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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-02-2013

A cuarenta aos de la Utopa golpista

Omar Cid
Rebelin


Increblemente y a pesar de diversas advertencias de todo tipo, nos encontramos en el ao 2013. Lapso significativo para las izquierdas de Chile y Amrica Latina, se cumplen 40 aos del fallido intento de La va chilena al socialismo.

El Chile de ese entonces, viva las perturbaciones de un cambio de poca, la oligarqua entendida como una burguesa agraria de carcter patronal, con nexos comerciales y financieros, pero expresada fundamentalmente en el latifundio, arquetipo de un orden social sustentado en el derecho a la tierra, amparado por un Dios todopoderoso y personificado por una elite aristocrtica que ofreca paz social a cambio del sometimiento, llegaba a su fin.

Los proyectos de reforma agraria, iniciados de manera tibia con Alessandri, profundizados por Eduardo Frei y llevados a su mxima expresin con Salvador Allende, marcan el fin de una forma de pensar el poder.

Para quienes se concibieron y conciben a s mismos, como un actor a parte, en una especie de isla (llamada fundo en la primera mitad del siglo veinte o barrio exclusivo como La Dehesa en el lenguaje actual) dentro de la escenografa de nuestra larga y angosta faja de tierra, la prdida de esa esfera de poder fue imperdonable.

As pues, el golpe de Estado de septiembre de 1973 apoyado econmica e ideolgicamente por la poltica exterior norteamericana, tena su caldo de cultivo en una sociedad que todava no se terminaba de liberar de las amarras del latifundio y por tanto de sus cdigos de orden patriarcal, militarista de sello Portaleano.

El Chile que se construye a partir de entonces, tena una base programtica en el llamado Ladrillo o Programa de Desarrollo Econmico usado por la dictadura desde octubre de 1973, pero que sus antecedentes ms importantes se encontraban en el programa de gobierno de Jorge Alessandri, rechazado por la ciudadana en las elecciones de 1969.

La propuesta era sencilla, de las cenizas de los latifundios, se construira una burguesa mercantil, exportadora y aristocrtica. Protegida por las instituciones armadas, con el uso del terrorismo de Estado, en todas sus variantes: desapariciones forzosas, torturas, exilio, censura etc.

En esta nueva arquitectura social, las organizaciones polticas, gremiales y ciudadanas (el pueblo) son despojadas de toda posibilidad de intervencin, son perseguidas, demonizadas, invisibilizadas, dejando en claro que el nico espacio al que podan tener acceso era al de comprar o vender

En ese sentido el sujeto poltico y ciudadano construido con mucho esfuerzo por las izquierdas de ese entonces, fue barrido discursiva, social y materialmente, por las polticas neoliberales empleadas y que abarcaban aspectos laborales, sociales y culturales de diversa ndole. Las izquierdas no solo son perseguidas, su derrota ms llamativa es la imposibilidad de recurrir a los trabajadores como agentes de transformacin poltica.

Bajo esos parmetros, la sociedad pensada y querida por la nueva elite burguesa criolla, pareci conseguir un pas a su gusto y medida.

Del bello sueo del orden a la pesadilla de La rebelin popular

Finalizando los aos setenta, el rgimen impuso al pas una nueva Constitucin Poltica, que busc legitimar todos los cambios producidos con un pseudo-barniz democrtico.

Para el Partido Comunista y las fuerzas de izquierda, la voluntad fundacional de la dictadura, su guerra declarada contra estas organizaciones polticas, provoc una especie de lectura errada. De hecho el despliegue del Frente Antifascista, como una primera respuesta desde los derrotados, mostr ser dbil e inviable porque en definitiva hasta 1980, los grandes objetivos al menos del PC eran resguardarse, reorganizarse y sobrevivir, otras organizaciones como el MIR intentaron resistir y pagaron con su vida tal decisin estratgica. Eso mientras otros, ante la experiencia de la persecucin recurran a iniciativas de resistencia y uso de todas las formas de lucha, incluso las ms agudas como se explicaba en la poca. (Para mayor informacin recomiendo leer De la rebelin popular a la sublevacin imaginada de Luis Rojas Nez).

No pretendo establecer una alegora de la lucha contra la dictadura, lo relevante, es apuntar que transcurridos diez aos de la imposicin del sueo cvico-militar, el peligro de la rebelin y la pesadilla de la sublevacin, atormentaba el sueo de los dueos de Chile.

Nuestra historia actual, es aparentemente conocida por la mayora de los chilenos, con su salida pactada, donde los elementos centrales de la arquitectura poltica y econmica, son aceptadas por la nueva clase poltica surgida de la oposicin menos radical al dictador.

En 1993 transcurridos veinte aos del pronunciamiento militar el politlogo mexicano Jorge Castaeda en su anlisis de las izquierdas latinoamericanas sentenciaba:

La guerra fra ha terminado y el bloque socialista se derrumb. Los Estados Unidos y el capitalismo triunfaron. Y quizs en ninguna parte ese triunfo se antoja tan claro y contundente como en Amrica Latina . (1993), La utopa desarmada, Barcelona, Ariel.

Pareca que el ciclo de la revolucin cubana y de la va chilena al socialismo, llegaban a su fin, las certezas de los socialismos reales rodaban como los viejos monumentos a la revolucin.

Muchos partidos de izquierda afrontaron crisis terminales, con quiebres y capitulaciones de todo tipo, incluyendo el llamado consenso de Buenos Aires promovido por Robert Under y Jorge Castaeda ex Ministro de Relaciones Exteriores de Mxico (1997) cuyo objetivo final era una versin sui generis de la llamada Tercera Va, donde se buscaban frmulas reformistas para afrontar los vacos del modelo, sustentadas en acuerdos protocolares, con ausencia del movimiento social y tomando como principio irrefutable la representacin, ese documento fue firmado por Ricardo Lagos.

Brasil, Argentina y luego Venezuela, seran las excepciones de uno de los periodos ms negros de un continente debilitado donde los caminos de solucin suponan abrir las puertas para la reinsercin internacional por medio del rea de Libre Comercio (ALCA) o El Mercado Comn del Sur (MERCOSUR) propuesta afinada y re-estudiada por el gobierno de Lula.

La Belle poque

La dcada (93-2003) particularmente en Chile, tanto para la izquierda como para los movimientos sociales y su proceso de rearticulacin fue perdida. Los sostenedores de la post-dictadura en cambio, vivieron en esos aos su Belle poque, las cifras macro econmicas eran de lujo, los peligros de una oposicin poltica o social de cualquier tipo, parecan sencillamente inconcebibles, el discurso posmoderno en su fase ms conservadora, era divulgado i sin contrapeso. ramos un ejemplo a seguir e imitar.

Los treinta aos llegaron entonces bajo la consigna 30 Aos, Allende Vive. Se organizaron diversas actividades de conmemoracin, recuerdo especialmente la efectuada en el viejo Diego Portales, actual GAM. En una de las mesas de discusin el entonces Senador del Partido Socialista Carlos Ominami, sostena que el gran acto revolucionario de su partido, fue la aprobacin del Tratado de Libre Comercio con EE.UU. por parte de sus parlamentarios.

Las izquierdas de ese entonces seguan marcadas por la derrota, los dirigentes salvo excepciones, eran medianamente los mismos que una dcada atrs, Oscar Azocar socilogo y en ese entonces Director del Instituto Alejandro Lipschutz , present un trabajo titulado La verdad sobre la Unidad Popular y el Golpe de Estado se trataba de una reivindicacin poltica e histrica de Allende y su legado, pero tambin un acto defensivo, una especie de bandera solitaria que se iza contemplando la derrota.

Se dice, por ejemplo, que el golpe fue producto de la violencia y el caos provocado por la Unidad Popular; que la dictadura y el golpe de Estado salvaron a Chile del marxismo y del caos; que la Unidad Popular buscaba una dictadura autoritaria, y el argumento ms moderno y actual, que todos los actores polticos, vctimas y victimarios, fuimos responsables del golpe y de los crmenes que se cometieron posteriormente .

Todava esa izquierda a pesar de la primera crisis de 1998 y de los Atentados de las Torres Gemelas en septiembre de 2001, no eran capaces de entender, la alteracin del escenario y sus implicancias en el propio terruo. Atormentada por el avance de la derecha en los barrios populares, apela a la reivindicacin testimonial.

El periodo (2003-2013) est marcado en primer lugar, por la necesidad de EE.UU. de imaginar un enemigo, la lectura del fin de la historia, ya no era cmoda, se haca necesario emprender un nuevo desafo poltico, liberar al Oriente prximo de todas aquellas doctrinas o prcticas que atenten contra el progreso. Como por arte de magia, la utopa de civilizar a los brbaros volva a instalarse y con ello los discursos de la diversidad por la diversidad, del cansancio de los grandes relatos, se guardaron en una buena biblioteca.

La crisis asitica del ao 1997, conocida como la del Fondo Monetario Internacional, es otro de los factores que daba pie a pensar en el declive de un ciclo no solo en lo econmico, sino tambin en su sustento poltico. La primera gran crisis del mundo globalizado, no era un mero accidente.

En Chile las dificultades internacionales, golpearon los bolsillos, el empleo y por sobre todo, afect en la seguridad instalada en el modelo de desarrollo, la coalicin gobernante, luego del gobierno de Ricardo Lagos (2000-2006) y del triunfo de Michel Bachelet (2006-2010) luca debilitada, la sociedad de los consumidores pareca despertar de un largo sueo de la mano de los estudiantes.

El pas secuestrado pareca querer liberarse de sus secuestradores y sacudirse del Sndrome de Estocolmo, la sociedad civil dormida daba indicios de querer abrir los ojos. Todava con la modorra, nos enteramos de un nuevo golpe a la economa global, esta vez el epicentro se ubic en el propio Estados Unidos, la crisis tiene su equivalencia con la cada del muro de Berln y los socialismos reales, golpeando los negocios crediticios, hipotecarios y de confianza en los mercados y con ello arrastrando a una serie de pases a una verdadera hecatombe.

El miedo, la incertidumbre, el cansancio, la ineptitud de la propia concertacin a esas alturas escindida, allana el camino para que los dueos del pas vuelvan a La Moneda por eleccin popular, bajo el liderazgo del empresario Sebastin Piera (2010-2014).

Estamos en enero del 2013, para un nmero importante de chilenos, es ms factible que un asteroide choque con la tierra o que se produzca un desastre natural de proporciones a que vuelva a renacer un proyecto socialista con las caractersticas de la Unidad Popular.

A pesar de ello, el despertar de la ciudadana se concret, la poltica muy a pesar de los llamados profesionales del arte de gobernar no est necesariamente en el parlamento, el movimiento estudiantil asest un duro golpe, en el corazn del modelo vigente, al cuestionar el lucro en la educacin. Los movimientos sociales se extendieron ms all de la capital: Freirina, Punta Arenas, colocaron en tela de juicio el centralismo vigente y su sistema de representacin.

Cuarenta aos no es nada

Los cuarenta aos de nuestro 11 S, se vislumbran bastante ms prometedores que ayer. Sin embargo el entorno de las izquierdas en su esencia no ha variado. Las mltiples divisiones nos hablan de un proceso que todava no decanta. El nico desplazamiento ms significativo del periodo, es la integracin del Partido Comunista al club de los privilegiados, sin romper con su presencia las bases del sistema de exclusin, su poltica de alianzas experiment un viraje hacia el centro, sumndose a la estrategia de los cambios graduales y volviendo a su eje histrico en su intento de acumulacin de fuerzas, teniendo como fin un gobierno de nuevo tipo. Lo lamentable es la legitimacin indirecta de la arquitectura pos-dictatorial, porque cualquier salida de madre puede significar ser expulsado del hemiciclo, de los privilegios.

Pero ms all de la geografa poltica de la izquierda chilena, el tema de fondo, es reflexionar sobre las condiciones ideolgicas y materiales que objetivamente se tienen a cuarenta aos de la derrota a manos de las fuerzas golpistas.

Una primera reflexin apunta a la carencia de elementos que permitan construir con los ciudadanos existentes un intelectual colectivo, por diversas carencias de formacin no necesariamente profesional, sino incluso de habilidades tan bsicas como entender lo que se lee.

En cuanto a los intelectuales (formales o de academia) por encontrarse en general en un estado de privilegio, no tienen ninguna voluntad de generar los espacios de pensamiento y accin para alterar de algn modo la sociedad. Paradjicamente nos hablan de la revolucin de las comunicaciones, de la era del conocimiento, de lo impactante de la nanotecnologa, de los logros inauditos en materia de investigacin del ADN, pero si a esos mismos acadmicos se les plantea la idea de una universidad pblica y gratuita o un msero aumento de impuestos, de inmediato nos aseguran que eso es imposible, que las condiciones no estn dadas para ello. Es decir la soberana sociedad del conocimiento, es incapaz de tocar el bolsillo del empresariado nacional y trasnacional.

Son tantas las carencias que podramos completar hojas y hojas, para describirlas sin llegar a ningn puerto.

De ah que me detenga en lo que s existe, una molestia con el estado actual de cosas, una necesidad de alterar la historia tal como parece escribirse. Los movimientos sociales estn. Los grandes ausentes son otros, las organizaciones polticas a la altura de las circunstancias con mujeres y hombres dispuestos a caminar fuera de sus espacios de seguridad vital, nos faltan personas con las convicciones de Blanca Rengifo, Tatiana Faria, Marta Ugarte, Clotario Blest, Vctor Jara, Vctor Domingo Silva, Ral Pellegrin entre muchos otros.

Siendo ms claro an, mientras sostengamos un discurso de izquierda, pero vivamos creyendo que la libertad que tenemos es para abrirnos paso a todos los placeres posibles, incluyendo el del dinero, estamos siendo esclavos de la ideologa dominante que nos dice, qudate en casa, observa desde tu televisor con una cerveza bien helada, como los otros nos imponen su imaginario y utopa y brindemos por ellos y sus cuarenta aos.

Omar Cid Director de Crnica Digital

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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