Portada :: Palestina y Oriente Prximo :: Revoluciones en el mundo rabe
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-01-2013

Los peligros del laicismo

Santiago Alba Rico
Cuarto Poder


Podemos decir que son dos los procesos, entrelazados pero diferentes, que confluyen en eso que los europeos llamamos laicismo. Por un lado tenemos una combinacin trabajosa de esfuerzos sociales e intelectuales -desde Espartaco!- orientados a liberar las ideas de justicia y de derecho de la autoridad de un dios. Ese esfuerzo cristaliza en el siglo XVIII en las Declaraciones de Derechos Humanos, cuyo valor fundamental, ms all de su contenido especfico, es el reconocimiento de la razn humana como fuente de decisin moral y de los seres humanos concretos como sujetos de derechos inalienables. A partir de ese momento, a la pretensin religiosa de que esas ideas de justicia y de derecho se pueden encontrar tambin, si se las busca, en el Libro Sagrado, responde el laicismo diciendo que, si se las busca, tambin pueden encontrarse en el Libro Sagrado las ideas contrarias y que, por lo tanto, la nica manera de representarse con claridad una y otras es separarlas de todo fundamento divino.

A los ateos, este triunfo del laicismo nos llev a concebir la esperanza de una extincin de la religin en la vida social. Nada ms ingenuo. Hoy sabemos que la Biblia ha resistido los implacables progresos tecnolgicos, y los no menos implacables retrocesos polticos, mucho mejor que las pelculas de Bergman o el Estatuto de los Trabajadores. Por lo dems, si nuestros diputados de la derecha llevan al Parlamento algo ms que sus intereses de clase, lo extraen sin duda de Escrib de Balaguer o de las encclicas del Papa; y en el voto de los ciudadanos siguen incidiendo mucho ms las declaraciones del Obispado que la divisa -libertad, igualdad, fraternidad- de la revolucin francesa.

La otra vertiente del laicismo tiene que ver con la lenta y tambin inconclusa liberacin del Estado de la presin de las instituciones religiosas. En Francia, el pas laico por excelencia, slo en 1905, ms de un siglo despus de la revolucin, una famosa ley estableci la separacin entre Estado e Iglesia o, ms exactamente, la igualdad entre todos los credos y religiones. Porque lo que laicismo significa en realidad es precisamente eso: el fin del monopolio de una iglesia o una secta y la afirmacin de la libertad religiosa extramuros de la instituciones soberanas. El Estado slo reconoce sus propias instituciones y, fuera de ellas, la libertad privada de todos los ciudadanos por igual. Las creencias y los delirios de los humanos podrn entrar en el Parlamento, pero no hablar, y mucho menos gobernar, como portavoces de una iglesia concreta.

La confusin entre estas dos vertientes -la igualdad entre los hombres y la igualdad entre los credos- ha conducido paradjicamente a la sacralizacin religiosa del laicismo. En sentido estricto, no hay ninguna diferencia entre intentar imponer una religin desde las instituciones o intentar abolir la religin desde las instituciones. Cuando la Francia laica criminaliza el velo o el niqab traiciona sus propios principios; el laicismo que persigue una religin concreta es tan poco laico -tan racista e irracional- como la secta que trata de prohibir todas las otras sectas o de impedir el atesmo. Y qu queda de l cuando, invocando los derechos humanos, bombardea e invade otros pases?

Alguien podr decir que todos los males del mundo rabe en las ltimas dcadas proceden de la religin. Es verdad que la zona vive varias guerras al mismo tiempo y una de ellas es inter-religiosa y otra pro-religiosa. Y es verdad que los intereses energticos estadounidenses, tras la segunda guerra mundial, permitieron a Arabia Saud difundir el wahabismo, una versin particularmente retrgrada y fantica del islam. Pero con no menos fundamento podramos decir -podran decirlo muchas de sus vctimas- que todos los males del mundo rabe en las ltimas dcadas proceden del laicismo. De Saddam Hussein a Ben Ali, de Gadafi a la familia Al-Assad, de Moubarak a Buteflika, un pretendido laicismo -que no lo era- ha servido durante aos y aos para legitimar la represin, la tortura, el empobrecimiento y el crimen. Mientras Arabia Saud corta manos y lapida, tratando de imponer el wahabismo, toda una serie de regmenes dictatoriales se han dedicado a perseguir -con racismo afrancesado, pero en sus propios pases- la religin de la mayora. No es extrao que para esta mayora el laicismo se asocie a la violacin de los derechos humanos, las clases ricas y el colonialismo occidental. Pero hay que aadir que para esta mayora, antes de la llamada primavera rabe, la religin era ms una fuente de resignacin que de movilizacin.

Las revoluciones rabes proporcionaron la sorpresa inicial de un levantamiento popular de musulmanes, s, pero estrictamente laico. Despus, el establecimiento previsible, en Egipto y en Tnez, de gobiernos islamistas moderados. Podemos decir que, en el peor de los casos, estos levantamientos deberan asegurar la normalizacin poltica que ha sido violentamente interrumpida por las dictaduras; es decir, la visibilidad institucional de esa mayora reprimida durante dcadas. Los peligros son dos: un islamismo radical que aprovecha a la manera leninista -mientras una parte de la izquierda mira hacia otro lado- la agona siria y la confrontacin general; y un falso laicismo que, en un dj vu inquietante, reproduce los viejos clichs y se deja tentar por los viejos mtodos.

La verdadera laicizacin, en todo caso, sigue pendiente a un lado y a otro del mediterrneo. Porque si laicismo quiere decir liberacin del Estado de las presiones de las instituciones religiosas, la ms religiosa, y la ms determinante, no es ni el Vaticano ni la sharia ni el republicanismo chovinista afrancesado sino el mercado.

(*) Santiago Alba Rico. Escritor y filsofo. Su ltima obra publicada es B-52 (Hiru, 2012).

Fuente original: http://www.cuartopoder.es/tribuna/los-peligros-del-laicismo/3819



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter