Lo cierto es que, según parece, la reunión no tuvo carácter clandestino. Fue anunciada públicamente y las invitaciones fueron cursadas de manera oficial. Aunque no se puede decir que el acto estuviera "a rebosar", quienes acudieron a la cita podían sobrepasar el centenar de personas. La alcurnia jerárquica de los asistentes no fue, en cualquier caso, nada despreciable. Entre ellos se encontraban personalidades tan ilustres y bien instaladas en puestos clave de las instituciones del sistema como el presidente de la Sala de lo Militar del Supremo, Ángel Calderón, el rector de la Universidad Rey Juan Carlos, Pedro González-Trevijano, o el magistrado y director de la Revista Jurídica Militar, José Antonio Fernández Rodera, que actuó como moderador.
Según el periódico "El País", el título del debate -"Fuerzas Armadas y ordenamiento constitucional"- no permitía prever el giro que acabó tomando el acto. No obstante, teniendo en cuenta el pensamiento ideológico de la mayoría de los convocados, diríase que el tema se prestaba justamente a que las cosas se desarrollaran tal y como terminaron desarrollándose. La ponencia militar corrió a cargo del General Juan Antonio Chicharro, un ex comandante general de la Infantería de Marina. El oficial inició su alegato pidiendo excusas al auditorio pues, según dijo, en "circunstancias normales" no habría aceptado la invitación para intervenir en el debate. Sin embargo, fue la “ofensiva separatista-secesionista” emprendida por los catalanes -según confesó- la que puso en marcha los motores patrióticos del general. El militar transmitió a su auditorio que en los ejércitos existe "un sentimiento generalizado de preocupación, temor, incertidumbre y confusión”. Y recordó a su reducido auditorio que la Constitución española pone en manos de "los ejércitos" la misión de defender la integridad territorial del Estado español.
Por si quedara alguna duda acerca de a lo que se estaba refiriendo, el general Chicharro precisó aún más en qué consistía su pensamiento en relación a cuál debe ser el papel del Ejercito en la vida política . La aclaración del militar no hizo sino rememorar la doctrina intervencionista de los espadones españoles a lo largo de los últimos siglos. “La patria es anterior y más importante que la democracia -aseguró sin ambages el oficial con aspiraciones a centurión-. "El patriotismo es un sentimiento y la Constitución no es más que una ley”. Pero el general Chicharro quiso ir aún más lejos, por si en la sala se encontraba alguien al que le fallaran las entendederas, e hizo una prospectiva dirigida hacia un hipotético futuro, ya que -manifestó- “una cosa es la normativa y otra la praxis”. Preguntó a sus oyentes, como si del oráculo de Delfos se tratara, acerca de qué pensaban que sucedería si el PP perdiera la mayoría absoluta en las próximas elecciones y los nacionalistas le exigieran, a cambio de su apoyo, la reforma del artículo 2 de la Constitución, que consagra la unidad indisoluble de la Nación española. “¿Qué hacen entonces las Fuerzas Armadas?”- se preguntó críptico el militar. Ante tamaña disyuntiva la respuesta debía estar clara. Y aunque no llegó a mentarla, la salida era evidente: ejecutar un Golpe de Estado que impidiera la fragmentación de la España Una, Grande y Libre. Ni que decir tiene que el microscópico pero influyente auditorio prorrumpió en una larga y sonora salva de aplausos que cerró tan brillante como patriótico parlamento.
Apenas 48 horas después de que el periódico "El País" hubiera dado a conocer la presunta transcripción de la intervención del General Juan Antonio Chicharro, este dirigió una carta a la redacción del mismo periódico en la que hace constar que "en ningún caso salió de mi boca la justificación de una intervención militar autónoma ante la secesión. Todo lo contrario. Allí deje bien claro la subordinación de las FAS al Gobierno que es a quien le corresponde por mandato constitucional la defensa del Estado".
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