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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-01-2013

Guantnamo, 11 aos de infierno

Roberto Montoya
Viento Sur


Barak Obama hered de Bush junior 242 presos encerrados en la prisin militar de Guantnamo en enero de 2009. El entonces flamante nuevo presidente prometi, entre las primeras medidas de su mandato, eliminar las comisiones militares, juzgar con todas las garantas a los detenidos y cerrar la prisin en el plazo mximo de un ao. Fue una de sus promesas estrellas, una de las que ms eco meditico tuvo en todo el mundo.

Cuatro aos despus, la ilegal base naval estadounidense, enclavada desde 1903 en territorio cubano, sigue abierta. De ella solo han salido 76 presos, an permanecen 166. Pero hoy Guantnamo no es noticia. No lo fue en la ltima campaa electoral en EEUU, ni aparece como tema de preocupacin de los estadounidenses en ningn sondeo de opinin.

Guantnamo no existe. Y no existe tampoco como preocupacin en la ONU, en la UE, en el Parlamento Europeo, y en los medios de comunicacin de gran difusin de los pases democrticos y desarrollados.

Guantnamo ha desaparecido. Solo parece preocupar a las propias vctimas que estn all, a sus familiares y allegados y a las organizaciones humanitarias y defensores de los derechos civiles que siguen luchando en solitario para recordar al mundo que en la baha de Guantnamo sigue existiendo uno de los campos de concentracin del siglo XXI.

La izquierda europea -con muy pocas excepciones, como las de Gaspar Llamazares y Joan Herrera, y algunos socialistas a ttulo individual- tampoco parece haber entendido plenamente que se trataba, que se trata, nada menos que de eso, de un campo de concentracin del siglo XXI. Como tampoco parece haber entendido la gravedad que suponan los secuestros y vuelos de la CIA en pleno suelo europeo. De esa flota de aviones que hizo escala impunemente durante aos en 10 aeropuertos espaoles y en cientos ms de toda Europa, con una siniestra carga, prisioneros secuestrados y torturados con la complicidad de gobiernos y servicios secretos locales.

Esto no sucedi en pases lejanos, esto sucedi en nuestras propias narices. Fue el imperialismo en accin, la CIA en accin, en tiempo real y no en una pelcula de Hollywood. Y no hubo movilizacin alguna. Y si no se hizo en 2005, en 2006 y 2007, cuando se tuvo pleno conocimiento de esa gigantesca operacin encubierta -cerca de 1.100 escalas de aviones de la CIA en suelo europeo-, qu se puede esperar que se haga sobre Guantnamo 11 aos despus, cuando solo hay 166 prisioneros y ya nadie habla del tema?

Basta con decir: "Obama no cumpli su promesa"?

Acaso es tan extrao que no lo haya hecho?

Fracaso o xito del experimento?

En varios ocasiones, en los medios estadounidenses han tenido lugar debates sobre el balance a hacer de la experiencia de Guantnamo, de la misma forma que se hacen sobre la utilidad o no de la tortura. Lo tratan en definitiva como un problema tcnico, se pone en un lado de la balanza el costo -econmico, poltico, de imagen- y el prctico informacin til o no para la guerra contra el terror arrancada a los detenidos-, y de ah se saca el resultado.

Y en la aceptacin de la polmica en esos trminos no solo entran los ultras del Tea Party o el lobby militar, sino tambin muchos demcratas -mejor dicho, del Partido Demcrata-, juristas, periodistas. Y sigue habiendo siempre defensores de una y otra posicin.

El debate se ha actualizado ahora a partir de la denuncia que se hace en la pelcula Zero Dark Thirty (La noche ms oscura), de Kathryn Bigelow.

Lo menos frecuente es escuchar o leer a alguien que en esa balanza introduzca el concepto de Derechos Humanos, de rechazo total a la tortura, de rechazo a la impunidad. Slo sucede en los casos en que, muy excepcionalmente, uno de los invitados es un activista pro Derechos Humanos; nunca, por supuesto, un ex prisionero de Guantnamo.

Y es que Guantnamo fue un gran laboratorio, una verdadera audacia de la Administracin Bush. Tras el 11-S, despus de haber logrado involucrar a la OTAN y a todos sus aliados en esa planetaria guerra contra el terror, Bush junior se atrevi a dar un paso que nunca haba dado EEUU en sus largos aos de guerras en el mundo: trasladar unilateralmente, encapuchados y encadenados, a un grupo de prisioneros desde un escenario de guerra -como Afganistn e Irak- compartido con muchos aliados, hasta una base naval propia situada a miles de kilmetros de distancia. Y lo hizo.

Era algo indito. Ni siquiera los trasladaba a EEUU para someterlos a sus tribunales federales, como hizo con Noriega en 1989 tras la invasin de Panam, sino a un territorio de ultramar.

Pero la Alta Comisionada de la ONU para lo Derechos Humanos, Mary Robinson, se qued sola al denunciar la violacin flagrante de las Convenciones de Ginebra y del derecho internacional.

Y Bush sigui adelante. Por una orden presidencial decret que esos detenidos no eran en realidad prisioneros de guerra y que por lo tanto no se podan acoger a los derechos que les reconoce la Convencin nmero 3 de Ginebra, sino que eran combatientes enemigos. Y a partir de ese momento, y travs de una compleja trama legal urdida por el equipo legal de la Casa Blanca y el Pentgono, los detenidos pasaron a estar fuera de la jurisdiccin de la legislacin vigente en los EEUU continentales.

As naci el limbo legal que neg todo derecho a los detenidos.

Solo aos despus el Tribunal Supremo estadounidense logr que los mandos militares de Guantnamo dieran a conocer la identidad de los detenidos. Hasta ese momento eran desaparecidos, al mejor estilo Videla. Y esto suceda a la vista de todo el mundo, a la vista de la ridiculamente llamada comunidad internacional.

Desde el 11 de enero de 2002 hasta la llegada de Obama al poder, en enero de 2009, pasaron por la prisin de la base naval de Guantnamo 779 detenidos, muchos de ellos ancianos y ms de 20 menores de edad.

Buena parte de ellos, sobre todo los primeros que llegaron, eran campesinos y fueron capturados en amplias redadas en zonas rurales de Afganistn, denunciados por seores de la guerra locales. Estos los acusaron de ser talibn o colaboradores de ellos, lo fueran o no, poco importaba. Importaba el dinero, se diriman adems viejas disputas por una tierra o entre clanes.

El Ejrcito de EEUU y la CIA, estaban exasperados por su imposibilidad de capturar o matar a Osama bin Laden y sus lugartenientes. Tampoco lograban localizar al grueso del ejrcito del rgimen talibn que haba albergado hasta ese momento a numerosos combatientes de Al Qaeda.

El gobierno de Kabul y sus milicias se haban esfumado en un abrir y cerrar de ojos. Las bombas inteligentes que perforaban montaas y cuevas donde supuestamente se escondan todos ellos, solo sirvieron para destrozar zonas de importancia arqueolgica y para contaminar el ambiente.

Por ello, el Ejrcito y la CIA, ocupantes del pas desde octubre de 2001, recompensaban en metlico cada una de las delaciones de sus coyunturales aliados locales. Los mandos del Pentgono estaban convencidos de que muchos de esos detenidos eran de gran valor y que utilizando las tcnicasde interrogatorio avanzado a las que los haban autorizado secretamente, conseguiran llegar a la cpula de Al Qaeda y de los talibn y acabar con ellos.

Y as empez la odisea para los presos. Muchos de ellos, tras ser liberados despus de aos de cautiverio, reconocieron que no saban ni dnde haban estado, y luego tampoco les deca mucho saber que se trataba de una base en pleno Caribe. Qu saba del Caribe un campesino analfabeto pastn?

Consigui EEUU los objetivos que buscaba con el laboratorio Guantnamo?

No. Los datos son elocuentes: despus de 11 aos, solo retiene a 166 prisioneros, ha liberado ya a 613. Los informes de Inteligencia reconocen que muchos de esos liberados se radicalizaron durante su cautiverio y hay constancia de que varios se han incorporado a la yihad en algn pas. Sus relatos sobre las vejaciones y torturas sufridas y las reiteradas ofensas al Islam han concitado an ms odio contra EEUU y Occidente entre sus familiares, amigos o vecinos, en su tribu o clan.

En todos estos aos las comisiones militares solo condenaron a siete presos -cinco de ellos aceptaron reconocerse culpables para poder salir de la base- y se prev que condenarn prximamente a otros seis, 13 de un total de 779 tras 11 aos. Sin duda, es un magro resultado para una operacin encubierta que implic no solo la captura y traslado en aviones militares de prisioneros desde Afganistn, Irak o Pakistn, sino tambin secuestros y traslados a Guantnamo en la flota de aviones de la CIA de decenas de secuestrados en pases europeos, rabes, africanos y asiticos.

Repetir Obama su promesa de cerrar Guantnamo?

Es dudoso que Barack Obama repita su promesa de cerrar la prisin de la base de Guantnamo en el discurso que pronunciar dentro de unos das al iniciar su segundo mandato. No tiene ni presiones nacionales ni internacionales para hacerlo. Y tampoco tendra muchas posibilidades reales de cumplir con la promesa que hizo hace ahora cuatro aos si realmente quisiera hacerlo.

A pesar de haber ganado las elecciones con el 57% de los votos, el presidente ya est mostrando, ante el conflicto por el abismo fiscal, que sin controlar la Cmara de Representantes su margen de maniobra es muy limitado. Y ms an si no es capaz siquiera de mantener cohesionado al Partido Demcrata y de contar con el voto de todos sus parlamentarios y el apoyo de todos sus gobernadores.

Cuando en los primeros meses de su primer mandato Obama intent convencer a varios gobernadores para que aceptaran albergar en las prisiones de sus respectivos Estados a aquellos presos de Guantnamo que resultaran condenados tras ser juzgados hipotticamente en tribunales federales, se encontr con la resistencia no solo de los republicanos, sino tambin de varios gobernadores demcratas.

Todos argumentaron que la presencia de esos presos en sus Estados supondra un grave problema de seguridad y que pasaran a ser objeto de atentados terroristas de Al Qaeda. El argumento no poda ser ms falso. Recientemente se present en el Comit de Inteligencia del Senado un informe del GAO (la oficina que controla la transparencia de la Administracin pblica), en la que se daba cuenta que actualmente hay 373 presos condenados por distintos delitos de terrorismo en territorio estadounidense, repartidos en 98 crceles.

Por la misma razn tampoco se pudo trasladar a los prisioneros a suelo continental para ser juzgados por tribunales federales normales.

Obama dio rpidamente por perdida esa batalla, reactiv las comisiones militares que haba dejado congeladas inicialmente y los juicios siguieron su curso. Recientemente se dio incluso una vuelta de tuerca ms al tema.

El 4 de enero pasado Obama firm la Ley de Autorizacin de Defensa Nacional para el ao fiscal 2013, en la que, entre otras muchsimas cosas, se prohbe el traslado de prisioneros de Guantnamo. El presidente puso al pie de la misma una nota Me opongo a esta provisin, considerando que en tanto que comandante en jefe tiene derecho a no respetarla. Obama se reserva el derecho de vetarla.

Pero esa ley, con ese texto, no solo la vot la Cmara de Representantes, sino, previamente, el Senado, donde el Partido Demcrata tiene mayora.

De los 166 presos que permanecen en Guantnamo, 86 han sido exculpados de todo cargo. Pero Obama no sabe qu hacer con ellos, no los puede trasladar a EEUU y sus aliados ya no quieren aceptar ms ex presos en sus pases. Y entre los 166 hay otros 46, que no han sido juzgados y contra los que no existen imputaciones formales, pero a los que se ha decidido mantener indefinidamente presos por considerrselos simplemente peligrosos.

Los seis presos a los que se juzgar prximamente fueron secuestrados en otros pases, torturados durante largos periodos en agujeros negros -prisiones en pas aliados- y trasladados por la CIA a Guantnamo, donde continuaron las torturas.

Sern juzgados por una comisin militar, un tribunal de tres oficiales; contarn con un juez militar de oficio que no les permitir conocer partes sustanciales del propio auto -por cuestiones de Seguridad Nacional- y no se tomarn en cuenta sus denuncias de torturas y detencin ilegal.

Previsiblemente, sern condenados a muerte.

Interceder la Unin Europea por ellos? Si no lo hace, ser cmplice directa, en la medida que buena parte de sus pases miembros colaboraron activa o pasivamente entre 2002 y 2007 en el amplio operativo de la CIA para secuestrar y torturar a esos seis hombres y a cientos ms, antes de trasladarlos al infierno de Guantnamo.

La izquierda europea tendra en tal caso posiblemente su ltima oportunidad para gritar, para denunciar esos asesinatos, para dejar en evidencia la complicidad criminal de los gobiernos europeos.

Fuente: http://www.vientosur.info/spip/spip.php?article7582



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