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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-01-2013

Egipto
El miedo a los islamistas coarta a los partidos laicos

Salamah Kayla
Al-Hayat/Al-Monitor

Traduccin para Rebelin de Loles Olivn.


El miedo a los islamistas, convertidos en una fuerza real despus de haber sido consideradas como la principal fuerza de oposicin a los regmenes, ha sido una constante durante las ltimas dcadas. Sin embargo, ese miedo se ha intensificado desde las revoluciones de los pases rabes. Se podra decir que los sectores civiles desde la izquierda a las formaciones laicas viven en un estado de miedo y etiquetan el conflicto como de tipo cvico-religioso.

A pesar de todos sus fallos, que han emergido desde que la Hermandad Musulmana ascendiera al poder en Tnez y Egipto (e incluso en Marruecos) a travs de las elecciones, el miedo sigue dominando a las fuerzas civiles. Ha aumentado hasta el punto de que incluso se han convencido de que los islamistas estn operando para ejercer un dominio absoluto para mantener el control durante muchos aos. Por esa razn sealan que la Primavera rabe se ha convertido en un Otoo islamista que ha reducido ipso facto la atencin prestada a los movimientos populares y ha pasado a cuestionarlos. Igualmente, ha dado lugar a interpretar que el conflicto principal se centra en la Hermandad y que la posicin central una expresin popularizada por el marxismo sovitico es hacerle frente y asegurarse de que el conflicto radique entre quienes abogan por un Estado civil y quienes lo hacen por un Estado religioso, as como asegurarse de que todas las alianzas se basen en este alineamiento.

Existe el temor de que los islamistas dominen o controlen la autoridad durante dcadas?

La experiencia de Irn con la dominacin y el control de Jomeini y de los clrigos sobre la autoridad estatal desde 1979, y la toma del poder en curso de los islamistas en Sudn, que se desarrolla desde 1989, han sentado las bases de un profundo temor de que la experiencia se repita. Ello, por supuesto, sin tener en cuenta que las circunstancias locales y globales son diferentes; en particular, que la llegada de los islamistas al poder hoy en da est vinculada a la situacin provocada por las revoluciones, y que deber estar necesariamente vinculada a las propias revoluciones. Las revoluciones han comenzado pero an no han concluido. Para que la situacin se estabilice se debe conseguir un cambio econmico mediante la solucin de los problemas de un gran sector de la poblacin relacionados con el empleo, los salarios, la educacin, los servicios de salud y el estado civil.

Es por esta razn que afirmamos que los islamistas se enfrentan a un dilema crucial que no tiene solucin. No tienen ni visin ni inters en resolver todos estos problemas. Ello se debe a que la solucin econmica radica en quebrar el modelo que consagraron los regmenes anteriores como la economa rentista, que estaba controlada por un grupo mafioso familiar. Sin embargo, los islamistas intensifican la economa rentista consolidando las actividades comerciales, de servicios y financieras y rechazando las actividades industriales y agrcolas. Son liberales con ropaje islamista; liberales depredadores al acecho tras la globalizacin.

Esta situacin les har sin duda incapaces de absorber la tensin popular. Por lo tanto, quedarn situados ante la vanguardia de la lucha de clases.

As que, por qu existe el miedo a una hegemona a largo plazo? Por qu izquierdistas y laicos temen un poder totalitario estable?

Probablemente es obvio que la perspectiva poltico-cultural determina la naturaleza del conflicto y representa el origen del temor (e incluso del horror) a que los islamistas puedan asumir el control. Esta perspectiva tiene en cuenta la realidad, la lgica y las ambiciones de esas fuerzas, y basndose en tales elementos refleja su respuesta, independientemente de que ello pueda ocurrir realmente o no.

No cabe duda de que los Hermanos Musulmanes se estn preparando para prolongar su permanencia en el poder y se imaginan que la promesa divina se ha cumplido al haber recibido la herencia de la tierra y todo lo que sobe ella hay, y que dicha promesa divina se cuidar de que no pierdan el poder. Su lgica va en la direccin de establecer un Estado religioso y una autoridad clerical totalitaria. Por ello, la Hermandad tiene previsto imponer su hegemona sobre el aparato del Estado y designar a sus miembros a puestos clave. Adems, muestra la esencia de su posicin fascista y su voluntad de controlar e imponer sus valores a la comunidad. Sin embargo, la pregunta que debemos hacernos es: Puede conseguirlo la Hermandad?

Esta pregunta no se les ocurre a las lites y a los partidos. Creen que la voluntad personal resultar victoriosa independientemente de su objetividad, pues ignoran completamente la objetividad y actan de acuerdo a su propia voluntad. De forma que la voluntad de control de la Hermandad deviene intrnseca. Adems, como esta voluntad es extremadamente fuerte y tiene tendencia a recurrir a la violencia para controlar, el miedo aumenta, como si lo que est trabajando en conseguir vaya a convertirse en un hecho incuestionable. Es esto lo que est creando todo ese miedo, y es lo que empuja a las elites a adoptar malas polticas basadas en aliarse con cualquier partido que se oponga a la Hermandad. Lo cual conduce a que la alianza se aleje de resolver los problemas reales; en vez de ello, utilizan el conflicto civil-religioso como cobertura e ignoran los problemas del pueblo, que constituyen las razones por las que se produjeron las revoluciones.

Tales problemas, que exigieron que se llevaran a cabo las revoluciones y que an hay que resolver, hacen que sea imposible que los islamistas impongan su autoridad porque estos carecen de solucin. Por lo tanto, ser eso lo que fuerce a los movimientos populares a continuar y a volverse en contra de los islamistas. Entonces la autoridad no podr ejercer su control en tanto que autoridad, lo que har que cada vez sean ms dbiles y que disminuya su capacidad de controlar. La Hermandad ha llegado al poder en un momento revolucionario que es imposible de detener antes de que se produzca el cambio y se resuelvan los problemas populares. Ello significa que la revolucin continuar, que el poder de la Hermandad fracasar por completo y que su fuerza disminuir.

Como las elites y los partidos estn dominados por esta perspectiva poltico-cultural no ven esta realidad. Por el contrario, nicamente ven la fortaleza de la Hermandad y su voluntad. Por esta razn, nos encontramos con que se muevan fuera de los lmites de la realidad involucrndose en batallas imaginarias que favorecen a la Hermandad, pues se fundamentan en el conflicto poltico-cultural y no en la realidad popular y en el verdadero conflicto de la sociedad.

En consecuencia, toda lite aislada crea el temor de cualquier fuerza que quiere llegar al poder, porque quiere ejercer su propia hegemona. Ello gener mucho temor a que regresaran los militares en Egipto y genera ahora temor a la autoridad de la Hermandad. Por esta razn, las lites se han fabricado este delirio, lo que demuestra la aversin derivada de su aislamiento, ocupando una estrecha burbuja poltico-cultural.

Fuente original: http://alhayat.com/OpinionsDetails/471201 y en ingls: http://www.al-monitor.com/pulse/politics/2013/01/egypt-islamist-secular.html



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