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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-02-2013

Las Constituyentes por la paz y el artculo perdido de la Constitucin

Luz Marina Lpez Espinosa
Rebelin


Este 20 de febrero se instalan en la capital del pas y en numerosas otras ciudades, las Asambleas Constituyentes que desde lo popular, estudiarn y elaborarn propuestas para llenar de contenidos las negociaciones de paz que se adelantan en La Habana entre el gobierno de Colombia y la insurgencia de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia FARC- EP. Y cuando se habla de contenidos, no se dice otra cosa que las reformas que en los campos poltico, econmico, laboral y ambiental entre otros, es preciso adoptar por el Establecimiento en persona del gobierno, si es que la voluntad de hacer por fin la paz en Colombia es cierta.

Y este ejercicio en ese propsito, tiene como protagonista al imprescindible y primordial conversador de la mesa de negociacin, a despecho de no estar sentado en ella: el pueblo. Presencia que enraza en lo ms esencial de nuestro ser nacional y est en el corazn mismo de la repblica como principio fundante de ella Qu ser tan importante cosa?
Se trata de la consagracin de la Soberana Popular que hiciera la Constituyente de 1991. Esta Asamblea s oficial, con expreso poder vinculante como soberana que era, al punto de revocar el mandato del Congreso, derogar la Constitucin vigente y promulgar una nueva. Y no es poca cosa lo que estamos diciendo. Esa consagracin, con mucho la disposicin ms importante de esa Constitucin en tan dramticas condiciones elaborada, como que lo fue en el momento crtico en que pareca que la vida institucional naufragaba. Y sin tratarse desde luego de una revolucin ni de un cambio en el modelo econmico ni del rgimen poltico, si adoptara reformas progresistas y de profundizacin democrtica.

La ms aguda discusin, la que mayor polarizacin gener y en donde se aplic con ms empeo el arsenal conceptual y la capacidad de los lderes de partidos e ideologas integrantes de la Asamblea de 1991, fue en el tema de la Soberana Popular art. 3-. Decisin que reverta la que rega por casi un siglo desde 1886-, que haca radicar la soberana en la Nacin, por virtud de la cual los detentadoras del poder poltico econmico y militar autodeclarados intrpretes legtimos de esa Nacin, cometieron impunemente toda suerte de desafueros.

No fue poco el debate sobre el titular de la soberana en 1991. La derecha se emple a fondo con toda su utilera retrica, en aras de impedir esa calamidad que atacaba el corazn mismo de la dominacin de los menos sobre los ms. Sinceramente conmovidos, alertaban contra las horcas caudinas que el pueblo amotinado colocara en las esquinas a la manera del Terror en la Revolucin Francesa, para ejecutar a quienes el pueblo soberano en asambleas populares, declarara un enemigo del pueblo. El miedo a reconocerle el poder al pueblo, era cierto y profundo. Ms ideolgico e interesado en el modelo de dominacin que se quera perpetuar, no pudo ser el debate.

La mayora de los constituyentes no eran de izquierda, pero tuvieron la lucidez de saber -y ser consecuentes con ello-, que el momento y la circunstancia que produjeron la convocatoria de la Constituyente, eran demasiado cruciales como para burlar el clamor y urgencia de una apertura democrtica. Que pasaba por legitimar el rgimen a los ojos de la poblacin, de la sociedad civil que es su razn de ser, lo que implicaba posicionarla en los asuntos pblicos.

Los anteriores propsitos y necesidades requeran un referente conceptual de hondura, como un principio fundante de la nueva institucionalidad. Y ese referente no poda ser otra que la adopcin de la Soberana Popular, la cual despus de las mltiples controversias aludidas, qued en estos trminos:

Art. 3. La soberana reside exclusivamente en el pueblo, del cual emana el poder poltico. El pueblo la ejerce en forma directa o por medio de sus representantes, en los trminos que la Constitucin establece.

Todo lo anterior, para decir que las Asambleas Constituyentes por la Paz a instalarse este 20 de febrero, son emanacin directa y cabal del ms importante artculo de nuestra Constitucin. Que por lo mismo y por la forma obligada como tuvo que ser adoptado por el Establecimiento, es un artculo desaparecido de la Constitucin. Por eso el pueblo tenindola, no puede ejercer la soberana elemental y mnima de movilizarse por un derecho, si no es previos permisos, restricciones y claro, agresiva presencia policial. Ni para votar porque en su territorio no se haga una obra o explotacin que le destruye el medio ambiente y la armona social. Ni para exigir que la fuerza pblica no bombardee sus zonas rurales, ni el ejrcito le ocupe sus escuelas, canchas deportivas y salones comunales, ni se atrinchere en las casas de los pobladores. Es el artculo desaparecido de la Constitucin; sin tomarse siquiera el trabajo de derogarlo.

Si el artculo 3. consagratorio de la Soberana popular rigiera, los habitantes de la localidad rural de Bogot, los martirizados campesinos del hermoso pramo de Sumapaz, no llevaran ms de veinte aos sometidos a la ocupacin militar de su territorio que los empadrona, vigila, interroga y hostiliza, haciendo ms cruel su duro aunque en otras circunstancias buclico transcurrir.

Pero es la soberana popular la culpable de que Sumapaz sea a la manera de una inmensa prisin. Me explico: el campesinado del pramo es paradigma del ejercicio de ella. All el Sindicato Agrario, es la mxima organizacin social, designada y acatada por los habitantes, que los representa y atiende los problemas comunitarios y de convivencia, amn de ser su vocero ante las autoridades. Y ellos, no obstante ser campesinos pobres y de poca formacin acadmica, tienen una aguzada conciencia poltica y jurdica que les permite saber que son el pueblo soberano. Y a pesar de ejercerlo dentro de los absolutos cnones legales y respeto por las autoridades constituidas -no hay horcas caudinas en los cruces de caminos del territorio-, saben lo que dice el texto mayor: que el poder poltico emana de l.

Tal la razn por la cual Sumapaz es tal vez la zona del mundo ms densamente militarizada. Por cada habitante de all incluidos los nios recin nacidos y los ancianos-, hay por lo menos tres soldados que los observan con recelo mientras el ojo del fusil tampoco les quita la mirada. Y entre el gris de los frailejones y el amarillo de las matas de calndula con la que los nios elaboran cremas para la piel, fieros tanques de guerra agreden el paisaje en los cruces de caminos.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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