A Italia le va a costar formar un gobierno después de las elecciones
del domingo y lunes pasados. Después del desastre berlusconiano y de un
año de “gobierno técnico” del economista neoliberal Mario Monti, explotó
la rabia de los italianos. Repudiaron a los “técnicos”, no volvieron a
Silvio pero sin dejar de votarlo, desconfiaron de una centroizquierda
sin alma y premiaron abrumadoramente la protesta del Movimiento Cinco
Estrellas, del comediante Beppe Grillo (véase recuadro). La
centroizquierda liderada por Pierluigi Bersani, y conformada por el
Partido Democrático y el sel (Izquierda, Ecología y Libertad), un cártel
electoral de movimientos progresistas, ganó de manera muy ajustada en
las dos cámaras. Sin embargo, los efectos de estos dos triunfos fueron
muy distintos. En Diputados obtuvo el 29,5 por ciento de los votos (unos
100 mil más que el Pueblo de la Libertad, de Berlusconi, que se quedó
con el 29,1, dejando el 25,5 para Grillo, que competía por primera vez).
Muy pocos votos de diferencia (en 2008 la derecha ganó con el 46,8)
pero que le fueron suficientes al pd para alcanzar una mayoría
considerable en esa Cámara, en virtud de una ley electoral que premia al
partido vencedor (los liderados por Bersani obtuvieron el 55 por ciento
de los escaños).
El problema está en el Senado. La italiana es una democracia
parlamentaria que prevé dos cámaras para asumir exactamente las mismas
funciones, y que, para formar el Senado, “premia” a los partidos que
ganan en cada región. En esta elección, la centroizquierda, con el 31,6
por ciento de los votos para sus candidatos a senadores, sólo logró 119
escaños (117 tuvo Berlusconi, 54 Grillo, apenas 18 Monti), a quilómetros
de la mayoría necesaria de 158. Fue un balde de agua fría para la
izquierda y para un país con una economía en franca recesión desde hace
años.
¿Y AHORA QUÉ? La centroizquierda, que soñaba con gobernar
autónomamente, no logró ni de cerca el objetivo. Y tampoco logró su plan
B: aliarse con los aristócratas neoliberales de Mario Monti, que fue
prácticamente barrido del mapa electoral (10 por ciento). Con estos
números son posibles sólo dos mayorías: la primera es entre
centroizquierda y Berlusconi. Sería el escenario más terrible, aunque
matemáticamente fuera el que asegurara mayor “gobernabilidad”.
Berlusconi no descartó una alternativa de ese tipo, que le permitiría
seguir imponiendo sus intereses particulares y bloquear cualquier
reforma al sistema de medios de comunicación, que controla en gran
parte, salvaguardando sus intereses personales y los de decenas de otros
corruptos que también resultaron electos. Sería en cambio un suicidio
para el Partido Democrático, que lo desautorizaría por completo, dejando
campo libre a la “protesta furiosa” de Grillo.
La otra posibilidad es buscar un acuerdo casi imposible con Grillo. El
programa del Cinco Estrellas está en gran parte bastante más “a la
izquierda” que el del Partido Democrático, en cuyo adn no parece bullir
demasiada sangre reformadora. Grillo propone, por ejemplo, renunciar a
comprar aviones de guerra F 35 y a hacer el costosísimo y ambientalmente
desastroso tren de alta velocidad que uniría Turín con Francia; propone
también durísimas leyes anticorrupción, quitarle los canales de
televisión a Berlusconi mediante una moderna ley antitrust (que prevé,
sin embargo, privatizar la estatal rai); renacionalizar varios bienes
públicos privatizados; reducir en 70 por ciento el sueldo de los
diputados; y discutir sobre la remuneración de los empleados públicos.
Cuando gobernó (1996-2001 y 2006-2008), la centroizquierda no fue capaz
de llevar a cabo ninguna medida de ese tipo, presionada como está por
lobbies económicos que prefieren al muy moderado pd antes que al
impresentable Berlusconi.
Sin embargo, el punto principal de la cuestión no es si el pd acepta o
no un programa en algunos puntos “radical”. No está en si el pd acepta
recorrer tal o cual de los estrechos caminos que se le abren. En la
tarde del miércoles 26 Beppe Grillo insultó profusamente a Bersani, “un
muerto que aún habla”, según dijo, cerrando todas las puertas a una
alianza.
Aunque en Internet –el lugar donde se desarrolla la vida del Movimiento
Cinco Estrellas– algunos exponentes del movimiento de Grillo invitan a
la prudencia y a dialogar con el pd, si se cierran las puertas a
acuerdos políticos se abren ahora las ritualidades de la democracia
italiana, que generalmente resultan incomprensibles o absurdas a
cualquier extranjero. El presidente de la República, el ex comunista
Giorgio Napolitano, de 88 años, termina su mandato de siete años en
mayo, y en los últimos seis meses de su gestión, que ya están corriendo,
no tiene el poder de (volver a) disolver las cámaras y convocar nuevas
elecciones. Además, sería necesario por lo menos cambiar la ley
electoral vigente, que Berlusconi logró hacer aprobar en 2006 para
impedirle gobernar a Romano Prodi. La crisis de gobernabilidad es real.
La derecha berlusconiana fracasó y es internacionalmente impresentable,
incluso en los ambientes conservadores. Sin embargo, mantiene una
influencia decisiva en un cuarto abundante de los electores, en su
mayoría personas de baja escolaridad o simplemente que responden al peor
estereotipo del italiano medio, encarnado perfectamente por Silvio
Berlusconi: un tipo calentón al que le molesta cualquier regla y que
sólo piensa en sus intereses particulares; los tecnócratas neoliberales
también fracasaron, y su exponente Monti fue repudiado por los
electores; la centroizquierda es incapaz a su vez de mejorar su caudal
tradicional, que no supera la tercera parte de los votos. Queda Grillo,
que con su protesta aparentemente “de izquierda” le hace recordar a
algunos de sus críticos viejas formas de movilización fascistoides, como
su reclamo de “barrer del mapa a toda la vieja política”.
¿QUÉ PASÓ? El Tsunami Tour (este fue el nombre de la campaña
electoral de Grillo) cambió el mapa electoral italiano. El cómico fue el
único en llenar las plazas, de norte a sur, sin aceptar jamás ir a la
televisión. Los suyos calcularon en 800 mil personas la concurrencia al
acto de cierre de la campaña, en Roma. A diferencia de Grillo, los demás
líderes prefirieron o bien ocupar día y noche las pantallas de tevé
(Berlusconi y Monti) o bien mantener un perfil más bajo (Bersani).
Manejando con sabiduría un medio, la tevé comercial, que él mismo creó y
de la cual es el amo, Berlusconi logró ir repuntando de a poco desde
diciembre. Aun así perdió casi la mitad de su electorado (en 2008 había
logrado que lo votaran 13,8 millones de personas; en 2013 cayó a 7,6
millones, en medio de una campaña sucia en la que llegó a prometer
cualquier cosa a cambio de sufragios). También su mayor aliado, la
xenofóbica Liga Norte, estuvo muy lejos de sus mejores tiempos,
perdiendo casi el 50 por ciento de su electorado. Así y todo su nuevo
líder, Roberto Maroni, aliado con Berlusconi, alcanzó la gobernación de
Lombardía, la región más rica de Italia, que en los últimos 20 años
había estado en manos del Cavaliere y los suyos. Maroni fue el ministro
del Interior que con su política de violación sistemática de los
derechos humanos de los inmigrados logró que Italia fuera condenada por
la alta corte internacional europea de Estrasburgo.
Pierluigi Bersani, 61 años, surgido del aparato del ex Partido
Comunista, es un hombre respetado, pero definitivamente gris y con una
imagen desgastada de político de carrera. Su gestión en el pd fue a su
imagen y semejanza: lo renovó un poco, pero no demasiado. Jubiló a los
dirigentes más desgastados, pero no a todos. Hoy tiene un partido más
joven, pero no tanto, en todo caso mucho menos que el de Grillo, cuyo
promedio de edad es de 33 años. El PD logró, en cambio, elegir el mayor
número de diputadas mujeres (41 por ciento, contra 31 por ciento de la
media). Pero no se puede pretender demasiado de un político que ganó las
internas presentándose como el hombre de la conservación
socialdemócrata del pd, y fue por esto votado por toda la izquierda,
derrotando de manera ajustada al joven alcalde de Florencia, Matteo
Renzi, que representaba tanto una renovación generacional como una más
marcada derechización del partido. En esa disyuntiva se encontraba el
pd. Durante toda la campaña Bersani dio una imagen seria pero indecisa.
El ala derecha de su partido pretendía aliarse con Mario Monti. Él no
supo decir explícitamente que no, pese a que mantuvo la alianza con sel,
una agrupación izquierdista con una fisonomía débil. Pese a su baja
votación, sel consiguió, de todas maneras, que la izquierda radical
regrese al parlamento después de cinco años. Otra coalición
izquierdista, Revolución Civil, un extraño engendro de pequeños partidos
comunistas y jueces anticorrupción, apenas superó el 2 por ciento y
quedó fuera del parlamento.
El caso de Mario Monti merece unas palabras más. El ungido por los
mercados como “hombre de la providencia”, que en 2011 salvó a Italia del
default, muy cercano a la gobernante alemana Angela Merkel, no supo
mantenerse. Se presentó a las elecciones con el apoyo de una
aristocracia imprenditorial cansada por el lado plebeyo de Berlusconi, y
preocupada por su incapacidad de gobernar y su impresentabilidad
internacional. Las urnas le reservaron un amargo despertar al profesor
Monti, que fue, durante dos décadas, rector de la más prestigiosa
universidad privada italiana y uno de los más poderosos comisarios
europeos. A pesar del apoyo manifiesto de la Iglesia Católica, a duras
penas alcanzó el 10 por ciento.
De lo que se ha salvado hasta ahora Italia es de la avalancha
ultraderechista como la que se produjo en Grecia con los neonazis de
Amanecer Dorado. La suma de todos los partidos de extrema derecha,
incluyendo la Liga Norte, pasó del 11 al 5 por ciento.
Beppe Grillo y su modelo
“Nuestra revolución llega de Internet”
Si resultara exportable, el modelo del Movimiento Cinco Estrellas
podría ser la mayor novedad del panorama político europeo en medio de la
peor crisis sistémica en este continente desde la posguerra. Sin
embargo, despierta tanto entusiasmo como dudas.
El humorista genovés Beppe Grillo, de 65 años, un líder carismático que
llenó los teatros de Italia en los últimos 30 años y que con Internet
llegó a tener el mayor blog en idioma no inglés en el mundo, abrió las
puertas a los neofascistas de Casa Pound: “fascismo y antifascismo no
son nuestro problema”. Reiteradamente Grillo afirmó no ser de derecha ni
de izquierda y calla o habla como hombre de derecha en todas las
cuestiones de derechos civiles, incluyendo los derechos de los
migrantes. En 1982 fue condenado por homicidio culposo después de un
accidente de tránsito y así respetó la regla de su movimiento que
excluye quien tiene precedentes penales y no pudo postularse como
candidato. Sin embargo fue la única cara visible de un movimiento que
seleccionó a sus candidatos de manera muy opaca.
Ahora se los empieza a conocer mejor. Resulta difícil de todas maneras
adentrarse en un partido que convenció a 8,7 millones de electores
partiendo desde cero, La gente de Grillo es mayoritariamente joven. En
la cámara de Diputados el promedio de edad de sus 108 representantes es
de apenas 33 años. Pertenecen en su mayoría a las pequeñas capas medias
golpeadas por la crisis, precarizadas por el modelo económico y que, a
pesar de haber estudiado (88 por ciento de ellos cursó estudios
universitarios, en un país donde apenas el 19 por ciento tiene un título
académico) no logran ver un futuro y manifiestan temor.
Sus militantes viven, se relacionan y tejen redes en Internet. No son
parte de la generación que se movilizó contra el G 8 en Génova, pero si
pelearon contra el tren bala, contra la energía nuclear y la
privatización del agua. Parte significativa del electorado de Grillo
(aunque no el 80 por ciento al que hace mención Silvio Berlusconi) se
inició en estos movimientos, por lo general ligados a la izquierda
radical. Pero otra franja es reacia a todos los partidos políticos, del
signo que sean, y acompaña ese nihilismo con una sumisión enfermiza al
líder. Esa franja puede explotar en cualquier dirección, incluyendo
formas novedosas de fascismo. Entre los electores de Grillo hay millones
que votaron una o más veces a Berlusconi y que se aferran hoy a las
propuestas más demagógicas del cómico.
En pocos días, 108 diputados y 58 senadores del Cinco Estrellas llegarán
a Roma y empezarán a tener nombres, caras, ideas. Su líder, en las
últimas horas excluyó cualquier posibilidad de gobernar en alianza: “en
un año más la política tradicional terminará de quebrar y nosotros nos
quedaremos con todo”. Pero 100 mil personas, probablemente en su mayoría
electores de centroizquierda, le pidieron en estas horas reconsiderar
esta decisión. Si así sucediera, algunas de las medidas “progres” que
propone podrían concretarse: definir una ley antimonopolios en los
medios, reformar el sistema electoral, reducir los fabulosos privilegios
de la dirigencia política. Pero a Beppe Grillo parece tentarlo más el
todo o nada.