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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-02-2013

Beatriz Talegn: el desconcierto de la casta vs inteligencia colectiva

Brais Fernndez
Grundmagazine


Quieren ser libres y no saben ser justos!

Emmanuel Joseph Sieys

 

El filsofo esloveno Slavoj Zizek, en su breve ensayo "Elogio de la intolerancia", explica que detrs de cada concepto hay una batalla por imponer una determinada nocin poltico-ideolgica. Para Zizek, estos combates no son simples algaradas semnticas, sino que detrs del conflicto, hay una lucha por imponer una nocin universal. En la manifestacin de las Plataformas de Afectados por la Hipoteca en Madrid, la joven militante del PSOE Beatriz Talegn se vio envuelta en una de esas batallas que se expresan a travs de lo simblico. El problema de Beatriz Talegn es que no entiende que los asistentes a las manifestaciones de las PAH no reivindican su derecho a una vivienda digna de una forma abstracta, pediguea o suplicante: lo hace contra aquellos que han generado el drama de los desahucios con sus polticas austericidas. Cuando se protesta en las calles, en las plazas o desde la fbrica se hace frente al otro, en una relacin de antagonismo en donde el contendiente es percibido como parte del problema y no de la solucin La reaccin de los manifestantes es completamente natural, en el sentido emocional y poltico del trmino.

Ms all de la justificacin obvia, lo que en el PSOE temen de forma intuitiva, es que a partir del 15M y de las protestas anti-austeridad se est forjando una nueva legitimidad paralela de la cual no se pueden apropiar. La preocupacin del PSOE proviene de su incapacidad para reformular en trminos de integracin en el rgimen una demanda tan transversal como es el caso de la vivienda. Es curioso que en la edicin dominical de El Pas, justo en la pgina siguiente en la que apareca la foto lacrimgena de Beatriz Talegn, publique una encuesta en donde casi de el 90% de los ciudadanos del estado espaol apoyan las reivindicaciones de las PAH, incluidos los votantes del PSOE y del PP. Como Zizek explica, detrs de toda aspiracin hay tambin un debate sobre su "legibilidad", es decir, sobre quin es capaz de interpretar mejor en trminos discursivos las experiencias concretas. Como va a entender lo que pas ayer en la manifestacin Beatriz Talegn? En cuantas movilizaciones contra los desahucios ha participado ella o cualquier otro dirigente del PSOE? Las manifestaciones de ayer y la expulsin de Talegn demuestran que la interpretacin del problema de la vivienda y sus soluciones han sido ledas por un movimiento autoorganizado desde abajo, fuera de los canales integradores del rgimen. La casta poltica se limita a sancionar (positiva o negativamente) en el Parlamento lo que las PAH han construido en las calles. La expulsin de Beatriz Talegn y de su acompaante Lopez Aguilar delimita esa dialectica: una cosa es que os exijamos en el parlamento que apoyeis nuestras demandas y otra bien distinta es que no sepamos que sois el enemigo. Esa identificacin es una conquista valiosisima del movimiento, que no olvida que el mismo PSOE que particip en las manifestaciones populares contra el gobierno Aznar fue el mismo que posteriormente constitucionaliz los recortes a travs de la priorizacin del pago de la deuda.

Porque en realidad, a pesar de que Beatriz Talegn sea una arrogante y mediocre burcrata, no es nada personal lo que hay en su expulsin. El relato de la ideologa dominante siempre insiste en "personalizar" los conflictos, como si detrs de esos conflictos no se escondieran choques entre clases. Al fin y al cabo, lo que diferencia a Ada Colau de Beatriz Talegn son unos hechos, unos mtodos y una legitimidad representativa. Algunos siempre plantearn la pregunta Por que una puede ir a la manifestacin y otra no? Es una pregunta completamente falaz, impregnada de ideologa pluralista de corte parsoniano. Beatriz Talegn no puede ir a las manifestaciones porque no todos los polticos son iguales, porque mientras muchos activistas de organizaciones de izquierdas se han ganado el derecho a participar en las manifestaciones, el partido de Beatriz Talegn se ha ganado el derecho a ser expulsado. Son el otro. Estn en el otro bando desde hace ms de 30 aos. Nos manifestamos contra ellos. Eso es lo que no ha entendido Beatriz Talegn y lo que reflejan sus lagrimas. Sera absurdo, una burla, que el representante de un grupo de criminales acudiera a un homenaje de su asesinado, aunque no hubiera participado en la accin misma. Quien no lo expulsara?

Curiosos son tambin los llantos moralistas de Beatriz Talegn, quejndose de la crueldad de los manifestantes. Lo que es cruel, moralmente execrable, es que en la reunin de la "Internacional Socialista", cuando Beatriz Talegn se pregunt retricamente donde haba estado su partido cuando sucedi el 15M y las revoluciones rabes, ninguno de los burcratas all presentes le respondiera que el PSOE gobernaba en el Estado Espaol y que en Tnez gobernaba Ben Al, miembro de la Internacional Socialista y "amigote" de muchos de los que estaban presentes en la reunin. Igual as se hubiera ahorrado el ridculo de ayer. Pero es que en la casta no tienen ni piedad entre ellos.

"La sociedad del espectculo" devora a sus propias creaciones. Lo ms sorprendente es como el concepto de "casta" se vuelve pattico: cuando los que viven al margen de la vida cotidiana de los abajo van a su encuentro, se ven obligados a huir, expulsados por la realidad. Las lgrimas de esta chica son las lgrimas del desconcierto. Independientemente de que sus intenciones fueran sinceras, no son honestas. No se puede estar con ellos y con nosotros.

Se trata tambin, desde nuestro prisma, de mirar la poltica estratgicamente. Necesitamos a decenas de miles de votantes del PSOE y del PP para construir un bloque social capaz de revertir la barbarie neoliberal. No podemos mostrarnos como rencorosos con otros oprimidos que en el pasado (o en el presente) se hayan identificado con el PSOE, sustituir la pedagoga por facil reproche o encerrarnos en purismos esencialistas. Pero si que se trata de crear ese bloque social desde una correlacin de fuerzas favorable. Se jugarn muchas batallas en torno a demandas concretas: si somos capaces de hacerlas nuestras, de gestionarlas nosotros mismos, desde abajo, de convertirlas en poder poltico, sin pasar por el filtro de los representantes del rgimen, ganaremos. Ayer los manifestantes que expulsaron a la militante socialista dieron una leccin de tica poltica colectiva. En poltica, la tica empieza por no dejarse engaar, en romper la disociacin medios y fines y en desarrollar un lenguaje impenetrable para el otro, en delimitar bandos, en crear barreras que el enemigo no pueda sobrepasar, en decidir quin es tu aliado y quin es tu enemigo. Seamos los de abajo los que marquemos agenda. Porque a Beatriz Talegn y a su agonizante cascaron parasitario llamado PSOE no los necesitamos. La leccin que ellos olvidaron mientras configuraban del rgimen del 78 nosotros la estamos aprendiendo en las calles: "la emancipacin de los trabajadores ser obra de los trabajadores mismos" (K. Marx).

Fuente: http://www.grundmagazine.org/2013/beatriz-talegon-el-desconcierto-de-la-casta-vs-inteligencia-colectiva/



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