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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-02-2013

La estaca

Pablo Bustinduy
Pblico


"Cuando la insurreccin es general, no necesita apologas"

Boissy d'Anglas

Todo ha estallado. Ya circulan las listas, los nombres de los corruptos y los corruptores. Ya se puede hasta poner nmeros al entramado subterrneo del PP, hacer un rbol genealgico de cargos, constructoras, medios de comunicacin. Se ir un paso ms all para trazar lneas entre los puntos: bucear en las declaraciones de la renta, hacer arqueologa de los concursos y concesiones, revisar obras pblicas, recitar listas de asesores. Orfebrera del delito. Es un paisaje mareante: la corrupcin como sistema y como modo de gobierno, una figura fractal que se retuerce sobre s misma hasta ocuparlo todo.

Por eso la pregunta que hay que hacerse, lo que deberan plantearse aquellos que no cobran en sobres ni comercian con dinero pblico, es precisamente esa: es verdad que ha estallado todo? De hecho, ha estallado algo? Y la respuesta es que no, que aqu no ha pasado nada, que aqu las cosas hay que hacerlas pasar. En este pas, esperar que los escndalos tengan consecuencias por s mismos es un ejercicio de ingenuidad. No se trata solo de la impunidad judicial que el rgimen utiliza continuamente como escudo (un sistema tan implacable con unos como blandito y servil con los otros). Se trata de algo ms sutil y complicado a la vez, que tiene que ver con el significado y los efectos de las palabras, y con el contacto que han perdido con la realidad.

La poltica espaola entr hace ya tiempo en una fase de obscenidad: todos sabemos que lo que se nos dice es mentira. La narrativa de la transicin est hundida; sus conceptos fundamentales (democracia, representacin, consenso...), huecos de contenido, flotan sin rumbo alguno sobre el vaco. Hablan y nos pasa como a los afsicos de la historia de Oliver Sacks, que han perdido el manejo de las palabras pero leen en los gestos, en el tono y la cadencia de la voz, en todos los matices de la expresin. Un da, cuenta Sacks, un grupo de afsicos estaba viendo al presidente Reagan dar un discurso; apenas empez a hablar rompieron a rer como locos. El histrionismo de Reagan, todo ese esfuerzo por hacer como que deca la verdad, les result completamente inverosmil: o ese seor estaba contando un chiste, o estaba directamente mintiendo. Cuando escuchemos en los prximos das otra retahla de juramentos solemnes y lamentos por el honor mancillado, la escena ser parecida. Nietzsche deca que el Estado miente con todos los dientes de la boca: llama a las cosas con un nombre que no es.

El problema, sin embargo, es que todo esto no tiene nada que ver con una cuestin moral. La corrupcin no es ms que una posdata de la oligarqua que gobierna realmente este pas: son las 30 monedas que le cuestan sus testaferros y voceros. Por eso la obscenidad, esta avalancha de podredumbre a plena luz del da, no tiene por qu ser un sntoma de la debilidad del rgimen; paradjicamente, puede ser incluso una demostracin de su fuerza. En Italia, la Tangentopoli de los 90 acab produciendo a Berlusconi: el prototipo del hroe obsceno, el caudillo que roba sin disimular y hasta presume de ello, no como esos polticos que nos desfalcan mientras hablan de honradez y dignidad. Naturalizar el escndalo, esgrimir la impunidad como una prueba de poder, puede suponer un blindaje final de la cleptocracia, una sancin de la ley del poderoso que ya no necesita disimular, que solo necesita polica para mantener "su" orden social. Mientras no haya una fuerza contraria en medida de desalojar a la mafia que controla el pas, la obscenidad puede incluso ahorrarles el engorro de seguir mintiendo en lugar de llamar a las cosas por su nombre. Una transicin a la tirana.

Por eso hay que repetirlo: aqu no ha pasado nada, todava. Lo que est ahora mismo en juego no es solo la corrupcin de la "clase poltica" sino todo un modelo de relaciones de poder, el mismo entramado econmico y poltico que ahoga la democracia y hunde el pas en la miseria. Hoy en da corrupcin y gobierno de la deuda son inseparables, son dos extremos de la misma trama, y solo se acabar con una luchando contra la otra hasta el final. Esa trama est cada vez ms desnuda, es cada vez ms obscena, pero nada va a suceder por s solo. Que la estaca est podrida no significa que no vaya a durar, que no se vaya a hacer ms ancha y ms grande. La estaca est podrida: hay que rodearla, estirar de cada lado, asegurarse de verla caer.

Fuente: http://www.publico.es/450007/la-estaca



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