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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-02-2013

Sobre la oferta de negociacin de Moaz al-Khatib
Damasco no se convertir en otro Alepo

Alfred Klein
Rebelin

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez.


La oferta rompehielos de negociaciones directas con el gobierno de Asad formulada por el lder de la Coalicin Nacional Siria pone en evidencia un cambio significativo. Importantes sectores de la poblacin, incluidas las elites sunnes, quieren evitar que prosiga la escalada sectaria. Se considera que sera un precio demasiado alto a pagar. Quieren salvar a su capital, Damasco, de la suerte corrida por Homs y Alepo.

De momento, han sido los demcratas de Tahrir y la izquierda reunida alrededor del rgano de Coordinacin Nacional por el Cambio Democrtico (OCNCD), quienes han venido sistemticamente advirtiendo de la peligrosa dialctica desplegada entre militarizacin y sectarismo. Desde el principio mismo han estado pidiendo una solucin poltica a travs de negociaciones y defendiendo una estrategia defensiva que disminuyera la intensidad del conflicto frente a la represin del rgimen (Opcin I). Dada la rigidez de la reaccin del aparato gobernante, la oposicin oficial oficial porque es la que los gobernantes del mundo occidental han reconocido- ha podido marginar y aislar fcilmente al OCNCD tildndoles de agentes del rgimen. Esto fue posible a pesar de sus indudables credenciales de haber pasado dcadas en la resistencia al rgimen, incluyendo largas penas de prisin.

La oposicin oficial se embarc velozmente en la lnea libia, respondiendo con una escalada militar. A pesar de la impopularidad de una intervencin extranjera durante los primeros meses de la revuelta, confiaban y finalmente solicitaron una intervencin militar auspiciada por Occidente (Opcin II). Polticamente, les ayud el hecho de la desproporcionada represin del ejrcito sobre el pacfico movimiento de protesta civil, lo que provoc una deriva orgnica hacia una autodefensa armada. (Eso no excluye que hubiera grupos yihadistas actuando desde el primer momento; sin embargo, a diferencia de la narrativa del rgimen, eran un fenmeno marginal inflado por el gobierno para justificar su represin armada).

No obstante, finalmente, como consecuencia de las luchas entre determinados sectores de las elites estadounidenses en el poder, no se produjo una intervencin militar occidental directa. La razn sustancial fue la debilidad de EEUU, reconocida por la administracin Obama, tras las experiencias afgana e iraqu, lo que hizo que adoptaran una actitud de cautela.

En Siria, la militarizacin llev, paso a paso, a un giro del movimiento insurgente hacia las fuerzas yihadistas. Resultaron ser los combatientes ms eficaces al no temer a la muerte gracias una ideologa fuerte y sin fisuras. Sus capacidades operativas y superioridad ante el resto de las fuerzas tambin se derivan del apoyo financiero que les llegaba del Golfo. Al mismo tiempo, su crecimiento se debe asimismo al hecho de no apostar por una intervencin exterior sino que ellos mismos (islmicos sunnes) cogen las riendas de la situacin. Es cierto que el entorno yihadista global, demostrado en combate, tiene algo que ver pero sera engaoso explicar la insurgencia en funcin, principalmente, de factores externos.

En primer lugar, el movimiento civil de tendencia izquierdista y democrtica qued marginado (Opcin I); despus se revel que la lnea libia (Opcin II) era cada vez ms improbable; a continuacin, entr en juego la opcin yihadista, radicalmente sectaria (III), intentando transformar la lucha por los derechos democrticos en una guerra civil contra infieles y herejes.

En realidad, el rgimen ha estado persiguiendo el mismo empeo solo que desde el lado opuesto: describiendo a cualquier oposicin como un amenazador monstruo fundamentalista salaf. La militarizacin y la posterior islamizacin actual o, mejor dicho, la yihadizacin de la oposicin armada, ayud al bloque en el gobierno a estabilizarse polticamente. Las apuestas, en vez de ir a favor de la democracia, parecen haber dado un giro hacia la bsqueda de la primaca confesional mutua. As, el rgimen podra poner de su lado no slo a las minoras confesionales, o conseguir al menos neutralizarlas ante el temor plausible al islamismo sunn, sino tambin a una buena cantidad de elites sociales y de clases medias liberales. Aunque la afiliacin confesional de estos estratos es mayoritaria sunn, hasta ahora no se han apuntado al confesionalismo y, ante todo, no quieren verse implicados con una yihad desestabilizadora. Si Asad slo se hubiera apoyado en las minoras confesionales, no podra haber sobrevivido mucho tiempo sin el apoyo ruso e iran.

Un nuevo elemento ha ido apareciendo: el creciente temor de EEUU a una propagacin incontrolada del yihadismo. Al incluir al Frente Nusra en su infame lista de organizaciones terroristas, han emitido claramente una seal de advertencia a todos los actores. Ningn poder regional est feliz con los yihadistas; ni siquiera los estados del Golfo, de donde siguen fluyendo los fondos, quieren su victoria a gran escala.

Tanto a nivel nacional como internacional, se ha solidificado un punto muerto que, a corto plazo, no puede resolverse militarmente. Por tanto, pases decisivos como Turqua estn buscando una va para rectificar su posicin anterior y estn tambin explorando de forma cauta y secreta las posibilidades para un acuerdo negociado.

El curso de los acontecimientos en Homs y Alepo muestra que tambin el yihadismo est condenado al fracaso. En la antigua capital de las revueltas, Homs, el rgimen consigui aislar a los yihadistas de la poblacin y sitiarlos. All est perpetrndose una guerra civil sectaria, incluyendo la concomitante separacin confesional. Las partes ms importantes de la ciudad, habitadas por una mayora sunn, fueron al parecer reconquistadas por las fuerzas gubernamentales. Parece ser que se ha logrado una cierta estabilizacin que podra interpretarse como un xito parcial. Alepo est en guerra desde hace casi un ao. El rgimen bombardea con artillera barrios populares causando matanzas indiscriminadas y forzando a huir a la poblacin mientras los yihadistas intentan corresponder con ataques sectarios. De los anteriormente cuatro millones de habitantes, quedan menos de tres y una mayora de ellos han tenido que desplazarse a otros barrios de la ciudad. La vida pblica ha cesado. La ciudad est arrasada. Gracias a la proximidad de Turqua, siguen llegando suministros a los rebeldes. Puede sostenerse una guerra de desgaste pero a un precio muy alto. El rgimen slo defiende lentamente puntos estratgicos, perdiendo incluso algunos de ellos. Pero los rebeldes son totalmente incapaces de abastecer de productos bsicos a la poblacin civil, lo que podra estar siendo deliberadamente promovido por el rgimen en una cnica tctica de desastroso impacto humanitario.

Por tanto, la batalla final sobre Alepo se alarga sin un final a la vista. Cada vez hay ms gente preguntndose si van a condenar a Damasco al mismo destino.

La esperanza de un compromiso de desescalada

La oposicin oficial sola sealar a la voluntad de la calle expresado por Al-Jazeera & Co.- cuando intentaban justificar su peticin de armas o el llamamiento a una intervencin exterior. La misma lnea se sigui respecto a las negociaciones. Quienquiera que defendiera una solucin poltica era tachado de traidor.

Ha habido dignatarios islmicos advirtiendo de la movilizacin sectaria y de su deriva hacia una guerra civil. Han estado abogando por el dilogo (no necesariamente con el rgimen sino al menos con sus partidarios). Pero no se han referido a la esfera poltica en un sentido pleno. Moaz al-Khatib est considerado como un imn moderado. Cuando se le eligi como lder de la Coalicin , pareci suscribir la posicin de la corriente dominante. No obstante, sus ltimas declaraciones a favor de las negociaciones sugieren que se ha mantenido fiel a su reputacin.

Khatib dio a conocer su oferta de repente y sin consultar previamente con sus socios directos dentro de la oposicin. Para ellos, debe haber sido una especie de golpe unilateral. De otra forma, no hubiera podido realmente lanzar su rompedor avance. Eso no implica, sin embargo, que est aislado o que su idea fuera consecuencia de un arranque precipitado. Le consideramos como la voz de diversas e importantes fuerzas dentro y fuera de Siria que hasta ahora haban permanecido en silencio.

Puede hacerse una interpretacin en el sentido de que la burguesa damascena pretende salvarse a s misma mediante un compromiso pacificador porque no creen ya en una victoria rpida de ninguna de las partes. De esta forma confan en evitar la destruccin total y su papel en la sociedad.

Por otra parte, tambin puede observarse un cambio gradual en Washington. Hasta ahora, EEUU haba apoyado a la oposicin en su intransigente postura respecto a un acuerdo negociado. Pero la prolongacin del conflicto y el veloz crecimiento del yihadismo, su amado enemigo, les ha puesto cada vez ms ansiosos, tanto al aparato del poder como a la opinin pblica. De momento, venan descartando repetidamente una implicacin militar directa, aunque toleraban los juegos de sus aliados regionales que apoyaban las diferentes tendencias islmicas. Una fraccin de la administracin presionaba para que se armara a partes de la oposicin intentando al mismo tiempo dejar de lado a los yihadistas, un empeo que ya fracas en Libia y en otros lugares. La ex secretaria de estado Clinton estaba promoviendo esta lnea, junto a algn otro mandams, como Petreaus. Pero esta faccin parece haberse aquietado. No deberamos olvidar que sobre la mesa ha habido tambin otra opcin, hasta ahora subordinada, representada por la declaracin de Ginebra de Washington y Mosc de fecha 30 de junio de 2012. Obama, el rey elegido, parece finalmente decidirse ms por las palomas.

Traicionando la revolucin

No slo los partidarios de la oposicin oficial, tambin muchos izquierdistas consideran los intentos de llegar a un compromiso como una traicin a la revolucin. Por ejemplo, en el artculo Revolutionary Left Current, se explica que un acuerdo negociado es una correccin desde arriba para salvar los intereses de la burguesa y recoger los frutos de la revolucin.

El juicio acerca de tales iniciativas est sujeto, desde nuestro punto de vista, a los criterios que renan las siguientes condiciones: proporcionar a las masas la capacidad de restablecer su lucha para derrocar al rgimen dictatorial, que no se permita que ste prolongue su tiempo o supervivencia y, sobre todo, que posibilite el espacio para un cambio radical desde abajo que favorezca a las clases populares y sirva a sus intereses generales y directos.

Podemos incluso estar de acuerdo con esos criterios generales. Pero nos oponemos a la asuncin general de que las negociaciones ofreciendo un compromiso estn perjudicando los intereses del movimiento popular democrtico.

No slo contamos con las experiencias de las revoluciones en Sudamrica, Sudfrica y algunos pases asiticos. Las negociaciones pueden servir como instrumento para ampliar el consenso que mantiene el movimiento revolucionario entre las masas populares. En ocasiones, las tendencias ms militaristas del movimiento son las ms propensas a capitular, mientras que aquellos que persiguen la revolucin, no como mero golpe militar o aventura sino como lucha estratgica, seguiran tambin adelante en las peores circunstancias.

En Siria, hay otros indicadores de por qu la revolucin no puede seguir un modelo clsico de radicalizacin sucesiva de un movimiento popular que llega a su cenit en la lucha armada. Dos obstculos enormes bloquean esta va: el sectarismo y la geopoltica.

a) Bajo determinadas circunstancias, el movimiento armado exacerba el sectarismo: el movimiento revolucionario no puede manejar ni domar a un tigre. En realidad, el peligro de ser tragado por el sectarismo es muy claro (as le ocurri a la resistencia iraqu).

b) Rusia, Irn y China temen la cada de Asad por razones geopolticas obvias. Aunque no compartamos su negligencia por los derechos democrticos del pueblo, nos importa su oposicin a la supremaca estadounidense. El movimiento popular a travs del planeta necesita que superemos el mundo monopolar. Cualquier paso hacia lo multipolar es positivo, aunque no suficiente. La afiliacin de facto de la oposicin, incluso la democrtica, con el bloque pro-Occidente slo puede revertirse a travs de un acuerdo negociado, ya que ste indica la disposicin y voluntad de no entrar en la rbita estadounidense y allana el camino para la cooperacin con Mosc & Co.

Estos dos aspectos aconsejan una lnea de desescalada. Esto no contradice en modo alguno la autodefensa (armada). Un acuerdo poltico, un compromiso con el rgimen que proporcione algo ms de libertad para continuar la lucha sera la mejor solucin intermedia para la revolucin democrtica, cuando esa lucha no pueda militarmente ganarse en funcin de unas determinadas circunstancias polticas. Los primeros pasos deberan ser la liberacin de los presos polticos y el establecimiento de una tregua. La consecuencia debe ser un gobierno de transicin que implique realmente un gran cambio en las caractersticas del rgimen. As podra mantenerse la exigencia irrevocable de la retirada de Asad, no como condicin previa, sino como resultado.

Muchos consideran muy improbable y poco realista ese acuerdo dados los antecedentes histricos del rgimen, y quiz tengan razn. Alegan que se ha derramado demasiada sangre, y puede que estn en lo cierto. Pero, en ocasiones, el bblico ojo por ojo y diente por diente no consigue los resultados polticos esperados, llegndose a un punto muerto. Renunciar a participar en esta espiral de escalada podra interpretarse como debilidad pero podra ms tarde acabar convirtindose en fortaleza y coraje. Creemos, por una parte, que la situacin no est tan clara a nivel internacional, teniendo en cuenta la indeterminacin estadounidense. Por otra parte y este es el aspecto fundamental-, incluso una ronda de negociaciones fallidas podra cambiar la relacin poltica de fuerzas a favor de las fuerzas democrticas, especialmente dentro de los grupos minoritarios de las comunidades. Y podra convencer a Mosc para que permitiera o incluso presionara por un cambio dentro del rgimen.

Si la burguesa damascena endosa finalmente esta posicin, miel sobre hojuelas. Esta clase burguesa se animara ante la necesidad de un cambio parcial del rgimen dictatorial, parcial y desde arriba, restringido a las funciones polticas, no a las sociales. Absolutamente correcto, pero este ha sido tambin el caso en Tnez y Egipto, representando, sin embargo, un paso delante de gigantes. La burguesa intentar mantener sus intereses de clase, como ha estado haciendo en Tnez y Egipto, pero, an as, ese cambio significa un inmensa ganancia para el movimiento popular.

Mejor un paso atrs que una guerra civil a muerte (incluso aunque estuviera apoyada por partes de las masas populares que abrazaran el yihadismo, lo que significa que los yihadistas tambin tienen que estar presentes en un proceso de negociaciones) que aboque a una destruccin general que podra aniquilar tambin el impulso de la revolucin democrtica popular.

Por ltimo, la propuesta de negociacin es un medio para conseguir que el bloque democrtico revolucionario est conformado por una mayora en la que participen todas las confesiones. Esto no puede conseguirse hoy mediante las armas porque est hacindose una lectura de la violencia en funcin de pautas confesionales. Slo abordando los temores de las comunidades sectarias, extendiendo la invitacin poltica para un acuerdo negociado en la direccin de una transicin democrtica, podra ganrselas para una revolucin democrtica que de este modo podra conseguir la hegemona.

Fuente original en ingls: http://www.antiimperialista.org/node/107037

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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