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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-03-2013

Miente, miente que algo quedar

Osiris Troiani
Plazadamayo.com


Esta fue la frase con la que el ministro de Gobierno de la Alemania nazi Joseph Goebbels elabor su estrategia propagandstica. El funcionario de Adolf Hitler consideraba que un modelo comunicacional afianzado en la repeticin sistemtica transformara la mentira en realidad, por convertirse -en trminos semiticos- en un verosmil creble.

En ese aprovechamiento de una frontera difusa entre la verdad y la mentira, todos los gobiernos de ayer, hoy y siempre, intentaron imponer su discurso sin atender a las profundas tramas culturales que circulan de manera subterrnea, en nuestro caso atadas a una voraz tradicin de saqueo y conquista, profundizada por las frreas dictaduras que azotaron Amrica Latina en los aos setenta.

La astucia de la historia encuentra en la comprensin de los hechos fcticos y comprobables que el arte de la retrica no siempre transforma la ficcin en realidad.

Hoy Argentina transita por un terreno delicado de olvidos, omisiones y agendas polticas entrecruzadas con intereses mediticos a favor o en contra del gobierno, mientras el periodismo profesional no encuentra santuario ni puntos de equilibrio para recuperar aquel camino de credibilidad que en algn momento supo establecer con su pblico.

Si bien esa relacin siempre tuvo pactos fusticos velados, que pueden serializarse en el apoyo de no pocos medios a los gobiernos de facto -cuando distrajeron su atencin de la desaparicin y asesinato de una generacin de intelectuales, principalmente, del campo popular-, la polarizacin actual invita a reflexionar no slo sobre qu escribe la prensa, sino sobre quines condicionan el oficio.

Salvo contadas excepciones, los actuales barones del periodismo vernculo lejos estn (estamos) de la pluma y capacidad de investigar, sin miserabilismos, y narrar los hechos como aquellas piezas nicas que mostrara desde su genio Rodofo J. Walsh.
Aunque resulte paradjico, de la brutal pelea meditica entre el gobierno y la prensa concentrada existen resultados positivos. Ya no hay verdades reveladas y la perversa mixtura de relaciones de poder pone en evidencia lo ms feo, lo ms sucio y lo ms malo de aquellos empresarios de medios desinteresados por aquel maravilloso oficio de escribir por el que muri Walsh, sin perder nunca su compromiso poltico.

Pero lo cierto es que ya no estamos en tiempos de insurgencia armada y que trminos como cipayo, entre otros, atrasan en una construccin meditica mezquina en la que las tensiones polticas mediatizadas sorprenden a propios y ajenos.
Por primera vez desde el quiebre de la relacin medios / gobierno -recin desde 2008- algunos periodistas sacaron de sus cajones aquellos contubernios que tenan guardados bajo siete llaves.

La historia sangrienta de Papel Prensa, el pasado de Hctor Timerman como director de un diario procesista o el coro que hiciera Enrique Vzquez a la dictadura desde la revista SOMOS es slo una muestra de las disputas.
Sin embargo, algunos polticos estn convencidos de que si no son acompaados por los medios, no existen. Y as se transforman en rehenes de peleas corporativas.

Antonio Gramsci supo diferenciar el sentido comn, ese que nos quieren imponer, del buen sentido: aquel por el cual debemos unificar criterios y elaborar proyectos colectivos.

A diez aos de un proceso de transformacin profunda, por momentos eficiente y exitoso al corto plazo, resulta an difcil encontrar marcas de transparencia y continuidad en la buena administracin de la cosa pblica.

Menos an imaginar que el maravilloso mundo paralelo a lo Truman Show instalado en Puerto Madero producir un efecto derrame, cuando del otro lado est la villa Rodrigo Bueno, y que el titular de la SIGEN Daniel Reposo -apellido ideal para su funcin en el organismo de control interno- encontrar a todos los Ricardo Jaime que an no conocemos.

Recordar el espritu converso de los menemistas transmutados vestidos de ocasin, sirve para revisar el fracaso actual de una estrategia de desperonizacin que con La Cmpora, Kolina y, en menor medida, Unidos y Organizados, slo repite la historia de la tristemente clebre Coordinadora radical.

Salvando la distancia ideolgica, en especial por la prolija labor en materia de Derechos Humanos del recientemente fallecido Eduardo Luis Duhalde, que aleja en trminos absolutos de cualquier analoga al pragmatismo kirchnerista, tanto del nazismo como de un genuino proceso revolucionario, el poder comunicacional parece ser el motivo que desvela a quienes ejercen cargos estratgicos.

Si hay algo que los polticos deben aprender del pensamiento totalitario es que la mentira conduce al odio y a la ruptura de un tejido social, aquel que debemos construir entre todos da tras da.

Tambin, que hay buenos entre los malos y que el nico camino est en la construccin, no de peatonales ni de proyectos faranicos audiovisuales, sino de debates abiertos a la participacin ciudadana.

Lo cierto es que quienes se beneficiaron econmicamente con la desaparicin forzada de personas no pueden ni deben conducir los destinos de la patria. Porque patria y democracia son parte de un mismo destino

En octubre, como suele ocurrir en elecciones de trmino medio, se avecina un voto castigo. Esta vez ser contra un discurso nico y homogeneizante que nos aleja de la realidad y convierte de manera absurda a los amigos en enemigos, muchos de los cuales estn confinados a un destierro preventivo desde un cenculo cerrado.

Pero la mesa chica tiene apstoles traicioneros encarnados en algn Judas al acecho.

El peligro de la ausencia de dilogo es que produce golpes institucionales internos y divisiones peligrosas para la gobernabilidad, como ocurre con un movimiento obrero partido en mltiples facciones.

Por cierto, segn la tradicin cristiana, Judas se quedaba con la plata de los pobres. Si ese es el rumbo, con mstica, culto y adoracin al mesas ya no se morfa.

Tal vez algn sapo.

Fuente original: http://www.plazademayo.com/2013/02/miente-miente-que-algo-quedara/



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