Esta mujer de 52 años, originaria del sureño distrito srilankés de
Matara, emigró a Arabia Saudita a inicios de 2011 para trabajar como
empleada doméstica, con la esperanza de reunir el dinero suficiente
para construir su propia casa al regresar a su país.
Pero trabajó solo cinco meses y volvió a Sri Lanka con heridas
abiertas causadas por sus empleadores, que para castigarla le
insertaban pequeños hierros candentes en su cuerpo.
"Siento que tuve suerte. Podrían haberme pasado cosas peores", dijo
Ariyawathie a IPS frente a su nueva casa, construida gracias al apoyo
del Buró de Trabajo en el Extranjero y la Autoridad Nacional de
Vivienda, luego de que su caso desatara una controversia en Sri Lanka.
De hecho, tiene razones para sentirse afortunada. El 10 de enero
pasado, Rizana Nafeek, joven srilankesa de 25 años encarcelada en
Arabia Saudita por la muerte accidental de un bebé que tenía a su
cargo, fue decapitada sin que se le informara a su familia ni a las
autoridades en Colombo.
"Lo mismo me habría pasado a mí", dijo Ariyawathie, quien aún tiene
seis objetos metálicos en su cuerpo.
Nafeek estuvo en prisión desde 2005 y condenada a muerte desde 2007.
Había llegado a Arabia Saudita con un pasaporte falso cuando tenía 17
años.
Según su familia y otras personas vinculadas a su caso, agentes de
empleo manipularon a sus parientes pobres para llevar a la entonces
adolescente a trabajar como empleada doméstica en algún hogar saudita.
Nafeek terminó cuidando a un bebé de cuatro meses, tarea en la cual no
tenía ninguna experiencia. El bebé se ahogó mientras ella lo
alimentaba con un biberón. Activistas dicen que la joven no recibió
ni un juicio justo ni el apropiado apoyo legal y consular.
Sus parientes, de la aislada aldea srilankesa de Muttur, en el
nororiental distrito de Trincomalee, solo muestran resignación. "¿Qué
podemos hacer? Tenemos que seguir adelante, no podemos hacer nada
más", dijo a IPS su padre, Abdul Mohammad Nafeek.
Investigadores alertan que muchas familias están a merced de agencias
de empleo que se trasladan a aldeas pobres y aisladas en busca de
jóvenes como Nafeek.
"Están en una tierra extraña sin ninguna protección", dijo a IPS la
activista Miyuru Gunasinghe, de la organización srilankesa por los
derechos humanos Fondo de Ley y Sociedad.
Gunasinghe explicó a IPS que algunos países, como Filipinas, firmaron
acuerdos bilaterales con Arabia Saudita para proteger los derechos de
sus trabajadores emigrantes. "Filipinas es un gran ejemplo. Dejó de
enviar trabajadores a Arabia Saudita por un año hasta que pudo
negociar un acuerdo", indicó.
Sri Lanka tiene acuerdos similares con Bahrein y Jordania. Estos
convenios no solo les garantizan a los emigrantes un salario mínimo,
condiciones de vida decorosas y un horario de trabajo fijo, sino que
también aseguran que sean tratados de forma igualitaria y no según
contratos individuales o leyes tribales del país al que se trasladan.
A pesar de la indignación popular por la decapitación, Colombo todavía
no ha indicado si procurará firmar un acuerdo de estas características
con Riyadh.
Dos semanas después de la muerte de Nafeek, el gabinete aprobó una
propuesta del ministro de Empleo en el Exterior, Dilan Perera, para
elevar a 25 años la edad mínima requerida a las jóvenes que buscan
trabajo como empleadas domésticas en Arabia Saudita. Para el resto de
Medio Oriente, sigue siendo 23 años.
Las aspirantes también deben completar un programa de capacitación de
21 días para obtener un certificado.
Pero Gunasinghe relativizó la utilidad de estas medidas. "Puedes
tener 25 años, pero si solo estudiaste hasta quinto grado (de escuela)
y no sabes inglés, no puedes presentar la solicitud. Seguimos con el
mismo problema", dijo.
Ariyawathie emigró luego de haber asistido al programa de capacitación
del gobierno, que incluía clases de idiomas.
De todas formas, tuvo problemas para comunicarse con sus empleadores y
no sabía cómo operar los artefactos eléctricos del hogar donde
trabajaba. "Abusaron de mí porque yo no podía entender lo que me
decían", dijo.
Gunasinghe sostuvo que el gobierno debería aplicar disposiciones más
severas a las agencias de empleo y revisar la Ley del Buró de Trabajo
en el Exterior para contemplar todos los derechos de los emigrantes.
En su actual forma, la norma solo promueve el empleo en el extranjero.
La activista señaló que, si a los millones que trabajan en el exterior
se les reconociera el derecho a votar, los políticos atenderían más
sus necesidades.
A pesar de la escasa capacitación y los bajos salarios que reciben los
emigrantes (algunas empleadas domésticas cobran 100 dólares al mes),
las remesas son la principal fuente de divisas de Sri Lanka. Se estima
que este año podrían totalizar 5.000 millones de dólares.
Hay unos dos millones de srilankeses trabajando en el exterior. Al
menos 800.000 son mujeres que se desempeñan como empleadas domésticas,
la mayoría en países del Golfo. Arabia Saudita sigue siendo su
principal destino.
Pero hay un sutil cambio en marcha. Desde fines de 2011, cuando se
divulgaron los primeros informes de prensa sobre esta situación, cada
vez más personas muestran renuencia a emigrar a Arabia Saudita.
Agentes de empleo ahora incluso ofrecen una prima de 800 dólares a
cada mujer que esté dispuesta a trasladarse a ese país.
En Muttur, la aldea natal de Nafeek, activistas lanzaron una campaña
de firmas para pedir que se prohíba el envío de empleadas domésticas a
Arabia Saudita.
"La gente pensó que Muttur permanecería en silencio. No hemos logrado
justicia. No queremos que la muerte de Rizana pase a ser solo un dato
más en las estadísticas", dijo Mohammad Jihad, trabajador social de la
aldea.