Portada :: frica :: Revueltas en el norte de frica
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-02-2013

Invierno islamista o cambio de lneas?

Santiago Alba Rico
Diagonal


El asesinato el pasado 8 de febrero del dirigente marxista y panarabista Chukri Belaid, an sin elucidar, devolvi fugazmente la transicin tunecina al primer plano de la actualidad, dando la razn, adems, a los que, de derechas o de izquierdas, destinan la mal llamada primavera rabe a un inexorable invierno islamista. An ms: ese vil asesinato con el ensaamiento simblico de la destruccin del monumento erigido en memoria de la vctima pareca acompasar ms que nunca los paralelismos ssmicos entre Egipto y Tnez, acelerando y profundizando la confrontacin entre dos bloques definidos menos por sus programas que por su alineamiento identitario o, peor an, por su pura oposicin formal.

En un paradjico retorno del pasado, la criminalizacin reductiva del islamismo, ahora en el gobierno, en parte responsable sin duda de la violencia poltica, haca casi irremediable la unificacin de la oposicin, con arreglo al modelo del Frente de Salvacin Nacional egipcio, y la confluencia tctica de liberales, fulul de la dictadura e izquierda radical frente a Nahda y sus amenazas wahabitas.

Un proceso complejo

Pero la muerte de Belaid ha revelado ms bien todo el bullicio disfrazado bajo el conflicto islam-laicismo y toda la complejidad de los procesos abiertos en el mundo rabe. Tras el multitudinario entierro del dirigente del Frente Popular, la decisin del primer ministro Hamadi Jebali de formar un gabinete apartidista a fin de resolver la crisis poltica en la que ha quedado enfangada la transicin tunecina fue respondida no slo por toda la oposicin sino por sus propios socios de gobierno y, mucho ms significativo, por su propio partido. La solucin parece incierta, pero podemos extraer ya dos conclusiones. La primera es que no se trat de una decisin unilateral y suicida sino que ha habido fuertes presiones externas e internas de las potencias occidentales y del Ejrcito para que esa propuesta fuera aceptada, tal y como lo demuestra el cambio de posicin de los partidos del centro y de la derecha laica (Nid Tunis, Al-Masar, Al-Jumhuri), que en muy pocos das pasaron de un rechazo frontal a un apoyo incondicional.

La segunda es que hay una fractura profunda y difcilmente reparable entre dos sectores del partido islamista, uno ms prximo al salafismo, encabezado por su lder histrico, Rachid Ghanouchi, y otro ms moderado y democrtico, cuyo referente sera precisamente el jefe del gobierno. La manifestacin del pasado sbado 16 de febrero fue una respuesta a la movilizacin laica del da 8, pero fue sobre todo una protesta de Nahda contra Nahda en la que los partidarios de Ghanouchi, en nombre de la revolucin, mostraron su rechazo al gobierno tecnocrtico de Jebali. En apenas dos aos, el partido islamista no slo ha perdido mucho apoyo popular, como en Egipto, sino que aparece roto y desorientado.

Entre tanto, el Frente Popular, la coalicin de izquierdas a la que perteneca el asesinado, se propone realmente como una tercera fuerza. Tentado a veces por una lgica insurreccional poco realista, el nuevo reordenamiento de alianzas le confiere una autoridad y una independencia que antes no tena. En ese sentido, y tras una primera reaccin muy visceral, su iniciativa de llamar a un Congreso Nacional de Salvacin a partir de un programa concreto de fuerte contenido social que excluye sin mencionarlas a todas las derechas, tanto laicas como religiosas, lo convierte en una verdadera alternativa a medio plazo, a condicin de que la tensin calculada y la violencia fascista no descarrilen el frgil proceso constituyente. La reaparicin trgica de Tnez en los noticieros debera alimentar anlisis a contrapelo de los medios hegemnicos, grandes publicistas de nuevo, como antes de la primaveras rabe, de la amenaza islamista.

En Tnez, como en el resto de la regin, esa amenaza, que debe ser definida con cedazo, es slo una entre otras muchas. El esquema laicismo-islamismo oculta tres conflictos mucho ms interesantes: los conflictos dentro del propio islamismo, que deberan ser aprovechados a favor de la democratizacin y la revolucin; el conflicto entre las viejas y las nuevas lites poltico-econmicas, con todos los desplazamientos geoestratgicos que ya estn provocando; y el conflicto entre esas lites, islamistas o laicas, y los movimientos populares, cuyo tiempo de maduracin y reaccin, como bien escribe la profesora tunecina Hela Yousfi, es muy distinto al de las batallas propiamente polticas.

Cuando se cumplen dos aos del comienzo de la gran sacudida regional que hace an temblar el mundo rabe, dos pases han desaparecido completamente de los medios de comunicacin, Bahrin y Yemen, controlados por EE UU desde Arabia Saud, el nico eslabn donde podra romperse realmente la cadena. Los otros cuatro Tnez, Egipto, Libia y Siria, con todas sus diferencias aparecen emborronados bajo la media luz, interesada y alarmista, de las amenazas islamistas. Sera estpido y suicida negar que las revoluciones rabes abren como suele decirse una ventana de oportunidad a la constelacin de la franquicia Al-Qaeda. Tambin a los imperialistas. Pero tambin a las fuerzas democrticas y de izquierdas, las nicas que representan las reivindicaciones originales del estallido popular: econmicas, sociales y polticas.

Fuente original: http://www.diagonalperiodico.net/global/invierno-islamista-o-cambio-lineas.html



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter