F L - En dos días pasé por opiniones diversas. Hoy creo
que las discusiones -las que hubo y las que hay- son el reflejo de la gente y
las organizaciones de derechos humanos, que se debaten entre acompañar o no la
demanda de justicia. En algún momento ellas y el fa estuvieron ubicadas en una
misma vereda, o al menos teníamos claro qué hacían. Teóricamente todos
deseábamos lo mismo. En algún momento de estos días pensé muy perversamente "acá
hay subidos al carro", después dije "acá hay un operativo para boicotear"; eso,
de alguna manera, refleja una crisis del pensamiento progresista o de izquierda.
Creo que convocar a concentrarse en silencio tiene que ver con que se podía
llegar a gritar muchas cosas que no querían que se gritaran. Ese descontrol -o
la posibilidad de- no sucedió. Somos sumamente obedientes y disciplinados.
Estaba el PT (Partido de los Trabajadores), estaba Zabalza, pero el silencio se
respetó. Somos muy estructurados.
V C -Creo que nos cuesta demasiado. Fueron tantos años de
silencio y de ocultamiento que se generó esa pasividad. Capaz que no está bueno
que estemos tan aplacados y en silencio en un momento en que se tiene que hablar
y debatir en serio cosas tan profundas como la impunidad.
F G -Lo primero que me viene a la mente es la teoría de
los dos demonios, que tan bien hilvanó Sanguinetti. Esa manera de ver el pasado
permeó en parte a la izquierda. Lidiamos con una cuestión cultural. Hay que
derrotar, en el terreno discursivo, la teoría del no mirar para atrás. Yo soy
moderadamente optimista. Estos carcamanes apolillados y reaccionarios, que no
tienen parangón, estos cuatro viejos que votaron lo que votaron, fueron
demasiado lejos. Uno de los indicadores es la reacción inmediata que tuvo Lucía
Topolansky, con una posición muy firme. Es el MPP (Movimiento de Participación
Popular), dentro del FA, el que está pidiendo el juicio político. El lado bueno
de las cosas malas es que la izquierda está haciendo un frente común ante este
reclamo. Existe la posibilidad de recurrir al Tribunal de lo Contencioso
Administrativo, al juicio político o a los organismos internacionales. En cuanto
a la organización de ayer (por el lunes), me emocionó mucho. Tuve la sensación
de que otra vez todos estaban indistintamente del mismo lado de la vereda. Y el
silencio es muy uruguayo, está bueno.
F L -Creo que hay una diferencia enorme entre la
convocatoria del viernes, con lo de Mota, y ésta. La libertad que sentí ese día
no la sentí el lunes. Me refiero a la posibilidad de entrar y de gritar, del
desborde. Es un momento que por supuesto no se sostiene en el tiempo. Son
momentos de estallido espontáneo, que a veces molesta a las organizaciones
partidarias porque se desdibuja lo que habías acordado, etcétera. Lo del lunes
lo viví -es muy emocional lo que digo- como si hubiera algo que nos estuviera
aplastando.
-Teniendo en cuenta la actitud errática del fa,
tanto en la discusión parlamentaria de este tema como en la campaña por el voto
rosado, ¿cómo evalúan que haya sido una de las organizaciones convocantes a la
concentración?
F G -Atribuir maquiavelismo es lo más fácil. El tema es
más complejo. Creo que el fa no hizo poco.
F L -Me parece que no se puede hablar del Frente como
algo homogéneo.
V C -Algunos sectores dieron la espalda al tema
argumentando que había que dejar el pasado. Hoy día las familias seguimos siendo
rehenes de gobiernos de turno y esperando su buena voluntad. La teoría de los
dos demonios convirtió al victimario en víctima que no puede ser condenado
porque es "viejito". Y las víctimas somos victimarios por querer justicia, por
estar reclamando y exigiendo derechos básicos.
-¿Cuál es la prioridad de los militantes y
las organizaciones de derechos humanos? ¿Alcanzar la verdad, la justicia, la
reconciliación?
V C -En mi caso se llegó a hacer justicia, pero siento y
quiero que no sólo se sepa la verdad sino que en base a ella todas las familias
accedan a lo mismo que yo; es un derecho innegable. No sé qué forma sería la
correcta para seguir avanzando pero es necesario hacerlo, porque hubo demasiado
silencio e impunidad y es hora de que paguen por sus crímenes de lesa humanidad.
No se tiene por qué callar la gente que fue torturada, violada, tiene que
aparecer y surgir ese derecho que también les fue negado en su pasado.
F L -La justicia no es cualquier cosa, es el debido
proceso: hay un imputado al que se juzga y se condena. Hubo una intención clara
de la derecha -pero también de algunos sectores de izquierda- de poner
obstáculos a la posibilidad de justicia. Eso va a ser muy difícil de levantar,
no así la posibilidad de investigación. Claro, no es lo mismo investigar para
responder al oficio de un juzgado que hacer una investigación histórica y
reflexiva para dar cuenta de una época.
Con respecto a la verdad, me parece que es complejísima.
Hay un camino muy largo a recorrer, que implica reconocer qué es el terrorismo
de Estado y saber cuál era la lucha de las organizaciones, con las que uno puede
o no estar de acuerdo. Pero tener una visión crítica del pasado no excluye la
condena al terrorismo de Estado. En ese proceso estamos en pañales.
F G -Cualquiera podría decir ¿por qué optar? Creo que lo
más significativo para el colectivo, para el imaginario social y las nuevas
generaciones, es la verdad y la memoria. Por lejos. Esos "viejitos", como les
dice Pepe, se van a morir. Ya se están muriendo. Incorporar al presente y a la
historia colectiva lo que pasó y por qué, en los 12 años de dictadura y en el
período que lo precedió, es significativo.
F L -La prioridad táctica es la justicia, porque los
culpables se están muriendo, pero estratégicamente no se puede abandonar la
construcción de memoria, la investigación y la búsqueda de reflexión. Sin dudas
esto es lo más importante pero urge la condena, porque también es importante la
justicia.
F G -La utopía del "nunca más" se consigue tanto por el
camino de la memoria como por el de la justicia, porque mandar en cana a un
montón de tipos sin que las nuevas generaciones entiendan mucho.
F L -No creo que haya elección. No se trata de que al elegir
la justicia renuncio a la verdad. La reflexión, la memoria, el desanudar las
teorías explicativas binarias y fáciles de la historia, lleva más tiempo. Se
hace paralelamente a la búsqueda de esa verdad que puede llevar a imputar a los
responsables. Se va tejiendo el contexto complejo de la historia.
E Z -Hace tantos años que venimos en este tema,
intentando llegar a la justicia y todavía no la alcanzamos. Soy de las que
presentó causa en el año 1986, ahí sí queríamos justicia. Teníamos todos los
testigos, todos los nombres de los milicos, toda su operativa. Hoy Sanguinetti
señala la "terrible injerencia" de un poder sobre otro, pero eso fue lo que
hicieron ellos en su momento. El Poder Judicial perdió su independencia, no sé
si se proponía investigar, pero le dieron la oportunidad de no hacerlo y se
terminó la posibilidad de justicia. Desde ese momento hasta el desarchivo de
causas que hizo el decreto del Pepe, consideramos que la justicia era una
herramienta para investigar. Es que con el paso del tiempo se fue relativizando
lo que buscábamos.
Todo este tiempo fue una lucha contra los obstáculos.
Para nosotros lo más importante era que la ciudadanía nos acompañara contra las
tergiversaciones que enrarecían el panorama y que en principio provenían de la
derecha pero luego también de la izquierda. Eso nos hacía difícil tomar
posiciones: cómo reclamar, cómo aunar fuerzas y lograr respaldo. Aunque el
reclamo por los desaparecidos era justo, había un imaginario de temor hacia
ellos que no se terminó de destruir. El traslado de Mota nos dificulta aun más
esta posibilidad porque trabajaba en la reconstrucción de lugares, de los grupos
de torturadores que iban a los cuarteles; desmenuzaba los hechos, la operativa
del Estado. Podés decir "me torturó mengano", pero se te caía la venda en el
cuartel y estaba toda la oficialidad mirando la tortura. No fue un asesino, fue
un sistema. Desmantelar eso es mucho más que meter un preso, más allá de que
merezca estarlo. Con marchas y contramarchas se avanzaba. El año pasado se
hicieron muchas denuncias porque la gente empezó a sentir que tenía derecho a
decir lo que había pasado. Ahora se puso freno a un movimiento necesario, que
confío va a volver.
-El Estado y las organizaciones sociales no
siempre pusieron el mismo énfasis en la verdad y la justicia. Eso queda
reflejado en las diversas consignas del 20 de mayo y en la creación de espacios
como la Comisión para la Paz.
F L -El vacío generacional que trajo la dictadura al
encarcelar y torturar a los jóvenes que querían romper con las legitimidades
saliéndose de la estructura legal, redujo el debate a términos jurídicos.
Solamente se habla de lo posible o lo imposible en este terreno, como si la
verdad revelada estuviera en los textos de la ley. Ahí está el triunfo de la
derecha, del liberalismo, de la división de poderes, del republicanismo. Esta no
es una reflexión de izquierda sino de una derecha que apuesta a determinado
statu quo: va a denunciar por asonada, por violación.¡parece que la protesta
tiene que ser por escrito!
La izquierda se enloqueció con cinco tipos que quemaron unas
llantas movilizados por los megaoperativos. Estamos fritos. Esta actitud tiene
que ver con la forma de hacer frente al debate sobre los derechos humanos. ¿Qué
se puede hacer hoy? Recurrir a la Corte Interamericana. a nadie se le ocurre
hacer escraches frente a la puerta de los tipos que torturaron porque eso es
demasiado políticamente incorrecto.
- Ahí hay una derrota, ¿de dónde
viene?
F L -Eso estaba pensando: una derrota. En un Estado
democrático, liberal, republicano, los partidos políticos tienen los límites que
imponen las negociaciones entre el gobierno y la oposición. Lo comprendo,
incluso en el Frente porque se eligió este camino y no es posible tener un
gobierno de izquierda en un contexto de democracia de este tipo. Hay que
negociar y las revoluciones no se hicieron nunca a los abrazos. Pero reconozco
que no es lo mismo un gobierno del FA que otro del Partido Colorado o
Nacional. Dicho eso, me da terror la otra pata que son las organizaciones
sociales. Ellos no tienen los límites de un partido. Entonces, creo que les gana
el discurso que limita, que condena al que quiere gritar ¿Y por qué no gritar?
¿Por qué tener que comportarse para no asustar al blanco o al colorado, a Heber
o a Sanguinetti? ¿Por qué la Central no paró ayer, puso camiones y dijo "vamos
todos"?
En esto influye mucho la dictadura, el temor y el pensar
"bueno, alcanzamos esto, acá hay límites, somos progresistas, en algún momento
luchamos por el socialismo o la revolución que fracasó y ahora vamos a
manejarnos todos dentro de este lugar". No sólo piensan así los partidos sino
también las organizaciones. Y esto deja a muchísimos desguarnecidos, como a la
intemperie.
- Se da como un
bache entre la generación que vivió los hechos y las que le siguen, ¿Cómo ven
esta distancia? ¿Cuál es la mirada de sus propios hijos, por
ejemplo?
F L -Mi hijo sabe, se interesa, pero a nivel individual y
concreto. Mi hija va a las movilizaciones, acompaña, pero noto que no encuentra
un grupo de pares. Sus amigos no comparten esta inquietud. Mi otra hija es
sensible al tema pero también a nivel personal. No hay una organización
colectiva que proponga acciones. Sí se movilizan por otras cosas, por la
búsqueda de otros derechos sociales como el aborto o el matrimonio
igualitario.
E Z -Mis tres hijos nacieron en esto. Cuando me llevaron
presa estaba embarazada del mayor, hace 37 años. Para él y los otros esto es su
vida, son absolutamente sensibles, pero no militan por la causa. Entienden
profundamente porque lo hacen en su propia vivencia; estuvieron en todo,
acompañaron y participaron, conocen y leyeron. Pero creo que su conducta excede
a que le contemos o no. Ellos no creen en los políticos -aunque sí en la
política- y entonces se apartan, toman distancia. Los más chicos me decían: "no
pueden ir a la plaza hoy" (por el lunes). En cierta manera, los Familiares los
desilusionamos porque sienten que con algunas conductas legitimamos las
actitudes cínicas de los políticos. Nos cuestionan un poco porque les da como
asquito la situación.
V C -Como hija, me veo reflejada en lo que decís de los
tuyos. También tengo un nene, de 18 años, también descree de los políticos y
está volcado a sus propios proyectos, aunque sabe todo lo que ocurrió.
F L -Mucha gente joven que no había militado en nada se
acercó con las denuncias colectivas que implicó un compromiso muy grande. No sé
si tienen organizaciones atrás o no, pero tal vez no se movilizan en la forma
más tradicional. Son otros tipos de compromisos con distintos caminos y
alternativas posibles. Me parece que las otras generaciones tenemos que
habilitar y legitimar la organización para acciones puntuales como por ejemplo,
a través de Twitter.
-Finalmente,
¿cuáles son las perspectivas? ¿Cómo se sigue?
V C -Siento que pasaron muchas cosas, que se estaba
avanzando tanto y que ahora, de golpe, te bajan la cortina.
E Z -Me parece que esto muestra una concepción de derecha
operando fuertemente que además expresa un mensaje muy fuerte y grave a nivel
internacional y nacional. De todas formas, creo que fue peor cuando se aprobó la
ley de caducidad y el voto amarillo. Aquello fue como un cierre, una plancha
imposible. Hoy lo veo distinto. Hay grandes posibilidades de sumar fuerzas, de
manifestar y buscar otros caminos. No sé cuál es la vía jurídica pero las
alternativas se abren si hay una postura política fuerte.
Estamos ante una situación grave que espero que los
grupos políticos valoren para hacer primar una mirada de izquierda que nos lleve
a salir de esto y que evite los retrocesos. Yo tomo la llamada del Frente a la
concentración como expresión de la incomodidad de algunos sectores o personas.
F L -Creo que hay distintos planos. En cuanto al
jurídico, hay sectores del Frente que están pensando, que están incómodos y se
mueven. Hay tensiones tremendas dentro del partido de gobierno. No son menores
las organizaciones de afuera, sean chiquitas o grandes, que presionan y pueden
generar modificaciones en esto que no tiene nada que ver con la independencia de
poderes. Hay que seguir investigando y hay que presionar, con firmas o con lo
que den las fuerzas. Estuvo bien la convocatoria de ayer del Frente (risas). Voy
para atrás y para adelante, pero antes que nada, algo había que hacer..
La teoría de los
combatientes
-¿Se han
presentado nuevas denuncias sobre personas desaparecidas recientemente?
E Z -En su momento, la Comisión para la Paz fue una gran
señal que, a pesar de las limitaciones y aspectos negativos, motivó a que se
realizaran más denuncias. Aún hoy se hacen y llegan a la Comisión de
Seguimiento. En general, se trata de gente que desapareció en Argentina, que
nunca fueron denunciados, ni siquiera por sus grupos políticos, y por tanto,
recién ahora se comienzan a investigar.
F L -Lo mismo nos ocurre cuando investigamos los asesinatos:
nos preguntamos ¿qué pasa con los grupos políticos? ¿Cómo no denunciaron nada?
Por ejemplo, el MLN (Movimiento de Liberación Nacional-
Tupamaros) tiene una cantidad enorme de muertos y desaparecidos. La postura
que tiene hoy de no denunciar como organización, también tiene que ver con el
debate actual, porque se considera que estaba dentro de lo que podía suceder, se
relaciona con la teoría de los combatientes. Esto se fundamenta ideológicamente
en su estrategia revolucionaria de toma del poder: la construcción de un
ejército que enfrenta a otro y que sus bajas son como las de una guerra.
* Graña debió retirarse antes del final de la
entrevista, por compromisos previamente pactados.
Notas de Correspondencia de
Prensa
1) Ver Correspondencia de Prensa del 15 y 20 de febrero de
2013.
2) Se
refiere a la manifestación del lunes 25 de febrero, convocada por el Frente
Amplio y el PIT-CNT ante la sede de la Suprema Corte de Justicia.
Participaron alrededor de 3.000 personas.
http://www.brecha.com.uy