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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-02-2013

Slo una constituyente nos salvar

Alberto Montero Soler
Pblico.es


Puede empeorar an ms la situacin econmica, social y poltica en este pas? S, perfectamente; es ms, lo previsible es que siga deteriorndose todo mucho ms si no le ponemos remedio cuanto antes.

Si miramos los indicadores econmicos las perspectivas son terriblemente desesperanzadoras: el crecimiento econmico, fuente de creacin de empleo y riqueza, ni est ni se le espera (el PIB cay el ao pasado un 1,4% y las expectativas son de que caiga an ms este ao, por mucho que el gobierno diga lo contrario); el desempleo est a punto de superar ya los 6 millones de parados y no es mayor debido al descenso de la poblacin activa provocado tanto por la emigracin como por la renuncia de decenas de miles de personas a buscar empleo ante la imposibilidad de encontrarlo; mientras miles de millones de euros siguen llegando a la banca para rescatarla, sta mantiene cerrado el grifo de la financiacin para las familias y las pequeas y medianas empresas condenndolas a la insolvencia y a la quiebra cuando no pueden hacer frente a sus obligaciones financieras. As que s, previsiblemente todo ir a peor porque no hay en el horizonte ningn cambio que permita enderezar el rumbo de una nave que se va a pique sin remedio.

Por otro lado, el reflejo que nos devuelve la realidad econmica en trminos sociales es el de un sufrimiento social sin parangn en nuestra historia reciente y slo asimilable a la de otros pases de la periferia europea que cometieron la torpeza de insertarse en un marco econmico para el que no estaban preparadas y que, en estos momentos, ahoga como la soga del ahorcado. El incremento de la pobreza; los dos millones de familias con todos sus miembros en desempleo; la agresin salvaje contra los derechos sociales; la guadaa de los recortes aplicada contra los ms dbiles, los ms indefensos, los que ms necesitaran de un Estado protector y se ven enfrentados a la crueldad de unos gobernantes que estn dispuestos a sacrificarlos en aras de una austeridad que cada da exige nuevas vctimas, son algunas de las expresiones de ese sufrimiento social.

Y, finalmente, y cuando ms se necesitara altura de miras, tenemos secuestrada la democracia por una casta poltica que, ante el derrumbe generalizado, se encuentra atrincherada viendo cmo de debajo de las piedras salen sus miserias y cmo, al negarlas en un ejercicio infantil, insultan la inteligencia de la ciudadana.

Este pas no tiene futuro en manos de esta casta poltica que ha utilizado el poder para acumularlo y apropiarse, a su travs, de gran parte de la riqueza generada entre todos; una casta que difunde una tica de la culpa como si todos tuviramos el mismo grado de responsabilidad que ellos en el estado actual de la situacin econmica y social; una casta que ha puesto las instituciones del Estado al servicio de sus intereses y de su supervivencia; una casta que no nos representa porque nadie puede sentirse representado por aquellos a quienes no puede controlar ni exigir responsabilidades directas. Y es que, cuando el sistema no ofrece mecanismos de control democrtico y popular del poder poltico, no basta con cambiar a los representantes, hay que cambiar el sistema en su conjunto.

Frente a este estado de cosas, el marco constitucional de 1978 se ha demostrado incapaz de permitirle ningn tipo de salida verdaderamente democrtica a la ciudadana. Es entonces cuando descubrimos que llevamos dcadas viviendo en una ratonera: necesitamos recuperar un poder poltico que nos ha sido arrebatado, si es que alguna vez fue nuestro, para poder modificar el sistema. O, dicho en trminos casi paradjicos, necesitamos una toma democrtica del poder para conseguir avanzar hacia una verdadera democracia.

Porque, adems, creo honestamente que sin un cambio radical de las reglas de juego, sin superar la Constitucin en vigor mediante un proceso constituyente realmente democrtico y no controlado desde las actuales instancias del poder poltico y econmico que han pervertido el sentido ltimo de la democracia, la salida de esta crisis resultar imposible.

Debemos resistirnos, por tanto, ante los cantos de sirenas de quienes claman por activar un proceso constituyente desde los partidos polticos institucionales insertos en la lgica del sistema. No puedo ni quiero dudar de la honestidad y la buena voluntad de la mayor parte de sus militantes y de sus dirigentes, sera absurdo hacerlo; pero s me permito dudar de la lgica partidista que se impone sobre esa buena voluntad buscando la mera supervivencia de las estructuras de poder. Por lo tanto, slo habr garantas de que el proceso ser realmente democrtico si no resulta cooptado por la clase poltica actualmente en el poder.

Ello nos obliga a exigir que el poder constituyente se active desde un frente constituyente que aglutine a todas aquellas personas que, con independencia de su ideologa o su afinidad poltica, entiendan que la democracia, el verdadero valor superior, nos ha sido hurtada por quienes se dicen nuestros representantes. Slo desde la unidad de accin ciudadana en la denuncia y expulsin de esta casta poltica y en la propuesta por un proceso constituyente podr alumbrarse una verdadera Constitucin democrtica para este pas que permita desterrar para siempre los vicios institucionales y procesales promovidos por la moribunda Constitucin de 1978, concebida al calor y bajo el dictado de la larga sombra del rgimen franquista.

Esto constituye, por lo tanto, un llamamiento a todas las personas demcratas de este pas, animndoles a la unidad de accin porque el tiempo se nos acaba: la velocidad a la que se derrumba el sistema acabar por llevarle a plantear un proceso constituyente gatopardiano, destinado en su apariencia a cambiarlo todo para que, precisamente, todo siga igual. No podemos tolerar que eso ocurra; no podemos permitir que quienes detentan ahora el poder vuelvan a dejarlo todo atado y bien atado. A nosotros, como pueblo, nos corresponde la iniciativa y el derecho a regenerar democrticamente este pas. Que no nos roben tambin eso.

Alberto Montero Soler (@amonterosoler) es profesor de Economa Aplicada de la Universidad de Mlaga y presidente de la Fundacin CEPS. Puedes leer otros textos suyos en su blog La Otra Economa.

http://blogs.publico.es/dominiopublico/6536/solo-una-constituyente-nos-salvara/



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