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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-03-2013

Las palabras mancilladas de la verdad

Luz Marina Lpez Espinosa
Rebelin


Las negociaciones que se adelantan en la ciudad de La Habana entre el Gobierno colombiano y los voceros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia FARC- EP. estn cruzadas por elementos de perfidia. Y a riesgo de parecer sectaria y carente de objetividad periodstica la por mil ttulos mentirosa objetividad periodstica-, dir algo tan polticamente incorrecto como que tales elementos son aporte exclusivo del Gobierno.

Primero, vayamos a las palabras: las simples y elementales palabras. Que segn la ocasin, pueden decir mucho, o no decir nada. Me explico: las palabras en una liza electoral, sea una campaa por la presidencia de los Estados Unidos o para elegir el Concejo de Tocancip, valen exactamente lo mismo. Igual de devaluadas estn. As que las circunstancias en la que se dicen dan por descontada su falsa, nadie tiene derecho de sentirse timado. A enrostrarle a un Presidente que sube los impuestos, que hubiera jurado ante las cmaras frente a millones de televidentes, ese famoso Lanme los labios les juro que no subir los impuestos de Bill Clinton.

Pero es que hay ocasiones de ocasiones. En algunas, la palabra es sagrada, y respetar su semitica, sus contenidos y sus evocaciones que llaman a la esperanza, debera ser compromiso tico de quien la emite. Porque hay circunstancias en las que mientras no haya ms, lo que existe es la palabra y por lo mismo se tiene derecho a estimrsela en mucho. Tal lo que ocurre cuando en el marco de un cruento conflicto, una de las partes, la sacraliza manifestndole a su contrario su honrada voluntad de hacer la paz. Esa palabra entonces es oro en el hermoso smil de los antiguos.

El punto viene a colacin a propsito de Colombia con su largo y sangriento conflicto ente una insurgencia con una ideologa revolucionaria, y un Establecimiento de formas democrticas que con todo y ello slo representa a una minora. En esta guerra irregular ya tan desgastante de las energas nacionales incluidos los recursos para las incentivadas formas de acumulacin capitalista, se puede decir que la palabra tom la palabra. Y ello ocurri cuando contra toda previsin dado su antecedente de ministro de Defensa del gobierno Uribe cuyo nico designio a lo algo de ocho aos fue la guerra contra las FARC, ese ex ministro el hoy presidente J. M. Santos, expres su voluntad de suscribir un acuerdo de paz con esa insurgencia no derrotada.

Y esa era una palabra que inspiraba en medio de la fatiga por tanto trepidar de caones. Y ah van, ah se estn dando las conversaciones en el marco amable y amigo de La Habana. Pero sometidas a demasiadas acechanzas que pueden romper hilo tan sutil. Y aqu volvemos a donde venamos, la palabra que inspira y estimula, o lo contrario. Porque cuando es lo que se tiene, es criatura que hay que cuidar con esmero ya que siendo esperanzadora puede tornarse devastadora.

De ah lo grave esa que no dudamos es estrategia de los asesores contratados u oficiosos que defendiendo mezquinos intereses sectoriales, a veces ni siquiera nacionales, orientan al presidente Santos a decir palabras insensatas como las de este fin de semana -23 de febrero de 2013de que est dispuesto a acabar el proceso de negociacin si l no fructifica pronto en acuerdos. O llevan a ese anodino ministro de Defensa, un ventrlocuo de apellido Pinzn, al penoso rol de apostrofar a la insurgencia con los peores calificativos atribuyndole las ms prfidas conductas. O al comandante de las fuerzas militares a mentir sin pudor al afirmar que unos policas retenidos y liberados por la guerrilla, fueron sometidos a torturas.

Estrategas de negociacin que orientan tambin a los mximos representantes de la clase dirigente a decir cosas en las que nunca han credo sobre todo cuando los toca en lo mucho que les toque-, como que el Tratado de Roma y la Corte Penal Internacional impiden cualquier negociacin. Y sandeces semejantes. Y desde luego tambin, como apologistas y guardianes que son de un statu quo ominoso, obligan a periodistas de toda laya a decir en columnas, entrevistas, crnicas y en la sospechosa sincronizacin de noticias y titulares, palabras que obligan a suponer que cualquier dilogo con la insurgencia, es una aberracin moral, jurdica y poltica.

Todo lo anterior tiene una clara razn: hay un estado de cosas reconocido como inaceptable por los ms lcidos analistas del Establecimiento, y que reclama reformas profundas en orden a un mnimo de equidad en la distribucin de la riqueza nacional y en oportunidades, as como en asistencia de choque para problemas acuciantes como los millones de desplazados y las masas en la indigencia.

El temor es entonces muy fundado: ante lo imperativo e ineludible de que los avances que reclama el gobierno en la negociacin, la voluntad que le exige a la guerrilla en la Mesa, el no burlarse de nuevo del pas como le enrostra sin razn a la insurgencia dialogante, suponen a su vez -alguien lo duda?- poner sobre la Mesa las concesiones estatales que morigeren lo injusto e inequitativo del sistema, el temor es que llegado ese momento definitorio el Gobierno empiece a buscar buenas razones para levantarse de la Mesa.

Y es que la manida cantinela impuesta por los medios en el imaginario nacional de que las FARC se burlaron del pas en el proceso de El Cagun durante el gobierno del presidente Belisario Betancur, no fue otra cosa que el pretexto para el rompimiento que de l hizo el presidente Andrs Pastrana por cualquier hecho de la confrontacin, cuando las discusiones llegaron al punto ineludible para el que no haba respuesta: Y ustedes seores del Establecimiento qu entregan?

Que las palabras conspirativas contra el proceso que hoy se oyen, no sean el preludio de la pasada historia. El Gobierno al que se le abona con merecimientos la iniciativa en este proceso, no puede evadir -as tenga a gremios, medios y poder militar acucindolo-, el tema de las reformas. Que no sea ste punto necesariamente presupuestado al iniciar el proceso, donde las acechanzas triunfen. Ya se sabe, no se trata de una revolucin por decreto, ganar en la Mesa lo que no conquist en el campo de batalla la insurgencia. Pero s tendr que haber concesiones en los campos dichos. Cincuenta aos de levantamiento tienen que haber contado con una base social y tenido una representacin popular. Son las causas objetiva, que permitieron su pervivencia en medio de la apabullante diferencia militar. Y sabe el Gobierno que no es un proceso de desmovilizacin ni de rendicin. Y que su contraparte no es una guerrilla derrotada as no est en condiciones de tomarse el poder.

El primer punto de las negociaciones ha sido el de la tierra, su tenencia y distribucin. El Gobierno ha mostrado como gran realizacin, como obra verdaderamente histrica, su compromiso con la restitucin, la devolucin de los millones de hectreas despojados por las bandas paramilitares a millones de campesinos. Suena entonces terriblemente irritante, como una apostasa de lo dicho y prometido, que en estos das el presidente Santos con la efusiva algaraba de los medios de comunicacin, nos haya sorprendido con la mala nueva, baldado de agua fra sobre su contraparte en la Mesa de negociacin: por lo pronto y hablando de restituciones, se van a devolver las 500.000 hectreas en poder del fallecido comandante de las FARC-EP el Mono Jojoy. De quien slo ahora nos enteramos, verdad nunca revelada, era el gran latifundista de Colombia.

Lo peor dentro de lo ms malo de aqul anuncio, es que contra todo lo predicado, el Presidente parece terciar en favor de la por l mismo llamada mano negra de la extrema derecha que con furia se opone a la restitucin de tierras de los paramilitares, muchas hoy en manos del paraempresariado palmero y ganadero.

Seor presidente: est bien no respetar la memoria de los muertos. O mejor decir, est mal, pero es un asunto de conciencia. Pero s hay que respetar la memoria de la Verdad. Y ella camina en los pies de los millones de desarrapados que deambulan por las calles de las ciudades, y gritan que no fueron las FARC las que los expatriaron de sus parcelas. Fue el Estado a travs de su estrategia militar contrainsurgente llamada paramilitarismo.

Creo que fue un Evangelista el que dijo: La verdad os har libres. Buen insumo religioso para las negociaciones de paz en La Habana por las que hace votos el pueblo colombiano.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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