Portada :: Venezuela
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-03-2013

El 27-F y el beso mortal del FMI

Nazareth Balbs
AVN


Conducta sobresaliente fue la promesa del gobierno de Carlos Andrs Prez al Fondo Monetario Internacional (FMI) en 1989 para tener acceso al financiamiento de 4.500 millones de dlares porque era "la nica opcin que tiene un pas que agot todas sus reservas", segn palabras del entonces mandatario adeco. Para cumplir con ese ofrecimiento, el alumno deba seguir con rigurosidad las premisas de la "disciplina fiscal" ideada por maestros del neoliberalismo.

"Hoy no tenemos reservas, hoy necesitamos prstamos, hoy necesitamos acuerdos con el Fondo, hoy necesitamos que el Fondo nos d lo que nos pertenece a los venezolanos de nuestras cuotas como miembros de ese organismo que rige las relaciones econmicas internacionales de todos nuestros pases. No hemos ido a mendigar", fue la letana que repiti con obediencia Prez antes de anunciar las "medidas de ajuste".

Las reglas del buen discpulo del FMI tambin implicaban un adecuado uso del lenguaje. La entonces llamada "disciplina fiscal" fue el eufemismo usado para evitar hablar del "inapropiado" significado del paquete de medidas, el cual contemplaba la reduccin de programas sociales a su mnima expresin, congelacin de los salarios, liberacin del tipo de cambio, aumento de las tasas de inters, eliminacin de los subsidios, supresin de los controles de precios, mayores impuestos e incremento de las tarifas de servicios pblicos.

"Hemos ido (al FMI) despus de largos estudios que realizamos en Venezuela con verdaderos hombres capaces de comprender los fenmenos de nuestra economa", dijo CAP. El gobierno venezolano se mostraba como el dedicado prvulo que no slo acatara las reglas sino que, adems, haba hecho la tarea previa de investigar cules seran sus repercusiones.

Entre esas "previsiones" estaban las proyecciones de la Oficina Central de Coordinacin y Planificacin de la Presidencia de la Repblica (Cordiplan). La tabla de indicadores pintaba un pas que, siguiendo la receta cabalmente, era capaz de llevar a cero el dficit fiscal en dos aos, a crecer 2% anual, cerrar la inflacin en 35% para 1989 y conducirla hasta el 10% en 1995, con un desempleo de 5% y la reduccin de las importaciones a casi la mitad.

Sin embargo, la asptica perfeccin de los nmeros y explicaciones del gobierno de Prez no evitaron que el 27 de febrero de 1989, nueve das despus del anuncio de las medidas diseadas por el FMI, ocurriera una explosin social conocida como El Caracazo. La revuelta popular en rechazo al paquete neoliberal deriv en saqueos, protestas callejeras y una brutal represin por parte del Estado que dej al menos 2.000 muertos, aunque Miraflores slo reconociera 300.

Ese da, "las medidas fueron polticamente derrotadas", tal como relata Margarita Lpez Maya en su libro Del Viernes Negro al revocatorio, pero no impidi que el apretado cinturn continuara asfixiando a los venezolanos. El contrato leonino estaba signado y Venezuela haba recibido "el beso mortal del FMI", como dira Gonzalo Barrios, presidente de Accin Democrtica (AD).

La fe neoliberal

La credibilidad en el sistema econmico venezolano ya estaba en franco deterioro desde el Viernes Negro de 1983. Roto el espejismo de la Venezuela saudita, la oferta de Prez era dar un giro de timn. El detalle es que el mando del barco dejara de estar en manos del Estado y pasara al de los tecncratas de la burocracia financiera internacional.

Lpez Maya destaca que en 1989 fue "la primera vez que un gobierno venezolano, de manera explcita, aceptaba someterse a las orientaciones del Fondo Monetario Internacional". La decisin se tom con fe absoluta de que las medidas "reactivaran" la economa y sta quedara sometida a la dictadura de la oferta y la demanda, sin que el Estado pudiera intervenir.

Esas medidas econmicas y sociales, "en ria con los procedimientos propios de un rgimen de democracia, no fueron sometidas a la consulta del Congreso Nacional, ni conocidas por la opinin pblica sino despus de haber sido firmada la Carta", agrega Lpez Maya.

El gobierno de Prez trat de justificar la enajenacin del pas en funcin de los intereses del FMI con el argumento de que la nica salida a la crisis econmica era con medidas recesivas. La "fe en el libre mercado", como explicaba monseor Ignacio Purroy en la revista SIC de abril de 1989, implicaba adems de la total apertura comercial internacional, "la reducin de la demanda interna", refinada frase que se traduca en la depresin de los salarios reales.

En el mediano plazo, esa receta conducira al saneamiento de la economa. La doctrina evangelizadora neoliberal prometa que tras el inicial apocalipsis social por los recortes, vendra un paraso donde "la tasa de cambio se estabilizar, las tasas de inters bajarn, el clima de inversin se restablecer y los conflictos sociales sern manejables", profetizaba Purroy en ese entonces.

El paquete no slo peda que los venezolanos tuvieran salarios congelados y muy por debajo de la inflacin, como parte de la "disciplina salarial" que atraera las inversiones forneas, sino que adicionalmente planteaba una reduccin de los aportes al llamado gasto social.

Como "compensacin" a los duros tijeretazos, planteaban invertir en un "minipaquete social" que apenas llegaba a 31.000 millones de dlares. Ese ao, slo producto de la devaluacin, entraran al pas 170.000 millones de dlares adicionales, pero la mayora de esos ingresos iran a parar a las arcas de los prestamistas del FMI.

Mientras Prez se portaba como alumno ejemplar de los neoliberales aumentando el "clima de confianza" para los capitales extranjeros, en Venezuela lo nico que se incrementaba era la pobreza, la inflacin y el desempleo.

El desengao del laissez-faire

Pese al estallido social del 27 de febrero, el paquete de medidas sigui su rumbo en Venezuela. El pacto signado con el FMI, organismo que ya haba vaciado ocho toneladas de oro del Banco Central para colocarlas en las bveda de entidades financieras en Londres, era intransigente. No haba protesta que hiciera mella en las pretensiones de tutelar la economa del pas petrolero a costa de los prstamos.

No pasara mucho tiempo para que los venezolanos comprobaran que el "sacrificio" que peda el gobierno de CAP no traera las recompensas que haban prometido los profetas del neoliberalismo.

Si bien las reservas internaciones pasaron de los 6.555 millones de dlares en 1988 a 7.411 millones en 1989, y el dficit en la balanza de pagos se redujo de 9,9% a 1,7% en ese mismo perodo, se hizo a costa del aumento de la pobreza a 66,9%, al ascenso de la miseria absoluta a 33%, al repunte de ms de tres puntos en la tasa de desempleo y la contraccin de 8% del Producto Interno Bruto (PIB), la mayor registrada en ese entonces.

El rcord de "inditos" tambin se rompi con las cifras de inflacin. Las sesudas proyecciones de un aumento inflacionario de 35% que haba hecho Cordiplan se quedaron cortas. Ese ao, con la economa a merced de "juego de la oferta y la demanda" que se venda como el laissez-faire, el ndice de precios de dispar hasta alcanzar 84,5%.

Irnicamente, los ms beneficiados con esa situacin eran las instituciones financieras, que gozaban de libres tasas de inters. Al cierre de 1989, el sector registr un crecimiento de 23%. El banquero Pedro Tinoco, para ese entonces presidente del Banco Central de Venezuela (BCV), estamp su rbrica en la carta de intencin con el FMI junto con la de la ministra de Hacienda, Egl Iturbe, y del ministro de Cordiplan, Miguel Rodrguez.

Gracias a esas medidas, los banqueros recibieron la ltima dcada del siglo veinte a manos llenas, mientras el FMI restringa los aumentos de sueldo de los venezolanos aduciendo que deban "tener salarios rezagado detrs de la inflacin para reducir la demanda interna", y por ende, las importaciones. Es decir, el mentado "equilibrio macroeconmico" se lograra con la frmula expedita de darle menos dinero a los trabajadores para limitar su capacidad de compra.

Tan convencidos estaban de la infalibilidad de la frmula dictada por la dictadura financiera, que un ao ms tarde, pese a los negativos indicadores econmicos y el creciente descontento social, Prez dijo en una entrevista con Roberto Giusti: "Yo no tengo ninguna clase de remordimiento de conciencia, de preocupacin: Me duele lo que pas (El Caracazo) pero lo que se hizo fue evitar cosas peores".

An ms osado, el mandatario afirmaba que su Gobierno no haba tenido nada que ver con la revuelta popular en contra de las medidas del paquete: "Si usted analiza el desenvolvimiento de los hechos, encontrar que no hubo un solo local pblico atacado, no hubo ni una sola casa del partido (atacada)".

CAP estaba seguro de que El Caracazo no tendra repercusiones futuras porque slo "fue una situacin lamentable. Estall y punto", y resuma el episodio como "una leccin de los pobres contra los ricos y no contra el gobierno". En 1992, dos rebeliones cvico militares y su salida del gobierno en 1993, por casos de corrupcin, le restaran credibilidad a esa tesis.

Fuente: http://www.avn.info.ve/contenido/27-f-y-beso-mortal-del-fmi



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter