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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-03-2013

Resea de CHAVS. La demonizacin de la clase obrera, de Owen Jones
Desde la perspectiva (y la rabia) de las y los de abajo

Salvador Lpez Arnal
El Viejo Topo

CHAVS. La demonizacin de la clase obrera, de Owen Jones, Capitan Swing, Madrid 2012 (edicin original 2011), traduccin Iigo Juregui.


Por si se cansan de esta resea y la dejan a medias, djenme empezar por lo ms importante: no se la pierdan, no se pierdan esta joya crtico-literaria escrita (excelentemente escrita y magnficamente traducida), pensada y sentida por este joven ensayista asociado a la izquierda britnica, votado en septiembre de 2011 por los lectores del blog Left Foot Forward como el pensador ms influyente de la izquierda. Es, sin atisbo para duda alguna, uno de los libros ms interesantes que he ledo en este ao lleno de prdidas que ya se nos ha ido. A Paco Fernndez Buey (creo que no lleg a leerlo) le hubiera encantado; al malogrado profesor, filsofo y combatiente Pere de la Fuente tambin.

CHAVS un largo pero nunca pesado desarrollo en el que se muestra por qu un trabajador varn con mono azul y carnet sindical poda haber sido un smbolo de la clase trabajadora britnica de los aos cincuenta y por qu lo es ahora un reponedora de supermercado mal pagada y contratada a tiempo parcial- est compuesto por una introduccin, ocho captulos, un apartado de conclusiones y un eplogo a la segunda edicin inglesa (y que no debe pasarse por alto; se abre con estas palabras: Nadie esperaba que Chavs atrajera tanto inters como el que suscit en Gran Bretaa. Y de haberse publicado incluso tres o cuatro aos antes- dudo que lo hubiera hecho. Pero el impacto no se deba a un ttulo provocativo o a mis habilidades de escritor [tambin a eso desde luego. El perfil del libro tena mucho que ver con el hecho de que la clase ha vuelto en venganza (p. 323)).

Chavs, lo seala el propio Jones, fue concebido como contribucin del autor a acabar con el silencio cmplice sobre la clase social y, sobre todo, con esa cosmovisin interesada que habla de la inexistencia de clases o usa el estpido y alienante slogan todos somos clase media (inventado o cuanto menos publicitado por Tony Blair cuando era lder laborista). Nadie sabe qu significa exactamente el trmino chavs, pero en pginas de la red, en programas de radio o televisivos y en anlisis mediticos, serios o no tan serios, sirve para estigmatizar a jvenes trabajadores (desempleados en su gran mayora; no, desde luego, por voluntad propia ni por autodeterminacin reflexionada) que viven en viviendas municipales, tienen un tipo especfico de acento al hablar ingls, un determinado aspecto fsico y, en numerosos casos, estudios bsicos abandonados.

De qu va la cosa en el fondo? Como en muchos otros lugares. De responsabilizar a los pobres de ser pobres, el programa mnimo y mximo de la cosmovisin neoliberal desde hace ms de tres dcadas. La pobreza de amplios sectores ciudadanos no tiene su causa en los graves problemas de funcionamiento de la sacrosanta economa del libre mercado sino en los errores, en los memes, en los genes, en las fallas, en las torpezas del individuo, de su familia de origen o adopcin, de los hogares dislocados en los que se han formado y desarrollado, en su evidente falta de ambicin o inteligencia, etc. Son (somos) escoria social porque son (somos) escoria social. Nada ms. Estamos hechos de esa infame pasta (genes-menes de tercer orden) y no hemos hecho nada de nada, ningn esfuerzo, para subir los peldaos de una escalera social sabiamente diseada que nos hubiera podido conducir, pongamos por caso, a la presidencia de Invitex.

Un ejemplo del alcance de la demonizacin de la clase trabajadora britnica a la que alude el autor. Richard Hilton es director general de Gymbox, una de las ms exitosas incorporaciones a la floreciente escena del fitness londinense (p. 11). Para hacerse socio, hay que abonar una inscripcin de 175 libras y una cuota mensual de 72. Es criterio encubierto de seleccin. Segn el propio Hilton, Gymbox se cre para explotar las inseguridades de su clientela, formada predominantemente por profesionales y oficinistas. En la primavera de 2009, Gymbox incorpor una novedad que se sumaba a su ya eclctica oferta de clases (incluyendo el Aerobic Pechugn, el Baile en Barra y el boxeo zorrn). Qu novedad? La lucha CHAV, con un lema que se anunciada en la web de Gymbox del modo siguiente: No propines a los gruones y malhumorados chavs una ABSO [una orden de arresto por comportamiento antisocial], dales una patada. As de claro, as de repugnante; los negocios son los negocios y la violencia de la lucha de clases es la violencia de la lucha burguesa de clases.

El libro analiza y muestra como el odio a los chavs no es un fenmeno aislado. Es, en gran parte, producto de una sociedad con profundas desigualdades. Demonizar a las clases trabajadoras, a las gentes de abajo, ha sido un medio conocido y conveniente donde los haya para justificar las desigualdades sociales a lo largo de los siglos. Pero, como Jones prueba a lo largo del ensayo, en la raz de la demonizacin de la gente trabajadora britnica est el legado de una autntica lucha de clases. El asalto al poder de Miss Thatcher en 1979 marc el comienzo de un asalto total a los pilares de la clase obrera britnica. No es seguro que ese fuera exactamente el comienzo pero lo que est fuera de toda duda razonable es la prolongacin de esa agresin, ininterrumpida desde hace ms de tres dcadas. Sindicatos, viviendas protegidas, industrias, minera, comunidades, fueron, han sido arrojadas a las cuneta. Grandes valores de la clase obrera -solidaridad, organizacin, apoyo mutuo y aspiracin colectiva- fueron barridos en aras de un frreo e insolidario individualismo. La clase trabajadora fue crecientemente menospreciada, ridiculizada, en ocasiones silenciada e insultada, y usada tambin como chivo expiatorio. Las desigualdades, por supuesto, crecieron como la espuma social: del coeficiente 26 del ndice GINI en 1979 al 39 en 2011 (un incremento de 13 puntos, del 50%!).

Owen alerta e informa a lo largo de las pginas del libro de las falsarias generalizaciones apresuradas, del origen de clase no-obrero (y de su escasa o nula sensibilidad) de gran parte de los periodistas, del papel embrutecedor de los medios de intoxicacin, de los polticos eminentes que manipulan el frenes orquestado desde los media de comunicacin para hacer (mala) poltica, de la continuidad de la poltica del (publicsticamente) llamado nuevo laborismo respecto a las polticas de Margaret Thatcher (para quien clase, como ella mismo escribiera, era un concepto comunista que agrupaba a las personas en bloques y los enfrentaba entre s), del uso de un lenguaje cada vez ms deshumanizado para hablar de personas de la clase obrera y de esos comentarios off the record que algunos dirigentes de la derecha dicen en determinados momentos y ante determinado pblico. Este, por ejemplo, fue hecho por un pope conservador en 2005 ante un grupo de universitarios en el que estaba el autor: Lo que debis comprender sobre el Partido Conservador es que es una coalicin de intereses privilegiados. Y el modo en que gana elecciones es dando solo lo justo al nmero justo de personas y abonando, adems, mil veces y cuantas sean necesarias que los problemas sociales son en el fondo fallos de los individuos: slo hay individuos, grit la amiga del general criminal Pinochet; su colega de filas, mister Cameron, no ha cambiado la infame meloda: Por qu esta rota nuestra sociedad, pregunt retricamente. Su respuesta: Porque el Estado creci demasiado, hizo demasiado y min la responsabilidad personal.

Owen Jones, lo seala en la introduccin, es muy consciente de que todos somos ms o menos prisioneros de nuestra clase, pero ello no significa en absoluto que tengamos que ser prisioneros de nuestros prejuicios de clase. No se trata, desde luego, de glorificar acrticamente a la clase obrera, de idolatrarla; lo que se propone -y consigue- es tocar realidad, mostrar algunas situaciones de la mayora de la clase trabajadora que se han ocultado no inocentemente a favor de abonar lo que es bsicamente una caricatura muy interesada, la marca y el prejuicio CHAV. El libro, segn el autor, no pide solamente un cambio de mentalidad de la ciudadana, un giro honesto en la cosmovisin con la que miramos nuestros alrededores o nuestras lejanas sociales. El prejuicio de clase es parte integrante de una sociedad profundamente dividida por las clases (p. 21). De este modo y en ltima instancia, no es el prejuicio lo que debemos afrontar sino la fuente de la que nace. Jones es muy consciente de que los cambios sociales no llegan por los garabatos de escritores afines, sino por la presin popular desde abajo (p. 346). Un programa de austeridad cargado de ideologa impone privaciones a comunidades de todo el pas, aade. Habr una determinacin cada vez mayor de luchar por una alternativa. Todo est por decidir. Los tories y sus prsperos seguidores seran temerarios, en su razonable y enrgica opinin, si pensaran que ya han ganado. No lo piensan, sigue muy alertas.

Jones est preparando actualmente un ensayo sobre el establishment britnico. Lo publicar la editorial Penguin. Reserven ejemplares (o esprense la probable traduccin de Capitn Swing). Sera bueno que Jones recordara, seguro que las tienes muy presentes, unas palabras de 1997 del criminal agresor de Irak, un dirigente laborista llamado Tony Blair: La Gran Bretaa de las lites se ha acabado. La nueva Gran Bretaa es una meritocracia. Para vomitar, para morirse de asco!


PS: De la situacin de la clase obrera britnica, de la agresiva lucha de las clases dominantes, la siguiente informacin de la pgina 245 del ensayo es indicio altamente significativo: el salario mnimo se introdujo en Inglaterra en 1999, en contra de la oposicin de conservadores y empresarios. Ni que decir tiene que supuso un verdadero cambio para cientos de miles de trabajadores. Antes de ello, era perfectamente legal pagar a un trabajador 1,5 libras por una hora de trabajo. Pero la tasa se fij en el nivel ms bajo posible. En 2010, era de 5,80 libras si se tena 22 aos o ms. Para los trabajadores entre 18 y 21 aos, era de 4,83 libras. Para los menores de 18, 3,57 libras por hora.



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