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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-03-2013

Sociologa del cuerpo

Robinson Salazar
Rebelin


Introduccin

El cierre de ciclo del Siglo XX encapsul la certidumbre, todos los esfuerzos, avances cientficos, los logros de las luchas polticas y las instituciones que el Estado fue creando para ofrecer un ambiente de seguridad y bienestar en lo posible fue abortado con el advenimiento del Siglo XXI, cuyo binomio Globalizacin de mercados y modelo neoliberal desarticul todo el armazn que sostena la certeza, sembr en la subjetividad colectiva la sensacin de una levedad en grandes segmentos sociales, las acciones improntas despacharon por la borda la construccin de sentido, los hechos significativos de la vida que fueron elementos coadyuvantes para armar el entramado de la sociedad tales como la amistad, el amor, las solidaridades, el lazo social, la convivencia comunitaria, la familia, el cuadro axiolgico en su conjunto, fueron desvanecindose ante la fuerza demoledora de la ideologa del consumo, la individualidad, la competencia y la libertad basada en el dinero.

No hubo campo de las emociones del cuerpo que no fueran atendidas por la ideologa del poder plutocrtico, que desde los centros de operaciones habilitaron los resortes y estrategias para incidir de maneras rotunda en el pensamiento, propagaron sobre la amplia capilaridad social un modelo de producir pensamiento seductor y sin complejidad, donde lo instantneo evita construir procesos, indagar el pasado, revisar articulaciones y lgicas de encadenamiento; la sntesis es lo ms importante, dado que es el producto que no tiene explicacin y atrae la atencin de todos por los atributos que ofrece, sin embargo su vida est periodizada porque dentro de poco, en otro instante, ser remplazado por otra sntesis o producto de mayor velocidad, utilidad y propiedades novedosas. La duracin deja de ser un valor y se constituye en un defecto.

Es un modelo de pensamiento que desecha, remplaza, destruye y consume con voracidad lo nuevo, no le da importancia a lo sustituido, porque el pasado no tiene significancia y el futuro es el presente prolongado de acuerdo con el horario que tenga internalizado el actor en su vida cotidiana, porque el largo plazo fue desconectado de su laboratorio de ideas y por vez primera los modelos adelantan el calendario y lo acomodan de tal forma que hacen pensar que puedes vivir el futuro antes de que llegue.

Torcieron la historia a su antojo, el tiempo perdi la batalla, todo es inmediato y la bsqueda del xito abri la competencia de manera desordenada, sin mediar preparacin ni objetivos, lo importante es ganar daando a todos y trascender sin conocer hasta donde.

El nuevo individuo con estas debilidades y sin soporte social, fue blanco de certeros mensajes mediticos, vulnerable en su condicin humana, punto de atraccin para aplicar violencia fsica y simblica y destino del miedo y terror.

Ahora bien, en una sociedad desvertebrada y quebrantada en sus hilos asociativos, el sujeto no suma, queda expuesto a los vendavales de los enemigos y su nica herramienta de lucha es su cuerpo, mediante el cual exhibe sus prendas de vestir, joyas, colores y bellezas que el mundo del consumo le brinda, pero a su vez es el muro de contencin de golpes, violencia fsica y psicolgica, destino de los mensajes del miedo y el terror, blanco de estrategias intimidatorias y ncleo receptor de todas las vejaciones que pretendan infringir sobre l. La individualidad deja en indefensin absoluta al hombre, lo asla de todo soporte y los otros lo ven, al momento que es ultrajado, como un cuerpo que recibe castigo o merecedor de su situacin infausta porque trasgredi alguna norma vigente del Estado o quebr la dbil lnea de la convivencia social.

Entonces vivir en el aislamiento nos deja en situacin de riesgo permanente, eres vulnerable ante los represores pero tus congneres dudan de tu reputacin al momento que eres agredido, dado que el otro es ajeno o es visto como un potencial agresor o transgresor del orden.


De la violencia fsica a la violencia simblica

La violencia fsica o simblica a travs de la historia siempre fue y sigue percibindose como un acto bochornoso, abominable y censurable desde toda perspectiva humana.

Todo acto de violencia indica que se trata de un ejercicio de coercin doloroso que experimenta un cuerpo ante la accin del ejecutor, el actuar intencionalmente sobre el otro lleva no cuenta con la anuencia de la vctima, as que es un acto contra la voluntad del agredido.

Pero va ms all del acto de coercin, sino que tiene una finalidad, una meta que puede ser la venganza, el odio, el desprecio, la obtencin de un beneficio econmico y poltico o la ostentacin del poder.

Toda violencia busca debilitar, reducir y doblegar al otro hasta conseguir un propsito, ya sea moral, de honor o econmico-poltico, pero el inters siempre est en la expectativa del acto violento.

Existe la violencia fsica que es observable empricamente a travs de los golpes, lesiones en el cuerpo, muerte propinada, tortura, secuestro, entre otras; tambin hay espacio para la violencia simblica que pasa por los mecanismos de vigilancia y control como le denominada Foucault en su memorable libro Vigilar y Castigar, donde el castigo y sadismo que administrado en el Siglo XVIII, fue a los remplazado por el celo, la persecucin, el miedo y el control del cuerpo, del individuo, lo que abri el sendero de glorificar la violencia con ausencia de dolores visibles pero lesiones perdurables en el subconsciente de los hombres.

La violencia simblica es ms efectiva, aunque no es directa ni es detectada por registros de golpes o lesiones, pero con el tiempo asume el papel de violencia estructural porque poco a poco va filtrndose por la capilaridad institucional, por los vasos comunicantes del Estado y trasciende por los ramales que entroncan con los distintos segmentos de la sociedad. Es tan eficaz que los individuos la asumen como algo natural, la legitiman con su aceptacin, no la cuestionan y, aunque impide que desarrollemos todas nuestras habilidades y derechos humanos, es incuestionable por nuestras conciencias.

Hoy los dos tipos de violencias conviven, no se excluyen, antes por el contrario, son complementarias y ambas van dirigida al mismo objetivo. La violencia fsica est encargada de la agresin para provocar dolor y la violencia simblica desestructura la vertebracin del pensamiento, construye escenarios de riesgos insertados en la subjetividad de los colectivos humanos. El objetivo es alterar los estados de nimo en las personas que conduzcan a desordenarle las coordenadas que dan estabilidad a la vida cotidiana, puesto que la angustia, el temor y la sensacin de estar en peligro los lleva a estados depresivos y de angustia colectiva.1

En el campo de la sociologa del cuerpo los espacios de anlisis han transitado por la actitud corporal, los ademanes, la vestimenta, actos comportamentales, expresiones del gesto, timbre de voz y otras esferas que son propias de los hombres que conforman los mbitos socio gentico y psicogentico. Sin embargo, los avances en la sociologa incorporar otros terrenos que competen al lenguaje, el discurso hasta quedar estructurado el cuerpo como un territorio donde el dolor, la maldad, el odio, el malestar, la tensin, el signo y la poltica encuentra un espacio de expresin en quien lo habita y quien lo enajena.

Desde esa perspectiva, sera plausible observar en los cuerpos cmo se expresa el malestar social y la crisis de relaciones sociales, a partir de considerar que el problema de la expropiacin del poder del cuerpo o del dominio del cuerpo, se produce porque histricamente se constituye un mbito de relaciones sociales que visibiliza eso y otro mbito de relaciones sociales que lo obstaculiza.2

El cuerpo contiene subjetividad, ideas, racionalidad, intencionalidad, sentido y pertenencia a un territorio, nombre, apellido, ideologa y es un banco de conocimiento. Ese cuerpo al construir vnculos afectivos, identitarios o axiolgicos crece, expande sus fronteras y es blanco de polticas pblicas, de reconocimiento, simpata, identidades colectivas hasta llegar a ser una tipologa de cuerpos acorde a las relaciones sociales prevalecientes que al crecer y consolidarse, van base para una corporeidad culturalmente hegemnica.

Lo interesante en el cuerpo es el ncleo residente de emociones, sensaciones donde el pudor, la vergenza, el dolor y alegras que son construcciones sociales que derivan de procesos socio-econmicos, polticos y mentalesde ah que todo cuerpo ocupa un lugar-tiempo, moldeado por las relaciones sociales que lo disciplinan, lo agreden, ajustan, internalizan ideas, desarman y arman instintos, pasiones, valores que son inculcadas a travs de pautas de comportamiento, cuadro axiolgico y sentidos que aparecen como normales o sanciones pero socialmente aceptadas o compartidas.3


Tortura

Ahora bien, si concebimos la tortura como el aniquilamiento del sujeto por parte de fuerzas represivas u opositoras a travs de golpes, instrumentos sofisticados para producir dolor fsico, vejacin, destruccin anmica hasta llegar a punto de inflexin en la resistencia de la vctima, es el cuerpo y su contenido descrito el blanco de toda accin violenta.

Los ataques fsicos tienden a producir vivencias de aniquilamiento y destruccin del esquema corporal, lo que implica una prdida de reconocimiento de la identidad personal. El objetivo es que la persona agredida se sienta desindentificada consigo mismo, donde el vehculo que lo desconfigura es el dolor y las consecuencias del mismo en el cuerpo de l y de otros torturados, cuyo mensaje es: as quedaras marcado por tu comportamiento o as quedars si no haces lo que te pedimos.

La parte medular de un ejercicio de tortura es la vejacin, donde el primer paso es romper la vertebracin valrica, esto es, desnudar a la victima para vulnerar la intimidad, sus secretos, espacio privado resguardado ante los ojos escrutadores del otro que al ser rasgado el velo queda expuesto al vaco, la incertidumbre y el pudor devaluado, aunado a todo esto est la deprivacin sensorial y motriz que funge como maquina demoledora del esquema de resistencia porque limita a la victima a movilizarse o hacer sus necesidades bsicas fisiolgicas y lo peor, esta atenida a permisos del custodio y vigilancia de su desnudez.

Es una situacin que tiene movimiento pendular entre la muerte y maana, no sabe si vivir el da siguiente, aunque en su mente tenga borrado la temporalidad y espacialidad por el encierro, los golpes y prdida del don de la ubicuidad.

Lo pendular es una ventana de soledad, aun si ests en un recinto acompaado, el desconocer al otro, la intencionalidad o situacin de quien vive experiencia comn, la confianza est rota porque no te percibes como un colectivo o producto social, sino un individuo aislado, sin elementos de defensa y expuesto a la fuerza del secuestrador y los lmites de tu resistencia.

Todo esto orilla a destruir tambin la autoestima del secuestrado a travs de la humillacin, vejacin sexual, gritos, golpes, ofensas y culpabilidad que le inculcan cada vez que sufre un dolor o tortura. La autoestima es la idea de quin soy y mis valores que dan soporte a la idea de mi mismo. Es la valoracin que un sujeto posee de s, desde una perspectiva psicoanaltica es un producto de la relacin entre el Yo y el ideal del Yo. Esto est conformado de acuerdo con determinados valores a los que aspira cumplir el sujeto.

El resultado es traumtico porque cae en el abismo de las depresiones, angustia y hasta intento de suicidio por la desvalorizacin o denigracin sufrida.

Otro aspecto que no podemos desdear es el silencio guardado una vez liberados, que muchas veces es percibido como la prolongacin del secuestro, dado que no superan la experiencia registrada frente al horror infringido en su cuerpo, pudor deshilado, la rabia contenida y rumiada en su resistencia impotente, el desconcierto de tu pasado con el presente, el futuro como ser vejado y resentido socialmente y la imposibilidad de ordenar todas las vivencias, cargas de sentido y compartirla con alguien que guardar el secreto o le ayude a dotarla de sentido. Es todo imposible por estar roto el lazo de confianza, que es un mecanismo de reduccin de la complejidad y de la incertidumbre en la medida que abre caminos de dilogos, acompaamientos y acciones conjuntas en el futuro. Es una apuesta hecha en el presente hacia el futuro y fundamentada en el pasado; debido a que el cmulo de experiencias vividas y los beneficios obtenidos en lo personal y en el mbito colectivo, son tierra frtil para sostener la creencia de que confiar en otra persona en el presente puede ser til en el futuro.

Indudablemente, la confianza equivale a una suerte de cuenta corriente, de la cual es posible gastar hasta un cierto monto, pero es necesario depositar para evitar caer en la falta de fondos. Existe, por consiguiente, un cierto umbral que, si es traspasado, conduce a la prdida de confianza.4 No toda traicin a la confianza conlleva a la desunin, todo reside en la gravedad del incumplimiento y capacidad de resarcir el dao con acciones futuras de reconstruccin de confianzas deterioradas o lastimadas.

El silencio esconde sufrimiento y dolor, oculta verdades y es una fortaleza intima en el torturado que blinda sin palabras y oculta en el pasado el rostro de la amargura.

Especialistas en el tema de la tortura han sealado 4 posibles mecanismos que dan cuenta del porqu del silencio:

1/ En la tortura, por el intenso y prolongado dolor, se produce un shock neurognico que conlleva a estados de inconsciencia en diversos grados, desde la obnubilacin (enturbiamiento y estrechamiento de la conciencia) hasta el estupor (estado de inercia, vaco o suspensin de la actividad psquica). Esta situacin afecta la memoria de fijacin durante el episodio traumtico y la memoria evocativa subsecuente

Se produce as una amnesia lacunar, con vaco de la memoria que puede persistir largo tiempo, incluso de por vida. Posteriormente conlleva a situaciones espordicas o continuas de angustia.

2/El ataque al cuerpo (trauma corporal) afecta el ncleo bsico de la identidad que es el Yo-Corporal. La persona se encuentra en un estado de indefensin extrema que remite a las experiencias corporales primitivas de desamparo y desnudez. Es una regresin con secuela de escotomas en el registro de lo vivido.

3/ Produce una disociacin esquizoide defensiva. La disociacin es un mecanismo de defensa caractersticas de los niveles mentales ms primitivos y son instrumentados frente a vivencias de aniquilacin en actos de tortura. La representacin del propio cuerpo es escindida y proyectada al exterior, el cuerpo no me perteneca, la persona no es la misma que era antes y no es siempre consciente de esta diferencia.

4/Los sentimientos de pudor, vergenza, humillacin, que dificultan la comunicacin de lo ocurrido durante la tortura, estn vinculados a ciertas vivencias intimas en las que queda comprometida la relacin del Yo y el Ideal del Yo, produce una fisura entre la imagen y la realidad de mi cuerpo y desata los bloqueos del silencio.5


Por lo anterior, el silencio es un vestido protector que aparece por la quebradura de la cofia que cubra el pudor y la vergenza y jurdicamente es difcil contabilizar el monto o dimensin del dao ocasionado al torturado porque muchos de los sufrimientos y lesiones son de carcter psquicos y quedan refugiados en el rincn del silencio miedo o sepultado en la soledad del torturado.

En sntesis, la tortura, como actividad mafiosa, producto de la debilidad estatal si hablamos de secuestros, pero terror si la practica el Estado, busca lucrar, obtener informacin y silencio, doblega a las comunidades, es eficaz como estrategia de intimidacin y asegura la viabilidad de un gran negocio (industria del secuestro) si est ligada a las trampas de la corrupcin. De todas maneras la tortura veja, lastima, destruye vectores de la vida y obnubila a la victima para llevar a cabo una convivencia sana, pulveriza su autoestima y deja como resultado un despojo humano sin horizonte en el futuro.


Acoso laboral y tortura psicolgica

La destruccin del Estado por parte de los grandes poderes que dan soporte al modelo neoliberal , no slo pretenda desregular las economas nacionales, sino que su ambicin estaba por encima de lo meramente comercial, pretenda dominar el mundo saqueando las riquezas del ente poltico a fin de evitar un proceso poltico reversible, esto es, si una fuerza poltica adversaria arribaba al poder, no contaba con los recursos para sobrevivir, porque el Estado no tenia activos pblicos, tampoco suficiente dinero para dotar de certidumbre a la sociedad. Un Estado en bancarrota, supeditado a los organismos y finanzas internacionales no representaba ningn riesgo si lo gobernaba la izquierda, derecha o cualquier frmula poltica, dado que el capital est fuera de las esferas pblica y cuenta con una constelacin de organismos multinacionales que aslan o boicotean todo intento emancipador desde el estado.

La formula elaborada y puesta en prctica desnutri al Estado para que no garantizara derechos, desciudadanizara a la poblacin, borrara de su imaginario los referentes institucionales que avalaban los postulados de justicia necesarios para la convivencia social y el desarrollo humano. Arrojaba al individuo a una situacin de inequidad, sin privilegios y expuesto a la inseguridad y abuso de la autoridad desptica.

As fue asomndose el acoso laboral bajo la estrategia de la crisis econmica que sobresalt los pronsticos por indisciplina fiscal, dficit presupuestario excesivo, endeudamiento desproporcionado, insolvencia por falta de liquidez de los bancos o desequilibrio en la balanza de pago y el comercio, escenario catico que conlleva a recortar derechos sociales, disminuir el salario, desaparecer prestaciones sociales en aras de mantener la fuente laboral.

Es una estrategia que a corto plazo genera riquezas a los empleadores, pero a mediano plazo las polticas de austeridad no son eficaces, son econmicamente ineficientes. Permteme explicarme. Qu pasa con las polticas de ajuste, de austeridad? Se reducen los salarios, se disminuyen las pensiones, se destruyen los servicios pblicos. Todo ello desemboca en una contraccin de la economa. La gente consume menos porque tiene menos poder adquisitivo. Entonces las empresas reducen su produccin porque baja la demanda. Si se reduce la produccin despiden a empleados, lo que aumenta la tasa de desempleo. Por consiguiente, el Estado tendr que gastar ms dinero en ayudas a los desocupados y tendr menos ingresos puesto que los parados dejarn de pagar impuestos.6

Es ante todo, entonces, un modelo de represin que busca con el miedo hacer que la gente no proteste, no asita a las manifestaciones porque se va a encontrar con problemas, y crear miedo entre los propios activistas porque se estn jugando la piel porque vamos a ir a por vosotros. Se intenta separar la opinin pblica mayoritaria de los sectores ms activistas, pero esto a veces les puede funcionar y otras veces no y puede tener un efecto inverso al deseado. Hasta ahora la represin ha sido tan desproporcionada que en algunos lugares ha detenido la indignacin, en otros han fracasado en su intento.7

Es una comunicacin hostil, coactiva, sin reserva tica orientada de manera sistemtica por jefes de rea de recursos humanos y empresarios hacia el grupo o segmento de trabajadores, acosndolos psicolgicamente hasta disminuirles su potencial deliberativo, arrinconan sus espacios de cavilacin, fragmentar las ligas de dilogo, reventar las fibras de resistencia colectiva y encerrarlo en un mutismo, donde intercambiar opiniones o argumentos con otro trabajador, lo coloca en la bandeja de la vulnerabilidad y el despido. Es un estado de indefensin absoluta, quebrando de entereza analtica y arrinconada bajo el paraguas del acoso que poco a poco mina su capacidad de respuesta pero ante todo un estado anmico y de salud.

Millones de trabajadores de diversos rincones del mundo estn en situacin de riesgo de salud, producto de la estrategia del miedo, acoso y represin psicolgica que responde a la coercin adocenada que impera en los centros de trabajo y slo la han confrontado las movilizaciones, de otra manera, es la estrategia de persecucin que desmonta derechos, aniquila los gremios sindicales, derrota la movilizacin poltica y encierra en la jaula del mutismo a los que aceptan la amenaza del desempleo.


La tortura psicolgica de los medios

2001 fue el inicio del Siglo XXI y tambin la nueva era de los medios en el campo de la guerra y las disputas por mantener inclume el modelo neoliberal, las incursiones que haba logrado en el terreno cultural a, en los aos 80 del Siglo XX, fueron reforzadas a principio de la nueva centuria con el fin de convertir a los medios de comunicacin en la artillera de primera lnea cuyo fin es la de desarticular las memorias colectivas, quitar el freno a la ambicin consumista, sembrar el escenario de mercancas descartable, liberar de toda atadura la libertad del mercado y ante todo, obnubilar las mentes de los pobladores de las ciudades y comunidades donde los medios llegaran.

Algunos escritores le han denominado el Plan Cndor meditico, dado que su incursin en la poltica fue y sigue apareciendo frontal, sin solapamiento ni hipocresa, disfrazado con un vestido confeccionado con epidemia lenguaraz de independencia, imparcialidad y supuesto apego a la democracia. Es la era de la mentira y el ocultamiento de verdades que prevalecen en la realidad social.

Indudablemente, la asuncin de los medios en la cadena de torturas fue posible porque los grandes centros de poder tomaron conciencia que el Estado como ente poltico y de cohesin social, entraba en una fase de implosin por la expansin del capitalismo en su fase denominada globalizacin, cuyas frontera porosas fueron desaforadas por diversos agentes entre ellos las empresas multinacionales, crimen organizado, guerras y las transacciones comerciales que dejaron sin fuerza al Estado para vigilar su territorio; pero an hay ms, el avasallamiento de los contagios de la globalizacin, incontrolable por los mismos creadores, idearon la construccin ideolgica-poltica de Seguridad Democrtica, cuyo vector es situar la amenaza como cua incmoda que desestabiliza el sistema emocional y de equilibrio en cualquier persona.

La amenaza es una representacin, una seal o signo, disposicin, gesto o manifestacin que aparece en el subconsciente colectivo o individual, percibido como el anuncio de una situacin de riesgo, malestar, inseguridad o deterioro no deseado y que vulnera, en quien lo percibe, la coraza de certeza y lo pone en peligro absoluto y cercano a la muerte.

Es una atmosfera de miedo perpetuo, movilidad recortada, ausencia de propiedad sobre el espacio, temeroso del tiempo, ciego ante las oportunidades e inflexible para articular posibilidades de escapatoria o nuevos escenarios. Es una jaula de acero invisible que atrapa no slo el cuerpo de las personas, sino el pensamiento y libertad de imaginar.

Las amenazas son multivariadas, sbitas, atemporales y mortales, van desde el terrorismo, revolucin, limpieza social, crimen, contaminacin, enfermedades desconocidas y emergentes, crisis econmica, de bienes de consumo como agua, energa, transporte, alimentaria, pandillas, vendetta, narcotrfico, militarismo, envenenamiento nuclear, bombas entre otras que son sobredimensionadas o magnificadas por los medios para controlar estallidos sociales o reclamos ciudadanos.

El sistema emocional est secuestrado por la TV, peridicos, la Internet y la radio cuyos mensajeros actan bajo la frula de los empresarios y magnates que controlan el mundo y les interesa gobernar y dirigir el universo de los negocios bajo e paraguas del caos. El caos es una forma de administrar la poltica de dominacin en la medida que mantienes influencia en los factores vitales que mueven el mundo (economa, tecnologa, armamento, recursos naturales estratgicos y medios de comunicacin) y los hace invisible ante los enemigos, manipulando el comportamiento de cada uno de los elementos mencionados y asignndole de manera irreal trayectorias errticas que descontrolan la percepcin de los adversarios y cargan de inseguridad al enemigo.

Entonces vivir en un universo inestable, errtico, con trayectorias inverosmiles nos lleva a un estado de angustia, temor y tortura, toda vez que carecemos de la certeza necesaria para emprender una accin determinada. Sin la confianza pertinente, el perceptor de seales e informacin no cuenta con la disposicin y voluntad para interactuar, tampoco puede compartir u opinar sobre los temores introyectados en la subjetividad, revelando as un estado de bloqueo en sus facultades asociativas y de dialogo con otros.

En alguna de las veces, despersonaliza afectado, la paranoia y esquizofrenia son rasgos de su personalidad, los actos compulsivos son frecuentes y la drsena de la soledad le pide que ancle ah los aos de vida que le quedan.

Ahora bien los medios de manera permanente nos dejan caer una lluvia de amenazas, cuyo proceso de mentalizacin pasa por varias etapas. En la primera, se produce un derrumbe de la organizacin mental cercana al pnico y terror. En la segunda, se busca dar un nombre o encontrar signos mediante los cuales semantizar la manera es un intento de resolverla, evitarla, implementar sistemas defensivos, controlarla, anularla. Luego, en la etapa siguiente se produce una oscilacin entre denegacin y concientizacin, y en el mejor de los casos se restablece una organizacin vital cuyo eje ilusorio es impedir la efectivizacin de la amenaza. Los mecanismos de adaptacin imponen la vida a cualquier precio. Es probable que ste sea el momento en el cual el agredido se entrega al agresor en un intento de salvar su vida. Es tambin el momento de la creacin de baluartes o mitos que conllevan a la fatalidad.8

Las amenazas suelen aparecer en coyunturas favorables para el gran capital y casi siempre estn cerca de procesos electorales riesgosos para los mercados, bajo el techo de asonadas de movimientos sociales, decisiones de gobiernos con perfil popular, insolvencia financiera de los bancos, instauracin de una situacin de guerra, inters por militarizar regiones y privatizar recursos pblicos. Justo en esos contextos estn las fuentes borboteantes de los miedos, temores y amenazadas que torturan las subjetividades colectivas.

El carcter coyuntural, la incertidumbre que predomina en lo que va del Siglo XXI, el agotamiento del modelo neoliberal y la poltica guerrerista que el coloso del norte instrumenta, son los factores que torturan, en la medida que agotan la capacidad de resistencia de la humanidad, no hay lugar seguro, las confrontaciones blicas aumentan, los actos homicidas sbitos, la crisis financiera que utilizan para desemplear y negar derechos, la tendencia incremental del crimen organizado, nos pone en una nube que puede desprenderse en una lluvia que ahogue las pocas esperanzas ancladas en las comunidades y colectivos humanos.

La certeza ausente y la confianza deteriorada, nos deja sin una apuesta hecha en el presente para afianzar el futuro, porque la ruptura del eje conectivo del tiempo nos desalojo el pasado de la memoria. No hay referentes seguros de las anteriores certezas que nos ayuden a otear la sociedad futura, tampoco un ideal para luchar, un horizonte poltico y una ideologa cimentada en hechos histricos. Hoy quedamos hurfanos y toca luchar en medio de la oquedad de la poltica, el vaciamiento de las instituciones y la debilidad del estado. Justo ah, el mercado y la constelacin de consorte como son los banqueros, los medios, partidos polticos, sistema judicial y organizaciones internacionales, se juntan en forma de guirnalda y encapsulan las esperanzas y siembran la incertidumbre y el caos.

La desestructuracin de la confianza fue el blanco de los medios, que descalabrada al momento que irrumpieron en el cuerpo social para vejar y deteriorar las comunidades y gremios; con la destruccin de las comunidades se atac de manera contundente la confianza, devenida de las relaciones sociales cargadas de reciprocidades para intercambia saberes, intereses y bienes. Si el marco de interaccin social est influenciado por el individualismo, el lucro, el consumo y el hedonismo, la confianza se desvanece, las comunidades paralizan la red de intercambios y la fragmentacin aflora, hasta arrojar una comunidad imaginaria pero en la realidad es un lote de fragmentos humanos que viven pero no comparten.

As viven miles de comunidades en la tortura de la inseguridad y la vocera de los medios, se distingue claramente los miedos por el temor al crimen y a los malhechores. Predomina la desconfianza en los dems y en sus intenciones, as como tambin una actitud que niega o considera imposible tener fe en la constancia y en la fiabilidad del compaerismo humana. Castel atribuye esta situacin al individualismo contemporneo; sugiere que la sociedad de hoy, al suprimir las comunidades y corporaciones estrechamente unidas, que antes las leyes delimitaban y velaban por su cumplimiento, y sustituirlas por el deber de ocupase cada uno de s mismo y de sus asuntos, se ha edificado sobre el terreno pantanoso de la incertidumbre: en una sociedad de este tipo es inevitable que la inseguridad y el temor a peligros acaben siendo males endmicos.9

Por lo anterior, la vorgines que existe en la actualidad nos invita a vivir inseguros, angustiados, presos de las noticias que alojan la incertidumbre en el subconsciente y rodeados de desconocidos, sin lazo social habilitado, fragmentado en el ancho cuerpo del planeta y en permanente riesgo real o imaginario, pero seguro de que nuestras vidas estn en una situacin de peligro.


La vida inconmensurable y la tortura de la muerte

Finalmente, los miedos en los medios han desnaturalizado la informacin, las fuentes de opinin que se constituan en el fragor del debate pblico fue desalojada por la pre-fabricada en gabinetes de empresarios y directores de noticias, ligados a consorcios, grandes negocios y monopolios de la economa de portafolio hasta convertir la televisin en un medio con caractersticas de jaula digital donde la realidad importa poco, los intereses de las mayoras se invisiblizan, las demandas populares son criminalizadas y el espacio pblico lo privatizan para enjaular a la ciudadana en el reducto del espacio privado y tenga como nico interlocutor a la caja de resonancia que mentiras y argumentos falaces que desvertebran el pensamiento crtico.

La jaula digital est diseada de manera tal que busca ahuyentar toda crtica de la mente de la audiencia, desmentaliza al auditorio, impone la imagen como nico recurso que remplaza el argumento y tiene mayor validez por el manipuleo que se haga de ella, conjeturar, sentar premisas, reflexionar y elaborar dilemas no es oficio de un comunicador, es cosa del pasado, ahora interesa hablar menos, seducir con la imagen e incentiva el consumo como herramienta de movilidad social, si no consumes, no eres parte de la dinmica de la sociedad.

El otro factor que esgrimen es la desideologizacin del discurso en caso de que haya reclamos, rplica o exigencia de la audiencia. La ideologa es un tema del Siglo XX, no tiene lugar ni impacto, segn el criterio de los comunicadores, lo que importa es comprar, vender, consumir y sentir placer de hacer esas actividades que el modelo neoliberal nos quiere ofrecer como la culminacin del desarrollo humano y la calidad de vida deseada.

Develar la ideologa que hay tras de los medios, el mensaje, la noticia, el sesgo informativo, los melodramas, los culebrones telenovelescos, los programas de entretenimiento es un asunto de imaginacin distorsionada, porque los medios no estn sujeto a que les cuestionen esa parte de la intencionalidad oculta. Ellos prefieren desdear la ideologa, presentarla como una actitud de conflicto en los seres humanos que aun viven en predisposicin de crear zonas de incertidumbre o zozobra en las relaciones humanas. Es menester desmontar toda postura ideologizada, porque todo escenario que se intente analizar sin contar con un reservorio ideolgico, seguro nos lleva a un conocimiento plano, corto, simplista de una situacin determinada, por consiguiente fcil de aceptar la opinin de los medios como la verdad y la ventana que nutre con veracidad lo que acontece en el entorno inmediato.

Visto as, la incertidumbre es la espada que obnubila y venda los ojos, tambin puede vestir de frivolidad el mundo, disfrazarlo de oportunidad o sembrar incertidumbre. Los medios son los ojos de muchos ciudadanos que prefirieron descansar sin pensar y entregaron a los instrumentos meditico la confeccin de verdades y mentiras, mundos inciertos y peligros sbitos que nos enmudecen y atribulan hasta convertirnos en entes temerosos y encerados en el espacio privado o intimo.

Entonces tienen la oportunidad extensa de construir ideolgicamente mas de riesgos permanentes, sus programas televisivos siembran con persistencia que no hay lugares seguros, que nada nos protege y vivimos la vulnerabilidad absoluta, de ah que la seguridad est en encerrarnos, comprar seguros de todo tipo y privilegiar los lugares cerrados y privados.

La inseguridad, vulnerabilidad e inexistencia de lugar seguro prefigura un mundo donde la vida es inconmensurable, no la podemos medir con ningn parmetro, las enfermedades emergentes, el terrorismo, las crisis econmicas, el desempleo, el crimen organizado y los desastres naturales son parte de la amplia constelacin que est articulada en el mapa de riesgo, donde las dos salidas que tenemos son: Inseguridad y contingencias.

Crimen, narcotrfico y terrorismo cubren el ala de la inseguridad y las contingencias son dibujadas por virus, enfermedades emergentes, accidentes, desastres naturales, crisis de sistemas de seguridad social, de salud, riesgos de la vejez, nuevas epidemias, crisis alimenticia y la muerte sbita. Al final de cuentas, no hay argumentos que valide lo enunciado, lo instantneo e inesperado se impone , el temor arriba a la subjetividad a travs de los medios de comunicacin y se instala como miedo percibido, cuyas caractersticas es: la fuente del temor, inseguridad o contingencia est invisibilizada, la noticia que propagan es conspiratoria, manipulante y fragmentadora, quien la recibe, de inmediato busca un lugar seguro, estar a salvo primero l antes que los dems, lo que conlleva, con el devenir de los aos, una alteracin del genoma de las relaciones sociales, donde el otro pierde significancia, el individualismo prevalece, la muerte es una sombra que nos acompaa, la vida es sbita y las contingencia estn a la orden del da y en cualquier momento, la muerte nos arranca la vida.


 

Notas:

1 Salazar, Robinson, 2006, Visibilizando al enemigo: EE.UU Vs Amrica Latina. En revista Utopa y praxis latinoamericana. Universidad del Zulia, Venezuela, pag. 87-102, Ao II, No 33, abril-junio

2 Marn, Juan Carlos, Forte Gustavo, Prez Vernica, Antn Gustavo y otros, 2010, El cuerpo territorio de poder, Ediciones P.i.c.a.s.o , Argentina.

3 dem

4 Rodrguez Mansilla Daro, 1996, Introduccin a libro Confianza, de Luhmann

Niklas, Universidad Iberoamericana y Anthropos, Espaa.

5 Kordon Diana, Edelman Lucila, Lagos Daro y Kersner Daniel. 2005, La tortura, ms all de la extrema soledad en Efectos psicolgicos y psicosociales de la represin poltica y la impunidad. Ediciones Madre de Plaza de mayo, Argentina.

6 Lamrani, Salim 2012, Las polticas de austeridad son econmicamente ineficientes ledo 4 de mayo 2012 en http://www.kaosenlared.net/america-latina/item/17139-salim-lamrani-%E2%80%9Clas-pol%C3%ADticas-de-austeridad-son-econ%C3%B3micamente-ineficientes%E2%80%9D.html

7 Antentas J.M. y Vivas E. 2012) La crisis es un punto de inflexin, nunca se vuelve al antes de la crisis, entrevista a Josep Maria Antentas y Esther Vivas a raz de la publicacin de "planeta indignado. ocupando el futuro" leida 4 de mayo de 2012 en http://www.bolpress.com/art.php?Cod=2012050402

8 Puget Janine 2006, La violencia social y psicoanlisis. De lo ajeno estructurante a lo ajeno ajenizante, en Puget janine y Kas Ren, Violencia de Estado y psicoanlisis, Lumen, Argentina

9 Bauman, Zymunt, 2006, Confianza y temor en la ciudad. Vivir con extranjeros. Edit. Arcadia, Espaa.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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