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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-03-2013

El nuevo proletariado

Juan Pedro Garca del Campo
e-opinin


Las modificaciones ms profundas de la relacin social basada en el dominio capitalista se produjeron despus de la segunda gran guerra. Vencido el fascismo y consolidado un mbito geogrfico (la llamada Europa del este) en el que la explotacin no poda asentarse sobre la propiedad privada, la irreductibilidad de las fuerzas organizadas del proletariado, la potencia demostrada frente a la estrategia tendente a imponer el dominio de manera agresiva, llevaron a las mentes del orden a planificar una nueva estrategia: garantizar el poder y la apropiacin mediante un cierto compromiso que anulara la evidencia de la desigualdad y que generase un consentimiento mayoritario (que anulase el conflicto abierto moderando sus causas): una renuncia al beneficio ilimitado, una mayor participacin obrera en la riqueza obtenida, mediante polticas activas contra las bolsas de paro, polticas de desarrollo intensivo y extensivo, aumento ocasional de los salarios ligando su crecimiento al de la productividad o generacin de un espacio de concordia estructural en torno a los gastos sociales. Superacin de la crisis y recomposicin de la obediencia por la generacin de un espacio social de reconocimiento: independencia poltica y desarrollismo productivo en el tercer mundo; estado del bienestar en el primero. Produccin de masas y consumo masivo. Polticas de gasto pblico de corte keynesiano para incentivar la demanda, organizacin fordista de las relaciones salariares. Un bienestar basado en el consumo, identificado con el consumo, autojustificado por el consumo que, con la anuencia y la colaboracin de las organizaciones clsicas de la clase obrera (que quisieron ver en ello una va desarrollista de reparto de la riqueza, un camino al socialismo), redujo la conflictividad social y permiti adems la extensin de la salarizacin a buena parte de los sectores sociales que hasta entonces quedaban al margen de la misma. La dinmica de la apropiacin y de la explotacin del trabajo ajeno tuvo entonces un auge insospechado; el sector de los servicios, el sector publico, el transporte, la sanidad, la educacin, tradicionalmente relegados a la esfera de la reproduccin social, se incorporaron masivamente a la dinmica productiva en lo que supuso una extensin social de las relaciones de fabrica o, si se prefiere, una refundacin social de la explotacin.

Sin embargo, con este proceso no termin el ciclo de la rebelin: se ampli, ms bien, su base y su potencia. Si en las etapas anteriores la obligacin de trabajar para otro derivada de la apropiacin, la explotacin y el dominio como normas de la relacin social, se hacan evidentes en los mbitos fabriles, ahora, la salarizacin de la mayor parte de las relaciones laborales y de sus correspondientes figuras sociales permita que la percepcin de la estructura del dominio fuera generalizada y, por eso, que las revueltas tambin lo fueran. Con la ampliacin social de la zona de conflicto posible, la esfera del enfrentamiento no se atena ya exclusivamente a las reivindicaciones sindicales clsicas y no consideraba tampoco que su exigencia de liberacin tuviera que jugarse entre stas y la toma del poder, entre todo y nada. La participacin de una nueva clase obrera no-fabril, de un proletariado identificado finalmente con el conjunto de los sometidos al mando, en las revueltas de los aos sesenta y setenta en los alrededores del 68 (jvenes, mujeres, minoras tnicas, estudiantes, trabajadores de los servicios pblicos o de sectores tradicionalmente relacionados con las esferas de la circulacin de mercancas, saberes o prcticas, individuos claramente abocados a un horizonte de explotacin en proceso de ampliacin, a un espacio de obediencia que se extenda como estupidez y espectculo), marca los nuevos lmites del conflicto en una realidad social que, aunque ha salido de los marcos de la relacin-fbrica, no ha escapado a su ley de funcionamiento, que aunque ha ampliado los mrgenes del enfrentamiento, no ha bajado en intensidad. Es esto algo que no entendieron o no quisieron entender muchos de los viejos militantes comunistas, pero que fue perfectamente comprendido por las nuevas multitudes que llenaron calles y transformaron su uso, que ocuparon fbricas, instituciones, hospitales, oficinas y centros de enseanza, proyectando nuevas formas de usarlos y de ponerlos al servicio de la liberacin posible, colapsando as el modelo social que el capital haba intentado construir sobre la integracin y el compromiso.

No se trata de que los movimientos sociales hayan sustituido al movimiento obrero, como suele decirse desde la ausencia de pensamiento o desde la complicidad culpable. El proletariado, los explotados y sometidos a dominio para la apropiacin, cuyo foco ms consciente fuera en un tiempo el obrero fabril, como consecuencia de la reestructuracin social continuamente regenerada por la lucha de clases, se compone de una forma nueva y estructura el enfrentamiento en una nueva escala: la de lo social en su conjunto, la de la dominacin, precisamente. No tiene sentido hablar de movimientos sociales al margen del conflicto abierto entre la libertad y la explotacin, entre la liberacin y el dominio, como si lo social no estuviese atravesado y constituido por la fuerza del antagonismo. Estn en esto afectadas todas las relaciones interhumanas, en lo productivo y en lo simblico, en lo estructural y en lo microfsico. Lo social, en su conjunto, es el campo de batalla. La apropiacin, la explotacin y el dominio, son las cuestiones en juego. Y en esta partida, aunque a algunos les pueda parecer que desdibujados, sigue habiendo dos bandos.

Con todo, la modificacin producida en la superficie conflictual de las sociedades capitalistas no es un simple cambio de forma: del mismo modo que modifica las determinaciones del funcionamiento sistmico (que ahora, a partir de la extensin desbocada del consumo de masas, hace entrar en el mecanismo de la dominacin el mito del acceso generalizado a la riqueza socialmente producida, el mito de la compra-siempre-posible) arroja tambin perspectivas de liberacin totalmente nuevas y posibilidades de accin mucho ms potentes. Cuando lo social es reconocido como el mbito de la apuesta, cuando se abandonan las limitadas concepciones que entendan el enfrentamiento de clase constreido a los limites de lo salarial-sindical y centraban la tarea revolucionaria en la estrategia y la actuacin tendentes a una toma del poder que coincida con la toma de los aparatos del Estado, cuando la dominacin y no ya slo una cierta determinacin de la relacin econmica o productiva es reconocida como la clave, de la que las articulaciones econmico-productivas de los distintos modos de produccin son norma funcional pero no esencia, se ha producido un salto sin precedentes en la comprensin cabal del ciclo del enfrentamiento y se ha abierto un campo de una amplitud insospechada para la experimentacin revolucionaria.

Las visiones estrechas de la composicin de la clase obrera, de su unidad esencial y de su naturaleza antagonista, han saltado por los aires; no ms reduccin a la consideracin del puesto de trabajo, ni del tipo de mercanca producida; ni siquiera tiene ya sentido por s misma la mera consideracin de la cantidad del salario percibido ni la identificacin del proletariado con la condicin formalmente asalariada. Las determinaciones de la salarizacin son mucho ms complejas de lo que la apariencia permite prejuzgar. A partir de la complejidad social producida en la segunda mitad del siglo XX, el proletariado est en cualquier puesto de trabajo y en cualquier sector del entramado socio-productivo: sin salario, con niveles de salario que apenas alcanzan a superar el nivel estndar de pobreza o con salarios comparativamente medios o altos, incluso entre quienes se han visto forzados a constituirse legalmente en trabajadores autnomos o auto-empresarios (la ms novedosa modalidad del trabajo por obra o a destajo, que disfraza el salario como si fuera renta). Pero tambin en cada uno de esos lugares pueden encontrarse guardianes del orden que trabajan para la explotacin y el dominio. Aunque pueda hacerse una aproximacin sociolgica a la descripcin de la composicin de clase del nuevo proletariado, el proletariado no es nunca, en realidad, lo ha sido una categora sociolgica. Si estadsticamente, y en un grado abrumadoramente significativo, la clase obrera se mantiene en los niveles de vida ms bajos (algo que se sigue necesariamente de las condiciones de la apropiacin y del reparto social de la propiedad y la riqueza), esa categora descriptiva no tiene la determinacin del concepto. El sometimiento a la relacin salarial que permite identificar a la clase obrera no se mide por la efectiva retribucin mediante el expediente formal del salario, sino por la separacin estructural de la propiedad de los medios de produccin que, precisamente, determina el salario como contra-valor del sometimiento. En una aproximacin que sigue, con todo, siendo excesivamente formal, podramos decir ahora:

Nosotros, los obligados al trabajo, los sometidos a una relacin de dependencia, a la generacin de riqueza para otros, a la produccin de unas mercancas (materiales o simblicas) que no servirn para la liberacin y la autonoma sino que reproducirn su bienestar y nuestra dependencia.

Ellos, los que se apropian del trabajo ajeno, los que mantienen bajo dominio las potencias liberadoras de la actividad humana reconducindolas para su beneficio, los que se han apropiado y cada da se apropian de lo que slo es suyo por la fuerza. Los que estructuran su poder como sistema.

Una distancia que el capital, en su funcionamiento, continuamente (re)produce.

Tal fue la fuerza disolvente del orden que desplegaron las revueltas del nuevo proletariado, tal su capacidad de poner en cuestin los fundamentos de toda forma de dominio, tal el grado de desarticulacin del poder que generaron sus apuestas por las relaciones cooperativas (s, cooperativas, pero en el enfrentamiento; una cooperacin que se desligaba de las exigencias del mando: eso fueron las cooperativas de produccin y de vida, las comunas que se gestionaron de manera autnoma; eso fueron los movimientos contra las guerras imperialistas que en sus versiones ms folclricas clamaban por un mundo regido por el amor; eso fueron los movimientos de gnero, por la igualdad y contra la homofobia, que rompan la naturalizacin del dominio en las relaciones interhumanas; eso fueron las experiencias de comunicacin horizontal; eso los movimientos contra la devastacin del planeta por la barbarie desarrollista.

Experiencias de auto-valorizacin). Fue tal la potencia constituyente de la clase obrera que emerga, que el restablecimiento de la obediencia exigi el retorno a la agresividad del amo amenazado. Si el compromiso fordista resultaba ahora peligroso, ms vala olvidarlo: una ofensiva del capital slo comparable a la que desemboc en los aos treinta en la barbarie fascista se desat contra las conquistas obreras; pero ahora no se poda contemporizar ni errar el blanco. Se procedi a la liquidacin fsica o simblica de los desobedientes (as con los movimientos de revuelta en Amrica Latina, con los elementos ms activos de la minora negra en Estados Unidos o con buena parte de los militantes de la izquierda radical europea) y al desarrollo de una estrategia de tierra quemada que recibi el nombre de neo-liberalismo.

Con la ofensiva de las ltimas dcadas, el mito del rostro humano del capitalismo ha mostrado finalmente su verdadera esencia: falacia que la ideologa del bien comn aliment para hacer tragar la bondad del compromiso y del acuerdo, de la resignacin y la obediencia. Si algunos pensaron supongamos que de buena fe que era posible un bienestar de todos basado en la productividad y el consumo, si algunos creyeron que la concordia social era posible sin eliminar la propiedad privada de los medios de produccin, sin socializarlos y devolverlos al comn, su nico dueo, despertaron pronto de su profundo sueo.

Para frenar la revuelta instauraron regmenes dictatoriales y genocidas, organizaron guerras, promovieron por doquier legislaciones especiales de emergencia, criminalizaron y encarcelaron activistas, procuraron maximizar el beneficio suprimiendo al mismo tiempo con el desempleo masivo la seguridad laboral, diversificando las zonas de inversin en busca de mano de obra barata, desregulando o haciendo inefectivas las conquistas laborales y sociales logradas por la clase obrera a lo largo de dcadas, forzaron flujos masivos de poblacin, generaron bolsas de pobreza inauditas en un mundo rico, jugaron a la especulacin, comercializaron la desesperanza, desarticularon a toda una generacin incentivando la dependencia a drogas consumidas en condiciones asesinas, reinventaron el pan y circo, la procesin y la pandereta, sazonaron el espectculo ambiental con miseria y muerte. Y lo hicieron sistemticamente.

El Nuevo Orden Mundial exige la sumisin absoluta: en l slo se est entre los elegidos siendo dctil y maleable, teniendo buen corazn y bajando la cabeza.

Y todava hay ingenuos que predican reivindicaciones ticas! Y todava hay quien habla de los valores de la izquierda! Son estpidos o actan de mala fe. No hay bien comn posible cuando algunos son dueos de la vida ajena y la modelan o eliminan para su beneficio. Lo que es bueno para ellos, es para nosotros la muerte. Lo que para nosotros es bueno, para ellos es la ruina. No es una cuestin de valores sino de supervivencia. No cabe la igualdad sin arrebatarles lo que es nuestro.

El modo de produccin capitalista es una forma histrica de la organizacin del dominio. Lo es aunque cambie su rostro y sus adornos. Su tiempo es el de la explotacin y el dominio. Lo es aunque algunos puedan vivir en l sin sentir el escalofro de la muerte que provoca, aunque algunos puedan esconderse tras un silencio cmplice.

Su espacio se ha modificado al ritmo de la resistencia, y con l, ciertamente, han cambiado sus ocupantes. Frente a los que viven de la explotacin se configura ahora un proletariado que no tiene una identidad nica ni una nica sede productiva, que es multiforme y multi-identitario. Pero cambiar las fichas no elimina el tablero. La nueva clase obrera rene a todas las etnias, a todos los gneros, a todas las edades; habla todas las lenguas, tiene todos los gustos, vive en todas partes, no tiene fronteras, ni banderas, ni credos: es omnipresente y proyecta por doquier la intensidad de su odio, la fuerza de su deseo. Es y ahora ms que nunca la nueva multitud en marcha. Esa es la clave de su fuerza y el nuevo motor del cambio.

El modo de produccin capitalista, como todas las formas de dominio, tiene por sustento la apropiacin, separando a la mayora del control real de las condiciones que permitiran la actuacin autnoma, impidiendo a la mayora decidir el futuro. La salarizacin es la norma de las relaciones que en l se entablan, el trabajo obligado es su materializacin productiva. El sometimiento es su resultado. La mediacin es su estructura. Su tiempo es el de la muerte.

La historia no pasa en vano. La lucha de clases tiene esas cosas, modifica la articulacin social del poder al ritmo del enfrentamiento, modificando al mismo tiempo las fuerzas y las posiciones de los contendientes. El proletariado, ahora, est en todas partes. La subversin puede aparecer en cualquier casilla del tablero porque la extensin de la salarizacin ha evidenciado la cualidad inmediatamente social no slo laboral, no slo econmica del dominio.

La nueva clase obrera, la nueva multitud, no se encuentra ya slo en las fbricas sino que reaparece en todas las esferas de la (re)produccin de las relaciones interhumanas. Y precisamente porque se extiende y se manifiesta en todos sus mbitos, porque gestiona de hecho con su trabajo sometido todos los resortes que hacen posible la articulacin social, podra, ms fcilmente que nunca, organizar el mundo al margen del dominio, coordinar la actividad para una cooperacin liberadora que hiciera borrn y cuenta nueva, que eliminase la posibilidad de la apropiacin.

Desde el 15 de mayo de 2011, el nuevo proletariado ha ocupado con sus luchas las calles de nuestro pas. Lo que vaya a suceder de ahora en adelante slo en las calles ocupadas se podr decidir.


El nuevo proletariado es un fragmento ligeramente modificado de Construir lo comn, construir comunismo, publicado por Tierradenadie Ediciones:

http://www.tierradenadieediciones.com/Construirlocomunconstruircomunisto-Tierradenadie-GarciadelCampo.pdf

Fuente:
http://cuencaalternativaopinion.blogspot.com.es/2013/01/el-nuevo-proletariado-por-juan-pedro.html


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