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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-03-2013

Resea del libro "Racismos y otras formas de intolerancia de norte a sur en Amrica Latina"

Francisco Pineda
Rebelin

Racismos y otras formas de intolerancia de norte a sur en Amrica Latina, de Alicia Castellanos Guerrero y Gisela Landzuri Bentez (coord.), Mxico: Universidad Autnoma Metropolitana, 2012.


Este libro colectivo que estamos presentando tiene una relevancia especial. Examina las prcticas racistas en Mxico y en Amrica Latina. Nos recuerda cmo se ha configurado el poder, desde hace cinco siglos.

No todo son procesos electorales.

El libro hace ver las estrategias de la dominacin, en la historia larga, pero desde una dolorosa actualidad para los pueblos originarios y los afroamericanos secuestrados y esclavizados.

Este libro es un aporte fundamental, para analizar la situacin que vivimos en los tiempos que corren. Convoca a la reflexin analtica de nuestro presente y nuestra historia, en un problema que ha sido decisivo para la opresin y el genocidio. Un problema que es decisivo para nuestro futuro de liberacin.

Las historias del racismo contra el pueblo Mapuche, en Chile y Argentina; contra el pueblo Aymara, en Bolivia; contra los afro descendientes en Colombia y Brasil, son historias nuestras. Este libro nos recuerda eso. No somos ajenos a la colonialidad del poder racista.

Sobre esto, quisiera hablar un poco.

Hacia 1525, cuando recin se haba producido la derrota militar de los mexicas, frailes dominicos y franciscanos elaboraron un discurso para argumentar a favor de la esclavitud de los pueblos derrotados en nuestra tierra.

El acontecimiento y el ncleo de aquel discurso fueron recogidos por quien es considerado como uno de los ms influyentes cronistas de la colonia, Francisco Lpez de Gmara, capelln de Hernn Corts.

En la Historia General de las Indias, Lpez de Gmara relat que se hicieron muchos esclavos en todas partes sin pena ni castigo, porque fray Toms Ortiz y otros monjes aconsejaron la sujecin de los indios, presentando documentos y testigos en Espaa para persuadir a la corona de que dichos pueblos no merecan la libertad. El Consejo de Indias, que presida el confesor del emperador, dio grandsimo crdito a tales consideraciones y, ese mismo ao, Carlos V decret que los pueblos originarios de Nuestra Amrica fuesen esclavos. La memoria colonialista lo convirti en chocolate

Aquella argumentacin, junto con otros documentos de la poca, fue una pieza fundante del discurso racista en el comienzo de la era colonial, con un valor histrico evidente para Mxico y todo este continente, Africa y Asia. Es importante, tambin, porque ubica explcitamente uno de los propsitos fundamentales de ese discurso: el sometimiento esclavista de la poblacin derrotada militarmente.

Los argumentos para esclavizar fueron los siguientes:

Los hombres de tierra firme de Indias comen carne humana, y son sodomticos ms que generacin alguna. Ninguna justicia hay entre ellos; andan desnudos; no tienen amor ni vergenza; son como asnos, abobados, alocados, insensatos; no tienen en nada matarse y matar; no guardan verdad son inconstantes; no saben qu cosa sea consejo; son ingratsimos y amigos de novedades son bestiales en los vicios; ninguna obediencia ni cortesa tienen mozos a viejos ni hijos a padres; no son capaces de doctrina ni castigo; son traidores, crueles y vengativos, que nunca perdonan; inimicsimos [grandes enemigos] de religin, haraganes, ladrones, mentirosos y de juicios bajos y apocados; no guardan fe ni orden; no se guardan lealtad maridos a mujeres ni mujeres a maridos; son hechiceros, agoreros, nigromnticos; son cobardes como liebres, sucios como puercos; comen piojos, araas y gusanos crudos donde quiera que los hallan; no tienen arte ni maa de hombres son sin barbas, y si algunas les nacen, se las arrancan cuanto ms crecen se hacen peores se tornan como brutos animales; en fin, digo que nunca cri Dios tan cocida gente en vicios y bestialidades, sin mezcla de bondad o polica. (dijo Toms Ortiz, monje dominico).

As hablaron los primeros racistas, en Mxico. Y su huella queda, esto se evidencia en el libro colectivo que coordinaron Alicia Castellanos Guerrero y Gisela Landzuri Bentez.

La lnea principal de ese discurso racista es la deshumanizacin de los pueblos (animalidad). Es decir, la construccin imaginaria de salvajismo, por medio del despojo discursivo.

Lpez de Gmara, igualmente, insisti en los preceptos mitolgicos del discurso racista: mataron los indios (en la cuenca del ro Pnuco, en Mxico) cuatrocientos espaoles de aqullos, muchos de los cuales fueron sacrificados y comidos, y sus cueros puestos por los templos, curtidos o embutidos; que tal es la cruel religin de aqullos, o la religiosa crueldad. Son asimismo grandsimos putos, y tienen manceba de hombres pblicamente, do se acogen las noches mil de ellos, y ms o menos, segn es el pueblo.

As hablaron de nuestros pueblos los colonizadores y as se configur el poder racista.

La representacin funciona como algo que sustituye a la persona y adems aparece como si fuera esa persona misma.

Para deconstruir el discurso racista hay que trabajar sobre los cdigos de poder, porque ese discurso no habla de la poblacin racializada, sino de relaciones de poder codificadas racialmente; habla del racista y sus mitos.

Desde el comienzo los pueblos resistieron. En consecuencia, hacia 1509-1512, la reina Juana I, mejor conocida como Juana la Loca, dict Ordenanzas para el regimiento de los indios. El motivo de tales medidas fue que, para los indios, todo su fin es tener libertad para hacer de s lo que les viene a la memoria; y viendo que esto es tan contrario a la santa fe, la monarqua acord una serie de medidas de regimiento: reducor el espacio, el tiempo, la los medios de subsistencia, y a la familia.

Juana la Loca decret la concentracin de los pueblos en asentamientos contiguos a los espaoles y orden que vivieran hacinados en galeras. Al mismo tiempo, orden incendiar los pueblos para que los dichos indios no tengan causa de volverse all donde los trajeron.

La implantacin del caciquismo merece una observacin especial, quiz esta institucin del poder duradero sea una de las ms efectivas.

Es una institucin netamente colonial que se impuso desde los primeros aos, en las islas del Caribe, como lo muestran las ordenanzas de Juana la Loca . La implantacin del caciquismo comenz as: ordenamos y mandamos que los dichos caciques tengan quien los sirva y hagan lo que ellos mandaren para cosas de su servicio.

Otro, ordenamos y mandamos que todos los hijos de los caciques que hay en la dicha isla, y hubiere de aqu en adelante, de edad de trece aos se le den a los frailes de la orden de San Francisco... para que los dichos frailes les muestren leer y escribir y las cosas de nuestra fe, los cuales tengan mostrando cuatro aos y despus vuelvan a las personas que se los dieron y los tengan encomendados, para que los tales hijos de cacique muestren a los dichos indios, porque mejor lo tomarn de ellos.

El antroplogo Guillermo Bonfil, al hacer la crtica del indigenismo del Estado, en el siglo XX, observ el mismo mecanismo, constat la duracin larga de las estrategias de poder. Considrese que inmediatamente despus de la Revolucin Mexicana, bajo el rgimen emandado del carrancismo, Manuel Gamio propuso: Para incorporar al indio no pretendamos europeizarlo de golpe; por el contrario, indianicmonos nosotros un tanto, para presentarle, ya diluida en la suya, nuestra civilizacin , que entonces no encontrar extica, cruel, amarga e incomprensible. Naturalmente que aadi Gamio no debe exagerarse a un extremo ridculo el acercamiento al indio. As, al inicio del indigenismo del Estado, los encargados de llevar el mensaje civilizador eran los no indios, pero la misin fracas.

Se decidi entonces observ Bonfil recurrir a los propios jvenes: escoger a los mejores, sacarlos de sus comunidades, llevarlos a un medio civilizado, someterlos a un lavado de cerebro mediante el cual reconocieran la inferioridad de su cultura y devolverlos despus a su medio de origen, convertidos en agentes.

El canibalismo primer elemento en la argumentacin de la esclavitud se inscribi en el discurso racista a partir del aejo temor al averno.

En esto, vale tener presente algo que escribi Sigmund Freud acerca de la oposicin entre las fuerzas del bien y del mal, pues remiti este enfrentamiento simblico al dominio colonial: Cuando un pueblo es derrotado por otro, no es raro que los dioses destronados de los vencidos se trasmuden en demonios para el pueblo vencedor. Este fue el caso de Huitzilopchtli (o Mexi), smbolo ligado al sol dentro de la cultura mexica, a la liminalidad entre vida-muerte del nacimiento y la guerra: van al sol las mujeres que mueren en el parto y los guerreros que mueren en combate.

Vinieron. Ellos tenan la Biblia y nosotros tenamos la tierra. Y nos dijeron: Cierren los ojos y recen. Y cuando abrimos los ojos, ellos tenan la tierra y nosotros tenamos la Biblia.

Desmond Tutu.

Por su fuerza simblica para la resistencia Mexi tambin est en el origen del nombre que unifica a todos los pueblos de Mxico Huitzilopchtli fue convertido en signo diablico de la colonialidad del poder. La demonizacin de la cultura de los pueblos de Mxico es una de las formas del discurso racista, desde el comienzo de la era colonial.

La demonologa est ms all del argumento de esclavitud. Es el discurso ms o menos usual que el poder esgrime para acabar de raz con el mal; es un principio de causalidad ligado estrechamente a las prcticas genocidas del racismo. El Ejrcito Libertador que jefatur Emiliano Zapata fue tratado como turbas demonacas y a l mismo se le llam Atila, flagellum dei, el azote de dios.

Y del partido PAN, les digo que de por s sabamos que iban a votar en contra de los pueblos indios porque es un partido racista.

Porque el PAN slo le gusta ver a los indgenas como sirvientes en sus grandes casas o pidiendo limosna.

Por eso no pueden respetar los derechos y la cultura indgenas. Porque los panistas son los herederos de aquellos conquistadores espaoles que sembraron el terror y la muerte en las tierras indias de Mxico.

Comandante Tacho, Ejrcito Zapatista de Liberacin Nacional, 2003.

Con el racismo moderno, los infieles transitaron al estado de incivilizados y la inmensa cantidad de gente empez a ser transformada en grupos minoritarios, por medio de la imaginera y la guerra. La sntesis se hizo dilema para los pueblos y emblema para los oligarcas: civilizacin o barbarie.

Como observ David Vias, la integracin que corre por cuenta del civilizador se desplaza hacia el brbaro que debe convertirse o desaparecer; adscribirse a los valores del conquistador, en identificatoria sumisin, o perecer. La misin del blanco explicita as su privilegio carismtico: rendicin incondicional o aniquilacin.

El efecto de poder de esa tctica fue la construccin de una nueva mayora sometida, el mestizo. En este caso, clave para la explotacin capitalista, el racismo opera como justificacin ideolgica de la jerarquizacin de la fuerza de trabajo.

Siempre luchamos por cambiar esto. Hemos realizado marchas, papeleos, dilogos, comisiones tcnicas, defensa con abogados, etctera. En este trajinar por carreteras, pasillos y oficinas, hemos entendido mejor al pas. Hemos hallado que aun los que se sienten dueos de sus vidas y de las nuestras, ellos tambin son discriminados por otros ms poderosos. Hemos encontrado que su democracia es sumamente limitada. Las mayoras no tienen real acceso a las decisiones a los momentos importantes.

Cada cinco aos se repite la caravana de promesas y ofertas, se vota por quien ofrece mejores cosas y luego las cosas siguen igual para los de abajo: hambre, crisis y ms miseria y as, hasta cinco aos despus. Entonces la democracia no se aplica por igual para todos. Los grandes marginan a los medianos, stos a los ms pobres y stos a los invisibles, a nosotros.

Tal vez esa condicin de estar al final de la cadena, nos hace ver ms claro: el sistema est mal.

Pablo Rivero, pueblo Weehnayek, Bolivia, 2002.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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