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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-03-2013

Corrupcin estructural y no accidental

Juan Snchez Torrn
La Opinin


Ante la propaganda ideolgica del discurso que invariablemente se repite cada vez que sale a la luz pblica un nuevo caso de corrupcin partidista, que nos recuerda que "la gran mayora de los miembros de la clase poltica es gente honrada", conviene parapetarse en ciertas obviedades que estn al alcance de cualquiera. Para que exista corrupcin poltica se requiere la participacin de dos o ms personas. En proporcin variable, dentro de ese reparto, habr corruptores y corrompidos, todos corruptos. La corrupcin no durara de no desarrollarse en un ambiente propicio a la justificacin, la disculpa, el encubrimiento o la pasiva aceptacin de la accin u omisin de los corruptos. El corruptor no puede corromper si el destinatario de dicha corrupcin se niega a prestarse a ello. Por lo tanto, la corrupcin nunca es un fenmeno individual debido nicamente a la especial falta de escrpulos de un particular en un entorno de gente intachable. En un contexto tal la corrupcin no podra tener lugar. El manicomio del poder en el cual habita la clase poltica hace perder de vista estas obviedades. Y en ese manicomio sus miembros quieren meter, con la colaboracin de los medios de comunicacin, a la opinin pblica. Pero la realidad es que cuando la corrupcin germina en una fratra cerrada de intereses compartidos, como es un partido poltico, lo hace porque en la cerrada solidaridad entre los miembros del grupo, y en la enajenacin provocada por la disciplina partidista y la lealtad al mando, han empezado a darse ya las condiciones propicias para el descontrol del poder que hace posible dicha corrupcin. No hace falta que la conducta sea compartida y ni siquiera conocida por el resto de miembros del grupo; el que se corrompe lo hace porque sabe que tiene impunidad para hacerlo y porque, en ltimo extremo, la lealtad de los dems a la causa aglutinadora de un partido poltico primar sobre la lealtad a una moral que, en otros mbitos, impedira comportamientos de esas caractersticas. Bien es cierto que los partidos polticos no se hubieran nunca constituido de no existir unas pocas ideas o intereses que unieran a sus integrantes. Pero desde que los partidos polticos son "partidos de masas", desde que la poltica se ha profesionalizado, desde que ha aparecido la figura del "funcionario de partido" , desde que, superados los tiempos del parlamentarismo britnico que form los "partidos de notables", la tendencia natural por la cual "toda lucha entre partidos persigue no solo un fin objetivo sino tambin, y ante todo, el control de la distribucin de los cargos" (Max Weber) ha tomado la delantera y se ha desarrollado de forma autnoma, por encima y al margen de su mayor o menor encaje con los fines ideolgicos de la organizacin. Por eso dice tambin Max Weber que "los partidos sienten ms una reduccin de su participacin en los cargos que una accin dirigida contra sus propios fines objetivos". No poda ser de otra manera desde el momento en que existe la poltica profesional, es decir, desde el momento en que hay gente cuya nica actividad es la poltica y por lo tanto vive de la poltica. La lealtad a la causa ideolgica proclamada termina por ser indistinguible, en el seno de un partido poltico, de la lealtad al fin primordial de adjudicar al propio partido la mayor porcin en la distribucin de cargos. Si a ello sumamos las delirantes dimensiones que han adquirido las campaas electorales y las enormes necesidades de financiacin para mantener a pleno rendimiento la maquinaria, la conclusin inmediata es que la tendencia a la corrupcin forma parte de la naturaleza de los partidos polticos. Un hecho que trasciende la mejor o peor voluntad de sus militantes, e incluso de los propios miembros de la clase poltica profesional.

A la luz de esta evidencia carece por completo de inters la absurda discusin acerca de si la mayor o la menor parte de los miembros del grupo son mejores o peores personas: la corrupcin es un fenmeno que exige respuestas institucionales, y no prdicas morales ni frivolidades imposibles de verificar. El sistema institucional espaol favorece la proliferacin de conductas como la de Luis Brcenas y la costumbre de los partidos polticos de defender a los suyos como la patria levantada como un solo hombre contra el enemigo es un espectculo no menos repugnante que la aclamacin de la muchedumbre a Benito Mussolini en las concentraciones de Piazza Venezia. La diferencia entre el Estado de Partido nico y el Estado de Partidos nacido de la intervencin norteamericana en Europa durante la guerra y la posguerra, en nada afecta al hecho de que todos los partidos asumen el mismo principio de funcionamiento que el de un rgimen totalitario: aclamacin del lder hacia el interior y unidad de accin hacia el exterior.

Las sutiles distinciones entre el partido y el gobierno, que algunos polticos, con ms malicia que despiste, pretenden colar, es fraudulenta. En Espaa, y en general en los regmenes parlamentarios de Europa -con la notable excepcin de los britnicos y con matices, de los franceses- los partidos polticos no son rganos mediadores entre la Sociedad Civil y el Estado, para llevar a este las demandas de aquella, sino instituciones propiamente estatales, financiadas con fondos pblicos. Por ello, la corrupcin de los partidos es corrupcin institucional. Si, frente a los partidos poltucos, no se alza un sistema institucional capaz de frenar la tendencia natural del poder a la expansin y a la impunidad, la corrupcin es inevitable. Existe un sistema tal en Espaa? La representacin proporcional mediante listas retiene el poder en las cpulas de los partidos y convierte a los diputados en delegados de su faccin a sueldo del Estado. El rgimen de inseparacin entre los poderes legislativo y ejecutivo propio del parlamentarismo hace imposible que el primero "controle" al segundo. Por encima de la ficcin jurdica del parlamentarismo, segn la cual son los parlamentos los que ponen o deponen gobiernos, la realidad es que, bajo un sistema electoral proporcional de listas, se asiste a la ficcin de que el candidato a la jefatura de gobierno ya ha nombrado a los diputados que, siguiendo un escrupuloso ritual, habrn de elevarlo a la cabeza del Poder Ejecutivo, cual si se tratase de una eleccin libre y no sujeta a "mandato imperativo" alguno. Mandato prohibido por una constitucin contradictoria, que consagra al mismo tiempo la representacin proporcional, que inevitablemente sujeta a los diputados a las rdenes de la cpula del partido.

El grupo parlamentario mayoritario o las oscuras transacciones del consenso con los grupos minoritarios sostienen al gobierno y garantizan su impunidad. Poco importa que el escao sea de titularidad del diputado y no del partido: los diputados saben bien a quien deben obediencia si aspiran a conservar un lugar en la lista. Adicionalmente, los partidos tienen derecho a utilizar los medios de comunicacin pblicos en proporcin a su cuota de poder en la cmara. Su financiacin pblica, en un estrepitoso mecanismo de realimentacin positiva, es proporcional al apoyo electoral con el que cuentan. Los consejos de administracin de los entes pblicos, las comisiones parlamentarias, la constitucin del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial y la ocupacin de los cargos pblicos, tcnicos y burocrticos en el Estado y en las empresas pblicas reproducen indefectiblemente la misma correlacin de fuerzas surgida de un nico acto electoral. Lo mismo sucede con el reparto de asientos en el Tribunal Constitucional, cuya mera existencia denota la falta de un poder judicial independiente facultado para aplicar directamente la Constitucin, como las dems leyes: en Estados Unidos, desde un juez de primera instancia hasta la Corte Suprema, pueden hacerlo. Aqu solo puede hacerlo un tribunal designado expresamente para ello por los propios partidos polticos. Ningn poder se controla a si mismo, el poder indiviso no es controlable. Es hasta deshonesto hablar de democracia en estas circunstancias. La corrupcin no se debe a la falta de escrpulos de un puado de dirigentes deshonestos o al uso desviado de instituciones rectas, sino al uso normal de instituciones que propician el descontrol del poder y que han entregado el Estado a los partidos polticos sin contrapeso alguno.

Fuente: http://www.laopinioncoruna.es/opinion/2013/02/07/corrupcion-estructural-accidental/690345.html



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