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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-03-2013

Las luchas sociales en Tnez
Maldicin u oportunidad revolucionaria?

Hela Yousfi
Nawaat

Traducido para Rebelin del francs por Carmen Garca Flores.


La revolucin tunecina ha sido a menudo descrita como una especie de puro acontecimiento, un caso nico donde un pueblo tunecino cuasi mstico y homogneo ha conseguido liberarse de su dictador. Por un acto cuasi mgico, habra sido suficiente que el pueblo grite fuera el 14 de enero de 2011 para que el dictador prendiera efectivamente la huida. Visto as, las causas y las consecuencias de la revuelta parecen imprecisas y la inteligibilidad histrica ha sido abandonada en provecho de un relato despolitizado en el centro del cual un movimiento espontneo de jvenes blogueros habra conseguido arrastrar a todo un pueblo a la revuelta y a la cada de un dictador deshonroso.

Por otro lado, la mayora de los investigadores y de los media que se interesan por la poltica rabe a menudo focalizan la explicacin en la persistencia de estructuras autoritarias rabes o en la revolucin de los movimientos islamistas, creando as una miopa sobre las diferentes fuerzas de cambio que han emergido en el curso de los dos ltimos decenios. Diferentes movilizaciones colectivas conducidas en gran parte por organizaciones clsicas como la UGTT (la Unin General de Trabajadores Tunecinos, la liga tunecina de Derechos Humanos, el orden de abogados, la unin de parados diplomados, las asociaciones de inmigracin, etc) que mediante cooridinaciones en red como las de los blogueros yizzi fok 2007 o la coordinacin del 18 de octubre de 2007, han marcado los acontecimientos histricos que han conducido a la salida de Ben Al. Las reivindicaciones democrticas han unido las reivindicaciones sociales y econmicas y han permitido poner en marcha el proceso revolucionario en curso.

El lunes 14 de enero de 2011, asistimos a un mea culpa generalizado por los analistas en lo que concerna a la situacin tunecina y confiesan que ellos no haban prevenido esta revolucin. Ironas de la vida, poco tiempo despus, y para analizar las transformaciones del campo poltico tunecino los comentaristas y los hombres polticos retoman de nuevo el viejo debate democrtico/modernista 3adat 7alima ila 3adatiha al9adima ( volvi Halima a sus antiguos hbitos NT) y focalizan de nuevo el asunto en el peligro de que haya una dictadura religiosa y pierden as de vista las diferentes luchas sociales que son en el mejor de los casos marginadas y en el peor criminalizadas por la lite poltica gobernante (todas las tendencias confundidas).

Cuando la batalla poltica confisca las luchas sociales

La primera fase del proceso revolucionario condujo al final de los dos sit-in, Kasbah1 y Kasbah2, a la eleccin de la asamblea constituyente. El proceso electoral orient as significativamente el proceso revolucionario hacia una solucin poltica: dicho de otro modo: solo las reivindicaciones polticas han encontrado una salida, en detrimento de las reivindicaciones econmicas y sociales. Las lites polticas y econmicas nuevas y antiguas, en el gobierno como en la oposicin, se han comprometido en una lucha encarnizada por la conquista del poder, se encuentran en una alianza objetiva para neutralizar el proceso revolucionario intentando de reconducir el mismo rgimen poltico, econmico y social que prevaleca antes de la cada de Ben Al. Esta tentativa de neutralizar el proceso revolucionario pasa por una distincin minuciosa entre las apuestas polticas consideradas como prioritarias y las luchas sociales consideradas como una dificultad para la vuelta a la estabilidad barra ilaman. Este cisma hbilmente construido o largamente interiorizado por las lites gobernantes y materializado por la palabra mgica de transicin democrtica aparece, pues como el mejor medio de mantener los intereses econmicos de las clases sociales dominantes.

El enfrentamiento entre la poltica y las luchas socio-econmicas adquieren varias formas en Tnez. Primeramente, la dramatizacin de las apuestas polticas alrededor de la preparacin de las futuras eleccion e s, con el fin de atraer la atencin de los electores, de suscitar su inter s y de justificar co n ello, la existencia de desorganizaciones polticas como nicas reguladoras de la situacin.

De este modo el discurso meditico y pol tico est cristalizando alrededor de la importancia de encontrar un consenso alrededor del calendario electoral entre los actores polticos; otra consideracin econmica o social es considerada perifrica para informar de lo que se ha llamado comnmente las verdaderas apuestas para hablar de la estabilidad poltica. En segundo lugar los movimientos sociales reivindicativos enmarcados o no dentro de la UGTT son sistemticamente criminalizados y acusados de inciviles, son sospechosos de causar miedo a los inversores privados locales y extran j eros y de poner trabas a la marcha del pas hacia la estabilidad poltica y econmica.

El argumento folklrico, a menudo movilizado es: queremos una tregua, dejadnos trabajar y tened paciencia, y tendris lo que queris. En tercer lugar, la nica alternativa econmica propuesta es la de perpetuar el mismo modelo econmico, centrando los males del sistema econmico nicamente alrededor de la lucha contra la corrupcin, relegando a un segundo plano las disfunciones estructurales de la economa tunecina. Y por ltimo la represin policial, arma temible, utilizada por Ben Al es reutilizada por los gobernantes de transicin sucesivos.

La cuestin que surge es: los componentes del rgimen, los antiguos y los n ue vos, van a poder reducir los procesos en curso con un simple juego de democracia liberal con la concesin simblica de las elecciones libres para permitir la alternancia en el poder? Las luchas sociales que continan dejan presagiar que los ingredientes del proceso revolucionario estn siempre juntos.

Cuando los movimientos sociales reivindicativos se preguntan las relaciones entre los gobernantes y los gobernados

Si las nicas alternativas propuestas son el turismo de masa, la subcontratacin, la agricultura ms o menos intensiva y la valoracin de las infraestructuras (una autova por aqu, un hospital por all) es normal que se vea la explosin de los movimientos sociales enmarcados en le UGTT o fuera de las estructuras sindicales. No pasa una semana sin que se oiga hablar de huelgas generales de ciudades enteras, como Elkef, Silaina, Ben Guerdan, Sidi, Bouzid, de carreteras cortadas, de huelgas sectoriales (educacin, transporte, fosfatos, etc).

Los movimientos contestatarios, los ms determinados, estn sobretodo unidos al paro y a las desigualdades en el desarrollo entre el litoral y el resto del pas. Esto pone en escena jvenes parados del interior del pas que se siente profundamente decepcionados por la inmovilizacin del gobierno en cuestiones relativas al empleo y a la reduccin de las disparidades regionales. Estos movimientos se traducen por el saqueo de locales industriales, el corte de carreteras y de vas de tren o el asedio a fbricas, impidiendo a los asalariados acceder a su trabajo. Esto es mucho ms frecuente por todas partes que las polmicas que oponen a islamistas y laicos ms mediatizadas en el plano nacional e internacional.

Los jvenes parados reivindican trabajo y la puesta en marcha de verdaderos proyectos de desarrollo en las regiones. Estos movimientos reivindicativos socio-econmicos si pueden tener el apoyo selectivo de militantes pertenecientes a organizaciones polticas, son a menudo vistos como una agitacin que ciertamente puede ser instrumentalizada en la batalla poltica, pero quedan al margen en lo relativo a la famosa apuesta de la transicin democrtica.

Por lo tanto estos movimientos constituyen un laboratorio nico para la exploracin de pistas de reinvencin del ejercicio poltico tan reivindicado por las sublevaciones populares. Por la presin continua que stos ejercen en la poltica, no pasa una semana en la que un ministro no est obligado a rendir cuentas y a explicarse por las polticas que adopta. Por la capacidad cuasi espontnea de estos movimientos para articular las apuestas de orden poltico, econmico, identitario y social, ellos ofrecen una posibilidad increble de proponer una sociedad alternativa.

Cuando los jvenes parados de Siliana o de Makther relacionan el derecho individual al trabajo con las problemticas del desarrollo regional y la historia de la crtica del poder central de estas regiones, cuando estos mismos jvenes relacionan el fenmeno del paro con una apuesta de redistribucin administrativa y de descentralizacin de la decisin poltica, estn ofreciendo una buena ilustracin de complicacin de las apuestas econmicas, polticas e identitarias. Como dice uno de ellos: la batalla poltica es evidentemente para la reparticin del pastel y esto no nos interesa. Nosotros queremos trabajo, queremos salir de la miseria y del desprecio del poder central desde la independencia y no estamos dispuestos a callarnos hasta que nuestras reivindicaciones no sean satisfechas.

Por otra parte, una rpida vuelta a las nuevas coordinaciones emergentes en unin con estos movimientos sociales como el grupo manifiesto 20 de marzo, el movimiento nueva generacin o el forum de los derechos econmicos y sociales demuestran la emergencia de una nueva visin de la poltica que rompe tanto en el plano organizativo como en el plano intelectual con las organizaciones polticas clsicas. Se fijan como objetivo central la renovacin en cuestin de esta separacin usual entre las apuestas del cambio democrtico y las luchas sociales as como una ruptura definitiva con el modo de organizacin piramidal.

Por lo tanto, las movilizaciones para apoyar a los parados van a articularse en la defensa de los heridos de la revolucin; la defensa de las libertades individuales va a estar ntimamente ligada a las reivindicaciones de justicia social, y la movilizacin por los derechos de los migrantes est articulada en los criterios formulados por la serie de acuerdos de cooperaciones euro-mediterrneas. Y esta articulacin entre los diferentes niveles y formas de luchas ha sido soberbiamente expuesta a travs del eslogan que se cant un da en Redeyef, en enero de 2008: Ahla Gaza/Redayef, ramz el3izaza (la gente de Gaza/Redayef NT) (smbolo de dignidad).

El conjunto de estas luchas y movilizaciones portan en ellas los grmenes de un nuevo tipo de movilizacin socio-poltico cuyo mensaje es claro: el rechazo del modelo neoliberal y sus socios internos y externos. Estos movimientos son una maldicin para las lites polticas que luchan por el poder, pero son una verdadera oportunidad para el proceso revolucionario. Sin embargo, el desafo que permanece es: este proceso revolucionario que pone en escena relaciones dialcticas y complejas entre econmica y poltica, liderazgo y espontaneidad, accin colectiva organizada clsica y emergente, luchas de clases y derechos individuales, va a ser capaz de escapar a la fragmentacin de las luchas, de resistir a la mquina de la confiscacin poltica y de federar un gran movimiento que pueda canalizar la energa de las masas y proponer una verdadera sociedad alternativa?

 

Fuente: http://nawaat.org/portail/2013/02/19/les-luttes-sociales-en-tunisie-malediction-ou-opportunite-revolutionnaire/



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