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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-02-2013

Las guerras que esperan a Siria

Mnica G. Prieto
Cuarto Poder


La caseta prefabricada, apenas 20 metros cuadrados, instalada en el campamento de refugiados de Zaatari (Jordania) se ha convertido en una suerte de pequea Busra. Cinco vecinos de esta localidad siria, hoy bajo duros combates, fuman un cigarillo tras otro sentados en colchonetas azules -donacin de la ONU- mientras sorben caf con cardamomo a sorbos cortos y repasan una y otra vez cmo su localidad, hace dos aos un modelo de convivencia tnica y religiosa, se ha transformado en un nuevo Irak.

Antes, en Busra vivan unos 5.000 chies y unos 30.000 sunes. Vivamos todos juntos, convivamos sin problemas, no hacamos distinciones, incluso haba matrimonios mixtos. Entonces, la revolucin estall, arranca Abu Hassan, 33 aos, recostado contra la chapa. Al principio, todos participbamos en las manifestaciones. Escribamos juntos los lemas. Corebamos consignas, pedamos a voces la cada de Bashar. Chies y sunes coincidamos en que Siria necesitaba el final de la dictadura y una democracia que nos diera a todos los mismos derechos. El refugiado recuerda en concreto a un amigo, al que identifica como Ghandi Araslan, con quien pas no pocas noches fumando y hablando de cmo sera el futuro. Al poco nos dimos cuenta de que en realidad nos estaba espiando. Los chies nos espiaban. Tomaban fotos no slo de las pancartas, tambin de quienes las portaban. Ghandi, antes, era un mecnico: ahora es un shabiha. Y nuestros nombres empezaron a figurar en listas negras.

La localidad de Busra, una acumulacin de monumentos nabateos, romanos -incluido un suntuoso anfiteatro-, bizantinos y musulmanes declarados Patrimonio de la Humanidad en 1980, es una de las muchas ciudades histricas que estn siendo demolidas por la guerra. Las primeras menciones a esta ciudad, situada en la provincia de Daraa, datan del siglo XIV antes de Cristo, y las ltimas, desgranadas por una poblacin en plena huda, describen ruinas humeantes sometidas a bombardeos y una poblacin enfrentada en armas.

Busra es una de las pocas ciudades con una fuerte comunidad chi en la provincia de Daraa. Segn los vecinos entrevistados, los combates que se libran no implican a las fuerzas del rgimen con los grupos opositores armados. El rgimen cre una trampa sectaria cuando dio armas a una parte y a otra no, sentencia Abu Ennas, enfermero de 45 aos natural de Busra. Acaba de cruzar la frontera a pie junto a un grupo de cientos de civiles, protegidos por la oscuridad de la noche, convirtindose as en uno ms de los 350.000 sirios que, se estima, han huido a Jordania. Hace un ao que distribuy armas a la comunidad chi de Busra, y ahora stos defienden al rgimen contra los sunes, prosigue el hombre, educado y solcito pese al temblor de su cuerpo, producto del fro y la inquietud, cubierto con un manto de lana marrn comn entre la clase media-alta siria. En la ciudad no qued ni polica ni Ejrcito. Nadie atac a la comunidad chi, pero ellos eran una carta en manos del rgimen. Se hicieron fuertes con sus armas, y terminaron dando las rdenes a los uniformados, que acuden slo cuando se lo piden.

El enfermero se estira el pelo hacia arriba descubriendo una cicatriz. Afirma que responde a la bala de un francotirador chi, que le dispar cuando conduca su coche rumbo al hospital. Le roz la frente pero la suerte quiso que no se incrustase en su crneo. Al principio, el primer ao de la revolucin, la relacin con ellos era normal, pero despus fueron armados y comenzaron a matarnos. Ser muy difcil volver a la convivencia. Esto que vive Siria es una guerra sectaria. En Busra, sufrimos una guerra entre chies y sunes, y el rgimen est intentando hacer lo mismo con los drusos de Suwaida, aade Abu Ennas en referencia a la provincia surea que acoge al 90% comunidad drusa siria, estimada en total en unas 700.000 personas.

Busra parece ser una de las primeras intraguerras sectarias que podran devorar a Siria en el futuro, caiga o no Bashar al Assad. El rgimen alau -una escisin del Islam chi- ha propagado la idea entre las minoras religiosas sirias de que su futuro est en peligro dado que los manifestantes y los grupos que combaten con el Ejrcito Libre de Siria son salafistas sunes que pretenden imponer un califato islmico y acabar con la convivencia que otrora caracteriz al pas rabe. De la misma manera, toda la comunidad rabe sun -mayoritaria en Siria, con casi un 60% de poblacin- se siente objeto de la persecucin del rgimen.

El rgimen les entreg las armas, insiste Abu Hassan desde su caseta metlica. Un ao despus del comienzo del levantamiento, los chies comenzaron a atacar y quemar negocios sunes. Aprovecharon que algunos vecinos sunes huan para tomar el control de sus negocios, entre ellos panaderas, farmacias Quemaban tiendas con un polvo blanco que acta como el cido, derritiendo el metal, aade este tendero sun.

Su hermano Ahmed, de 38 aos, tambin tena una pequea tienda en Busra. El pasado enero, a la salida de la mezquita, emprendi el camino hacia su casa cuando, cerca del sector chi de la ciudad, un francotirador le dispar dos veces: una en el brazo, y otra en la pierna. S que el disparo fue chi porque provena de un edificio ocupado por chies. Qued paralizado, en el suelo, y un vecino acudi a recogerme. Tambin le dispararon en la pierna, rememora el hombre con parismonia, mientras fuma intensas caladas. Su pierna est vendada, y su brazo derecho paralizado con escayola: de l salen tres dispositivos metlicos que parecen fijar el hueso. Entonces acudi uno de mis hermanos. El mismo francotirador le dispar dos veces al pecho. El rescate de los tres hombres llevara horas, y los tres fueron evacuados a Jordania, dado que el hospital de Busra est en manos de los chies, como lo estn los accesos a la ciudad. Slo podemos entrar y salir de noche. Nosotros tardamos cinco horas en poder escapar de Busra. Pasamos mucho miedo

Abu Hassan, que huy hace casi un mes para evacuar a su familia y a los dos hermanos heridos, tuvo la mala suerte de ver cmo su refugio se inundaba cuando una tormenta convirti la tienda de campaa que le haban asignado en el campo de refugiados de Zaatari, en Jordania, en una piscina. Y la buena suerte de que aquel episodio le hizo merecedor de una de las 60 casetas prefabricadas distribuidas por el rgimen saud a los afectados por las inundaciones. Pero este tendero est acostumbrado a perder propiedades. El Ejrcito sirio me quem mi tienda. Los chies me detuvieron, me entregaron al Ejrcito, pas cuatro meses detenido, uno de ellos torturado Antes, mis vecinos chies entraban en mi casa como cualquiera de mis familiares, eran uno ms de la familia. Ahora es imposible pensar en que volvamos a hablar, siquiera.

Abu Hassan asegura que su buena relacin con sus vecinos chies y el supuesto espionaje al que le sometieron fue el motivo que llev a su detencin, junto a cuatro de sus hermanos. El rgimen, dice, convenci a sus lderes de que su comunidad estaba en peligro. Nuestro problema con los chies es que sus referencias religiosas estn fuera de Siria. Son juguetes de Irn, de Irak, del Lbano, de sus marjaa [fuentes de emulacin o autoridad religiosa], afirma Abu Hassan. Estn convencidos de que el rgimen es muy fuerte y de que Irn les proteger, apostilla. He visto a chavales de 12 aos que han recibido armas, interviene Ahmed.

Los entrevistados insisten en que los chies de Busra reciben ayuda del exterior, incluso dicen que son entrenados por la milicia chi libanesa Hizbul durante 25 das. El sectarismo se ha disparado no slo en Siria, tambin en toda la regin, afirma un familiar jordano de los presentes, capitn retirado del Ejrcito jordano. Los chies sirios estn negociando con los drusos para aliarse a ellos en Suweyda y hacerse fuertes en el sur, prosigue, incidiendo en un argumento que tambin esgrima Abu Ennas en la frontera. Los refugiados de Busra en Zaatari no se muestran satisfechos con la labor del Ejrcito Libre de Siria. Controlan parte de la ciudad, pero al tener pocas armas lo nico que logran es atraer ataques. Han ayudado a evacuar a la poblacin a las afueras, pero nada ms.

El caso de Busra no es nico en Siria. En la provincia nortea de Idlib, dos aldeas chies se hicieron fuertes hace meses en medio de una marea sun. Dos semanas atrs, milicias sunes secuestraron a decenas de chies, acontecimiento que fue rpidamente respondido con el secuestro, a manos chies, de unos 200 sunes. La liberacin de los rehenes, el pasado jueves, rebaj la tensin en la zona, pero el escenario sigue siendo potencialmente incendiario.

En la surea Daraa, nuevos y reforzados combates entre el rgimen y el ELS estn empujando a la poblacin civil a huir del pas. Los vecinos entrevistados en las fronteras y en el campo de refugiados de Zaatari indican que el rgimen ha redoblado los bombardeos -denuncian incluso el uso de misiles Scud- en respuesta a una nueva ofensiva rebelde que le habra llevado a capturar nuevas bases militares.

Segn el blog especializado en armamento Brown Moses, los rebeldes del sur habran recibido una dotacin de armas pesadas que incluyen lanzagranadas y proyectiles anti-tanque en cantidades considerables, lo que habra mejorado radicalmente un arsenal que hasta ahora se reduca a lo que conseguan incautar al rgimen. Segn el diario Washington Post, las armas habran llegado mediante Jordania -que comparte 370 kilmetros con Siria- y habran sido enviadas por potencias extranjeras con el objetivo de reforzar a grupos armados moderados en detrimento de los grupos yihadistas radicales que ya se han hecho fuerte en el norte del pas, aprovechando otros envos similares de armas.

Ese conforma otro de los muchos escenarios blicos que se barajan en Siria para el futuro: laicos contra fanticos. Por el momento, ambas fuerzas conviven sin tener nada en comn ms que el objetivo primario a lograr: la cada del rgimen sirio. En el caso de las minoras, la guerra interna ya ha comenzado, a juzgar por las palabras de los vecinos de Busra. Dado que no nos pueden devolver a nuestros muertos, slo tienen una opcin: marcharse con los suyos al Lbano, asevera Khalil al Khalil, de 44 aos, mientras a su lado Ahmed y Abu Hassan asienten con firmeza.

Fuente original: http://www.cuartopoder.es/elfarodeoriente/las-guerras-que-esperan-a-siria/4025



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