace ms de cincuenta aos. Les inquieta a ellos, que se quedaron varados en los mares de la guerra fra, a la sombra de los halcones del Pentgono.

Por eso no entienden y encuentran raro el deseo del Presidente peruano de visitar Cuba. Ellos preferiran mil veces que vaya a Washington, o a Santiago de Chile -que est ms cerca- pero a Cuba? Horror!

Nadie desde al lado del gobierno peruano ha sostenido que el Presidente Humala visitar en La Habana al Jefe del Estado Venezolano, pero es igual. Podra ocurrir -suponen- Y, antes, la muerte.

Podra Ollanta Humala: visitar al Comandante Hugo Chvez Fras. Estara no slo en su legtimo derecho, sino tambin en su deber moral -son amigos desde hace varios aos-; y en una saludable prctica solidaria, dado el estado de salud del dirigente venezolano; pero la sola posibilidad de que eso ocurra ha puesto los pelos de punta a lo peor del Per. Hablan sus exponentes, entonces, de funerales con la sutileza de un panteonero engolosinado con la muerte, y hacen votos para que Ollanta tome distancia.

Este ao luce complicado para la reaccin. Amenamente podramos decir que lo ven con malos ojos porque el 3 -la cifra final del 2013- les resulta una cbala inamistosa. Un 3 -de 1853- naci Jos Mart, el Apstol de la Independencia de Cuba, hace 160 aos; y una dcada ms tarde -en 1863- la insurreccin de Ezequiel Zamora contra la oligarqua terrateniente venezolana adquiri la forma de una insurgencia popular. Un 3 -tambin- de 1923, y luego de su periplo europeo, retorn Jos Carlos Maritegui al Per para quedarse; y un 3 -1953- fue el Asalto al Cuartel Moncada que marc el inicio de la ltima fase de la Revolucin Cubana. Y por si todo esto fuera poco, otro 3 -un 3 de octubre de 1968- vio la luz el proceso patritico y antiimperialista de Velasco Alvarado que precisamente por serlo, les quita hasta el resuello.

Asustarse, entonces! El 3 se les cruza como un gato negro por los pasillos de su oscura desdicha. Motivos para el pnico, les sobran a quienes la dolencia del Presidente Chvez ha convertido en gallinazos de la pampa y agoreros de la muerte. Algo temen para el 2013, aqu, en Caracas, o en La Habana qu ms da!

A ellos, hay que responderles con la simpleza con la que respondi a un visitante yanqui que la interrog en el ao 2008 una campesina cubana de 14 aos en la localidad de Condado, y a la que cita Antonio Capote en un apasionante relato, Fidel es la padre de todos los cubanos, su muerte sera la peor desgracia que nos podra ocurrir, le dijo. Si, pero si muere qu va a pasar? le insisti el visitante. Nada - respondi ella- seguimos nosotros adelante.

Para alegra de los pueblos, Fidel vive an rodeado del cario de su pueblo y del respeto de la humanidad, que reconoce sus elevados mritos en la lucha por la paz, la equidad y la justicia.

Los venezolanos de hoy estn convencidos tambin que Hugo Chvez es el Padre de la Nueva Repblica en la que viven. Y sentirn sin duda un dolor lacerante si desaparece. Pero estn preparados. Y saben que nada habr de suceder, porque ellos seguirn adelante. Por lo dems, ms all de las circunstancias que acontezcan, todos saben que Chvez no morir, como no muri Bolvar. Ambos vivirn siempre en la historia y en la conciencia de los pueblos.

Independientemente de coincidencias o diferencias puntuales en el campo popular, los peruanos que luchamos en cualquiera de los niveles de gestin por avanzar en el camino del progreso afirmando una ruta solidaria; estamos convencidos tambin que ms all de la vida de las personas, est puesta la bandera de los pueblos. Y la bandera de la Venezuela Bolivariana, no ser arreada mientras existan venezolanos dispuestos a enarbolarla.

Gustavo Espinoza M. del Colectivo de Direccin de Nuestra Bandera

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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