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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-02-2013

La princesa Mariam y la guerra de Alepo

Gabriele Del Grande
fortresseurope

Traducido del italiano para Rebelin por Susana Merino


Hoy es un da esplndido en Alepo. Son las ocho de la maana y el dbil sol del invierno no ha logrado disipar an la capa de niebla que la noche ha dejado sobre la ciudad. El cielo est lejano. Invisible. Como tambin lo est para sus aviones, los que desde hace seis meses incursionan diariamente en esta martirizada ciudad bombardeando los barrios ocupados por el ejrcito libre. Aunque nosotros veamos los aviones, ellos no nos ven. Y por lo tanto podemos sentirnos tranquilos por lo menos hasta que salga el sol. Abu Mohammad me invita a sentarme en un bar popular de Masakin Hananu.

Chicos de una escuela de Alepo

Detrs de una gran olla negra, un chiquillo trepado en un banquito mezcla nuestra fritanga. Acercamos las manos al fuego para calentarnos un poco. Acabbamos de pasar la noche a la intemperie, en lo de una familia kurda del barrio, sin electricidad, sin calefaccin, sin telfono y sin comida. Del aceite hirviendo sale el olor del falafel. En la mesa ya estn el humus y el ful, un platito con cebolla fresca y pepinillos verdes y un Kalashnikov. El la televisin est sintonizado el canal del Estado y los clientes se ren escuchando la versin de los hechos segn la propaganda del rgimen.

Afuera, en la calle, reina una aparente y extraa calma. Los mercados en las callejuelas estn llenos de gente y de mercadera. Frutas, verduras, carne, artculos para el hogar. Y en las calles principales el trnsito discurre lentamente. Alrededor de una rotonda se hallan estacionadas las camionetas de los taxis colectivos. Y sus conductores se desgaitan buscando clientes para los barrios del norte de Alepo, las zonas liberadas.

Por un instante todo parece normal, pero solo es una impresin. Te das cuenta por los detalles. Por las paredes de los edificios hechas papilla por los misiles. Hay uno en cada cuadra. Tambin en la obsesin con la que la gente pregunta a los muchachos del barrio, en cada esquina, si la calle est al alcance de los francotiradores. Y finalmente por los parques, que ya no tienen rboles. No queda nada de los jardines de Alepo. Solo troncos de madera dediez centmetros de altura como mximo. Y an hay quin se obstina en cortarlos a golpes de hacha hasta lasa races, Porque cualquier pedazo de madera es bueno para soportar este fro y largo invierno de la guerra. Despus de seis meses de combates, sin electricidad y con el precio del gas y el gasoil por las nubes, la madera es el nico combustible con el que se puede calentar las casas y cocinar.

Observando an un poco mejor en los parques se descubren las lpidas. S, porque llegar a los cementerios desde algunos barrios es muy peligroso. Y entonces sepultan a los mrtires directamente en los parques. La ltima vez sucedi en Bustan al Qasr, el 29 de enero de 2013, cuando las aguas del canal Qwayq llevaron a la superficie 80 cuerpos de civiles ajusticiados por el rgimen con un golpe en la cabeza y arrojados al ro. Los sepultaron en una gran fosa comn cavada en el parque. Luego clavaron tres tablones de madera en los que inscribieron a mano El ro de los mrtires y erigieron el letrero al borde del canal. Para que no se olvide.

El ro de los mrtires en la actualidad es adems uno de los lmites ms peligrosos de Siria. En un tramo separa los barrios de Alepo controlados por el rgimen de la zona bajo el mando del ejrcito libre. Es el nico lugar por ndonde se puede pasar, clandestinamente y corriendo serios peligros. El paso se realiza a travs de un madero trastabillante, arrojado entre dos muretes del canal. Luego con los zapatos enfangados centenares de personas atraviesan la lnea del frente. Hay quienes van a juntarse con la familia, quienes van a hacer negocios con el contrabando, quienes buscan refugio del lado del rgimen huyendo de los bombardeos rasantes sobre las zonas insurrectas. Y tambin estn los que como Abu Nur desafan todas las maanas a los francotiradores para ir a ensear.

Nunca fue maestro. Antes de la guerra trabajaba como ingeniero. Viva cmodamente. Clase media, treinta aos, un feliz matrimonio, dos hijas hermosas de ocho y diez aos. Abu Nur es de los que deca: el rgimen no, pero tampoco la guerra Adems porque su casa est en la zona de Alepo protegida por el ejrcito de Assad. Un da sin embargo la guerra golpeo su puerta.

Recuerda hace un mes cuando un Mig del rgimen lanz dos misiles sobre la universidad? Ese mismo da un tercer misil impact en el edificio de enfrente de mi casa. Las esquirlas y la onda expansiva hicieron aicos los vidrios de las ventanas. Yo estaba en otra habitacin. Cuando entr encontr a mi mujer y a mis dos hijas sepultadas bajo una montaa de vidrios y mampostera. Las levant, no estaban heridas gracias a dios, ni un rasguo. Pero ese da me promet hacer algo.

Y as Abu Nur entr a formar parte del movimiento civil que de forma semiclandestina est reabriendo las escuelas en los barrios liberados de Alepo. Fue l quien me llev a la escuela del barrio de Mashad. Desde fuera no parece una escuela. Es un edificio cualquiera, daado en parte por un mortero, ubicado en un callejn annimo. A medida que subimos las escaleras se oyen ms ntidamente las voces de los chicos. El apartamento est en el primer piso. Cada habitacin contiene una treintena de chicos. Los bancos y las sillas los llevaron de la escuela. Pero les faltan cuadernos, libros y material didctico y como en el resto de la ciudad la electricidad va y viene, como mximo un par de horas al da.

El ejrcito libre ha sentado sus bases en algunas escuelas de la ciudad lo que las vuelve vulnerables a potenciales ataques de la aviacin del rgimen. Ya han bombardeado muchas. Por eso no podemos volver a las viejas escuelas. Si golpearan a los chicos sera una masacre. Por eso buscamos casas vacas. Privadas. En cada una acogemos a un centenar de chicos en tres o cuatro habitaciones. Los maestros son todos voluntarios. Nadie nos paga. Muchos de ellos tambin antes eran maestros. Otros, como yo, damos una mano. El objetivo es que los chicos no pierdan el ao escolar".

A travs de las ventanas entornadas se oye el eco de los disparos y los morteros. El frente se halla solo a 300 metros. Pero los chicos ni parpadean. Se han acostumbrado. Al contrario, se divierten reconociendo e imitando el sonido de las armas. El Kalashnikov, el mortero, el dushka, los rpg, la (alarma) antiarea, los Mig, los Grad. Como si todo fuera un juego, una especie de Vieja Granja en tiempos de guerra.

Mariam est sentada en la primera fila. Observa las frases escritas en el pizarrn con toda la curiosidad de sus diez aos. Luego con las dems alumnas de la clase repite a coro las palabras de la maestra: The man who is theres is father. People that eat a lot get fat. En su banco hay tres dibujos. Uno es el de una princesa con un largo vestido azul bordado en oro, sonriendo y con los cabellos al viento. En el otro una torta amarilla y una ronda de chicos. El tercero es una chica que escribe en un cuaderno ante una vela encendida. Una vela como la que ilumina la clase cuando se va la corriente.

Les hacemos dibujar cosas bellas para alejarlos del contexto de la guerra, me explica su maestra de ingls. Son las diez de la maana. En la hora siguiente tienen religin. Luego matemticas y rabe. Y as volar la maana y Mariam podr hacese cuenta de que afuera todo es normal. Como en sus dibujos. Y que en la calles de Alepo no merodea el ngel de la muerte. Slo princesas.

Pero la guerra no es un juego. Bastan unas horas para recordrselo. Ni siquiera hace falta cambiar de barrio. Esa misma tarde, despus del almuerzo, a 200 metros de la escuela un avin del rgimen, un Mig, lanza dos misiles destruyendo totalmente un edificio. Los muertos son alrededor de treinta y todos civiles. Por la noche veo la imagen en youtube mientras tomo una taza de t en la vieja confitera en que paso la noche junto a una militar kurda del ejrcito libre sirio.

Es el mismo video de baja definicin, que circula por los medios sirios. Una multitud de ciudadanos corre hacia el lugar del bombardeo para remover con las propias manos los escombros an humeantes para encontrar supervivientes. Sacan el cadver de un hombre, luego el deotro. Despus el de un nio, El de una nia. Sucios de revoques y de sangre. Estn muertos. Es estresante. No s si en aquel edificio estara Mariam en el momento de la explosin. Solo espero que no. Pero estoy segura de que era su princesa. Y las princesas de todos los chicos de Alepo a los que guerra ha robado la inocencia.

Fuente: http://fortresseurope.blogspot.it/2013/02/la-principessa-di-mariam-e-la-guerra-di.html

rCR



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