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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-03-2013

Informe de posicin acerca de la situacin de violencia sexual contra las mujeres egipcias y la creciente frecuencia de violaciones en grupo en la Plaza Tahrir y sus alrededores

Nazra for Feminist Studies
Rebelin

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez.


Con este informe, Nazra for Feminist Studies ofrece un intento terico feminista de entender el aumento de la violencia sexual contra las mujeres en Egipto durante los ltimos meses. Creemos que es importante plantear este tema para que diferentes actores polticos, incluso los bienintencionados, dejen de explotar los temores y preocupaciones de las mujeres. Tambin deseamos contribuir al debate actualmente en curso sobre un tema tan sensible a partir de nuestras pasadas experiencias de lucha contra esa violencia. Damos la bienvenida a este debate, porque llevamos mucho tiempo postulando la necesidad de un debate feminista sobre la violencia contra las mujeres en general. Siempre hemos tratado de combatir esa violencia, de apoyar a los defensores de los derechos humanos de la mujer por todo Egipto y de vincular las cuestiones feministas con la poltica al defender a las candidatas de diversas tendencias polticas que se presentan para puestos de responsabilidad y que creen necesario apoyar las cuestiones relativas a la mujer situndolas en los primeros puestos de sus agendas.

Si consideramos el lado positivo, hay nuevos indicios de que est surgiendo una conciencia feminista que va tomando forma da a da y que constituye parte integral del actual fermento poltico en Egipto. Esto ha quedado bien demostrado, por otra parte, en el feroz contraataque a los avances polticos y sociales conseguidos por las mujeres egipcias, pero tambin estamos siendo testigos de un ataque contra las mujeres en general, que se manifiesta claramente en la violencia ejercida contra ellas, en particular en la violencia sexual.

Introduccin

Las penosas experiencias de los ltimos meses han puesto de relieve varios hechos nuevos que queremos plantear como parte de un dilogo ms amplio sobre estos horrendos delitos y lo que significan para nosotras como mujeres, como defensoras de los derechos humanos, como parte que somos tambin de diversos movimientos revolucionarios que se describen a s mismos como solidarios con los temas de la mujer. Nazra ha decidido presentar estas opiniones y recomendaciones preliminares en un informe que se basa en las experiencias de sus equipos de campo y grupos de trabajo. Este documento asume una perspectiva feminista que cree que los asuntos de la mujer son, primero y ante todo, cuestiones polticas en su sentido ms amplio, lo que incluye, adems de instituciones polticas, agentes y roles, el marco social general en el que actan los actores polticos, quienes, a su vez, fijan los lmites de este marco a travs de sus acciones.

Esta perspectiva se basa en la divisin de roles sociales sobre una base de gnero y de clase. Los actores polticos, tanto hombres como mujeres, no actan en el vaco sino a la sombra de una realidad social, patriarcal y clasista que limita y determina a su vez sus acciones polticas, creando oportunidades y riesgos para todos los actores, no slo para las mujeres. Desde la revolucin, las mujeres han trabajado sin descanso para romper diversas barreras que limitan su capacidad para participar en la esfera pblica. Han demostrado altos niveles de participacin en todos los movimientos y foros polticos que surgieron tras el levantamiento, pero tambin han pagado un precio muy alto por esa participacin, especialmente en lo que se refiere a su libertad de movimiento y a la seguridad e integridad de sus cuerpos. Estos actos heroicos han dotado a las voces de las mujeres de una dimensin nueva y ms fuerte, han hecho visible y tangible nuestra causa y han hecho necesario que nos organicemos. Rechazamos las afirmaciones de que las cuestiones de la mujer slo preocupan a un segmento acomodado de mujeres de clase media.

Tambin rechazamos la retrica de que los derechos de la mujer son monopolio de un conjunto especfico de mujeres, ya sea de las que trabajan en estructuras institucionales (por ejemplo, el Consejo Nacional para la Mujer) o en grupos por los derechos que slo se muestran activas en algunas esferas. Tambin rechazamos las afirmaciones de que las cuestiones de la mujer pueden reducirse a la representacin de la mujer en los partidos o en la vida poltica.

Estos desarrollos requieren de una discusin honesta entre todas nosotras. Ese debate no puede limitarse a una discusin sobre cmo la falta de seguridad afecta a la capacidad de hombres y mujeres para actuar en la esfera pblica, y cmo determinados actores intentan aterrorizar a las mujeres y destrozarlas tanto a nivel fsico como psicolgico.

Qu ha sucedido?

En el curso de los ltimos meses, la Plaza Tahrir y las zonas que la rodean ha sido el lugar donde se han perpetrado terrorficas violaciones de una brutalidad sin precedentes. Esos delitos empezaron a ser cada vez ms feroces durante las manifestaciones de noviembre de 2012. Varias violaciones en grupo, confirmadas y documentadas, se produjeron en la plaza y en las calles de los alrededores en el perodo entre el 21 y el 25 de noviembre, con muy dbiles condenas y la indiferencia de la mayora de los partidos oficiales y no oficiales. Como consecuencia de la situacin general de negacin y complicidad, el mbito de los delitos se ampli durante las manifestaciones que marcaron el segundo aniversario de la revolucin, que empez el 25 de enero de 2013. Se documentaron varios casos de brutales violaciones en grupo, todos siguieron un patrn y estilo parecidos y las mujeres fueron objeto de ataque con independencia de sus afiliaciones polticas. La mayora de las mujeres asaltadas eran manifestantes, voluntarias de equipos contra el acoso sexual o mujeres que pasaban por all. Se han confirmado ms de 19 casos de asalto sexual y violacin. Una evaluacin preliminar de esos horrendos delitos y de los mtodos empleados en ellos indica un modelo recurrente de asalto, y sugiere que los individuos y grupos sin identificar que los perpetran consideran que las manifestaciones y acontecimientos polticos ofrecen una oportunidad para asaltar a las mujeres.

Los ataques se hicieron ms frecuentes y se ampliaron a diversas zonas. Durante las noches del 27 y 28 de enero de 2013, se intent secuestrar a varias mujeres en las salidas del Puente de Octubre, en el corazn mismo de El Cairo, a la vez que se atacaba una reunin de activistas contra el asalto sexual despus del acoso sufrido por una de las participantes, lo que produjo enfrentamientos e intentos de irrumpir en los locales donde se celebraba la reunin.

Una perspectiva feminista sobre estos delitos y cmo enfrentarse a ellos

Como activistas feministas, abordamos nuestra causa como en realidad es: una cuestin pblica que afecta a todas las mujeres egipcias tanto en el contexto de sus movimientos diarios y libertad corporal, como en las posibilidades de beneficiarse de sus habilidades y capacidades como ciudadanas libres en una sociedad patriarcal que limita sus roles y contribuciones.

Consideramos la violencia sexual como un delito violento que ataca a las mujeres por el hecho de ser mujeres, por lo que creemos que no puede separarse de la visin general que la sociedad tiene de las mujeres y de sus cuerpos como inferiores a los hombres. Para nosotras, la cuestin trasciende el incidente aislado (violacin) y el lugar (Plaza Tahrir y las manifestaciones), entendiendo la violencia sexual como un crimen al que se enfrentan cada da las mujeres en todas las instancias de la vida, ya sea en la calle, el trabajo o en cualquier foro pblico.

Creemos que este clima social, que ha empezado a parecerse a una guerra psicolgica diaria contra las mujeres, ha fomentado directamente estos crmenes y conducido a su brutal encarnacin actual. El acoso sexual es una constante en la vida de cualquier mujer egipcia con independencia de su clase o estatus social. A su vez, no podemos contemplar estos repudiables actos de forma separada del clima general en el que las mujeres luchan a diario simplemente por el derecho a estar presentes en la calle, sin amenazas, hostigamiento o agresiones fsicas o verbales.

Las mujeres han tomado parte en la revolucin y se han mantenido pblicamente activas durante las ltimas dcadas, pero el precio de esa participacin han sido los continuos intentos de excluirlas del espacio pblico por parte de fuerzas sociales o movimientos polticos reaccionarios. El reciente aumento de la frecuencia y ferocidad de los crmenes confirma nuestro punto de vista y, si el silencio y la indeferencia continan, amenaza con una la oleada de desenfrenada violencia sexual contra las mujeres en las calles de Egipto.

Aunque reconocemos la naturaleza poltica de los delitos que se producen en la zona de Tahrir, no podemos separarlos del acoso general a que se enfrentan las mujeres en Egipto en la esfera pblica. Los incidentes ms recientes son sencillamente una repugnante manifestacin de lo que puede ocurrir cuando se ignoran las cuestiones relativas a las mujeres y no se incluyen en un debate pblico ms amplio. En nuestra opinin, esos sucesos recientes representan una escalada brutal de la amplia patologa social que es la violencia sexual. La complicidad de la sociedad en el acoso sexual y la violencia ha facilitado que esos crmenes alcancen un extremo tal que ahora es difcil tratarlos con slo la intervencin directa. El hecho de menospreciar el acoso y asalto sexual ha servido para que aparezcan bandas brutales dedicadas a violar aprovechando los acontecimientos polticos. As pues, este hecho debe ser reconocido por todos y enfrentado con la mxima seriedad. Aunque somos conscientes de que la cuestin de los delitos sexuales y de acoso sexual es algo muy complejo y requiere de intervenciones y soluciones a largo plazo, tambin creemos que la consciencia y reconocimiento de la creciente frecuencia de esos delitos, dentro y fuera de la Plaza y en las manifestaciones y calles egipcias, deberan formar parte del discurso de cualquier fuerza o grupo que trate de enfrentar este fenmeno. No puede elaborarse ningn discurso legtimo que busque intervenir con eficacia sin situar el problema de la violencia sexual en un marco social integral.

Desde esta perspectiva, deseamos plantear las reacciones de todas las fuerzas polticas y revolucionarias que se han implicado en esta cuestin durante los ltimos dos aos. Los asaltos contra las mujeres han ido aumentando gradualmente en medio del silencio e indiferencia de diversos movimientos, fuerzas e individuos que convocan sentadas y manifestaciones. Hace tiempo que los incidentes de acoso sexual se convirtieron en algo ms organizado y colectivo y se han venido observando desde el derrocamiento de Mubarak en febrero de 2011, habiendo alcanzado tal nivel que el acoso sexual se ha convertido ya en un lamentable, aunque esperado, elemento en cualquier acontecimiento o actividad polticos. Al haberse convertido en algo rutinario, esos incidentes no provocan ms que un breve lamento o repetitiva condena, que no van seguidos de ningn reconocimiento por parte de los partidos civiles, fuerzas y grupos de que esos incidentes se han convertido oficialmente en un fenmeno, y menos an de algn intento serio de abordar el problema.

Mientras aumentaba el acoso y la violencia sexual contra las mujeres desde febrero de 2011, los movimientos y grupos que se formaron tratando de abordar el fenmeno han intentado llamar la atencin sobre el peligro de lo que estaba sucediendo y de su creciente frecuencia y brutalidad. Estos grupos han hecho esfuerzos para organizar intervenciones directas en rescate de las vctimas y ofrecer apoyo material, mdico y psicolgico a las vctimas de los abusos violentos. Sin embargo, esos serios esfuerzos han tropezado con el desprecio, con un inters fugaz o con veladas advertencias en contra de abordar el problema a nivel amplio, temiendo que algunos pudieran interpretarlo como un llamamiento a las mujeres para que se retirasen o se abstuvieran de acudir a las manifestaciones o acontecimientos polticos.

Teniendo en cuenta nuestro punto de vista feminista del fenmeno, nos gustara subrayar el hecho de que no vamos a permitir que ningn partido utilice nuestros esfuerzos plantando este problema con el objetivo de marginar a las mujeres, cuestionando su papel o su derecho a estar presente en cualquier actividad pblica. Al mismo tiempo, rechazamos cualquier retrica de proteccin que trate de excluir a las mujeres. Insistimos en que tanto mujeres como hombres deben asumir su responsabilidad por unas atrocidades que tendrn consecuencias para todos y para el futuro de la vida poltica en Egipto.

Creemos que hay dos discursos comunes que son sencillamente las dos caras de una misma moneda: un discurso de proteccin, que fomenta el temor entre las mujeres y de esa forma las hace responsables indirectamente de lo que pueda sucederles, y un discurso que ignora la verdad de lo que est pasando alabando la valenta de las mujeres que se enfrentan a la violencia sexual sin proponer ninguna solucin colectiva que responsabilice a todos por lo que est sucediendo. Aunque se mantengan firmes, las mujeres egipcias no deben soportar solas esa carga y no se retirarn de la esfera poltica para apaciguar los deseos de algunos de ignorar todo el problema. Ni tampoco van a dejar de hablar de sus propias agonas y de la dureza y dolor de ser consideradas como cuerpos de los se puede disponer a voluntad en la esfera pblica, o del sufrimiento que experimentan como consecuencia de esos delitos perpetrados en la esfera pblica.

Quin es responsable?

Vamos a hablar ahora de responsabilidades: quin es responsable y qu pensamos que debe hacerse? Dada la frecuencia y brutalidad de los incidentes ms recientes, ninguna feminista o grupo poltico o de apoyo puede enfrentarse en solitario al problema. Un problema tan grave requiere un debate poltico colectivo serio sobre cmo debe afrontarse el fenmeno. Esta discusin debe dejar atrs la tendencia a culpar a ciertas partidos como un todo; hombres y mujeres, en partidos polticos y en movimientos revolucionarios deben asumir la responsabilidad tanto de entender lo que est sucediendo como de enfrentarla desde todos sus diferentes ngulos. Subrayamos que todos los grupos y partidos polticos tienen que participar de forma eficaz, plantear estas cuestiones y tomar las medidas necesarias para hacer frente a este fenmeno alarmante y a todo lo que subyace detrs.

Nuestro punto de vista de la responsabilidad poltica incluye una reaccin que apoye los esfuerzos de los grupos de intervencin que actualmente trabajan para enfrentar valientemente esos incidentes a pesar de sus escasos recursos e integrantes. Este apoyo, aunque importante, debe ir acompaado de firmes esfuerzos por parte de las fuerzas polticas que se interesan por las cuestiones de la libertad y la igualdad adoptando un discurso a favor de la mujer, mientras discuten modos de enfrentar los crmenes de violencia sexual. Consideramos aqu tal responsabilidad desde una perspectiva feminista que incluye dos partes indivisibles: responsabilidad anterior al incidente y responsabilidad posterior a l.

La responsabilidad anterior implica contribuir a impulsar un discurso avanzado de todos los partidos social y polticamente importantes sobre la participacin poltica de las mujeres, y de lo que estn teniendo que enfrentar como consecuencia de esa participacin, lo cual va ms all de la dicotoma de proteger a las mujeres o culparlas de su situacin. Esto solo puede hacerse desarrollando una retrica de responsabilidad colectiva que reconozca las dimensiones sociales y de gnero de la violencia social como arma de intimidacin poltica. Hasta ahora, el discurso de todas las fuerzas polticas y revolucionarias sigue siendo incapaz de comprometerse con los temas feministas y sigue evitando abordar los problemas de la situacin de la mujer en toda su complejidad, aunque uno de los principales roles que debera cumplir cualquier movimiento revolucionario o poltico debera ser el de abordar todos los aspectos relativos a la libertad y la igualdad. Parte de la responsabilidad anterior implica actuar para asegurar que en las manifestaciones, marchas y acontecimientos polticos se pueda enfrentar e impedir la violencia sexual. Este debe ser un tema permanente en la agenda de las fuerzas polticas y parte bsica de los preparativos de cualquier manifestacin o suceso poltico.

La responsabilidad posterior implica el reconocimiento de que esos repudiables delitos se han producido realmente, lo que significa ejercer presiones para que se investigue para identificar a los autores y llevarles ante la justicia, y asumir la responsabilidad poltica de la seguridad de las manifestaciones y eventos patrocinados por los rganos y movimientos revolucionarios. Adems, la responsabilidad posterior significa abordar la cuestin de los medios oficiales de comunicacin y la manera vergonzosa en que ocultan esos crmenes. Esos medios, o bien ignoran totalmente esos crmenes o adoptan una cobertura sensacionalista que no respeta la privacidad de las asaltadas. Los partidos y movimientos polticos deben compartir con nosotras la carga de enfrentar esas prcticas no profesionales de los medios, que a menudo implican nuevas violaciones. Esto es verdad no slo en el caso de las mujeres que han sido atacadas sino tambin respecto a los grupos que tratan de ofrecerles ayuda en medio de difciles condiciones, escasos recursos y la ausencia de cualquier tipo de apoyo por parte de los partidos y movimientos egipcios.

Finalmente, no podemos ignorar la responsabilidad del Estado y sus instituciones para hacer frente a la creciente violencia sexual y garantizar la seguridad y libertad de movimiento de sus ciudadanas. Aunque reconociendo que los aparatos del Estado han atacado a las activistas y a las defensoras de los derechos humanos tanto antes como despus de la revolucin, y que no se hecho nada para procesar a los responsables de esos crmenes, el Estado sigue teniendo la responsabilidad de investigar esos delitos, identificar a los autores y hacerles responsables de los mismos. La violacin y el abuso de las mujeres es la consecuencia inevitable del deterioro de la situacin de la seguridad y del aparato de la seguridad, y las mujeres estn pagando un precio social por todo ello, muchsimo mayor que el resto de la sociedad.

Qu es lo que proponemos

Los acontecimientos de los meses pasados requieren que todos asumamos la responsabilidad de pensar y debatir sobre estos problemas antes de que las cosas se deterioren an ms. Lo que proponemos es una discusin honesta y abierta sobre toda la cuestin de la participacin de la mujer en la vida pblica desde una perspectiva de gnero, que debe ocupar un punto importante en la agenda de todas las fuerzas polticas. Hay que abordar el problema porque forma parte de la responsabilidad esencial de las fuerzas polticas, que no pueden limitarse simplemente a promover una retrica por la que las mujeres dependan de su fortaleza para enfrentar esos delitos, situando slo sobre sus hombros la responsabilidad de superar las diversas formas de violencia sexual.

Las fuerzas polticas deben actuar para conseguir un entorno adecuado para la participacin poltica de las mujeres. Nazra cree que el hecho de plantear la cuestin de la violencia sexual no debe slo limitarse a reconocer su particularidad y brutalidad, sino que debe tambin formar parte de la cuestin ms general de la participacin poltica de las mujeres. No es ni poltica ni ticamente adecuado que todo el mundo valore la participacin de la mujer en el trabajo poltico o de partido o como candidatas en las listas del partido- y tenga en cuenta a las mujeres como electorado activo a la hora de votar sin abordar la cuestin de la violencia desde una perspectiva feminista.

Hacemos hincapi en la necesidad de debatir de forma seria y honesta estos hechos y qu se puede hacer para impedir estos horrendos delitos. Entendemos que esta discusin depende ante todo de que nos neguemos a esconder la cabeza bajo el ala y creamos en la necesidad de levantarnos frente a quienes piensan que el problema es trivial y frente a quienes intentan aterrorizar e intimidar a las mujeres para limitar su participacin. Al mismo tiempo, esta discusin debe respetar la privacidad de las vctimas asaltadas, centrndose en cambio en la identidad de los autores, en sus objetivos y en la responsabilidad que todos tenemos que hacer frente a estos horrendos delitos.

Subrayamos la necesidad de enfrentar todos los intentos que traten de utilizar esta discusin para proteger a las mujeres de forma que pueda llevar a su exclusin o a violar su derecho a manifestarse y tomar parte en las diversas actividades polticas. Es importante abordar el debate reconociendo que las mujeres de Egipto estn emprendiendo una batalla diaria en defensa de su mbito de accin poltica. Tambin luchan continuamente dentro y fuera de las manifestaciones para poder participar en todas las esferas de la vida, en medio de los innumerables abusos diarios de una sociedad patriarcal que todava tiene un largo camino que recorrer para llegar a respetar los derechos de la mujer a estar presente y activa tanto en la esfera pblica como privada. Subrayamos que todos debemos asumir la responsabilidad por una violencia que tendr un impacto sobre todos nosotros, tanto hombres como mujeres.

Instamos a todas las fuerzas polticas y revolucionarias a comprender que los asuntos de la mujer no son una causa efmera o simplemente una moneda de cambio a utilizar contra opositores polticos de mentalidad religiosa u otros. Bien al contrario, ellas son parte principal de la revolucin, del actual fermento poltico y de la lucha por la libertad en la que las mujeres han jugado un papel vital por el que han hecho muchos sacrificios. Esos atroces delitos de violencia sexual no pueden separarse del menguante estatus social de la mujer. Todos debemos asumir la responsabilidad para enfrentar esta situacin mediante nuestras palabras y nuestras acciones. Debemos escuchar a las mujeres en vez de ignorarlas en funcin de determinadas consideraciones polticas o tcticas. Si no lo hacemos as, si dejamos atrs a las mujeres egipcias, nuestra lucha por la libertad perder todo su significado.

Larga vida a las mujeres de Egipto!

Fuente: http://nazra.org/en/2013/02/position-paper-sexual-violence-against-women-and-increasing-frequency-gang-rape-tahrir



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