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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-01-2013

Izquierda Unida y nuestro futuro

Marina Albiol y Alberto Arregui
Rebelin


Es evidente que la salida de la crisis no puede realizarse a travs de un pacto social, bien concretado en un gran gobierno de coalicin o en un pacto legislativo. Necesita cambios profundos que slo pueden venir de una salida anticapitalista a la crisis. ( Declaracin aprobada por la X Asamblea Federal de Izquierda Unida )


Los cuatro jinetes del apocalipsis parecen unos personajes de cmic, comparados con los efectos devastadores de la poltica de la burguesa a lo largo y ancho del mundo. Todas las quimeras reaccionarias de un progreso sin fin, de la mano del capitalismo, se han derrumbado con la crisis econmica ms grave de la historia de este sistema econmico.

El gobierno del PP forma parte de esa caballera siniestra, comandada por la troika, que defiende los intereses de los poderosos a costa de la destruccin de nuestras conquistas y derechos. No es necesario describir lo que ya sabemos: ms de seis millones de personas en paro, desahucios, desmantelamiento de los servicios pblicos, especialmente sanidad y educacin, represin de las libertades democrticas

La izquierda se ha planteado muchas veces el dilema entre reformas o revolucin, entre la transformacin gradual de la sociedad hacia una sociedad mejor, o la necesidad de un cambio radical de las estructuras sociales, para conquistar ese anhelo que seguimos llamando socialismo. Pero ese no es el dilema actual. El reformismo ha muerto como opcin viable, y si no nace la transformacin revolucionaria slo nos quedar la perspectiva del dominio de las fuerzas ms reaccionarias de la sociedad.

Revolucin o esclavitud, sera la dicotoma que mejor define el momento actual. Estamos viviendo un momento excepcional en la historia, y la conciencia de esa caracterstica se est extendiendo en la sociedad, pero, sin embargo, y esa es la mayor paradoja, no existe una reaccin equivalente en sentido contrario a las agresiones que estamos sufriendo.

Warren Buffet, la cuarta persona ms rica del mundo, segn la revista Forbes, y uno de los ms cnicos -aadimos nosotros- declar sin tapujos: Hay una guerra de clases, de acuerdo. Pero es mi clase la que est librando esa guerra y la estamos ganando.

Por qu? Por qu, si son una minora y nosotros y nosotras la mayora, nos van ganando? Por qu si los derechos responden a la conquista de aos de luchas, nos los pueden arrebatar? Por qu? De la capacidad de dar una respuesta a estos interrogantes depende nuestro futuro, no slo el de IU, sino el del conjunto de la clase trabajadora.

O sus privilegios o nuestros derechos

No hay duda de que el ser humano tiende a ser conservador por naturaleza. Las revoluciones son hechos excepcionales en la historia, que se producen cuando la situacin se hace insoportable, se toma conciencia de ello y surge una nueva alternativa de sociedad.

Veremos estas pautas en cualquier revolucin, desde la revolucin inglesa a la francesa, la comuna de Pars o la Rusia del 17.

Sin duda, en el Estado espaol, la situacin es insoportable para la mayora de la sociedad. Mientras una minora aumenta sus privilegios, la gran mayora padece la prdida de sus derechos ms elementales: el derecho al trabajo o a la vivienda se convierten para muchos en un sueo, la sanidad y la educacin en un privilegio, y el ejercicio de los derechos democrticos apareja el riesgo de represin y multas.

La afirmacin marxista de que los intereses de clase de la burguesa y el proletariado son enfrentados e irreconciliables, se impone hoy con rotundidad: o sus privilegios o nuestros derechos, sus privilegios son nuestra miseria, la de todo el planeta. No hay una tercera va.

Acaso falta la conciencia de la gravedad de la situacin? Desde luego que no. La mayor parte de la poblacin es consciente de que la funcin fundamental de los banqueros y los grandes empresarios es la de hacer fortuna a costa de los dems. Nunca ha habido mayor conciencia del papel de parsito de la economa que juega el sistema financiero. Los casos de enriquecimiento y corrupcin entre empresarios son tan cotidianos que revelan a las claras su carcter. Entre unos y otros se alimentan de nuestra sangre.

El gobierno del PP tampoco se libra de esta percepcin popular de alianza de los ricos contra los pobres. Nunca un gobierno se haba desprestigiado tanto en tan poco tiempo.

Cul es pues el obstculo que impide que ese malestar social se exprese en un movimiento incontenible que derribe este gobierno y con l un sistema econmico insoportable? Por qu vemos gente que se suicida en lugar de luchar a muerte por cambiar la situacin?

No es necesaria una perspicacia especial para comprender cul es el problema, cul es, en realidad la clave de nuestra poca: la falta de percepcin de que existe una alternativa, es decir, una organizacin, y un programa, capaces de construir un nuevo futuro.

En cierta medida nos da la respuesta esa declaracin de W. Buffet: se ha producido una exacerbacin sin precedentes de la lucha de clases y la clase dominante se ha organizado y acta a escala internacional, es consciente de lo que tiene que hacer para defender sus beneficios y privilegios y lo hace: Un trasvase masivo de riqueza, de las rentas del trabajo a las rentas del capital, con las modificaciones legislativas y aumento de la represin que conlleva.

Esta transferencia de rentas de los pobres a los ricos no es algo ocasional, o slo producto de estafas o corrupcin, es la mdula espinal de la poltica econmica de la clase dominante. Ya la administracin de Zapatero entr de lleno en esta lnea, pues en el ao 2011, por primera vez, el estudio del reparto de la renta, daba en el Estado espaol una mayor participacin a la renta del capital que a la del trabajo. No slo eso, el ao 2012, que ha supuesto un cataclismo para el nivel de vida de las familias obreras, se ha saldado con una subida del 3,16% de media en los sueldos de los directivos.

Los banqueros, empresarios, terratenientes perfectamente organizados, defienden consecuentemente sus intereses de clase.

Pero la mayora de organizaciones (sindicatos y partidos) de izquierdas que debieran hacer lo propio, exigiendo con intransigencia la defensa de nuestros derechos, se limitan a exigir una mesa de negociacin en un vano intento de volver al pasado: el pacto social.

Los dirigentes de UGT y CCOO, no entienden - o no se atreven a entender- el carcter de la crisis del sistema y suplican a Rajoy que se siente a negociar, para volver a los buenos viejos tiempos. Esto vicia toda la estrategia sindical, pues no se ve la lucha y las huelgas generales como un arma para derrotar al gobierno sino para hacerle entrar en razn y corregir los errores y que nos escuchen.

Por eso, es tan importante esa declaracin de IU: ni un pacto social ni un gobierno de colaboracin de clases puede dar satisfaccin a nuestras demandas, pues ese pacto slo puede basarse en la claudicacin en la defensa de los intereses de la clase obrera, en la aceptacin de las condiciones de la clase dominante. Pero esta idea, tan importante, se quedar en el papel si no sacamos las conclusiones necesarias. Y la primera conclusin es inapelable: la recuperacin del empleo y de nuestros derechos pasa por derribar al gobierno del PP y ser capaces de poner en su lugar un gobierno que frene la barbarie de la derecha y cuya prioridad absoluta sea la inmediata recuperacin de unas condiciones de vida dignas, con una poltica diametralmente opuesta tanto a la del PP como a la que practic el gobierno del PSOE.

Qu organizacin necesitamos y para qu

La indignacin, la frustracin, la rabia, la desesperacin son los sentimientos que estn forjando una nueva fuerza en la sociedad, que no termina de materializarse. Y lo ms llamativo es que esos brotes de rebelda se expresan fuera de las organizaciones que ya existen.

No debiera ser difcil hacer un diagnstico: se producen arroyos, torrentes, incluso ros que buscan una salida, pero ninguna de las organizaciones existentes es capaz de ofrecer un cauce de expresin y canalizacin de esta enorme fuerza potencial que late bajo la superficie y que, peridicamente, cada vez con ms frecuencia, se desborda.

Izquierda Unida est en una situacin privilegiada para jugar el papel de catalizador de ese potencial. En primer lugar porque una gran parte de su militancia ha participado en todos los movimientos que han demostrado la vitalidad de la sociedad en los ltimos aos.

Pero, como todos, sufre una esclerosis y necesita sacudirse el barro, la herrumbre acumulada en estos aos pasados de paz social.

Izquierda Unida, nuestra organizacin, comparte con las dems un mismo defecto de partida en la concepcin de cmo construir la organizacin de la izquierda: No podemos ser la organizacin (como quiera que se llame), que se dirige a la clase obrera, a los y las jvenes, a las mujeres trabajadoras, a los pueblos de la nacionalidades oprimidas. No!

Debemos ser una parte de esa clase, de esos pueblos! La organizacin de la izquierda no debe ser sino la expresin organizada, de todos los desfavorecidos, especialmente la clase trabajadora, y construir su programa de reivindicaciones sobre las necesidades objetivas de aquellos a quienes representa. Pero an hay ms, la poltica es ejemplo y no podemos aceptar la creacin de una lite que se separa de su clase. No caben coches oficiales, sueldos mayores que los de la media, o cualquier otro privilegio, en una fuerza que pretenda que exista identidad y no recelo, hacia nosotros y nosotras.

Una de las grandes aportaciones de Marx fue comprender que el ser social determina la conciencia, es decir, que las condiciones materiales de existencia determinan nuestra forma de pensar, y por eso la clase obrera es la nica clase con suficiente cohesin (a pesar de todo) para ser la mdula de la fuerza motriz de una nueva sociedad. Los polticos que ganan 4 o 5 mil euros al mes no pueden sentir lo que siente nuestra clase, no pueden luchar consecuentemente, arriesgando su bienestar, contra este sistema. Esa horrible expresin de la clase poltica es el reflejo de que la mayora de la gente es consciente de la existencia de una casta social, con su estatus y privilegios, separada del pueblo. No podemos formar parte de la casta poltica! La lucha de clases no puede quedarse para los das de convocatoria de huelga general, es un compromiso cotidiano.

Pero no slo eso, el ejemplo no slo debe ser de quien nos dirige, o cargos pblicos. Lo debe ser del conjunto de la organizacin, que debe ser transparente y sin mcula de corrupcin, y democrtica hasta el ms mnimo detalle. Una organizacin donde las decisiones vayan de abajo hacia arriba en la estructura, y no al revs como ahora sucede en gran parte de las ocasiones. La capacidad de decidir y participar es lo que dara paso a que miles de personas, especialmente de la juventud, se incorporasen a nuestra lucha por fortalecer la izquierda. Si algo podemos aprender del 15-m es esa leccin: la democracia interna no es un objetivo en un papel, sino una condicin necesaria para crear una izquierda capaz de transformar la sociedad.

Una organizacin que no sea absolutamente transparente, que no de cuentas de los salarios de todos sus cargos pblicos, que no rinda cuentas de la gestin, una Izquierda Unida donde cada militante no cuente igual que los dems, desempee el puesto que desempee, donde los candidatos y dirigentes no sean elegibles y revocables por la militancia en procesos participativos, donde los despachos estn llenos y las asambleas de base vacas, no puede ser un instrumento til en esta poca.

La Izquierda Unida que necesitamos no es la de ayer, sino la de maana, la que se est forjando en la lucha, la que deber ser ocupada por miles de activistas dispuestos a transformar la sociedad, comenzando por la transformacin de la izquierda.

Tenemos que conseguir que se diga no todos son iguales, IU si nos representa. Mejor an: que sientan que IU no es algo ajeno a ellos, una representacin ajena, sino la expresin poltica del propio movimiento. En ese momento habremos conquistado la hegemona del campo de la izquierda para la izquierda transformadora.

Crisis econmica y crisis de rgimen

Pero para ello tambin tenemos otra carencia: la de la alternativa de gobierno.

La crisis capitalista tiene dimensiones histricas, los fundamentos del sistema padecen una profunda enfermedad que se manifiesta en el mayor contrasentido de la economa de mercado: la sobreproduccin. As, toda la sociedad est en crisis, con una profunda crisis poltica. No debemos olvidar la aguda observacin de K. Marx, al afirmar que la anatoma de la sociedad civil, hay que buscarla en la economa poltica.

La crisis econmica es, al tiempo, crisis poltica y se produce una interrelacin de ambas. No es que el rgimen constitucional del 78 se haya agotado, sino que ahora se hace insoportable, pues muestra todas las deficiencias que no son sobrevenidas, sino de nacimiento. Se trata de un fenmeno general del capitalismo que tiene una expresin particular en el Estado espaol: la de poner de relieve la necesidad de superar el rgimen establecido en la Transicin.

Claro est, el marco legal de libertades formales slo se respeta en condiciones normales, mientras les sirve para sus intereses. Ahora, que estn en juego sus beneficios y privilegios, toman medidas extraordinarias. La burguesa siempre ha actuado as, no es ninguna novedad.

Una nueva constitucin slo puede ser producto de una nueva correlacin de fuerzas entre las clases, y esa es la cuestin cmo lograrlo?

Cada da que pasa supone un mayor grado de sufrimiento para las familias de la clase obrera, provocada por la feroz rapia del gobierno del PP. El paro masivo, el desmantelamiento de los servicios pblicos, los desahucios, la corrupcin generalizada no son errores o accidentes, son el producto de una poltica consciente de obtener el mximo beneficio y, tambin, de otro factor: la sensacin de impunidad. Consideran que pueden explotar y saquear sin que se produzca un levantamiento social.

Ofrecer una alternativa

La nica alternativa que tenemos es dar una batalla en todos los frentes, que proclame abiertamente dos cosas:

- No cejaremos en la lucha, por todos los medios a nuestro alcance, hasta derribar al gobierno del PP. Para lo que necesitamos implicar a la mayora de la sociedad.

- En su lugar construiremos un gobierno que resuelva los problemas ms urgentes, con pleno empleo y restauracin de los servicios pblicos de calidad, expropiando a los expropiadores, para poner los recursos econmicos al servicio de la mayora.

Ese frente de lucha no puede ser un pacto de polticos, para asegurar que cada uno conserva sus puestos en las listas de unas elecciones. Ni tampoco un frente amorfo e interclasista, sin un programa claro. Slo puede ser la unidad en la lucha, en la calle, en las fbricas, en los centros de estudio, en los barrios. Eso supone retar a los dirigentes de UGT y CCOO, y los dems sindicatos de clase, a implicarse en esta estrategia. Estar dispuestos a poner toda la carne en el asador, no a una presin calculada para simplemente cumplir el expediente.

Sera un error fatal pensar que la lucha sindical-econmica, es distinta a la lucha poltica:

No existen dos luchas distintas de la clase obrera, econmica una y poltica la otra, sino una nica lucha de clases, que tiende simultneamente a la disminucin de la explotacin capitalista dentro de la sociedad burguesa y a la abolicin de la explotacin junto con la sociedad burguesa. (Rosa Luxemburgo: Huelga de masas partido y sindicatos)

Y si nuestro objetivo es transformar la sociedad, no podemos enredarnos por el camino participando en gobiernos, como es el caso de Andaluca. Bajo ningn concepto podemos ser cmplices de la poltica marcada por la burguesa, no podemos aceptar los recortes ni por voluntad propia ni por imperativo legal. Con la mejor voluntad del mundo tambin se cometen errores. Si pensamos que nuestra labor es unirnos al PSOE de Grin y Rubalcaba y poner parches al sistema mientras se hunde, a travs de consejeras y direcciones generales, pues entonces ese es el camino.

Pero si somos consecuentes con lo que IU ha aprobado en su X Asamblea Federal, no podemos tener como alternativa al gobierno de Rajoy un gobierno con quienes dirigieron el gobierno de ZP. Es decir, con quienes hicieron una poltica que despej el camino al PP. No debemos olvidar que fue el gobierno de Zapatero y Rubalcaba, el que hizo de ariete contra los derechos de la clase obrera, con medidas tan nefastas como la Reforma Laboral y la Reforma de las Pensiones. Estas contrarreformas marcaron la senda del PP, con slo una diferencia de grado.

El aparato del PSOE, con todo su elenco de cargos pblicos profesionales, es parte del problema, sera un suicidio la reedicin del juntos podemos. Claro que juntos podemos, codo con codo los trabajadores y trabajadoras, la juventud Pero no se puede confundir eso con codo con codo con Rubalcaba.

Necesitamos a esas personas de la clase obrera, que han votado PSOE, no a los dirigentes que les han engaado y han traicionado su confianza.

Esta es la clave: construir una alternativa creble, que haga de IU la fuerza hegemnica de la izquierda, que arrastre a los sindicatos, que cuente con el apoyo de la mayora de la clase obrera.

Las encuestas dan a IU un crecimiento electoral apreciable, lo que demuestra la existencia de esa oportunidad y, tambin, del riesgo que supone estar ms pendientes de las encuestas y las oportunidades a corto plazo que de las tareas que tenemos a largo plazo. No podemos aceptar un papel subalterno, o de bisagra. Eso no nos da capacidad para poner las medidas que la situacin exige. Nuestra tarea es aglutinar cada gota de agua de indignacin, cada arroyo de rebelda, hasta convertirnos en un ro imparable que transforme los fundamentos de la sociedad.

Marina Albiol es diputada por EUPV en Les Corts Valencianes y Alberto Arregui es miembro del Consejo Poltico Federal de Izquierda Unida.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora y del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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