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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-02-2013

Zaatari, la miserable "capital" del exilio sirio en Jordania

Mnica G. Prieto
Cuarto Poder


Ms que una suerte de peluquera masculina, la Barbera del Regreso parece un cajn semi vaco. Construida con chapa metlica clavada en delgados maderos, el local no ocupa ms de cinco metros cuadrados y el suelo es pura arena. Una especie de mostrador -otra tabla de madera- mantiene ordenados varios peines y cepillos, una brocha de afeitado, varias maquinillas, un spray plstico y dos tarros con agua y jabn. Una silla de plstico situada frente a un desvencijado espejo que cuelga milagrosamente de la chapa completan el cuadro donde Mahram, de 19 aos, trabaja desde que lleg al campo de refugiados de Zaatari, en Jordania, donde han encontrado refugio casi 80.000 sirios huidos de la represin.

Escapamos hace siete das, relata mientras corta el pelo a un joven que no aparenta ms de 18 aos. Vine con toda mi familia, 25 personas en total, y aqu nos han asignado dos tiendas de campaa. Saba que en Jordania todo cuesta caro, as que me traje mis enseres, dice esgrimiendo el peine con pas rotas con el que ordena el cabello a su cliente. Mahram decidi reproducir la peluquera que tena en Mehl al Sharqiyeh, su aldea natal, en el exilio. Emple mis ahorros, unos 150 dlares, en comprar la chapa y las maderas. Hace cuatro das que abr. Sin este negocio, no podra alimentar a los mos.

El campo de Zaatari se ha convertido en una suerte de ciudad siria en el exilio, y su enormidad crece a diario gracias a un flujo de refugiados en dramtico ascenso, segn han constatado las autoridades jordanas. Hace seis meses, el pasado agosto, el lugar -inicialmente pensado para un mximo de 60.000 personas- acoga a 15.000 refugiados; hoy en da, se estima que son ms de 76.000 los habitantes del gigantesco campamento, situado 10 kilmetros al este de Mafraq, cerca de la frontera siria, y a 85 kilmetros de Amn.

Abu Khaled, un envejecido herrero que huy de la localidad siria de Naamer despus de que contabilizsemos 52 proyectiles en cinco minutos, mata el tiempo a las puertas de la barbera. Sal de mi ciudad porque cre que iba a morir en el bombardeo. Me llev conmigo a nueve miembros de mi familia, y huimos un grupo de 16 personas. En Naamer slo se qued el 10% de la poblacin. El hombre solicita explicar las condiciones de vida en el campo: No hay calefaccin, no hay electricidad. No puedo trabajar, y tengo a mi mujer y uno de mis hijos enfermos. Dormimos envueltos en mantas, y cuando despertamos estn mojadas. Slo nos dan cuatro obleas de pan por persona, una lata de atn y otra de hummus [pasta de garbanzos] cada quince das, dice.Hasta cundo nos vais a dejar as los occidentales?, espeta educadamente.

Las condiciones de vida en Zaatari son de una dureza extrema y empeoran con la llegada masiva de civiles: se estima que entran unas 3.000 personas cada da en Jordania mediante cruces ilegales de la frontera y, en algunas jornadas puntuales, se han llegado a contabilizar ms de 6.000 personas en 24 horas. Una cola de unas 200 personas se forma a diario a la entrada del campo, compuesta por hombres con los documentos de identidad de sus familiares en la mano. Tratan de registrarse ante las autoridades y de recibir la tienda de lona que pasar a ser su vivienda, un colchn y tres mantas por persona, menaje para poder cocinar y una caja con productos no perecederos que debe durarles dos semanas. Para ello, tendrn que guardar otras muchas colas a menudo interminables: la sobreocupacin del campo ralentiza la distribucin de ayuda y el acceso a los hospitales, cuyas puertas estn siempre bloqueadas por gente a la espera de ser tratada.

Abdallah, de 28 aos, vive con su mujer y su hija, Hiba, de dos meses y medio, en una tienda. Cuando llegu, esper cuatro das en las colas de distribucin de ayuda. Me desesper y decidir comprar yo mismo lo que necesitaba. Ahora su hija tiene paales y leche infantil, pero an no disponen de una estufa. Emple sus ahorros en adquirir material para construir una caseta que ahora alberga una suerte de tetera donde los clientes pueden fumar narguileh y calentarse con caf o t. Los vecinos me lo han vendido todo, y todo ms caro de lo que debera ser. Para nosotros, los sirios, en Jordania todo cuesta ms. Si quisiera alquilar un piso fuera del campo, me costara el doble de lo que paga un ciudadano local.

De los 350.000 refugiados registrados y no registrados que se estima que hay en Jordania, aqullos que no han podido permitirse alquilar viviendas o que no han podido ser alojados con conocidos y familiares terminan en el campamento de Zaatari, una vastsima extensin de terreno cubierta por tiendas de campaa con cocinas comunes, letrinas que salpican el lugar y tanques de agua donde los nios rellenan bidones transparentes repartidos por ACNUR. La calle principal del campamento es una suerte de zona comercial donde los negocios ms insospechados han encontrado lugar: los ms comunes son los puestos de ropa y calzado usado, as como tanques de gas que son usados para rellenar pequeas bombonas empleadas para cocinar por quien se las puede permitir. Puestos con mantas y pequeos calefactores elctricos, as como menaje o improvisadas ferreteras -cada uno se construye su pequeo tenderete- son comunes, como tambin lo son las fruteras, los puestos con pollo congelado o incluso intentos de restaurante donde hornean manoushe -pizzas de tomillo, queso o carne- o incluso donde asan kebabs. Los negocios oscilan entre los tres y los 20 metros cuadrados, aunque hay quien vende lo que tiene simplemente en la calle. Segn los refugiados, la asistencia humanitaria es insuficiente para alimentar a todos, y slo haciendo dinero pueden permitirse completar la escasa ayuda que reciben con ropa, calzado y alimentos. La divisa jordana y la siria conviven en el campo.

Uno de los negocios aparentemente ms demandados son los puestos que cargan mviles. El procedimiento es sencillo: se instala la caseta cerca de un poste de electricidad y se trampea el cableado, obteniendo as la ansiada corriente, restringida en el campo. Unos alargadores y extensores elctricos permiten alquilar el punto de luz para cargar la batera de los telfonos, la nica forma que tienen los refugiados de seguir en contacto con sus familiares en el interior. Otros se han convertido en taxistas y sacan as provecho de la necesidad de trasladar cajas de ayuda y colchones al lugar donde se instalar la tienda.

Abierto en agosto de 2012, lo que empez siendo un conjunto de jaimas es ahora una especie de ciudad que los propios refugiados dividen en barrios -el saud, donde todas las tiendas provienen de ayuda del reino wahabi, el kuwait, el libio, o el lugar ms lujoso, compuesto por barracones saudes- y que dispone de siete centros mdicos: un hospital de campaa italiano, otro francs y otro marroqu, una clnica de la Media Luna Roja emirat, otra de la Media Luna jordana, un centro mdico de Handicap International y otro de la Fundacin Jordana Nur al Hussein. Sin embargo, el creciente nmero de refugiados desborda estos centros, donde siempre existen colas a la entrada. Muchos renuncian a ser tratados tras horas de espera.

Los problemas mdicos no slo provienen de la represin en Siria: las bajas temperaturas, las tormentas de principios de enero y los incendios fortuitos en las tiendas son la razn, segn los refugiados, de las muertes de varias personas. Las autoridades desmienten que las condiciones de vida en Zaatari sean la causa de las defunciones, pero a principios de enero, las riadas inundaron parte de las tiendas y sus habitantes tuvieron que refugiarse en las cocinas y letrinas. Era previsible que algo as ocurriera: Zaatari se levant en medio del desierto, excavando para quitar las rocas del terreno, algo que los expertos consideraron una psima idea. Ahora, el viento ms liviano crea una tormenta de aire, lamentaba Panos Moumtzis, coordinador regional de ACNUR para los refugiados sirios, en declaraciones a la agencia IRIN, dependiente de la ONU. Ha sido un error, consideraba. Adems de los problemas respiratorios causados por el polvo, el terreno se convierte en un peligroso barrizal cada vez que llueve. Los refugiados han aprendido a excavar, con sus manos desnudas o con conservas vacas, canales alrededor de las tiendas para evitar que stas se inunden.

La indignacin tras varios incidentes ha llevado a los refugiados a enfrentarse con los responsables del campo de forma violenta, en protestas que derivaron en lanzamiento de piedras y que terminaran siendo dispersadas por la Polica jordana, que mantiene una presencia permanente en los accesos al campo.

La Fundacin Nur al Hussein tambin ha instalado una unidad para mujeres y nias, las ms vulnerables en este contexto de desesperacin y violencia. Damos asistencia social, psicolgica, sanitaria, fisioterapia, y tambin informacin para prevenir que las mujeres sean objetivo de la violencia, explica Lina Shabib, una de las trabajadoras de la Fundacin. Se estn dando casos de adiccin a los medicamentos, y hay casos de violencia sexual. Algunas lo sufrieron en Siria, y otras lo estn sufriendo aqu, en Zaatari, as que les damos consejos para evitarlo. El centro recibe unas 400 mujeres por semana. Cerca de all se encuentra el complejo escolar levantado por UNICEF, un magnfico proyecto que proporciona escolarizacin -siguiendo el temario jordano- a ms de 4.300 alumnos sirios.

El proyecto acoga a 3.000 alumnos el pasado semestre; en el actual, se registraron 5.500 estudiantes. Algunos se registran y luego abandonan, principalmente porque comienzan a trabajar en el campo para ayudar a las familias. Hay que entender que muchos refugiados vienen de un entorno rural donde no se cree en la educacin, explica Shourouq Fakhouri, una de las responsables del programa de UNICEF en Zaatari. Otros escapan del campo con sus familias, o regresan a Siria. Un centenar de profesores jordanos, asistidos por 108 profesores sirios hoy refugiados en Zaatari, educan a los chavales en dos turnos diferentes. Al principio, el profesorado jordano lo consider un duro desafo. Cuando llegan, estos nios no se sienten nios. La rutina familiar ha saltado por los aires, la violencia supone mucha presin psicolgica, y es comn que los nios muestren comportamientos agresivos, explica Konadi Kone, responsable del proyecto del sector del campo que lleva UNICEF.

De ah que se hayan creado 18 espacios seguros donde los nios puedan volver a sentirse nios, puedan jugar, hablar sin presencia de adultos, aprender actividades. Los estudiantes registrados suelen acudir a estos lugares, cerrados por vallas para asegurar que entren adultos no invitados, antes de comenzar las clases para adaptarse a la nueva realidad. Los talleres de informtica, pintura o fotografa ayudan a los jvenes a estar ocupados, pero la realidad siria se cuela en las actividades. En los ordenadores, los chicos recrean la bandera revolucionaria (previa a la llegada del Baaz) y en el gran mural que ultiman las alumnas, tanques disparan contra aldeas y soldados persiguen a mujeres y nios.

UNICEF, que tambin lleva el programa WASH (todo lo referente al agua, sistema sanitario e higiene) construye otro complejo educativo en el otro extremo del campo, en una zona an vaca donde las excavadoras dejan lugar a ms tiendas de campaa. El responsable de comunicacin, Alexis Masciarelli, recuerda que sera posible mucho ms si las ayudas aprobadas en la ltima cumbre de donantes, celebrada en Kuwait, terminan de llegar. Nos prometieron 57 millones de dlares y slo han llegado cuatro, explica en referencia a esta agencia de la ONU. Lo cierto es que el dinero prometido se ha quedado en una mera promesa mientras el nmero de refugiados aumenta, elevando la miseria de los sirios que se vieron obligados a huir de la guerra.

Fuente original: http://www.cuartopoder.es/elfarodeoriente/zaatari-la-miserable-capital-del-exilio-sirio-en-jordania/4014



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